The Human Side of Baseball. Anécdotas. Vivencias.
Se busca plasmar la conexión entre el béisbol y la vida, como cada regla del juego resulta una escuela de reflexión hasta para los seguidores más remotos cuando los sucesos del mundo indican que ciertas veces las normas de justicia son violadas; el transcurso de las sentencias de bolas y strikes reflejan la pertinencia y compromiso de cada pelotero en respetar la presencia del árbitro.Cada jugador deja lo mejor de sí sobre el campo de juego a pesar de lo complicado que pueda ser su vida.
lunes, 2 de febrero de 2026
Como la antigua estrella de MLB Brad Lidge se convirtió en arqueólogo
Ted Berg. USA Today. Septiembre 27, 2018.
Como muchos ex grandes ligas con su pedigree, Brad Lidge se mantiene cercano y alrededor del juego. El antiguo cerrador, dos veces integrante del equipo de estrellas y campeón de la Serie Mundial con Filadelfia en 2008, trabaja como asistente especial de la oficina principal de los Filis, es anfitrión adjunto de un programa del canal SiriusXM’s MLB Network Radio cuatro días a la semana, y entrena a su hijo en beisbol y a su hija en softbol.
Pero una vez al año durante los últimos cinco años, Lidge y su familia han viajado a Europa para que el pueda ejerza su otra pasión: la arqueología de la Antigua Roma.
“En el beisbol”, le explicó a For The Win por teléfono, “se sentía como si siempre teníamos mucho tiempo libre en las giras, así que empecé a leer libros de historia antigua e historia universal, y disfruté mucho aprendiendo sobre eso. Me dije que en algún momento, cuando me retire, me gustaría hacer algo en un mundo diferente más allá del beisbol”.
Lidge terminó su licenciatura despues de su carrera como beisbolista activo y se inscribió en una maestría de arqueología e historia antigua en la Leicester University, en Inglaterra. Hizo la mayor parte del curso en línea, pero los requerimientos académicos incluían trabajo de campo en sitios alrededor de Europa. Participó en su primera excavación en 2013 en Carsulae, Italia central.
“No sabía que esperar la primera vez que estuve ahí”, recordó. “Básicamente tomas una paleta, y aprendes todas las técnicas para excavar tu cuadrante, o tu trinchera, y las diferentes cosas que necesitas escoger. Escoges muchas cosas, a identificar, puede ser cerámica antigua romana, o solo rocas, o lo que sea...Trabajamos en el sitio donde estaban los antiguos baños romanos, así que encontramos algo de joyería y todo tipo de artefactos pequeños ahí”.
“Se termina encontrando muchas más monedas de las que podrías pensar, todo tipo de cosas.Cuando sacas una pieza de cerámica del suelo no sabes si vas a sacar un caparazón de una pulgada cuadrada o un objeto curvo completo”.
Ese verano, Lidge trabajó en un sitio del pueblo inglés Lincoln, su quinta excavación pero la primera fuera de Italia, La escena académica europea le ofrece típicamente anonimato en principio, pero invariablemente habrá unos pocos estadounidenses voluntarios o estudiantes en cada sitio, y eventualmente alguno hará el reconocimiento.
“Usualmente habrá alguien que diga, ‘Epa, ¿no eres tú el mismo Brad Lidge que jugaba beisbol?’ Les responderé que si, entonces el rumor se esparcirá rápidamente. Algo agradable de esto es que se siente como si se está en un mundo diferente, todos trabajan con metas distintas, pero inevitablemente se termina hablando de beisbol.
Aunque el aspecto de cacería de tesoros de la arqueología es romántico, los artefactos hallados en los sitios de excavación son documentados cuidadosamente y se convierten en propiedad de los gobiernos locales, para custodia, investigación o exhibición. Lidge explica que el verdadero objetivo del arqueólogo no es encontrar los remanentes más valiosos de una civilización pasada, sino los que ofrecen más conocimiento histórico.
“No se trata tanto de buscar el Arca de la Alianza o el Sano Grial, todo gira en torno a encontrar el artefacto que ayude a definir el sitio completo”, dijo él. “Cuando estábamos cerca de Orvieto, un sitio etrusco antíguo y también romano, y tratábamos de descubrir como los antiguos romanos usaban el sitio. Parecían ser pequeñas piscinas de agua, que habían construido los antíguos romanos, tratábamos de ver si seguían un culto al agua y hallar evidencia de esas pácticas ahí.
