viernes, 30 de octubre de 2026

La última temporada de los Navegantes del Magallanes como anfitriones en Caracas.

 Desde mediados de 1968 la directiva del equipo había mostrado  que pretendía acabar con los fracasos de las dos campañas anteriores. El 30 de mayo adquirieron a Gustavo Gil y Dámaso Blanco de los Industriales del Valencia quienes en el futuro inmediato se convirtieron en Llaneros de Acarigua. Luego firmaron a Napoleón Reyes como manager, quien había llevado a los Tiburones hasta la final de la temporada 1966-67 luego de tomar el equipo en plena temporada.     La importación se anunciaba con grandes carteles. Entre los pitchers se escuchaban los nombres de Bo Belinsky y Ron Tompkins, dos viejos conocidos por sus actuaciones con Pampero, La Guaira el primero y Lara el segundo. También vendrían los serpentineros René Paredes, John Upham y Don Yingling en compensación por la ausencia de Isaías Chávez por lesión.     Alrededor del 9 se octubre Isaías Látigo Chávez llegó al campo de la Electricidad de Caracas, mientras veía las prácticas del Magallanes se encontró con el Dr. José Domingo Martínez Morales quien le examinó el brazo de lanzar. Luego de palparle el codo, le informó que tenía depósitos de calcio. Isaías preguntó que se podía hacer, el médico contestó que lo podía poner en tratamiento con inyecciones de cortisona, a ver si desaparecían los depósitos, sino habría que operar. El Látigo se sentó cabizbajo en las gradas. Los periodistas le preguntaron por su temporada en ligas menores y como se preparaba para la temporada con Magallanes. Les dijo que había sido una temporada accidentada, primero fueron los dolores en el brazo, después la lesión del tobillo. Ahora tenía algunas molestias, pero esperaba recuperarse para uniformarse con el Magallanes.     Para los jardines se anunciaba al prospecto de los Atléticos de Oakland Joe Rudi,  Pat Kelly, quien había sido recomendado por Cesar Tovar a los Leones del Caracas pero estos ya tenían completa su cuota de jardineros regulares con el propio Tovar, Victor Davalillo y José Tartabull, por lo cual lo dejaron disponible. El tercer jardinero era Clarence Gaston quien había tenido una temporada decepcionante con Cardenales de Lara en 1967-68, pero el gerente general del Magallanes, Rodolfo Mauriello, lo convenció de regresar a la liga venezolana.    Para la receptoría fue contratado Bruce Look quien venía de jugar con los Mellizos de Minnesota en la Liga Americana.    Con la llegada de Dámaso Blanco y Gustavo Gil se esperaba contar con un cuadro interior completamente criollo pues Cesar Gutiérrez  y Oswaldo Blanco venían de sólidas campañas con los Giants de Phoenix (PacificCoast League AAA. 139 J, 531 VB, 59 CA, 158 H, 23 2b, 7 3b, 52 CE, 24 BR, 11 BB, 33 K, .298 Prom., .314 OBP) y los White Sox de Evansville (Southern League AA. 132 J, 467 VB, 72 CA, 135 H, 20 2b, 14 3b, 8 HR, 56 CE, 12 BR, 51 BB, 78 K, .289 Prom., .362 OBP, .805 OPS). El equipo tuvo una arrancada complicada en la cual llegó a recibir un juego sin hits ni carreras ante Howie Reed y los eternos rivales Leones del Caracas. El evento ocurrió el 24 de octubre de 1968. Los Leones marcaron cinco carreras ante John Upham y René Paredes. Reed solo permitió que se le embasara un solo corredor, Bruce Look por boleto en el quinto episodio.    La luz de alarma se encendió a mediados de noviembre cuando el equipo tenía marca de 6-14. Entonces la gerencia decidió prescindir de los servicios de Look, Paredes y Yingling, en su lugar vinieron el cátcher Walter Hriniak y los serpentineros Salvatore Campisi y Bill Butler.    Por el lado de los criollos, el 21 de noviembre de 1968, los Navegantes enviaron a Cesar Gutiérrez a los Tigres de Aragua y recibieron al jugador del cuadro Héctor Martínez, el pitcher Winston Acosta y dinero en efectivo. El 4 de diciembre de 1968, a raíz de una airada reclamación de Oswaldo Blanco a causa de que no lo ponían a jugar luego de recuperarse de una lesión, la gerencia general optó por cambiarlo hacia los Llaneros de Acarigua junto a los lanzadores Juan Quintana y Jesús Llamozas, por ellos recibieron al pitcher estelar Roberto Muñoz.
Quizás uno de los momentos cumbres de esa temporada ocurrió el sábado 7 de diciembre. Magallanes recibía al Caracas en el estadio de la UCV. La sirena electrizaba la atmósfera de la tribuna derecha, la corneta de Lezama punzaba cada banco de la tribuna de tercera base. La pizarra inmensa del jardín central se erguía cual dinosaurio sobre las gradas. En su región central relumbraban las alineaciones entre los chispazos crepusculares y las luces de las torres que empezaban a encenderse: A. Cambero 3b, V. Davalillo cf, C. Tovar rf, R. Herrera c, J. Tartabull lf, C. Ruiz 2b, G. Márquez 1b, T. Obregón ss por el Caracas. D. Blanco 3b, P. Kelly rf, G. Gil 2b, C. Gaston cf, W. Hriniak c, J. Rudi 1b, A. Ortíz lf, J. Aristimuño ss, por Magallanes. En las cercanías del plato, el árbitro principal, Gualberto Acosta, discutía las condiciones de terreno con los managers Regino Otero y Napoleón Reyes.    Bob Belinsky subió al montículo por las huestes navegantes y dispuso del primer inning sin dificultades. En el cierre del primer episodio Magallanes atacó a Mike Paul, Walter Hriniak remolcó a Pat Kelly para abrir el marcador. El juego se mantenía cerrado y aunque los del barco llenaron las bases en el cierre del quinto cuando Belinsky se embasó por marfilada del tercera base Alberto Cambero, seguido de sencillos de Dámaso Blanco y Pat Kelly, solo pudieron anotar una rayita mediante rodado de Gustavo Gil.    Belinsky mantuvo silenciada la alineación caraquista hasta el sexto inning cuando le batearon el primer imparable y le llenaron las bases, aunque luego apretó el brazo para colgar el cero con un poche ante Chico Ruiz. En el octavo, sencillos seguidos de  Davalillo y Tovar más error de Armando Ortiz colocó hombres en segunda y tercera, Salvatore Campisi relevó a Belinsky y Musulungo Herrera lo saludó con sencillo impulsor que igualó el juego. Campisi solo pudo hacer un out, Bill Butler lo relevó con las bases llenas y logró apagar el fuego.    