miércoles, 27 de mayo de 2026

¿No hit no run es igual que juego perfecto?.Remembranzas de mi hermano.

Caminar por esa redoma de la escuela República Argentina una mañana dominical (de agosto de 1970) de juego final de un campeonato nacional de beisbol juvenil, avanzar a zancadas desperdigadas una mañana de septiembre de 1971, para ir a buscar los diarios El Universal y El Nacional a la librería Las Flores de Cumanacoa; son fotografías encajadas en el costado de mis memorias. Ahora en este 2026 cuando Cumaná parece mucho un museo en ruinas de aquellos días de los punzantes 1960s y los retadores 1970s, escucho la voz aguda de Felipe, sus sonrisas retadoras para ver quien llegaba primero a la taquilla del estadio de la Gran Mariscal. Si había algo que apasionaba a Felipe después de las muchachas y el alfandoque, era el beisbol. Esa mañana de septiembre se quedó petrificado casi al lado de la estatua de Domingo Montes. “Armando Bastardo lanza juego perfecto para MOP Zona 10, en el beisbol aficionado de Distrito Federal”. La camioneta empacada cual sardinas en lata se detuvo frente a la estructura erosionada y pintarrajeada de ocasión. Varias voces se escuchaban al fondo. Mientras me acercaba a un asiento del fondo, uno de los tipos casi se ahogaba con la saliva. “Ese estadio tenía un movimiento, una vida constante.Todos los días había juegos de todas las categorías, desde compota hasta AA. Ahí solo jugaban los juegos más interesantes de todas las ligas, y cuando llegaban los playoffs, escogían los equipos de mejor rendimiento en la temporada regular”. El tipo solicitó parada y se apeó junto a otro señor de guayabera desgastada, de aquellas tan comunes hacia finales de los 1960s. De manera repentina, tal vez porque esa arista de ese estadio la visito regularmente, tal vez porque sospechaba algo de este dueto de personajes, también me bajé. El tipo de piel más bronceada , llevaba una gorra azul claro, muy desgastada con una “S” en el frente. Avanzó a zancadas largas hacia el portón. Traté de templarlo por el antebrazo izquierdo, parecía anclado, incrustado a un costado de la estatua. Apenas le escuchaba murmurar que en la liga de beisbol profesional venezolana, ni cuando era primera división ningún pitcher había lanzado un juego perfecto. Solo en la categoría mayor del beisbol aficionado, en AA, el carupanero Gustavo “Mocho” García había lanzado un juego perfecto el 19 de abril de 1952 lanzando por Locomotora de La Guaira para vencer 5-0 a Intendencia Naval. Hasta ese momento en el profesional (y hasta el presente) todo lo que se había lanzado eran juegos sin imparables ni carreras. No es igual un juego perfecto que otro sin hits ni carreras. En un juego perfecto el pitcher retira a todos los bateadores que enfrenta sin que se embase nadie, ni por base por bolas, ni pelotazo, ni error, ni nada. Si el juego es de nueve innigs, 27 bateadores, 27 outs. Felipe le dijo que había visto pitchear a Armando Bastardo en el estadio de Cumaná, si, el de la Gran Mariscal. La guayabera amarilla se manchó con el óxido de la reja del portón. “Por aquí era que entraba a este estadio. Solo la primera vez, cuando mi papá me llevó a inscribirme en el equipo infantil, entré por el portón de la tribuna central...” Su primer manager lo probó en tercera base y aunque pensaba que solo había hecho las rutinas normales de tomar roletazos y algunos elevados delante y detrás de tercera, no se hacía muchas ilusiones, ahí estaban muchos jugadores buenos, cuando llegó aquel sábado al estadio y vio el papel con la alineación del equipo, enmudeció, se quedo clavado frente a ese papel hasta que otros compañeros lo empujaron. No podía creerlo el manager había escrito: Justo Arias tercera base y quinto bate. Aunque en algunas prácticas llegó a jugar campocorto y segunda base, toda su carrera en el beisbol aficionado la hizo como tercera base. Y siempre le gustó esa posición, había escuchado a su papá hablar de Camaleón García, Dámaso Blanco y de un tal Brooks Robinson en grandes ligas.