“Así que estamos buscando estatua pequeñas, artefactos que te permitirían saber si ellos reverenciaban ciertos dioses. Es una especie de reescritura del area. Lo que se espera hacer es hundir la pala en el suelo y sacar algo que sea muy raro, pero también algo muy significativo para el lugar”
Lidge dijo que está un poco en una encrucijada en su búsqueda: Para convertirse en un arqueólogo profesional con todas las de la ley, necesitaría obtener un PhD, lo cual requeriría cuatro años de estudios intensivos y mucho tiempo fuera del país. Es algo que considera, pero tendría que dejar atrás el mundo del beisbol, y él no está listo para hacer eso.
En lugar de eso Lidge aparece, según su propia cuenta y la estimación de este portal, como el único tipo del beisbol que también es arqueólogo a medio tiempo. Los amigos del deporte saben de su pasión por la historia y les gusta escuchar los relatos de sus aventuras y hallazgos. En el programa SiriusXM, su co anfitrión bromea de que él regresará hechizado luego de excavar un cementerio antiguo romano.
“Pero no pienso que alguien investigue de eso como yo”, dijo Lidge,
“Esta era la manera como me podría hacer más interactivo con la historia del mundo, leer de ella es divertido, pero si había una manera de interactuar con ella físicamente, eso es lo que quería hacer”, dijo él. “Cuando me retiré, tuve la oportunidad de hacer eso. Quería mostrarle a mis hijos que sin importar cual sea tu pasión, tienes que buscarla. No muchas personas cambian de profesión cerca de los 40 años de edad, pero fui capaz de hacerlo”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Febrero 02, 2026.
TCR Habla con Jean Hastings Ardell
Noviembre 24, 2017. Entrevista de no-Ficción. TCR Daily. The Coachella Review. Nathania Seales Oh.
Al elaborar My Pitch ;: A Woman’s Baseball Odyssey, Jean Hastings Ardell es co autora de la profundamente conmovedora memoria de Ila Borders, una mujer que estremeció los estereotipos de género en una profesión dominada por los hombres mientras navegaba en secreto su vergüenza y eventual aceptación de su orientación sexual.
A través del libro, Ardell señala los momentos de transformación y dificultad en la vida de Borders: como niña en casa y la iglesia, como joven en el campo de beisbol y en el club house de puros hombres, y en una Universidad Cristiana donde ella jugaba antes de ser firmada para jugar beisbol profesional. Hay momentos de levitación a lo largo de anécdotas de profunda pérdida y rechazo que muestran al lector el camino de Border hacia la autenticidad y el éxito.
Ardell ha trabajado en Orange County, California, como escritora a destajo por casi treinta años. Aunque haya cubierto una variedad de temas, ella siempre regresa al beisbol. Su primer libro, Breaking into BaseballÑ Women and The National Pastime, apareció en la lista de más vendidos de The LA Times. Making My Pitch: A Woman’s Baseball Odyssey, fue publicado en abril de 2017 y es una selección de la Junior Library Guild. Ardellvive en Laguna Beach con su esposo, Dan Ardell, quien jugó para los Angels de Anaheim de Los Angeles.
THE COACHELLA REVIEW: Como el proyecto del libro Making My Pitch: A Woman’s Baseball Odyssey, y la oportunidad de trabajar con Ila Borders aterrizaron en su escritorio?
JEAN HASTINGS ARDELL: En febrero de 1994, yo estaba investigando para mi primer libro, “Breaking into Baseball”: Woman and the National Pastime”. Mi escritorio estaba recargado de recortes de periódicos, transcripciones de entrevistas, e imágenes. Una mañana levanté el Orange Coast Daily Pilot y lei que una joven llamada Ila Borders estaba pitcheando para Southern California College en la cercana Costa Mesa, California. Manejé hasta allá para ver el juego __ Borders pitcheó completo en ujna victoria 12-1__la entrevisté despues, y, empezó una relación que se ha mantenido hasta hoy.