Luis Peñalver y Urbano Lugo padre habían relevado a Paul desde el quinto inning. Para el cierre del octavo, Regino Otero trajo a Bob Lee, uno de sus mejores escopeteros (hasta ese momento se mantenía invicto con 8 triunfos) para mantener a raya al Magallanes. En el undécimo inning Roberto Muñoz relevó a Butler para oficializar su debut con el uniforme náutico. En el décimo tercer inning Chico Ruiz abrió con sencillo y Gonzalo Márquez negoció boleto. De inmediato, Teodoro Obregón ejecutó la “bicicleta” y tronó linietazo imparable para llenar las bases. Muñoz pudo respirar por fin cuando Márquez fue sorprendido en segunda base. Entonces el pitcher se recuperó para ponchar a Lee y dominar a Cambero. Un cero fantasmagórico.     En el cierre de ese inning Lee dominó a Gustavo Gil. Entonces Clarence Gaston entró al cajón de bateo y enderezó un envío en dirección al jardín central. La pelota describió una trayectoria de parábola corta que terminó en medio de las gradas. El estadio parecía un manicomio, una especie de euforia contagió a los magallaneros quienes se lanzaron al terreno mientras Gaston aun recorría las bases. Había sido una victoria demasiado intensa que siempre permanecería en la memoria de muchos seguidores del juego que empezaban a ver como un equipo que parecía fuera de competencia empezó a remontar la tabla de clasificación.    El día siguiente volvieron a estadio de la UCV y volvieron a ser anfitriones, esta vez ante los Tiburones de La Guaira que presentó esta alineación: Angel Bravo lf, José Herrera rf, Luis Aparicio 3b, Mike Epstein 1b, Merv Rettenmund cf, Paul Casanoca c,  Remigio Hermoso 2b, Enzo Hernández ss. El juego empezó a las once de la mañana y Salvatore Campisi abrió por los Navegantes. Angel Bravo negoció boleto y de inmediato anotó la primera carrera amparado en doblete de José Herrera.    En la apertura del cuarto inning, Mike Epstein descargó cuadrangular solitario para poner el marcador 2-0. Por su parte Rollie Fingers tenía algunas dificultades pero mantuvo en blanco a los navegantes hasta el  séptimo inning. Luego de un out, Jesús Aristimuño bateó un sencillo y el emergente Victor Colina lo imitó. Dámaso Blanco falló y Gustavo Gil bateó roletazo por la intermedia ante el cual Remigio Hermoso cometió error para que Aristimuño anotara la primera carrera, pero Colina fue out en la goma en la misma jugada, lo cual ocasionó una acalorada discusión.     Fingers llegó al noveno inning ganando 2-1 y sacó los dos primeros outs. Entonces Pat Kelly y Gustavo Gil negociaron boletos. Y las tribunas empezaron a  calentarse. Con Clarence Gaston en turno, el manager Wilfredo Calviño confió en Fingers. Gaston conectó un roletazo fuerte hacia el campocorto que fue desviado por una piedrita y pasó por encima de Enzo Hernández para que Kelly anotara la carrera del empate.
Marcelino López relevó a Fingers y logró salir de aquel enredo para enviar el juego a extrainning.     En la trinchera de enfrente Ron Tompkins relevó a Roberto Muñoz, quien había suplantado a Campisi en el octavo inning.     En el undécimo inning Hernández bateó triple pero fue out en jugada de apelación por no pisar la primera base. Luego Bravo disparó sencillo y Herrera, como en el primer episodio, descargó doblete para remolcar a Bravo.     Aurelio Monteagudo salió  a cerrar el juego en el cierre del undécimo y empezó ponchando al emergente Evangelista Núñez. Dámaso Blanco sonó imparable por encima de primera base y Pat Kelly siguió con otro sencillo por la misma banda que llevó a Dámaso hasta la antesala y él se metió hasta la intermedia con el tiro a tercera. Monteagudo volvió a respirar al ponchar a Gustavo Gil. Entonces con la primera base libre, Wilfredo Calviño no quiso bolear a Gaston y este respondió con trueno al jardín central para ganar el juego. Dos veces en menos de veinticuatro horas, Gaston había dejado sobre el terreno al rival. El público deliraba y sacó en hombros al héroe del juego. Luego del encuentro Gaston declaró a la prensa: “Jamás había sido tan aclamado en un campo de juego y eso me hace feliz. Una de las cosas que más me ha impresionado es la pasión que hay en Venezuela por el beisbol y la constancia de los fanáticos del Magallanes. Nuestro equipo está todavía abajo, y sin embargo los fanáticos van al estadio a conversar con nosotros y a apoyarnos”.    Así jugaba aquel Magallanes, había una gran integridad  de los peloteros, aunque hubiesen cometido cinco errores en un juego siempre seguían fajándose al máximo y eran capaces de remontar cualquier desventaja por inmensa que fuera. Nadie podría creer luego de ese fin de semana que aquella sería la última temporada de los navegantes del Magallanes como anfitriones en Caracas. Ese año finalmente se logró clasificar. Gaston fue campeón de bateo y de carreras impulsadas. Ron Tompkins tuvo marca de 9-5 con 2.95 de efectividad en 131.1 innings, además salvó 2 juegos, 84 ponches, 38 boletos. Roberto Muñoz dejó marca de 4-2 con 2 salvados y 2.81 de efectividad en 57.2 innings, 34 ponches, 21 boletos. Bo Belinsky ganó 6 y pedio 8 juegos con 1.94 de efectividad en 97.1 innings, 93 ponches, 67 boletos. Pat Kelly bateó para .342 con 11 jonrones, 45 carreras empujadas, 48 anotadas, 81 hits, 11 dobles, 3 triples, el complemento ideal de Gaston en la yunta del poder negro.     Al final de aquella temporada, principalmente por motivos económicos el Catire Istúriz decidió vender a los Navegantes del Magallanes a un grupo de empresarios valencianos. Todo un rudo golpe para los magallaneros de la región capital, quienes pasaron de ver jugar a su equipo 42 veces por temporada en el estadio de la UCV a solo 12 a partir de la temporada.
 Alfonso L. Tusa C. 24 de  mayo de 2018. ©