Nunca había visto a Felipe hablar con tanta emotividad, con tantas palabras atropelladas, ni siquiera cuando iba a ver una película del agente 007, o cuando conseguía sintonizar en onda corta aquella emisora que transmitía en inglés los juegos de la Serie Mundial de beisbol, o cuando compraba la revista Sport Gráfico. Junto a varios amigos se iban pidiendo cola hasta Cumaná para ver las eliminatorias estadales, esa vez la final fue entre los distritos Sucre y Montes. Armando Bastardo versus Rafael Velasquez, el zurdito de Arenas. Luego de algún regateo, consiguieron pagar las entradas a mitad de precio. En el tercer inning, 0-0. Velasquez había ponchado a tres, una base por bolas, dos sencillos. Bastardo, dos ponches, siete roletazos al cuadro, un boleto. Nos sentamos un momento en el escalón de la estatua, Felipe contó que el juego llegó 0-0 al cierre del noveno inning.Ya eran las seis de la tarde y sabía que los carros por puesto viajaban hacia Cumanacoa cuando mucho hasta las seis y media. El otro tipo, usaba una franela blanca de mangas azul cielo de tres cuartos de brazo. Su voz apenas se escuchaba, solo tomaba matices de tenor agazapado cuando Justo le templaba la visera de la gorra y golpeaba con la mano derecha la zona izquierda de su pecho. “Vamos Freddy Mata, muéstrame todo ese coraje y esa determinación que tenías en el montículo en aquellos torneos distritales y estadales y despues con el equipo de Sucre en aquel campeonato juvenil de 1970, varias veces me ponchaste o dominaste en turnos clave, y yo solo te miraba con una mezcla de rabia y respeto”. El tipo de la franela de tres cuartos de manga entrecerró la mirada. “Mi papá siempre me llevaba por el portón del jardín izquierdo, el que da hacia la calle Bonpland. Después cuando iba por mi cuenta seguí entrando por ahí aunque mi equipo estuviera del lado de la derecha. Yo siempre recuerdo aquellos juegos de preparación con el equipo de Sucre cuando tomabas esos toques de bola malintencionados por tercera base y hacias esos outs impensables, luego de lanzar sin balance, sin equilibrio y a veces desde el suelo, varios de esos outs significaron la victoria en juegos muy cerrados”. El juego llegó hasta el inning 12 y tuvieron que prender las torres de luz. Fue muy triste ver perder al equipo del distrito Montes porque la pelota se le fue entre las piernas al campocorto. “Al principio lamenté haberme quedado a ver tan deprimente espectáculo”. Felipe miraba fijo el titular de la sección deportiva de El Universal. “Vi al zurdo Velasquez bataquear su guante contra el montículo. Luego lo vi incorporarse y caminar hacia el jardín izquierdo corto. Allí seguía arrodillado el parador en cortos. Podía escuchar sus lamentos, sus disculpas. Velasquez se arrodillo junto al campocorto y allí estuvieron hablando como tres minutos, tuvo que salir el manager y los coaches a levantarlos. Aunque al principio tenían una actitud beligerante con asomos de ladridos, luego el manager colocó una mano sobre la gorra del campocorto y aplicó dos palmadas en el hombro izquierdo del zurdito de Arenas. El beisbol es un juego que exige mucha humildad porque a veces las cosas no salen bien”. En aquel juego de agosto de 1970, varias veces Justo Arias se acercó desde tercera base para hablar con el zurdo Freddy Mata en el montículo, el árbitro principal tenía que acercarse para terminar la conferencia. Felipe comentaba que esas conversaciones, esas dos o tres palabras que Justo Arias le decía a Freddy Mata, siempre eran muy valoradas por los pitchers, sobre todo en juegos tan tensos como una final. Cuando el juego terminó fue Justo Arias el que buscó a Freddy Mata en el montículo y lo acompañó hasta el dugout luego de perder 2-1 versus Anzoategui. De regreso a casa, esa vez nos metimos por el antiguo parque de juegos previo a la acequia y lateral a la escuela José Luis Ramos. Desde uno de los jabillos cayó un fruto verde que rebotó desde el zapato izquierdo de Felipe y cayó en el derecho mío. Por puros reflejos solté un patadón y el proyectil se incrustó en un nido de avispas que colgaba del tronco de otro jabillo. En medio de la carrera en huida de las avispas, Felipe me dijo que pitchear un juego perfecto podía ser tan circunstancial como ese fruto de jabillos y la combinación futbolistica. “Lo que no me gusta de la comparación son todas estas avispas persiguiéndonos”.
Alfonso L. Tusa C. Mayo 26, 2026.