TCR: ¿Dado el clima actual y los comentarios que rodean la definición de los roles ocupacionales de acuerdo al género, hubo formas en que usted o Borders sintiesen la obligación de contar esta historia ahora?
JHA: Como historiadora de beisbol, estaba consciente de que el clima y la conversación referente a los papeles de género ha estado bajo discusión por muchas, muchas décadas. En los 1800s, las mujeres no siempre eran bienvenidas en el juego, ni siquiera como aficionadas. A las mujeres de finales de los 1800s les gustaba la idea de jugar beisbol, pero la “sabiduría” cultural de la época desaconsejaba eso con el temor de que se dañaría la habilidad de las mujeres para concebir hijos y de que eso también las despojaría de su femineidad. En los 1900s , permaneció el sesgo cultural contra las mujeres que jugaban beisbol. El softbol todavía es visto como el deporte por defecto para las muchachas.
TCR: Este es su primer proyecto como co-autora. ¿De que manera su enfoque para escribir este libro difiere de la escritura de su primer libro, el cual usted asumió en solitario?
JHA: Tomé un enfoque muy diferente. Para mi primer libro, la idea de escribir exhaustivamente acerca de las mujeres en el beisbol __para explorar por qué las mujeres tienen tanto amor por un juego que tendía a excluirlas__llegó sin invitación a mi mente. Así que sentí que era dueña de esa historia, y la escribí tal como me pareció oportuno. Trabajar con Ila en su memoria pedía un enfoque diferente. Desde ese primer día cuando la vi pitchear, estaba intrigada por ella y su sueño de pitchear en el beisbol profesional y escribí sobre ella en the Sporting News y en L.A. Times, y presenté aspectos de mi investigación sobre ella en varias conferencias académicas de beisbol. Cuando llegó el momento de empezar a trabajar con ella en el manuscrito, sabía claramente que quería que la narrativa se desarrollara en su voz, no la mía. (Tengo un sesgo contra los periodistas deportivos que imponen sus propias voces sobre sus temas en las biografías). Suplementé mucha de la información del libro (los antecedentes en la historia de las mujeres en el juego; recuentos de los juegos donde ella pitcheó; entrevistas con sus entrenadores y compañeros de equipo y familia), pero tanto como fue posible, busqué dejar que la voz de Ila contase la historia.
TCR: Borders comparte algunos elementos profundamente personales de su vida en este libro, incluyendo. sincerarse con su orientación sexual y el conflicto familiar. ¿Como describiría la experiencia de escribir tales detalles íntimos de la vida de otra persona?
JHA: Tomé la responsabilidad en serio para ser precisa y real respecto a las sensibilidades de Ila acerca de contar información profundamente personal. Yo no sabía que ella era lesbiana hasta que estuvimos bien avanzadas en el manuscrito. Para entonces, nos conocíamos y confiábamos la una n la otra. Y por años, en varias conversaciones que tuvimos, yo le había expresado mi creencia de que Dios no considera a la homosexualidad factor decisivo. Ila es homosexual, y yo soy heterosexual, y ambas somos cristianas; aunque ella fue criada en una iglesia fundamentalista que considera pecaminosa la homosexualidad, y yo soy miembro de una iglesia progresista que permite LGBTQs como ministros, mayores y diáconos. Para el momento cuando ella me dijo que era gay (su término preferido), estaba a medio camino de salir del closet con su familia y amigos, pero profesionalmente, no. A ella le preocupaba que la noticia arruinaran el libro., que este pudiera ser no publicable. Le dije que si ella escogía compartir la noticia eso solo mejoraría el libro. Después de todo, esto era una memoria, lo cual implica no ficción, lo cual hace importante decir la verdad. Pero una cosa es decirle a tus seres queridos que eres homosexual, y otra muy diferente es explicar los detalles de eso en un libro ante el mundo entero. Le dije que era su decisión la cantidad de información que quisiera develar. Decidió decirlo todo. Fue una decisión transformadora. La respuesta de los lectores, hetero y homosexuales, ha sido maravillosa. Un historiador beisbolero y amigo que fue cercano a la odisea de este libro por más de 23 años me comentó después de escuchar a Ila cuan confiada y relajada estuvo. Él dijo, “Escribir este libro ha sido bueno para ella”, Eso es lo que siempre había esperado.