miércoles, 28 de octubre de 2026

Esquina de las Barajitas: 1978 Al Oliver.

 Bruce Markusen Los trabajadores del Salón de la Fama también son aficionados al beisbol y les gusta compartir sus historias. Aquí está la perspectiva de un aficionado desde Cooperstown.
Supongo que es posible que Al Oliver, usando aquellos uniformes distintivos de los Piratas de Pittsburgh de finales de los años ’90, está ensayando una pose para esta barajita Topps. El fotógrafo de Topps puede haberle pedido que mostrara una expresión seria en su rostro, como si estuviera contemplando algo muy importante.  Pero no pienso que Oliver está actuando aquí. Me parece que todo es muy genuino. Con su codo presionado contra su casco y su mano izquierda tocando un costado de su boca, Oliver parece estar sumergido en sus pensamientos.     No estoy seguro de lo que Oliver está pensando en su barajita Topps de 1978. Conociendo lo serio que es él acerca del arte de batear, puedo imaginar a Oliver sentándose en el dugout después del turno fallido  y pensar, “Bien, ¿qué necesito hacer para batearle un imparable a este tipo?” Después de todo, Oliver era un maestro del bateo. Iba al plato con una idea de los que quería hacer, y como tenía que combatir lo que el pitcher le estaba lanzando. Si, Oliver tenía grandes destrezas naturales, y si, era un bateador agresivo (como todos aquellos Piratas de finales de los años ’70), pero también era un bateador reflexivo. No se compila un promedio de bateo vitalicio de .303 sin tener un plan en el plato.  Tener el esquema mental apropiado era parte de lo que hacía grande a Al Oliver.    El nombre de Oliver también dispara algo en mi esquema mental.  Como niño de los años ’70 vienen ciertas asociaciones a mi mente cuando oigo el nombre. Pienso en el personaje extraño de el programa Brady Bunch, “Cousin Oliver”, quien apareció abruptamente durante la temporada final de esa comedia de situaciones inocentes en 1974. Pienso en el antíguo pelotero de grandes ligas, Bob Oliver. Pero primero que todo pienso en Al Oliver,  quien fuera parte integral de tantos buenos equipos de los Piratas durante los años ’70, incluyendo al equipo ganador de la Serie Mundial de 1971.    Para 1978, Al “Scoop” Oliver era uno de los bateadores más respetados del juego. Su carrera de grandeliga empezó una década antes, cuando saboreó la proverbial taza de café con los Piratas por primera vez. En 1969, Oliver llegó a la alineación de los Piratas, a pesar del talento que la organización tenía en primera base y los jardines. En primera base, Oliver tuvo que competir con el toletero Bob Robertson, quien era considerado como el “próximo Ralph Kiner” por algunos evaluadores de talento. En los jardines, los Piratas ya tenían a Willie Stargell en el izquierdo, Roberto Clemente en el derecho, y Matty Alou en el centro. Eso es dos futuros inquilinos del Salón de la Fama y un campeón de bateo.   Resultó que Robertson aún estaba a un año de refinar su swing. Tuvo dificultades en su actuación, eso  abrió las puertas para que Oliver jugara primera base. Oliver también tuvo 21 apariciones en los jardines, al ser llamado por el manager Larry Shepard como sustituto ocasional de Stargell y Clemente.  Oliver bateó para un sólido .285 y despachó 17 jonrones, números que le permitieron terminar segundo en la votación del novato del año de la Liga Nacional.     En su segunda temporada complete, Oliver jugó aún más regularmente como primera base y jardinero, pero su promedio de bateo y números de poder disminuyeron,  algo común entre los peloteros que acusan las dificultades del segundo año. Entonces resurgió en 1971, un año que también lo vio aprender una nueva posición.  Al  enviar a Alou a los Cardenales de San Luis, los Piratas necesitaban un nuevo jardinero central. Le entregaron esa responsabilidad a Oliver, quien la asumió admirablemente, a pesar de su carencia de velocidad  y fortaleza en el brazo. Al compartir la posición con Gene Clines, Oliver ayudó a formar una alternancia productiva en el jardín central, solidificando una de las pocas posiciones dudosas de lo que sería un equipo campeón. Cuando los Piratas sorprendieron a los Orioles de Baltimore en la Serie Mundial, Oliver ganó su primer y único anillo de Serie Mundial.
   La temporada de 1971 también trajo una plataforma para alguna historia cultural. El 1 de septiembre, los Piratas realizaron un juego ante los Filis de Filadelfia que bajo otra circunstancia hubiese sido fácilmente olvidado. En ese momento el juego recibió poca atención, pero se hizo notable por la identidad de los nueve Piratas que iniciaron el juego. Todos ellos eran negros (afroamericanos o latinos), fue la primera vez en la historia de las grandes ligas que un equipo empezaba un juego con una alineación de puros negros.       Algunos peloteros, como Oliver, no se dieron cuenta que los Piratas estaban usando una alineación de puros negros hasta la mitad del juego. “No me había dado cuenta”, me dijo Oliver una vez, “Porque siempre teníamos por lo menos cinco o seis (peloteros negros y latinos) en el campo. Así que , dos o tres más no era gran cosa. No me di cuenta hasta el tercer o cuarto inning.  Dave Cash (quien jugó tercera base ese día) me dijo, ‘Hey, Scoop, estamos jugando puros hermanos’. Pensé  en eso y le dije, ‘¡Seguro que si!’” Mientras muchos de los Piratas reaccionaron con humor, la composición de su alineación reflejaba los esfuerzos pioneros de integración, sin parangón en ambas ligas.      En 1972, Oliver ofreció su primera señal de estrellato personal. Al continuar jugando en el jardín central, subió su promedio de bateo a .312, se embasó 35 por ciento del tiempo y calificó para su primer juego de estrellas. Al final de la temporada, los periodistas deportivos reconocieron a Oliver ubicándolo de séptimo en la votación por el jugador más valioso.      Oliver siguió siendo estelar con los Piratas por las próximas cinco temporadas. Bateó 20 jonrones en 1973, bateó tres veces sobre .300, participó dos veces en el juego de  estrellas, y recibió votos para el jugador más valioso cuatro veces. Un consumado bateador zurdo, Oliver tenía el tipo de swing de líneas que se convirtió en modelo para otros bateadores. Usaba todo el terreno, desperdigando linietazos desde un extremo al otro. En su año final con los Piratas, también hizo una leve transición al jardín izquierdo, una posición para la cual estaba mucho mejor capacitado que para el jardín central.       Ahora de 30 años de edad, Oliver parecía establecido en Pittsburgh. Los Piratas de 1977 ganaron 96 juegos, pero ese total solo fue bueno para llegar segundos en el este de la Liga Nacional. Algunos en la organización creían que los Piratas necesitaban más pitcheo para desbancar a Filadelfia de la primera posición. Con una abundancia de buenos bateadores, algunos sentían que los Piratas podían sacrificar bateo por pitcheo.