Salvador Pérez impulsa el ataque de Reales que vencen a los Marineros

ESPN.com.ve. Mayo 24, 2026.
KANSAS CITY, Missouri (AP) -- El venezolano Salvador Pérez hizo que el lanzador de Seattle, Bryan Woo, pagara por dar un boleto intencional para llenar las bases antes de enfrentarlo y conectó un sencillo con dos outs que puso a su equipo arriba el domingo y encendió la ofensiva de Kansas City e impulsó a los Royals 8-6 sobre los Mariners. Seth Lugo (2-4) permitió un jonrón al dominicano Julio Rodríguez en la primera entrada antes de lanzar hasta la séptima por Kansas City. Permitió tres carreras, seis hits y dos bases por bolas, y consiguió su primera victoria desde su debut de temporada el 29 de marzo. Carter Jensen y el venezolano Maikel García también impulsaron dos carreras cada uno y los Royals ganaron partidos consecutivos por primera vez desde el 9-10 de mayo. Lucas Erceg permitió tres carreras en la novena en una situación sin oportunidad de salvamento antes de cerrar el juego. Woo (4-3) permitió cuatro carreras, seis hits y dos bases por bolas en 4 2/3 entradas. Había permitido apenas dos carreras en sus 18 entradas anteriores. Los abridores de los Royals llegaron al juego con una racha de 19 entradas sin permitir carrera, y Lugo retiró de inmediato al primer bateador, J.P. Crawford. Pero en su segundo lanzamiento a Rodríguez, el toletero de los Mariners envió una sinker de 89 mph al bullpen del jardín izquierdo para darle a Seattle ventaja de 1-0. Así se mantuvo hasta la quinta entrada, cuando Woo dio base por bolas a Michael Massey y permitió un sencillo de toque con dos strikes de Kyle Isbel. Woo se recuperó para retirar a los siguientes dos bateadores y luego optó por dar un boleto intencional a Vinnie Pasquantino y llenar las bases.
Transcripción: Alfonso L. Tusa C. MAyo 25, 2026.

lunes, 25 de mayo de 2026

Senzatela goza su giro de 180 grados. ¿Habrá un cambio a la vista?

David Venn. MLB.com. Mayo 23, 2026.
PHOENIX -- Al igual que los Rockies como organización, Antonio Senzatela sabía que había que cambiar las cosas de cara al 2026, después de registrar efectividad de 6.65 la temporada pasada (curiosamente, la misma cifra colectiva que la rotación abridora del club) y pasar de la rotación al bullpen. El derecho venezolano, quien había sido un pilar del cuerpo de abridores de Colorado desde el 2017, simple y llanamente se cansó de hacer lo mismo y tener un rendimiento que había resultado en un promedio de carreras limpias de 5.98 del 2022 al 2025, con varias lesiones en medio de ese trecho. --Primero, contrató los servicios de Performance Plus en Arizona, un centro de entrenamiento que ha ayudado a múltiples lanzadores de Grandes Ligas Inscríbete aquí para recibir el boletín de MLB Español --Alteró un poco la mecánica de lanzar al plato, con ajustes relacionados con la espalda y el ángulo del brazo --Se preparó a nivel mental para ser relevista, luego de ser abridor toda la vida --Y cambió de manera notable su repertorio, dependiendo mucho menos de su recta de cuatro costuras. El resultado ha sido efectividad de 1.13, WHIP de 0.781 y tasa de ponches del 22.1%, entre muchos otros números que representan un giro de 180 grados para el serpentinero de 31 años de edad. “Llegaron muchos cambios este año. El origen fue el año desastroso que tuve el año pasado”, dijo con franqueza Senzatela. “Me puse una meta, debería cambiar, debería hacer muchas cosas, muchos cambios en la temporada muerta. “De verdad, me resultó muy bien. Trabajé con muy buenas personas en Push Performance y aquí con los nuevos instructoes de pitcheo. De verdad, agregamos muchas cosas nuevas y gracias a Dios, me siento bien. Estoyejecutando muy buenos pitcheos en muy buenas cuentas, muy buenos conteos. Gracias a Dios, me está yendo un poco bien”. “¿Un poco bien?” Senzatela estaba a punto de ser otro caso de un lanzador que había agotado su ciclo en Grandes Ligas, algo afectado por las difíciles condiciones del Coors Field de Denver para los pitchers. Pero en vez de eso y gracias a los muchos ajustes, el valenciano es ahora uno de los mejores relevistas de las Mayores en el 2026. “Que él haya pasado por todo lo que pasó el año pasado en términos de todos esos problemas como abridor, reaccionar este año y ser uno de los mejores relevistas de la liga… eso no puede pasar sin un cambio intencional. Tienes que poner de lado tu orgullo y básicamente aprender un nuevo oficio al estar en el bullpen.
“La habilidad de asumir eso… no puedo decir todo lo positivo sobre este muchacho, lo que ha hecho y hacia dónde ha llevado su carrera”. Después de utilizar su recta de cuatro costuras el 56.9% del tiempo en el 2025 – pitcheo contra el que la oposición bateó .352 con slugging de .538 – Senzatela ha reducido ese porcentaje al 35.2, junto con una nueva recta cortada (30.8%) y en menor grado un sinker, una curva, un cambio y un slider. En particular, el slider ha pasado de un 18.0% de uso hace un año a apenas el 4.1% en el 2026. “Él llegó a los Entrenamientos de Primavera y refinamos algunas cosas”, contó el coach de pitcheo de los Rockies, Elon Leichman, quien se integró a Colorado este año como parte de una ola de nuevo personal encargado de los lanzadores, junto con el coach de pitcheo asistente Gabe Ribas, el instructor del bullpen Buschmann y el director de pitcheo Matt Daniels. “Ha tenido una mente abierta. Obviamente, los últimos años no fueron de su agrado. En el caso de Senzatela, agregar una recta cortada – que según Leichman, es esencialmente una versión refinada de su slider – y el sinker han sido cruciales en la diversificación de su repertorio. “Él ataca la zona de strikes, y ésa es nuestra filosofía número 1”, comentó Schaeffer. “Suena muy sencillo, pero ‘Senza’ ataca la zona de strikes y saca outs a un alto ritmo porque hace eso, y porque su material es así de bueno”. Y, con la experiencia del año pasado como relevista y preparado para dicho papel desde el principio de esta campaña, Senzatela ha hecho una transición bien exitosa al bullpen. “Es diferente, porque aquí, como relevista tienes que estar listo para todos los días”, expresó el veterano al respecto. “Pero es cuestión de adaptarse, de escuchar a los compañeros, a los otros amigos del bullpen, personas cerca (con las) que he tenido la oportunidad de hablar y preguntarle acerca de eso. Gracias a Dios, he estado trabajando en eso y me he sentido bien cada vez que he lanzado la pelota”. RUMORES DE CAMBIO A LA VISTA Senzatela se encuentra en el último año garantizado de un contrato de cinco años y US$50 millones que firmó antes de la temporada del 2022. El pacto tiene una opción del club para el 2027 valorada en US$12 millones. Si el diestro sigue cumpliendo desde el bullpen como lo ha hecho hasta ahora, lo más seguro es que sea mencionado en múltiples rumores de canje antes de la Fecha Límite de Cambios del próximo 3 de agosto. ¿Le ha llegado eso a la mente de Senzatela, quien ha conocido una sola organización desde que firmó con los Rockies como adolescente hace 15 años? “Yo estoy disfrutando cada momento que estoy aquí”, dijo al ponérsele el tema. “Tratar de dar lo mejor de mí ahí afuera, disfrutar el momento (en) que tengo puesta la camiseta de un equipo de Grandes Ligas, tratar de dar lo mejor de mí ahí afuera y ayudar al equipo a ganar, que es lo más importante”.
Transcripción: Alfonso L. Tusa C. Mayo 24, 2026.

