Se busca plasmar la conexión entre el béisbol y la vida, como cada regla del juego resulta una escuela de reflexión hasta para los seguidores más remotos cuando los sucesos del mundo indican que ciertas veces las normas de justicia son violadas; el transcurso de las sentencias de bolas y strikes reflejan la pertinencia y compromiso de cada pelotero en respetar la presencia del árbitro.Cada jugador deja lo mejor de sí sobre el campo de juego a pesar de lo complicado que pueda ser su vida.
miércoles, 18 de febrero de 2026
Esa otra arista del Beisbol.
En la actualidad el beisbol por momentos muestra actitudes lamentables como quedarse mirando la pelota ante la inminencia del jonrón conectado, lanzar el bate con displicencia varias veces hacia el dugout, en ocasiones hacia el dugout rival, o hacer gestos burlones hacia el rival cuando se le poncha o domina con rodado al montículo o elevado al cuadro. En ocasiones también hay declaraciones desafortunadas de los técnicos al utilizar palabras totalmente ajenas al juego, al contexto del beisbol. Sin embargo aún existen peloteros que arrancan a correr con cualquier batazo aunque intuyan que es un jonrón y también se retiran a buscar la bolsa de la pez rubia cada vez que ponchan o retiran a un contrario.
Una de estas tardes,en un episodio de una serie televisiva, un niño luego de sufrir fractura de cuello en un accidente automovilistico, pide desde la camilla que le busquen su album de barajitas de beisbol en el carro. Cuando el bombero va a buscarlo el carro estalla en llamas. El bombero se acerca al niño y le dice que tambien tiene barajitas de los Cachorros de Chicago pero no del equipo que ganó la Serie Mundial de 2016, sino de los oseznos de 1989 cuando su pitcher principal era un tal Greg Maddux, el niño en medio de sus dolor, sonríe y dice saber quien es Maddux. Todo se complica cuando la esposa del bombero le recuerda que el vendió esas barajitas de los Cachorros de Maddux. Entonces le pide a su esposa que le haga unas galletas de chocolate y almendras y se aventura hacia las inmediaciones del mítico Wrigley Field, el hogar de los Cachorros. Cuando el niño sale del hospital el bombero lo invita a la estación y salen a pasear en el camión, aún con los ojos desorbitados el niño se aprieta el cabestrillo al hombro lesionado y apura el paso hacia el terreno de Wrigley Field donde lo recibe Kris Bryant y el equipo de los Cachorros.
Esa atmósfera propia del beisbol que se aprendió a vivir desde esas demostraciones de coraje y determinación de aquellos pitchers que lanzaban nueve, once o hasta catorce innings y discutían con el manager cuando intentaba relevarlos, de aquel juego donde Jerry Adair debió salir de un juego de los Orioles de Baltimore por un pelotazo en la boca que ameritó varios puntos de sutura internos y externos, para el segundo juego de esa jornada, Adair estaba otra vez en alineación tan voluntarioso y humorístico como siempre. Desde aquel momento previo a un juego decisivo de la temporada 1993-1994 cuando Álvaro Espinoza con uno o dos dedos del pie fracturados le dijo al cuida cuartos que cortara ese pedazo de sus spikes para salir a defender al Magallanes en un juego crucial, el tipo lo miraba casi paralizado y Álvaro le dijo que se apresurase que faltaban pocos minutos para que cantasen play ball. Durante el juego casi nadi notó el corte en la zona delantera del spike, Álvaro jugaba con tan intensidad como si sus dedos estuviesen completamente sanos. En algún momento de 1970 o 1971 Armando Ortiz (aquel jardinero de Magallanes que siempre salía a sorprender a todos a finales de los 1960s o inicios de los 1970s) realizó una atrapada inmensa que le costó un impactó muy fuerte que lo dejó tirado sobre la zona de seguridad unos minutos.Aunque los quiroprácticos del equipo recomendaron que debía retirarse del juego, Ortíz insistió en seguir jugando y completó el juego. Al día siguiente los exámenes médicos revelaron fisura en el hombro izquierdo y torcedura de tobillo.
Mientras buscaba la marca de más juegos seguidos jugados en las ligas mayores, Cal Ripken Jr, recibió un pelotazo en el rostro que le fracturó el tabique nasal, cuando regresó al dugout, se fue al vestuario y el mismo se enderezó el tabique, cuando el equipo salió de nuevo al terreno Ripken ocupaba otra vez su lugar en el campocorto.
En la actualidad hay peloteros como José Altuve, Mookie Betts, Garret Crochet, Aaron Judge o Miguel Rojas que demuestran que la esencia del juego, el respeto por el rival aún sigue en el ambiente. Que aquella imagen de Mickey Mantle corriendo las bases cabizbajo luego de conectar un jonrón,sigue flotando en la conciencia sino de muchos si de unos cuantos que aún recuerdan la honorabilidad del beisbol.
Alfonso L. Tusa C. Febrero 17, 2026.
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