TCR: ¿Como hizo para navegar manteniéndose fiel a la historia sin comprometer unos límites que no eran los suyos?
JHA: Me propuse mantenerme fiel a la historia recordándome que no era mía y por tanto no debía contarla. Cuando hubo que decir algunas de las crudas verdades __de su familia, por ejemplo--la animaba para que hablara con sus hermanos y padres para que ellos entendiesen porque ella estaba escribiendo ese libro. Muchas de nuestras conversaciones no están en este libro, las guardé en mis archivos.
TCR: ¿Como escribir esta historia le afectó como mujer y a sus ideas acerca de los papeles de género?
JHA: Siento una profunda admiración por lo que Ila logró en el montículo. El beisbol puede ser un juego muy exigente --día tras día, inning tras inning, se sale y se compite. Ila desafíó y venció el viejo adagio de que una mujer no era suficientemente fuerte o ruda para resistir los rigores de una temporada de beisbol. Me gusta mucho eso. Aunque creció jugando beisbol informal, sin entrenadores siendo una muchacha, siempre pensé que ese fue el caso. Trabajar en esta historia confirmó mi opinión de las capacidades de las mujeres.
TCR: Al principio del proyecto ¿hubo parámetros, papeles o límites establecidos entre usted y Borders? Si fue así, ¿cuales fueron, y fueron fáciles de adherirse a ellos? Si no, ¿hubo un punto en el proyecto donde una o ambas notaron su necesidad?
JHA: Nos reunimos con un bien considerado abogado literario, Jonathan Kirsch, quien elaboró el contrato de coautoría entre nosotras y estableció las expectativas y responsabilidades que tenía cada quien. Eso ayudó mucho. Ila me iba a enviar sus recuerdos via correo electrónico, a lo cual yo seguía con llamadas telefónicas y conversaciones en persona. Yo escribiría sus palabras, les daba forma en la narrativa, y se las enviaba de vuelta para su aprobación. Ella leyó cada palabra del manuscrito antes de su publicación. Después de la publicación del libro, tuvimos una diferencia de opinión sobre la mejor opción de publicidad. Ella eligió firmar con un gerente de talento, mientras yo no. Eso complicó el proceso comunicacional mientras mercadeábamos el libro a nivel internacional y los derechos cinematográficos, pero ambas acordamos respetarnos y nuestro agente literario,Rob Wilson, es esencial. Y empezando, mantuve una distancia emocional de un brazo entre nosotras, teniendo en mente que yo era una periodista escribiendo sobre un tema. Eso evolucionó con los años, hasta un punto donde había mucho menos distancia entre nosotras. En el afán por contar su historia correctamente y bien, sentía la responsabilidad adicional de apoyarla como ser humano. Ella a menudo ha venido a mi por consejos y me ha llamado su segunda mamá. Para el momento cuando eso ocurrió, estábamos pisando tierra firme respecto al libro.
TCR: ¿Hubo momentos a través del proceso de escribir esta historia donde usted se sintió en conflicto o complicada con sus propios prejuicios?
JHA: Estoy confundida con la miopía desde el punto de vista religioso hacia la homosexualidad Ila asisitió a una universidad (ahora conocida como Vanguard University) que está afiliada con la denominación Assemblies of God. Un empleado de la universidad, que trabajaba ahí cuando Ila pitcheaba, me dijo que si ella hubiese confesado su orientación sexual, habría sido separada del equipo y expulsada de la universidad. Hasta la fecha, la universidad no ha ofrecido organizar una firma de libros__por la mujer que le dio gran publicidad. Piemso que eso es vergonzoso. Desde mi punto de vista los fundamentalistas y la Cristiandad Evangélica han ignorado el mandamiento de Cristo de amar a los otros como a sí mismo. As{i que más que el conflicto con mi punto de vista sesgado respecto a este asunto, encontré que la experiencia de Ila confirmó mi creencia de que es posible vivir honorable y devotamente como homosexual que vuelve a ser cristiano. Las respuestas que hemos recibido de los lectores han demostrado que hay necesidad de este punto de vista.
TCR: ¿Hubo retos únicos para este tipo de narrativa?