domingo, 24 de mayo de 2026

Sean Connery mentor de su antiguo compañero de reparto Rob Brown.

commanderbond...item&item. The Star Phoenix
Cuando Rob Brown contestó el teléfono, la áspera voz escocesa al otro extremo fue reconocida de inmediato. Eras Sean Connery, el protagonista de la primera película de Brown, Finding Forrester, y estaba de mal humor. “¿Todavía estás en la escuela?”, gritó Connery. Connery acababa de ver un anuncio de la película Coach Carter en su televisor y se enfureció al descubrir que Brown formaba parte del reparto. Connery supuso que Brown había abandonado los estudios y, por lo tanto, había incumplido la promesa que le había hecho cinco años antes, de formarse académicamente. El joven actor intentó tranquilizar inmediatamente a Connery. "Le dije: 'Sí, Sean, todavía estoy en la escuela'. Hizo una pausa y luego dijo: '¡De acuerdo!'". Y todo entre ellos fue dulzura y luminosidad de nuevo. Brown, de 22 años, acaba de estrenar otra película, Take The Lead, en la que interpreta a un estudiante de secundaria de un barrio marginal que descubre las maravillas del baile de salón gracias a Antonio Banderas. Pero se apresura a recalcar que no abandonó sus estudios para hacerla. La película se rodó en el tiempo libre de Brown, mientras estudia psicología en el Amherst College de Massachusetts. Brown nunca había actuado cuando fue probado en el papel de un joven, brillante estudiante inglés quien encuentra a su verdadero mentor en un envejecido y laureado novelista interpretado por Connery. Para ese momento, él no tenía ambiciones definidas en cuanto a carrera alguna y lo último que esperaba era dedicarse al cine. Tenía 15 años y su mayor pasión era jugar al baloncesto y al fútbol americano en Poly Prep High School en Brooklyn. Pero tenía un problema: debía una factura de teléfono móvil muy alta y necesitaba dinero urgentemente. Dio la casualidad de que los productores de Finding Forrester estaban en la zona haciendo un casting (reclutamiento) abierto para jóvenes estudiantes. Rob, sabiendo que era poco probable que lo consiguiera, se probó con la esperanza de obtener un pequeño papel que le permitiera ganar algo de dinero En lugar de eso, le dieron el papel de co protagonista de Connery. Durante el rodaje, el antiguo agente 007 se convirtió en amigo y mentor, contándole tanto las recompensas como los escollos de la profesión de actor. “Cuando yo estaba haciendo Finding Forrester, Sean me sentaba y decía: ‘Nadie estuvo ahí para decirme lo que podía ocurrir, así que me voy a sentar para contártelo’. Lo que más recalcó, aunque parezca mentira, fue que ‘siguiera estudiando’ porque eso era algo que él no había hecho”.
Cuando Brown causó sensación con Finding Forrester, comentó a la prensa que aquella película podría ser solo una oportunidad para él, ya que no estaba seguro de querer dedicarse a la actuación. Ahora, tras participar en películas como Coach Carter y Take The Lead, está más convencido. "Lo más probable es que esto sea lo que quiero hacer", dice. Pero aún no está seguro. “Quiero esperar hasta graduarme y obtener mi título antes de tomar una decisión definitiva”. Él cree que es un asunto de tener sentido común. Recuerda que trató de ser realista cuando empezó a trabajar en Finding Forrester. “No sabía que esperar. Simplemente pensé que si me equivocaba, me lo dirían y me guiarían. Así fue como lo afronté".
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Mayo 24, 2026,