Oliver, quién podía ser extrovertido y crítico de la gerencia, se convirtió en el cordero de sacrificio. El gerente general de los Piratas, Harding “Pete” Peterson negoció un complicado cambio de cuatro equipos con los Bravos de Atlanta,  Mets de Nueva York, y Rangers de Texas. Principalmente, el trato permitió a los Piratas adquirir al derecho curvero inquilino del Salón de la Fama, Bert Byleven desde Texas. El principal costo fue Oliver, quien se unió a los Rangers como su tercer bateador. Así que para el momento cuando la barajita Topps 1978 de Oliver salió, mostrándolo con la gorra y los colores de los Piratas, ya estaba desfasada en el tiempo.      Mientras los Rangers habían tenido dificultades desde su relocalización desde Washington en 1972, fueron un equipo en progreso que había ganado 94 juegos en 1977. Seguro, los veranos de Texas eran brutalmente calientes, pero los Rangers ofrecían el beneficio del Arlington Stadium,  un estadio excelente para los bateadores y un lugar donde los elevados viajaban bien durante los juegos nocturnos. Al unirse a los Rangers, Oliver elevó el nivel de su juego. Un pelotero muy bueno en Pittsburgh, se convirtió en una estrella consumada en Texas. En las próximas cuatro temporadas, no bateó por debajo de .309, agenció números de OPS en el rango de .800, y participó en tres juegos de estrellas.     Oliver alcanzó su pico con los Rangers en 1980. Aunque tenía 33 años de edad y parecía en una edad cuando la mayoría de los peloteros declina, Oliver bateó .319, largó 19 jonrones, y alcanzó su tope vitalicio de 119 carreras empujadas. También mostró una increíble durabilidad, al liderar la liga con 163 encuentros jugados ese verano.      Entonces vino la temporada recortada por la huelga en 1981. Oliver perdió su swing de poder ese verano, su total de jonrones cayó a cuatro. Mientras tanto, su agente, Michael Mandel, trató de negociar la extensión del contrato con los Rangers, Mandel y la oficina principal de los Rangers pronto tuvieron diferencias, y Oliver se encontró saliendo de la ciudad.     Los Rangers trataron de negociar a Oliver agresivamente en la primavera de 1982. En un momento, llegaron a un acuerdo que habría enviado a Oliver a los Yanquis de Nueva York por un paquete de Oscar Gamble, Mike Morgan y Bob Watson. Pero Gamble invocó su veto de no cambio, invalidando la negociación y dejando a Oliver en Texas, por lo menos temporalmente. Más adelante esa primavera,  justo antes del dia inaugural, los Rangers enviaron a Oliver a los Expos de Montreal por un paquete encabezado por el  toletero tercera base Larry Parrish.      Los Expos habían tratado de adquirir a Oliver desde 1977, como parte de un esfuerzo por balancear su alineación cargada de derechos. Ahora al cambiar a primera base, Oliver encontró a Montreal de su agrado. Triunfante en su regreso a la Liga Nacional, Oliver ganó el título de bateo con marca de  .331, también lideró la liga en imparables, bases totales, y dobles. Como bono, descargó 22 jonrones, estableciendo un tope en su carrera.      Oliver nunca alcanzaría esos números otra vez, pero  siguió siendo un  bateador sobresaliente en 1983, al batear para .300, calificar para otro juego de estrellas, y obtener algunos votos en la carrera por el jugador más valioso.  
En 1984, los Expos decidieron moverse en la dirección de la juventud. Esa primavera, enviaron a Oliver a los Gigantes de San Francisco por un paquete del jardinero Max Venable y el pitcher derecho Fred Breining. El cambio disparó la fase complementaria de la carrear de Oliver. Rebotó desde San Francisco hasta Filadelfia, hasta Los Angeles, hasta Toronto en los próximas dos  temporadas, estableciéndose en el papel de pelotero alterno y bateador emergente.       A diferencia de muchas estrellas desgastadas, Oliver salió del juego con una última nota alta. Despues de ayudar a los Azulejos a asegurar el este de la Liga Americana, bateó .375 con tres careras empujadas contra los Reales de Kansas City en la serie de campeonato. Oliver pareció tener algo más que ofrecer, pero ningún otro equipo mostró interés en él para 1986, en una época cuando los dueños de grandes ligas se aliaron contra los agentes libres. Hasta el día de hoy, Oliver cree que esa alianza acabó con la oportunidad de terminar su carrera con 3.000 imparables. En lugar de eso, el fino bateador terminó con 2.743 imparables y un promedio vitalicio de bateo de .303.      Despues de sus días de jugador activo, Oliver regresó a su nativa Portsmouth, Ohio, donde ahora sirve como embajador de la ciudad. Se unió al escritorio de una organización  llamada “Suicide is Not Painless”, con la esperanza de hacer algo tangible para atenuar la marea del suicidio adolescente.    Pocos años después de llegar al equipo de trabajo del Salón de la Fama, tuve el honor de compartir con Al y su antíguo manager Chuck Tanner, en un panel acerca de peloteros afroamericanos. Fue la primera vez que compartí con Oliver, quien me impresionó con su reflexividad y su actitud profesional e inspirativa. Entendí perfectamente como este hombre se había convertido en diacono y orador motivacional, un hombre quien predicaba a los niños sobre la importancia de evitar las drogas y otras tentaciones.      En 2004, el Salón de la Fama invitó a Oliver y otro antiguo Pirata, Jim “Mudcat” Grant, para participar en la celebración del Black History Month.  Los dos antiguos compañeros de equipo hablaron en el Bullpen Theater, y entretuvieron a los visitantes y miembros del equipo de trabajo con su humor, su naturaleza hogareña, y sus pensamientos sobre el estado de las relaciones raciales en el beisbol.    Durante la charla, Oliver expresó  su esperanza de que Major League Baseball pondría más énfasis en involucrar antiguos peloteros como él y Grant en sus esfuerzos por acercarse a la comunidad afroamericana. “De verdad creo que necesitan  traer más jugadores quienes hayan estado allí, peloteros quienes hayan sido exitosos”,  le dijo Oliver a la multitud en Cooperstown. “De verdad creo que mientras más exitoso hayas sido, más tienes que ofrecer. Mientras más hayas viajado, como Mudcat. Mudcat ha visto de todo. ¡Creo que no hay nada en este mundo que ‘Mudcat ‘ Grant no haya visto! ¡Las personas con quienes ha estado en contacto, las cosas que conoce!”      Oliver también estuvo de acuerdo con Grant acerca de la importancia del beisbol para conectarse con el interior de la ciudad, pero no solo con atletas jóvenes negros.  “Mudcat solo tocó un punto clave cuando dijo interior de la ciudad, pero hablemos de los blancos. En la sociedad de hoy, en el interior de la ciudad, también se ven blancos. Y que mejor manera para aprender los unos de los otros. Ahí es donde necesitamos estar en 2004. Esto no es 1804. Deberíamos ser así ahora. Que mejor manera de acercar a las personas para aprender unos de otros, y encontrar que, hey,  estamos juntos en esto”.      Para el final desea sesión de una hora en el Bullpen Theater, un reflexivo y bien hablado Al Oliver había convencido a todos de que él conocía más de derechos civiles y relaciones raciales que del arte de batear.     Algunas veces nuestras barajitas de beisbol cobran vida de una manera indescifrable.
  Bruce Markusen es el gerente de Digital and Outreach Learning at the National Baseball Hall of Fame. Ha escrito siete libros de beisbol, incluyendo biografías de Roberto Clemente, Orlando Cepeda y Ted Williams, y A Baseball Dynasty: Charlie Finley’s Swingin’ A`s, el cual fue premiado con la Seymour Medal de SABR.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Diciembre 12, 2016.