JHA: El reto de necesitar colaborar y asegurarme de que cada palabra de cada oración fuese aceptable para Ila fue compensado por su confianza en mi juicio y su honestidad al hablar cuando había que cambiar algo. También hubo compensación por el sentido de compañerismo que evolucionó mientras escribíamos la historia. La escritura de mi primer libro fue una experiencia solitaria. Si, tuve el apoyo de muchos amigos escritores que hablaron conmigo de ideas y pasajes (mi lista de agradecimientos es larga) pero todo terminó conmigo escribiendo sola en la habitación, día tras día. Con Ila, sentí que éramos compañeras en la experiencia de crear el libro, y me gustó eso.
TCR: ¿Que rituales de escritura tiene, y tuvo necesidad de ajustarlos para este proyecto?
JHA: Estuve mejor organizada para este proyecto porque, en ese momento, yo había aprendido como escribir un libro. Trabajar primero en la organización del interior de cada capítulo ayudó mucho. No todos los autores siguen un esquema. Dios nos ayudó. También aprendí con George Gmelch del régimen 45/15, mejor que pasar largos turnos de horas frente a la computadora, como hice con mi primer libro. Se fija el cronómetro a cuarenta y cinco minutos y se escribe. Cuando el cronómetro indica que se cumplió el tiempo, se programa para quince minutos, te alejas caminando de la computadora y haces algunas llamadas telefónicas juegas con el perro o sacas las hierbas del jardín. Es sorprendente lo que se puede hacer en quince minutos. Cuando el cronómetro indica el final del lapso, se regresa a la computadora y se repite la rutina hasta que es tiempo de terminar el trabajo del día. También me aseguré de salir y pasar tiempo con las personas cada tarde sin hablar del libro. Hablar de eso, por el momento, los miembros de mi familia entienden sobre no tocar el tema del libro en ocasiones sociales. Por mucho que a los autores nos apasione escribir libros, es un alivio alejarse del trabajo en progreso en las ocasiones sociales.
Originalmente de las Islas Cayman, Nathalia Seales Oh es una veterana de la industria del entretenimiento con más de 20 años de experiencia en producción y en la actualidad vive y escribe en el Sur de California. Ella obtuvo su B.A en Pepperdine University y en la actualidad trabaja en su MFA en no ficción en el programa de residencia baja de UC Riverside. Nathania Seales Oh enseña Script to Screen (Guión para la pantalla), un taller con el programa Newport/Mesa ProLiteracy y fue recientemente elegida para la Literacy Advisory Board.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Febrero 02, 2026.
Desafortunada decisión.
Siempre voy a tener al deporte, en este caso al beisbol, como una conexión de armonía y disciplina a través de la cual he experimentado momentos agradables en la vida. Siempre voy a asociar mi simpatía por el beisbol profesional y Navegantes del Magallanes como ese territorio fantástico donde las emociones pueden convertir en escenario único la ingravidez de los jonrones y el vértigo de las atrapadas en la linea de cal detrás de tercera base como las que hacían Dámaso Blanco y Camaleón García. Esas imágenes definitivamente están a una eternidad de distancia de ver a los peloteros del Magallanes usando una franela que dice “Somos el hampa”. ¿Qué se quiere transmitir con eso? El deporte debe ser ese baluarte, uno de esos últimos recursos donde puedan acudir los niños a buscar oxigeno, dignidad, autoestima, respeto y Justicia. Me quedo con el Magallanes de siempre, el de los sueños en el techo las noches mientras escuchaba los juegos por radio en las jugadas de Vidal Lopez, Monzant, Gaston, Gustavol Gil, Juan Carlos Pulido, Parker, Mitchell Page, Felix Rodriguez, Manuel Sarmiento, Carlos García, Alvaro Espinoza, y todos los que no puedo seguir nombrando. Me quedo con la resiliencia de este maravilloso equipo de 2025-2026. Me quedo con la humildad y la cercanía a JesusCristo de Yadier Molina. Bien lejos con frases abyectas.
Alfonso L. Tusa C. Febrero 02, 2026.
“Es un elevado detras del plato y Steve Nicosia la tiene...”