Chad Stevens, T.J Rumfield y Antonio Senzatela apoyan a los Rockies para vencer a los Diamondbacks 3-2.

AP. Mayo 23, 2026.
PHOENIX -- — Chad Stevens despacha el imparable de la ventaja en el noveno inning luego que T.J. Rumsfield impulsara con doble el empate en el octavo inning y los Rockies de Colorado remontaron para vencer 3-2 a los Diamondbacks de Arizona este viernes 22 en la noche. Fue el primer imparable de la temporada para Stevens quien llegó desde el Albuquerque AAA este jueves 21. El joven de 27 años de edad disparó sencillo ante Ryan Thompson (2-1) hacia el jardín derecho corto para remolcar al novato Sterlin Thompson quien inició la movida con doble. Antonio Senzatela (4-0) pitcheó 1.1 innings de relevo en blanco para apuntarse el triunfo. Efectuó 18 lanzamientos, 11 strikes (5 cantados, 1 tirándole, 1 foul, 4 bateados hacia territorio reglamentario). No permitió carreras, ni imparables, ni boletos, tampoco recetó ponches.Los Rockies estuvieron perdiendo buena parte del juego pero empataron a 2 en el octavo con el doble de Rumsfield por toda la línea del jardín derecho ante Juan Morillo. Los D-backs vieron detenida su seguidilla de cinco victorias, la más grande de la temporada. Tomoyuki Sugano de Colorado tuvo su salida más larga de la temporada, permitió dos carreras y seis imparables con un boleto en 6.2 innings. El derecho japonés ponchó tres y se apuntó la primera apertura de calidad del equipo desde el 1 de mayo. Mike Soroka de Arizona permitió una carrera y cuatro imparables en seis innings, recetó dos ponches. Lourdes Gurriel Jr. bateó elevado de sacrificio en el segundo inning y sencillo impulsor en el cuarto para darle a los Diamondbacks ventaja de 2-1, pero salió del juego en el sexto episodio por rigidez en la pantorrilla izquierda luego de hacer una atrapada deslizándose en el jardín izquierdo. Los Diamondbacks ejecutaron varias jugadas defensivas impresionantes, incluyendo dos en el séptimo inning que ayudaron a preservar su ventaja de una carrera. Corbin Carroll hizo una atrapada lanzándose en el jardín derecho mientras Ryan Waldschmidt realizó una atrapada dificil en la izquierda al estrellarse contra la pared luego de capturar la pelota.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Mayo 24, 2026.

viernes, 22 de mayo de 2026

El Superestrella Silencioso.