martes, 27 de octubre de 2026

Todd Benzinger, Campeón de la Serie Mundial de 1990 con los Rojos de Cincinati, fallece a los 63 años de edad.

Octubre 22, 2026. Mark Sheldon. MLB.com
INCINNATI -- Todd Benzinger, un nativo de la zona metropolitana de Cincinnati quien por siempre vivirá en las memorias de los aficionados de los Rojos por ser el pelotero que atrapó el out final que aseguró la Serie Mundial de 1990, falleció este miércoles 21 de octubre. Benzinger, cuyo deceso fue anunciado por los Rojos este jueves 22 de octubre, tenía 63 años de edad. No se reveló la causa del deceso. “Lo vi en un evento este pasado verano en Cincinnati y lucía bien. Es impactante esta noticia”, le dijo a MLB.com Barry Larkin campocorto del Salón de la Fama y comentarista del equipo. “Sé que él tiene hijos pequeños, me siento muy mal por su familia”. Benzinger nació en Dayton, Ky., y creció en New Richmond, Ohio, fue seleccionado en la cuarta ronda del draft de 1981 de MLB por los Medias Rojas de Boston y tuvo una carrera de grandes ligas de nueve años desde 1987 hasta 1995 con Boston, Cincinnati, Kansas City, Dodgers y San Francisco. Desde 1989 hasta 1991, Benzinger fue miembro de los Rojos de su lar nativo, incluido el equipo de 1990 donde como primera base que bateaba a la derecha compartió la posición con el bateador zurdo Hal Morris. Ese equipo lideró de punta a punta la división oeste de la Liga Nacional en ruta a ganar la Serie Mundial en barrida de cuatro juegos ante los grandes favoritos Atléticos de Oakland. Fue el 20 de octubre de 1990, cuando Benzinger se movió bien atrás en territorio de foul de primera base para atrapar el elevado de Carney Lansford para el out final del cuarto juego de la Serie Mundial. Esa sigue siendo la última Serie Mundial que ha ganado Cincinnati. “Era un tipo super agradable”, agregó Larkin. “Siempre trabajaba duro, sin hacer mucho ruido. Solo se ocupaba de su trabajo. Era un colaborador consistente, estable.No cometía locuras. Se ajustaba al equipo. Era un tipo bueno y sólido”. Al retirarse, Benzinger siguió conectado con la organización de los Rojos y a menudo estaba en eventos como Reds Caravan, Redsfest, campamento de fantasía y programaciones en el Salón de la Fama del equipo. Entre 2009 y 2010, Benzinger fue el manager en Dayton, que entonces era el equipo afiliado de los Rojos en Clase A. Continuó en el area de Cincinnati y a menudo estaba activo como entrenador de beisbol menor. “Todd siempre será recordado por los aficionados de los Rojos por atrapar el out final de la Serie Mundial de 1990, pero quienes tuvimos el privilegio de conocerlo recordaremos mucho más”, dijo Rick Walls, director ejecutivo del Reds Hall of Fame Museum en una declaración. "Todd permaneció cercano a la comunidad de Cincinnati y fue un gran amigo del Reds Hall of Fame Museum, al participar generosamente en nuestros eventos y compartir su tiempo con los aficionados. Extrañaremos su amistad, su amabilidad y su presencia en nuestra comunidad”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Octubre 27, 2026.
Mark Sheldon ha cubierto a los Rojos para MLB.com desde 2006, y previamente cubrió a los Mellizos desde 2001 hasta 2005.

domingo, 25 de octubre de 2026

Mike Hedlund.Memorias de beisbol. (II)