Había sido una final disputada, aunque los Navegantes del Magallanes habían ganado los dos primeros juegos en casa luego Tiburones de La Guaira ganaron dos de tres en estadio de la UCV. Para el sexto juego del 30 de enero de 1977, el manager Don Leppert le entregó la pelota a James Easterly para enfrentar a Mike Kekich. Los eléctricos inauguraron el marcador en el cierre del cuarto inning mediante doble de coraje y pundonor de Dave Parker, más imparable de piernas de Mitchell Page y elevado de sacrificio de Nicosia. Los escualos igualaron en la apertura del quinto episodio mediante doble remolcado de Steve Patchin que trajo al plato a Dave May.
En el cierre del sexto Parker despachó sencillo y Page lo remolcó con imparable para porner la pizarra 2-1.. La Guaira amenazó seriamente en el octavo mediante imparable de Patchin (sustituido en la inicial por carlos Morocho Moreno. Oswaldo Blanco emergió por Mike Cubbage y descargó doblete que parecía igualar el marcador, solo que un gran corte del jardinero central Gary Woods y un magistral relevo de Remigio Hermoso enfriaron en el plato a Moreno. En el noveno Magallanes plenó las bases mediante imparable de Page y boletos a Ken Macha y Nicosia. El manager Rene Lacheman trajo al zurdo Larry Gura para enfrentar a Felix Rodríguez pero este no comió cuento y metió petardo al jardín derecho para impulsar a Page y Macha. Magallanes 4 - La Guaira 1. En el noveno con dos outs Manuel Sarmiento recibio imparable de Clarence Gaston para poner dos hombres en base. Leppert trajó a Mike Willisa relevar y este dominó a May con elevado detrás del plato. Magallanes campeón por quinta vez.
Alfonso L. Tusa C. Febrero 02, 2026.
domingo, 1 de febrero de 2026
Extracto del libro Pensando en tí Venezuela. Una Biografía de Dámaso Blanco.
El día de su debut “tenía el corazón en la boca, porque me tocó jugar en tercera base, delante de un campocorto de nombre Alfonso Chico Carrasquel, mi ídolo de toda la vida en el beisbol. Cada vez que volteaba el Chico estaba detrás de tercera, en el hueco, sobre la grama interior, a dos pasos de segunda base. Era increíble cómo se movía por toda esa zona entre segunda y tercera. A veces llegaba hasta detrás de la segunda base, agarraba la pelota y lanzaba a primera como si nada”.
La emoción de Dámaso llegaba a niveles insospechados: en una ocasión estaba en el ambiente el toque de pelota por la antesala, y Dámaso veía tanto los movimientos del bateador como hacia el campocorto. El Chico le indicaba con la barbilla que se enfocara en jugar adentro. Dámaso se adentraba en la grama interior pero instintivamente miraba hacia donde cubría Alfonso Carrasquel.
Cada vez que regresaban al dugout, Dámaso buscaba sentarse lo más cercano a Carrasquel. En una ocasión le preguntó qué tan adelantado debía jugar un campocorto con el cuadro adentro. El Chico se lo quedó mirando. “Pero tú eres tercera base”. “A veces también juego short stop y tengo la duda de si el bateador va a dragar la pelota o va a batear duro”. El Chico se pasó la mano entre los labios y la barbilla, y se quedó mirando a Dámaso. “Si quieres, cuando se presente esa situación mira hacia el segunda base y después hacia el shortstop, y de acuerdo a donde estén ellos tienes que encontrar la ubicación que más te convenga, porque el tercera base es uno de los que tiene que estar más atentos a cualquier jugada de toque y a la vez tener los reflejos para regresar si cambian la seña”.
Dámaso seguía segundo a segundo cada movimiento del Chico. Cuando éste casi se daba cuenta, Dámaso se volteaba y empezaba a silbar. “¿Qué te pasa, novato? ¿Es que nunca has visto a un pelotero hacer su rutina?” “Sí, pero nunca lo había hecho con el pelotero que ha sido mi ídolo de toda la vida”. El Chico se sonrió y dio dos palmadas en el hombro de Dámaso. “No es para tanto”.
Pensando en Tí Venezuela. Una Biografía de Dámaso Blanco. Alfonso Tusa. 2011
Quinto Juego de la Serie Final 1978-1979.