Paul Simon. The New York Times. Marzo 09, 1999.
Mi opinión respecto a la leyenda del beisbol Joe DiMaggio no sería de particular interés para el público general si no fuese por el hecho de que hace más de 30 años escribí la canción “Mrs. Robinson”, cuya letra “Where have you gone Joe DiMaggio? A nation turns its lonely eyes to you” (“¿A donde te has ido Joe DiMaggio? Toda una nación vuelve su solitaria mirada hacia tí”)aludía a eso y a la vez, probablemente realzó la estatura de DiMaggio en el panorama iconográfico estadounidense. Pocos años después que “Mrs. Robinson” alcanzase el número 1 en las carteleras pop, yo estaba cenando en un restaurante italiano donde DiMaggio estaba sentado con un grupo de amigos. Yo había escuchado un rumor de que él estaba molesto con la canción y había considerado demandar, así que con cierta aprensión me acerqué y presenté como compositor de la canción. No había de que preocuparse: él fue muy cordial y me invitó a tomar asiento, acto seguido entablamos conversación sobre el único tema que teníamos en común. “Lo que no entiendo”, dijo él, “es por qué preguntas a donde he ido. Hace poco hice un comercial de Mr. Coffee, soy vocero del Bowery Savings Bank. No me he ido a ninguna parte”. Respondí que había escrito esa letra no desde el sentido literal, que pensaba en él como un héroe estadounidense y que los verdaderos héroes escaseaban. Él aceptó mi explicación y me agradeció. Estrechamos manos y nos despedimos. Ahora en la penumbra de su deceso, me encuentro reflexionando sobre esa explicación. Si, él fue un ícono cultural, un héroe si se prefiere, pero no de mi generación. Él pertenecía a la juventud de mi padre: fue un tipo de la segunda guerra mundial cuya carrera empezó en los días de babe Ruth y Lou Gehrig y terminó con la llegada del joven Mickey Mantle (quien fue, en realidad, mi pelotero favorito). En los 1950s y 1960s era costumbre referirse al beisbol como una metáfora de Estados Unidos, y DiMaggio representaba los valores de ese Estados Unidos: excelencia y cumplimiento del deber (él ha menudo jugaba con dolor) combinados con una gracia que implicaba pureza de espíritu, dignidad fuera del terreno y una vida privada guardada con celo. Se decía que seguía guardando luto por su ex esposa, Marilyn Monroe, y enviaba flores frescas a su tumba cada semana. Como hombre que se casó con una de las mujeres más famosas y notoriamente neuróticas de Estados Unidos, él nunca habló de ella en público. Entendía el valor del silencio. Él era la antítesis de los años 60, iconoclastas, que expandían la mente y desafiaban la autoridad, por lo que creo que sospechaba que había un significado oculto en mis letras.El hecho de que esas frases fueran sinceras y que, con el paso de los años, se hayan interpretado como un anhelo de héroes y heroísmo, refleja los deseos subconscientes de nuestra cultura. Necesitamos héroes y buscamos candidatos para ser consagrados.
¿Por qué hacemos esto aunque sabemos que la atribución de características heroicas es casi siempre una distorsión? Analizado y examinado, el héroe resulta ser tan mezquino y egocéntrico como tú y yo. Lo sabemos, pero aun así lo ensalzamos. Lo deificamos, aunque sabemos que la deificación a menudo mata, como en los casos de Elvis Presley, la princesa Diana y John Lennon. Incluso cuando se salva la vida del héroe, la fama y la idolatría envenenan y dañan. No me cabe duda de que DiMaggio sufrió por ser DiMaggio. Causamos este daño sin malicia porque nos fascinan los mitos, las historias y las alegorías. Hijo de inmigrantes italianos, padre pescador, crece en la pobreza en San Francisco y se convierte en el mejor jugador de béisbol de su época, se casa con una diosa estadounidense y jamás, ni de palabra ni de obra, mancha su leyenda y grandeza. Es «el Yankee Clipper», tan orgulloso y viril como un acorazado. Cuando el héroe trasciende la vida misma, la vida se magnifica y nuestra brújula moral se revela con una claridad renovada. El héroe nos permite medir nuestra bondad: «Vale, no soy la Madre Teresa, pero tampoco soy Jeffrey Dahmer. Mejor seguir intentándolo ante los ojos de Dios». ¿Cual es el significado más profundo del deceso de DiMaggio? ¿Es un verdadero héroe? Permitánme citar la estrofa completa de “Mrs. Robinson”: Sitting on a sofa on a Sunday afternoon (Sentado en el sofá un domingo por la tarde) Going to the candidates' debate (Asistiendo al debate de candidatos). Laugh about it, shout about it. (Riete de ello. Grítalo) When you've got to choose. (Cuando tengas que elegir) Every way you look at it you lose. (De la manera que lo mires pierdes) Where have you gone, Joe DiMaggio? (¿Donde te has ido Joe DiMaggio?) A nation turns its lonely eyes to you (Una nación vuelve sus ojos solitarios hacia tí) What's that you say Mrs. Robinson (Que dice usted Mrs Robinson) Joltin' Joe has left and gone away. (Joltin’ Joe se ha marchado e ido lejos) En estos días de trangresiones presidenciales, disculpas y entrevistas de horario estelar sobre asuntos sexuales privados, lamentamos la pérdida de Joe DiMaggio, su gracia y dignidad, su profundo respeto por la privacidad, su fidelidad a la memoria de su esposa y el poder de su silencio. El trabajo más reciente de Paul Simon fue el musical de Broadway “The Capeman”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Mayo 21, 2026.

martes, 19 de mayo de 2026

Mis Años de Beisbol.