Rocco Constantino Ballnine.com Abril 20, 2023
MH: Bob Lemon fue mi manager favorito. No criticaba mucho y nos dejaba salir y jugar. Confiaba en el trabajo de su coach de pitcheo con nosotros y no nos sobre entrenaba. Eso era bueno para nosotros, peloteros jóvenes en Kansas City. También tuve grandes coaches de pitcheo. Tipos como Mel Harder y Early Wynn. Bob Lemon fue mi coach de pitcheo antes de ser mi manager. Galen Cisco también. Los otros tipos fueron material del Salón de la Fama como peloteros.Galen Cisco no lo fue, pero fue un gran coach de pitcheo. A veces los tipos que tienen el talento natural no son buenos coaches.Pero los tipos que de verdad tienen que trabajar en eso, aprender, estar ahí, esos terminan siendo buenos entrenadores. Así es como era Galen Cisco. RC: Esa, es una lista fantástica de managers y coaches.. Usted fue un Royal de Kansas City original en 1969. ¿Como fue ser parte de una franquicia en su primer año de existencia? MH: Recibí una nota con el mensaje de que había sido drafteado por los Royals y saldría de Cleveland, pensé que aquello iba a ser una buena oportunidad. Allí cualquiera podría establecerse en el equipo porque era nuevo. Muchos de nosotros éramos muy jóvenes, algunos sin experiencia de ligas mayores. Los Pilotos escogieron peloteros más establecidos porque querían tener bateadores veteranos. Eramos jóvenes que trataban de aprender el juego y divertirnos, y nos divertimos mucho. No ganamos nada, pero tampocoterminamos últimos. No teníamos expectativas, así que no sentíamos nada de presión. Vencimos a Minnesota 4-3 el primer día en 12 innings. Esa fue la guinda del pastel para nuestro primer juego como Royals de Kansas City. RC: Usted tuvo el único blanqueo de su carrera en 1971 y fue contraa su antíguo equipo, los Indios. Revisé ese box score y Clevelandtenía a Vada Pinson, Ray Fosse, Graig Nettles, Hawk Harrelson y tipos como esos. ¡Toda una alineación complicada! ¿Recuerda usted ese juego? MH: ¡Todavía tengo la pelota de ese juego y la tengo aquí frente a mí! Todavía conservo muchos amigos de ese equipo de Cleveland. Fue una buena sensación blanquearlos. Ellos no me iban a dar nada fácil, así que fue bueno salir y mostrarles lo que podía hacer. Eso fue satisfactorio. Tenían un buen equipo. RC: Mirando la Liga Americana de cuando usted jugaba, tuvo que enfrentar muchos grandes peloteros. Frank Robinson, Brooks Robinson, Al Kaline, Reggie Jackson, Rod Carew; la lista pica y se extiende. ¿Que piensa de la era en la cual jugo? MH: Hawk Taylor era uno de nuestros catchers con Kansas City Él solía decirnos que esos tipos también se ponían los pantalones afincando un pie en el piso como todo el mundo. Solo sal ahí y enfréntalos como a un bateador rival, no como a los nombres que ellos se han forjado. Me decía que pitchease mi juego y que lo hiciera a mi manera y eso es lo que trataba de hacer. ¡No me intimidaba al enfrentar a esos tipos, al menos no en apariencia! Había un par de tipos a los que tenía que lanzarles alto y adentro y Boog Powell era uno de ellos. Me costaba mucho poner la bola en la zona de strike contra él porque si se la dejabas sobre el plato, él la castigaba sin piedad. Puedo decirte que Brooks Robinson me bateaba a placer, pero yo dominaba a Reggie Jackson. Se puede revisar las estadísticas, me fue bien contra Reg. Fui bendecido al estar en el juego y salir y enfrentar a ese tipo de peloteros con talento y destreza. Eso es algo que no doy por sentado hasta el día de hoy.. Tengo muy buenas memorias de los tipos contra quienes me fajé duro.
RC: Usted tuvo gran éxito al jugar en la pelota invernal también. ¿Le gustaría compartir esa experiencia con nosotros? MH: Jugué beisbol invernal en Venezuela en 1969 después de mi primera temporada en Kansas City. Jugué para los Tiburones de La Guaira y Héctor López fue mi manager. Terminé contagiándome de una gripe bronquial allí y perdí 12 kilos en tres semanas. Lo divertido es que durante ese tiempo, pitcheé 56 innings sin permitir carreras limpias. Terminé con marca de 10-3 y una efectividad de 0.75 en 120 innings.. Tengo un par de contactos en Venezuela y me dicen que esa marca (de efectividad) todavía sigue vigente RC: ¡Eso es increíble! ¿Disfrutó usted viajando internacionalmente como en esa oportunidad? MH: Lo hice. También fui parte del USO tour durante Vietnam Fue una experiencia que me hizo reflexionar profundamente. Dock Ellis, Bobby Bonds, Mike Kilkenny y yo fuimos allá durante dos semanas. Visitamos bases de apoyo de artillería y hablamos con los muchachos para tratar de mantener viva su esperanza. Les contamos lo que estaba ocurriendo en Estados Unidos. Me sentí muy orgulloso de haber formado parte de aquello. RC: Seguro debería estarlo. ¿Se mantiene en contacto con los peloteros compañeros de equipo o rivales con quienes jugó? MH: Si, algunos compañeros y otros con los que nunca jugué. Algunos somos amigos a rarvés de Facebook. Alguien como Jim Gosger. Nunca jugué con él, pero nos pusimos en contacto mediante la Kansas City Baseball Historical Society y hablamos siempre. Es bueno mantenerse en contacto con los viejos peloteros porque estamos en la misma hermandad. RC: Así es señor. Este ha sido un viaje maravilloso en los senderos de la memoria y estoy agradecido de que usted se tomse el tiempo para compartir historias con nosotros. Solo tengo una pregunta final para usted. ¿Cuales son sus reflexiones sobre lograr el sueño que muchos de nosotros hemos tenido; convertirse en pelotero de Major League Baseball? MH: Eso mucho hace mucho tiempo. Sé lo que hice entonces. Se trata de un grupo élite y no todos llegan a ese nivel. Hay muchas personas que deberían haber llegado a ese nivel y nunca lo hicieron. Nunca me olvido de lo que hice. Siempre estoy orgulloso de lo que fui capaz de hacer. Todavía recibo algunas solicitudes de firmas semanales en barajitas de beisbol a través del correo. Apreció mucho a los aficionados que me las envían. Me siento profundamente conmovido cada vez que leo una de sus cartas y veo que, al día de hoy, la gente todavía me pide un autógrafo. Me llena de orgullo y, a la vez, me conmueve que la gente aún recuerde quién soy.
Roco Constantino: Rocco es un redactor de béisbol con demasiado tiempo libre, que habita en los rincones polvorientos de Baseball Reference. Formó parte de la batería —como lanzador o receptor— de los Indians, equipo que se coronó campeón de la «Farm League» de Belleville Recreation en 1986. Le gustan los apodos beisbolísticos de principios del siglo XX, las camisetas de poliéster tipo «pullover» y Old Hoss Radbourn. Trabaja como director de deportes universitarios y su segundo libro fue publicado en abril de 2021.
Traducción: Alfonso L. Tusa . Octubre 25, 2026.

Mike Hedlund.Memorias de beisbol. (I)