El 30 de enero de 1979 Larry Rotschild recibió la pelota de Willie Horton para abrir ante Águilas del Zulia y Steve Ruling en el estadio Luis Aparicio El Grande de Maracaibo. Los Navegantes habían ganado el primer juego 9-4 amparados en en los maderos de Rodney Scott (3-1, empujada y anotada), Mitchell Page (4-1, 2 empujadas, anotada), Alexis Ramírez (4-2, 2 empujadas, 2 anotadas), Tim Blackwell (4-3, 2 empujadas, 2 anotadas); James Easterly se apuntó la victoria. En el segundo juego Willie Horton despachó imparable remolcador en el cierre del noveno inning para dejar en el terreno a las Águilas 2-1, luego de un intenso duelo de pitcheo entre Alan Wirth (relevado por Manuel Sarmiento Jim Umbarger y Larry Rotschild) y Tom Brenna (relevado por Charles Kniffin y Steve Ratzer). El tercer encuentro fue una victoria 6-1 de los Navegantes amparados en jonrones de Mitchell Page y Dave Coleman y otros dos imparables de Oswaldo Olivares; Ben Wiltbank se apuntó la victoria con relevo de Sarmiento. Mike Pagnozzi salió derrotado. Lás Águilas se impusieron en el cuarto desafío 6-1 con gran labor monticular de Derek Bothelo.
En aquel quinto juego los Navegantes desplegaron una ofensiva comandada por Page, Coleman, Rodney Scott, Rafael Cariel, Tim Blackwell y Felix Rodríguez para marcar hasta 11 anotaciones y vencer a las Águilas 11-3 en su casa. Rotschild resultó ganador con relevo de Sarmiento. Esa victoria significó el noveno campeonato de Navegantes del Magallanes en LVBP.
Alfonso L. Tusa C. Febrero 01, 2026.
En un tambor de agua.
Finales de enero de 1970 es una de esas épocas que si no burbujean con total claridad en los compartimentos de las remembranzas, existe un factor de nitidez amarrado con tu recién adoptada inclinación por seguir ese juego, ese deporte que se juega en cualquier campo baldío o en plena calle, con cuatro bases en rombo, una pelota de costuras rojas, unos guantes tres veces más grande que tus manos y unos bates tallados en madera de guayaba que largaban jonrones más largos que los de fábrica. Junto a todos esos juegos diurnos había un artefacto, pequeño o mediano, a veces recubierto por una carcasa de cuero. En ese radio transistor seguías con tus hermanos las incidencia de los juegos de la temporada de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional, sufrías todas las veces que Navegantes del Magallanes parecía desfallecer en medio de los juegos ante lo que parecía una desventaja muy grande en peloteros criollos respecto a equipos como Leones del caracas o Tiburones de La Guaira.
Por lo general te quedabas dormido cuando los Navegantes aún perdían alrededor del octavo inning, la mañana siguiente pensabas que tus hermanos te gastaban bromas al darte el resultado del juego. Luego dejabas de reclamar cuando llegabas a la librería y veías la reseña de El Nacional, El Universal, Meridiano. Lamentabas no haberte mantenido despierto para escuchar la remontada de los Navegantes. Por eso celebrabas mucho la llegada del fin de semana, los juegos sabatinos empezaban a las seis y media de la tarde y los dominicales a las once de la mañana. Cada día tenía nuevas preguntas para Felipe y Jesús Mario, a veces te quejabas del número de bolas, si con tres strikes te ponchaban también debería darte la base con tres bolas. Luego en la noche mientras escuchabas las explicaciones de los narradores en la transmisión radiofónica, entendías algo más pero siempre te quedaban ciertas dudas. Aquella temporada de juegos de pelota en terrenos baldíos y en la corneta del radio fue muy entretenida.