 Philip Roth The New York Times.Abril 2, 1973
En uno de sus ensayos, George Orwell escribe que aunque no era muy bueno en ese juego, tuvo un largo amorío imposible con el cricket hasta que cumplió 16 años. Mis relaciones con el beisbol fueron similares. Desde la edad de 9 años hasta los 13, debo haber pasado semanas de 40 horas durante los meses sin nieve en los campos deportivos de vecindario fuesen de softbol, beisbol, o caimaneras circunstanciales, mientras simultaneamente desarrollaba un trabajo a tiempo completo como alumno en la escuela local de primaria y luego secundaria., como lo recuerdo, las noticias de los eventos públicos más cataclísmicos de mi niñez, la muerte del Presidente Roosevelt y el bombardeo de Hiroshima, me alcanzaron cuando estaba afuera “jugando pelota”. Mis actuaciones eran erráticas; buenas para esos juegos informales de “vente tú”, pero me faltaba la calma y experticia que los naturales mostraban en la alta competencia. Mi gusto y mi talento, eran más para la atrapada circunstancial que para el elevado que se perdía en las nubes, me encantaba correr y saltar, me gustaba eso de “todo o nada”, de alguna manera perdí la confianza al esperar y esperar que la pelota cayera donde yo estaba. Nunca jugué con el equipo de la escuela secundaria, aun así recuerdo que uno de los dos años que intenté en vano (en ambos sentidos de la palabra), hice una buena imitación del estilo de un pelotero capaz de bromear con el entrenador hasta el día cuando se separaba a los soñadores, del equipo definitivo y se entregaban los uniformes. Mi decepción, por profunda que fuese, no significó un cambio en mis planes para el futuro. Jugar beisbol no era a lo que los chicos judíos de nuestro barrio de clase media baja se dedicaban más adelante en la vida. Si me hubiesen expulsado de la escuela secundaria, se habría armado un gran lío en mi casa, y habría sentido mucha confusión y vergüenza,pero tal como sucedieron las cosas, mi familia se tomó mi disgusto con calma y no perdió la fe en mí más de la que perdí en mí mismo. Probablemente se habrían sorprendido si hubiese entrado en el equipo. Tal vez yo también. De seguro eso me habría puesto en una posición diferente con este juego que amaba con todo mi corazón, no simplemente por la diversión de jugarlo (la diversión era secundaria), sino por la dimensión mítica y estética que le da a la vida de un muchacho estadounidense (particularmente uno cuyos abuelos apenas hablaban inglés). Para alguien cuyas raíces en Estados Unidos eran fuertes pero solo de centímetros en profundidad, y que no tenía experiencia, como la podría tener un muchacho católico, de una jerarquía impresionante que era real y se sentía, el beisbol era una especie de iglesia secular que llegaba a cada clase y región de la nación y nos unía en preocupaciones comunes, lealtades, rituales, entusiasmo, y antagonismo. El beisbol me hizo entender de la mejor manera de que trataba el patriotismo. No es que Hitler, y la Marcha de la Muerte de Bataan, y la batalla por las islas Salomón, y la invasión de Normandía, no hicieran de mi y mis contemporáneos la que seguramente debe haber sido la generación más patriótica de escolares estadounidenses de nuestra historia (y la más voluntaria y exitosamente influenciada por la publicidad). Sino que la guerra que empezó cuando yo tenía ocho años de edad, había empujado al país hacia lo que le parecía a un niño, y no solo a un niño, una lucha a muerte (un forcejeo incondicional”) entre el bien y el mal. Cargada de posibilidades peligrosas e impensables que inevitablemente basado en la virtud moral y el odio sanguinario, el patriotismo que clava una bayoneta sobre la Biblia. Me parece que a través del beisbol llegué a entender y experimentar el patriotismo en sus aspectos más tiernos y humanos, lírico más que marcial o justo en espíritu, y sin el tufillo a celo santo, un patriotismo que no podía resumirse fácilmente en un eslogan, ni estar contenido en una fórmula pomposa a la que uno tuviese que jurar algo vago pero que abarcara toda la “lealtad”.
Cantar el Himno Nacional en el auditorio de la escuela cada semana, aún durante los peores años de la guerra, generalmente me dejaba frío, la educadora entusiasta agitaba sus brazos en el aire y obedecíamos con las palabras:” ¡Mira! ¡Luz! ¡Prueba! ¡Noche! ¡Ahí!” Nada se removió en nuestro interior, por muy estridentes que fuésemos; al final, solo fue otro ejercicio escolar.Pero los domingos en el Ruppert Stadium (una franja verde de pasto milagrosamente amurallada entre las fábricas, almacenes y depósitos de camiones de la sección industrial "Ironbound" de Newark), esperando a que los Bears de Newark se enfrentaran al enemigo del otro lado de los pantanos, los odiados Giants de Jersey City (dentro de nuestra iglesia las divisiones son profundas), me habría parecido una emoción desperdiciada si no hubiéramos tenido que ponernos de pie primero (mi padre, mi hermano y yo, junto con nuestros compatriotas hostiles, los irlandeses, alemanes, italianos, polacos de Newark y, en la África de las gradas, los negros de Newark) para celebrar la América que había dado a esta colección