“Es bueno mantener el contacto con los peloteros viejos del beisbol porque todos estamos en la misma hermandad”
Rocco Constantino Ballnine.com Abril 20, 2023
“Un Royal de Kansas City original” suena como el lema perfecto para un restaurante de carne asada en el centro de la Ciudad de las Fuentes, y puede serlo. Sin embargo ese apodo también puede ser aplicado a cualquiera de los 39 peloteros que se uniformaron con los Royals de Kansas City en 1969, su temporada inaugural. Mike Hedlund es uno de esos caballeros y se une a nosotros para el Spitballin de esta semana. Hedlund debutó en las ligas mayores con los Indios a la edad de 18 años en 1965, después de pitchear solo 25 innings en pelota Clase A con solo 17 años de edad. Si embargo, como no recibió ninguna oportunidad en Cleveland, los Royals lo seleccionaron en el draft de expansión de Major League Baseball de 1968. Fue escogido una selección después del inquilino del Salón de la Fama Hoyt Wilhelm, quien fue cambiado a los Angelinos. A diferencia de Wilhelm, Hedlund se quedó y se convirtió en un Royal de Kansas City original. Hedlund hizo su primera aparición en el tercer juego del equipo, al pitchear uninning en blanco en relevo, contra los Atléticos de Oakland. La mejor temporada de Hedlund llegó en 1971 cuando tuvo marca de 15-8 con 2.71 de efectividad. Desde la objetividad, Hedlund debió haber sido seleccionado al juego de estrellas esa temporada, para el momento del receso tenía marca de 7-5 y efectividad de 2.75 con cuatro juegos completos y un blanqueo en la primera mitad de la temporada. Probablemente tuvo una mejor mitad de temporada que los pítchers de la Liga Americana escogidos para el juego de estrellas: Marty Pattin (8-9, 2.81), AndyMessersmith (8-9. 3.70), Jim Perry (12-8, 4.10) y Sam McDowell (9-8, 3.09). Aunque Hedlund no participó en el juego de estrellas, eso no empañó lo que fue una temporada fantástica. En la apertura final de la temporada, el derecho se enfrascó en duelo de pitcheo con el inquilino del Salón de la Fama Catfish Hunter en un juego que los Royals perderían 2-1. Hedlund cubrió la distancia, permitió solo tres imparables a los eventuales campeones de la Serie Mundial del año siguiente, en un juego que duró una hora y 35 minutos. Aún con las reglas de Rob Manfred para agilizar el juego, nunca se verá un juego de ligas mayores como ese otra vez. Hedlund terminó la temporada de 1971 como cuarto de la Liga Americana en efectividad con 2.71, por delante de los inquilinos del Salón de la fama Bert Blyleven, Jim Kaat y Catfish Hunter.
Hedlund fue enviado de vuelta a los Indios en 1972 por Kurt Bevacqua, pasó las temporadas de 1973 y 1974 en las mayores antes de retirarse. Hoy, él todavía aprecia la atención que recibe de los aficionados y recuerda los gratos días cuando jugaba pelota. Recordemos algunas de esas historias mientras hacemos este Spitballin’ con el Royal de Kansas City original, Mike Hedlund. Roco Constantino: ¡ Muchas gracias por estar con nosotros, Mr.Hedlund! Siempre he pensado que es interesante tener a alguien que fue integrante original de una franquicia aquí en Spitballin’! Empecemo con su niñez. ¿Que significaba el beisbol para usted de niño? Mike Hedlund: Había un terreno baldío frente a la calle donde vivía y siempre estábamos ahí haciendo algo, fuese futbol americano o beisbol o indios y vaqueros cuando los arbustos habían crecido. Niños de edades diferentes iban a jugar allí y así fue como me interesé por el beisbol. Mi papá estaba en la naval y jugaba beisbol con los militares. ¡Él hasta jugó softbol rápido contra Eddie Feigner y el Rey y su Corte! Mi papá fue muy esencial para apoyarme. Me motivó hacia el beisbol porque ese era su deporte, pero el punto es que a mi me gustaba también. RC: ¿Mientras crecía, tenía usted algún equipo favorito? MH: Solíamos jugar en el patio y lo hacíamos adoptando los nombres de los equipos, Yankees versus Dodgers. Eso era a mediados de los 1950s. Babe Ruth y Mickey Mantle eran mis ídolos porque era seguidor de los Yankees.
RC: Tuvo un buen comienzo en el beisbol profesional, solo tenía 17 años de edad cuando firmó y 18 cuando debutó en las mayores. ¿Como terminó firmando con los indios a tan corta edad? MH: Firme el año anterior a que el draft fuese establecido. Los equipos buscaban talento en las escuelas secundarias y universidades y se veían alguien que les llamaba la atención, empezaban a cortejarlo. Hubo tres equipos que me abordaron: los Yankees, los Indios y los Atléticos de Kansas City. Los Yankees se retiraron, los Atléticos firmaron a Catfish Hunter y no mostraron más interés y los Indios vinieron con una buena oferta, así que firmé. Tenía 17 años de edad. El beisbol profesional era muy diferente al de la escuela secundaria. La mayoría de los muchachos con los que jugaba en los Indians de Burlington Clase A, eran al menos tres años mayor que yo.. Muchos de ellos todavía son buenos amigos míos. Crecimos juntos en las ligas menores y teníamos el mismo sueño: llegar a las ligas mayores. La camaradería que se construye a través de ese tiempo a veces es mejor que la de grandes ligas. Me fui de aquí cuando tenía 17 años y llegué a Greensboro, Carolina del Norte, para unirme al equipo. Era la Carolina League, lo cual era pelota Clase A. Se suponía que alguien me buscara, pero no encontré a nadie. En aquel tiempo mi cabello era rojo encendido, así era fácil distinguirme. Finalmente fuji a un teléfono público y llamé al manager, Bill Herring, y le dije que había llegado. Él dijo: “¡No te esperábamos hasta dentro de una semana!” Me preguntaron donde estaba y les dije que en Greensboro. Ibamos a jugar en Greensboro esa noche, me dijeron que tomara un taxi para ir al estadio y luego me regresaba en el bus. Miré ese juego y noté que ese no era el mismo tipo de juego que jugábamos en la escuela secundaria. RC: ¡Estoy seguro de eso! ¿Que pasaba por su mente de muchacho viajando en ese bus de ligas menores por primera vez?
MH: Aquel viaje en bus de regreso fue algo significativo. Teníamos un bus escolar Ford 1948 modificado y cuando regresábamos, yo no tenía donde sentarme. Un par de los muchachos me dijeron que podía sentarme con ellos. ¡Regresábamos a esa casa que parecía la de los Munster! Era del viejo estilo victoriano y los arbustos estaban muertos. Ahí vivían cuatro solteros. Estaba oscuro y las persianas se estaban cayendo. Pensé, “Santo Dios, ¿en donde me he metido? En realidad la noche anterior hablé con Roy Kuhl. Era el catcher de ese equipo y uno de los tipos que vivía en esa casa Antes del draft, si un equipo de grandes ligas firmaba a un pelotero y no lo ponía en la nómina de grandes ligas, otro equipo podía tomarlo por un monto de 25000 dolares. Si un equipo no quería arriesgar perder a un pelotero en el proceso de exención, tenían que ponerlo en la nómina de grandes ligas. Una persona sin experiencia que no jugaría mucho pero al menos se foguearía y sería protegida. Así fue como llegué a las grandes ligas en 1965. Ese tipo fui yo. RC: Es sorprendente que se mantenga en contacto con esos tipos 60 años después. Usted debutó en grandes ligas en 1965 y el primer bateador que enfrentó fue Carl Yastrzemski. ¿Como se sintió ser un muchacho de 18 años pitcheando en Fenway Park contra Yaz? MH: Pitcheé nueve innings en total. Lanzaba la práctica de bateo o calentaba en el bullpe de vez en cuando. Pienso que esperaban por el momento preciso para ponerme a pitchear, como cuando el juego ya estaba perdido. Era principios de temporada y era el juego de la semana de los sábados Birdie Tebbetts me había enviado a mí y alguien más al bullpen y Floyd Weaver estaba lanzando. Recibió jonrón de Tony Conigliaro para darle ventaja a los Medias Rojas, así que me llamaron a relevar. Yo estaba impactado pero listo para ir a pitchear. Tomé una chaqueta y salté al carrito que tenía la gora de los Medias Rojas en el tope. Early Wynn, el coach de pitcheo, estaba en el montículo esperándome con el ctacher José Azcue. Me entregó la pelota y dijo: “Solo lanza strikes, muchacho”.
Continuará...

viernes, 23 de octubre de 2026

Injerencia de un catcher experimentado.