Luego de muchos forcejeos, incidentes y tropiezos, los Navegantes lograron clasificar al playoff semifinal para jugar ante los Tigres de Aragua y otra vez los expertos decían que había mucho que demostrar para que el Magallanes pudiera avanzar a una hipotética serie final. Los Tigres eran un equipo de grandes jugadores como David Concepción, Elio Chacón, John Bateman, Jim Williams, Mike Corkins, entre otros. Aquel enero de 1970 hizo mucho frío en Cumanacoa, y aún así se jugaba mucho carnaval con agua a toda hora. Los escalofríos de aquellos baños de agua helada a cualquier hora del día eran casi imperceptibles a lo que sentiste la noche del primer juego de la semifinal, los Tigres destrozaron literalmente el pitcheo de los navegantes y muchos empezaron a reconocer que hasta ahí había llegado el sueño. Tus hermanos callaban, pero entre ellos, en el cuarto mantenían su postura obstinada de que aquello apenas comenzaba.
Luego de varias jugadas de filigrana de Dámaso Blanco, varios pivots espectaculares de Gustavo Gil para concretar out fantásticos, unos cuantos batazos atravesados de Armando Ortíz, aquel relevo e 10 innings de Gregorio Machado, aquel triple increíble de Gustavo gil para remolcar a Machado desde primera base, el panorama empezó a mostrar que la madera de aquel equipo no era elemento funcional solo en la temporada regular. Estabas encandilado, hipnotizado, no te creías que el Magallanes, un equipo que tenía tres temporadas sin clasificar, recién mudado a valencia, con buenos peloteros pero a mucha distancia para competir de tú a tú con Caracas y La Guaira, ahora estaba ahí cual los Milagrosos Mets de Nueva York, desafiando a los entendidos del beisbol, al acceder a la serie final, cuando sobre el papel parecía en mucha desventaja también ante Tigres y Cardenales además de Leones y Tiburones. Tenías miedo que aquella final ante La Guaira fuese a resultar una disputa de una sola calle, una derrota vergonzosa.
Por eso cuando Orlando Peña le plantó cara al propio Mike Hedlund ganador de 10 juegos en la temporada regular con efectividad record de 0.75, para ganarle 4-0; te pareció estar soñando, estuviste preguntándole a Felipe como había hecho Peña para dominar a Ángel Bravo, José Herrera, Enzo Hernández, Víctor Davalillo y Paul Casanova entre otros, por varios minutos, hasta que te dijo que “Así es la vida”. Luego vino el blanqueo del novato Don Eddy ante el mismísimo Larry Jaster, si el propio que había vencido a los campeones Dodgers de Los Angeles hasta cinco veces en la temporada de 1966. Que Eddy tuviese el aplomo de resistir nueve entradas sin permitir libertades a esa temible alineación guairista (solo Víctor Davalillo y Ramón Webster pudieron batearle imparables, ambos sencillos), te hizo creer en la posibilidad de ganar el campeonato. Entonces Jay Ritchie salió a fajarse con el zurdo Marcelino López aquella mañana dominical del primero de febrero de 1970.
En pleno cierre del noveno inning tu abuela te comentó que necesitaba unos condimentos para la sopa de pescado. Siguiendo sus consejos te asomaste en el jardín y escuchaste a la distancia el sonido de los tobos de aguas volando por los aires y los gritos de sorpresa y reclamo. Volteaste hacia la calle Boyacá y el panorama era igual de complicado con mangueras cual dragones de agua a presión y describiendo parábolas en el aire. Tenías que arriesgarte, preferiste tratar de burlar la trinchera de Ramoncito y Pedro Augusto que lidiar con otros fenómenos que apenas conocías. Cuando cruzabas en el callejón La Paz sentiste que de pronto caminabas en el aire. En aquella proyección de subir y bajar escuchaste muy lejana la voz de Delio Amado León describiendo los detalles del segundo out. No te importaba que te sumergieran en aquel tambor inmenso de agua en la sombra de la casa de la esquina. Estiraste el brazo todo lo que pudiste con el radio apretado en la humedad de tus dedos. Cuando saltaste desde el tambor ni siquiera miraste a los perpetradores corriste hacia la bodega, aún no te explicas como hiciste para comprar los condimentos de tu abuela y regresar a tiempo para prender el radio de bulbos de la sala y escuchar a Delio Amado ilustrar con una voz pausada y emotiva: “Magallanes tiene montada la olla para el sancocho de tiburón…” Entonces Jay Ritchie retiró a Fred Rico para el out 27 y empezó la celebración del campeonato, el primero de los Navegantes en 15 años.
Alfonso L. Tusa C. Mayo 06, 2025. ©
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