dispar de hombres y muchachos un juego tan grandioso y hermoso. Como durante mis días de escuela secundaria aprendí los nombres de las grandes instituciones de enseñanza superior no de un “orientador universitario”, sino organizando quinielas de fútbol americano universitario para un corredor de apuestas del barrio, así llegué a tener una idea más clara del panorama estadounidense al seguir a los equipos de ligas mayores en sus giras, y al leer de las docenas de equipos de ligas menores en las últimas páginas del The Sporting News, que mirando mapas de rutas pioneras en la escuela. El tamaño del continente finalmente te impactaba cuando tenías que quedarte despierto hasta las 10:30 pm en New Jersey (donde llovía) para escuchar via radio teletipo, al pitcher de los Cardenales Mort Cooper lanzar el primer strike de la noche ante el campocorto de Brooklyn, Pee We Reese en el caluroso Sportsmen Park de San Luis, Missouri. Y por mucho que nos enseñasen en clase sobre los mataderos de ganado o los disturbios de Haymarket, Chicago solo empezó a existir como un lugar real, a tener importancia en la historia estadounidense, cuando empecé a temer (como aficionado de los Dodgers) al bate de Phil Cavaretta, primera base de los Cachorros de Chicago. No fue hasta que fui a la universidad y conocí la literatura que encontré algo comparable a la atmósfera emocional y al atractivo fuerte y estético del beisbol. No me refiero a sugerir que fue un simple intercambio, una pasión por otra. Entre descubrir a los Bears de Newark y los Dodgers de Brooklyn a la edad de 7 u 8 años y mirar por primera vez “Lord Jim” de Conrad a la edad de 18, yo había crecido algo. Solo digo que mi descubrimiento de la literatura, y la ficción en particular, y el “romance” , en cierto modo desesperado, pero sincero, que ha surgido, deriva en parte de esta fascinación infantil por el beisbol. O quizás, con mayor precisión, el beisbol, con su tradición y leyendas, su poder cultural, sus asociaciones estacionales, su autenticidad intrínseca, sus reglas simples y estrategias transparentes, sus momentos largos y emocionantes, su amplitud, su suspenso, su peculiar tedio hipnótico, sus hazañas heroícas, sus matices, sus “personajes”, su lenguaje, y su sentido mítico de si mismo, fue la literatura de la niñez.
El beisbol como se jugaba en grandes ligas, era algo muy ajeno a mi vida, sin embargo podía conmoverme hasta el éxtasis y las lágrimas, algo que podía despertar la imaginación y mantener la atención tanto con sus minucias como con su gran dramatismo: la pierna flexionada de Mel Ott al batear la pelota, el desplazamiento de los pies de Jackie Robinson al avanzar hacia segunda base, tan profundamente conmovedor a lo largo de los años como aquella noche “inconcebible”, “inescrutable”, como cualquier noche que el Marlow de Conrad pudiera tener dificultades para comprender, la noche en que el salvaje de los Dodgers, Rex Barney (quien nunca estuvo a la altura de nuestras expectativas, quien debería haber sido nuestro Koufax) no solo completó el partido sin permitir media docena de carreras, sino que lanzó un juego sin imparables ni carreras. Un misterio apasionante, maravillosamente enriquecido por el hecho de que había estado cayendo una llovizna al anochecer, y Barney, pensando que el partido iba a ser aplazado, se había comido un perro caliente justo antes de que le dijeran que tomara la pelota. Este detalle nos lo transmitió Red Barber, el locutor deportivo de radio de los Dodgers en la década de 1940, un sureño respetuoso y afable, con un sutil acento rural en su vocabulario y un tono de voz suave, propio de un párroco rural.Que las aventuras de los (”dem bums”, asi apodaban a los Dodgers)vagabundos de Brooklyn —una región entonces símbolo de la excentricidad y el tumulto urbanos— fueran narradas desde la perspectiva tan ajena como afectuosa de Red Barber constituyó un auténtico triunfo de lo que mis profesores de literatura me enseñarían más tarde a llamar «punto de vista». El propio Henry James podría haber admirado las ironías culturales implícitas y las espléndidas posibilidades para el comentario moral y social indirecto. Y en cuanto al detalle de Rex Barney comiendo su perro caliente, era irresistible, ya que unía lo espectacular con lo mundano y le brindaba a un adolescente una visión de un lado inesperadamente ordinario, incluso monótono, del heroísmo masculino. Por supuesto, con el paso del tiempo, ni el sabor y la sugestividad de la narración de Red Barber, ni los detalles específicos, tan vívidos y reveladores como el perro caliente de Rex Barney antes del partido, pudieron seguir satisfaciendo un apetito literario en desarrollo; sin embargo, no cabe duda de que me ayudaron a mantenerme hasta que tuve la edad y el conocimeinto suficientes para empezar a responder a los grandes inventores del detalle narrativo y a los maestros de la voz y la perspectiva narrativas, como James, Conrad, Dostoievski y Bellow. Philip Roth es el autor de “The Great American Novel”, que trata de beisbol.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Mayo 18, 2026.

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