En los primeros ocho juegos de Navegantes del Magallanes, las veces que tomaban alguna ventaja, en el inning siguiente el rival descontaba o incluso volteaba el marcador Ahora detrás del plato con la armadura de receptor aparecía Rusber Estrada. Este 22 de octubre en el juego versus Caribes de Anzoategui los Navegantes salieron adelante 3-0 amparados en el jonrón de Angel Reyes. En el primer inning los Caribes pusieron dos hombres en circulación y en el segundo llenaron las bases. En ambas ocasiones el pitcher Victor Vargas logró bordar sendos ceros para mantener la ventaja intacta. Con Dillon Tate en el quinto inning, aunque le marcaron una carrera, se notó la selección de pitcheos, los gestos de serenidad que marcaba Estrada desde el plato y Tate terminó dominando al peligroso Jason Teter. Luego Estrada supo leer las intenciones y la disposición de Wilmer De Jesús Flores y escogieron los envíos más apropiados para retirar en orden el sexto episodio. Tal vez el momento más complicado de esa parte final ocurrió cuando vino a relevar Enderson Franco en el séptimo inning, se le embasaron dos corredores, el detalles es que Estrada sorprendió a uno en intento de robo, y aunque luego vino un doble, Estrada tuvo la sapiencia y serenidad para llamar los envíos adecuados para salir del inning ilesos. Entonces en el octavo vino a lanzar Oswaldo Berríos y de nuevo Estrada acompañó a su pitcher para elegir los pitcheos apropiados para sacar el out luego del boleto. El noveno lo retiró Felipe Vasquez en orden, siguiendo las sugerencias, los ajustes de Rusber Estrada hasta concretar ekl salvamento y la victoria.
Alfonso L. Tusa. Octubre 23, 2026.

martes, 20 de octubre de 2026

John Candelaria: Su juego sin imparables ni carreras.

Pittsburgh 2 versus Dodgers 0. Agosto 9, 1976.
Cuando le iba bien, no había ningún pitcher mas dificil de enfrentar que John Robert Candelaria, un zurdo que lanzaba de lado con velocidad cortante. Un tipo corpulento, el larguirucho lanzador parecía tener brazos tan largos como las ramas de un árbol, y era muy complicado para los bateadores zurdos. Nació el 06 de noviembre de 1953 en Brooklyn, Nueva York, Candelaria se convirtió en profesional en 1973con el Charleston de la Western Carolina League. Llegó a las ligas mayores en 1975 con los Piratasde Pittsburgh, en ocho de sus nueve temporadas con los Bucaneros ganó en doble figura. Luego pitcheó para los Angelinos de California, Yankees y Mets de Nueva York, Expos de Montreal, Mellizos de Minnesota, Azulejos de Toronto, y Dodgers de Los Angeles. Totales de ligas mayores: 19 años (1975-1993), 600 juegos, 177 ganados, 122 perdidos. Era la Candy Night el lunes 09 de agosto en Three Rivers Stadiu, y cada uno de los 9860 asistentes recibió una barra gratis de caramelo en honor al pitcher de los Piratas de Pittsburgh John (Candy Man) Candelaria. Para el grandeliga de 22 años de edad de segundo año, fue una noche muy dulce. Al enfrentar a Doug Rau y los Dodgers de Los Angeles ocupantes del segundo lugar de la división oeste, Candelaria le dio a los Piratas de Pittsburgh segundos de la división este su primer juego sin imparables ni carreras desde que Nick Maddox logró la hazaña en 1907. Candelaria, quien llegó con marca de 10-4 a ese juego, mezcló un dslumbrante despliegue de rectas bajas y sliders para propinarles a los Dodgers no solo su sexta derrota seguida si no su primer revés sin imparables ni carreras en 26 años. Candelaria ponchó a siete y solo concedió un boleto. Retiró a los Dodgers en orden en todos los innings menos uno, mientras obtenía siete outs en elevados. El Candy Man casi pierde su juego sin imparables ni carreras con el primer bateador del juego cuando Davey Lopes despachó una línea trepidante hacia el callejón entre los jardines centra e izquierdo. Pero el jardinero central, Al Oliver, hizo una magnifica atrapada al desplazarse raudo y preciso. Ted Sizemore siguió con elevado corto a la linea de cal del jardín derecho que Dave Parker tomó en plena carrera a la altura de las rodillas. Bill Russell salió con rodado al campocorto. Candelaria tuvo dificultades en el tercer inning luego de ponchar al emergente Lee Lacy. Concedió boleto a Steve Yeager, quien fue forzado en segunda base mediante roletazo de Rau a las paradas cortas. El problema empezó cuando el torpedero Frank Taveras flumbeó el roletazo de Lopes. Bill Robinson, un jardinero jugando en tercera base pateó un rodado de Sizemore para llenar las bases. Candelaria escapó de la amenaza al obligar a Russell a rodarla por el campocorto. Ningún otro Dodger llegaría a primera base en el resto de la ruta. Candelaria retiró 19 en fila, ponchó a Steve Garvey y Ron Cey en el cuarto inning, y dominó a Dusty Baker con elevado al centro.
Los Piratas anotaron sus dos carreras en el quinto inning mediante imparables para abrir el episodio de Richie Zisk y Parker y un doble impulsor de dos carreras hacia el rincón del jardín izquierdo de Robinson. Esos imparables fueron tres de apenas cinco en todo el juego. Candelaria avanzó sin problemas a través de los innings finales. En el octavo Lacy bateó saltarín por el montículo, Yeager roleteó por tercera base y el emergente Rick Auerbach se ponchó. El noveno inning mostró más de lo mismo. Candelaria dominó a Lopes con roletazo a Taveras en el campocorto. Sizemore continuó con elevado hacia la línea del jardín derecho que Parker tomó en territorio de foul. Russell fue el último bateador y bateó elevadito corto al centro. Oliver corrió hacia adelante y tomó la pelota con una mano mientras evitaba colisionar con Taveras. Fue perfección con confección. El Candy Man tuvo marca de 16-7 esa temporada. El año siguiente registró su mejor temporada al agenciar marca de 20-5, mientras lideraba la Liga Nacional en efectividad con 2.34 y en porcentaje de triunfos con .800.
Traducción: Alfonso L. Tusa. Octubre 20, 2026.
Westcott Rich, Allen Lewis. No-Hitters-McFarland & Company, Inc., Publishers. Jefferson, North Carolina, and London. 2000. Pp. 292-294.

La última temporada de los Navegantes del Magallanes como anfitriones en Caracas.

 Desde mediados de 1968 la directiva del equipo había mostrado  que pretendía acabar con los fracasos de las dos campañas anteriores. El 3...