domingo, 1 de marzo de 2026

Esquina de las Barajitas: Joe Foy.

Bruce Markusen.
Los trabajadores del Salón de la fama también son seguidores del beisbol y aman compartir sus historias. Aquí está la perspectiva de un fanático desde Cooperstown.
A menos que usted sea seguidor de los Cardenales de San Luis, los pensamientos del beisbol en 1967 tienden a gravitar hacia el “Sueño Imposible”. Aquellos improbables Medias Rojas de Boston, aunque no ganaron la Serie Mundial, siguen cautivándonos como uno de los grandes equipos sorpresa de la era de la expansión. Cuando recordamos a esos Medias Rojas, probablemente no pensamos mucho en un pelotero como Joe Foy. No, recordamos a Carl Yastrzemski, y George Scott, y Reggie Smith, y Jim Lonborg, y el manager, Dick Williams. Pero Foy fue una parte importante de ese equipo, el cual capturó la atención del país durante una espeluznante carrera por el banderín entre cuatro equipos de la Liga Americana. La barajita Topps 1967 de Foy nos regala un primer plano extremo de su rostro Esa era la manera común como Topps fotografiaba a los peloteros en los 1960s. Esas fotografías no solo nos dan un buen ángulo de los rasgos faciales del pelotero, sino que también permiten examinar la expresión. En este caso hay un sentimiento de incomodidad en su rostro. Es comprensible. La fotografía muy probablemente fue tomada durante el entrenamiento primaveral de 1966, cuando Foy todavía era jugador de ligas menores e inseguro de su futuro inmediato en el juego. Todavía estaba por debutar en las ligas mayores. Foy no se encargaría completamente de la posición de tercera base hasta más adelante en la temporada, luego que los Medias Rojas decidieran reajustar el cuadro interior y pasar a George Scott desde la antesala hasta primera base. Adicionalmente, Foy parece un novato de rostro fresco en su barajita Topps de 1967. aparece joven e inocente, sin desgaste en su rostro, solo la manera como lucen muchos peloteros de primer y segundo año. No se puede percibir los problemas que Foy enfrentará más adelante en su carrera, cuando asuntos extra terreno truncarán la promesa de aquellas primeras temporadas en Boston. Nacido y criado en el Bronx, donde emergió como sobresaliente jugador callejero ensu niñez, Foy firmó originalmente con los Mellizos de Minnesota en 1962, acordó por un bono pequeño como parte de su primer contrato. Foy tenía lo que algunos observadores describían como una complexión corpulenta, lo cual explica porque los Mellizos trataron de convertirlo en catcher. Pero pronto se dieron cuenta de que ese movimiento no funcionaría y lo mudaron a primera base. Mientras jugaba en la New York-Penn League con Erie en 1962, mostró una vista muy precisa lo cual le permitió negociar la increible cantidad de 109 boletos en 113 juegos. (Esa es una relación que hubiese enorgullecido a Ted Williams). Pero de acuerdo a las reglas de ese momento, Foy era elegible era elegible para el draft de ligas menores después de solo una temporada. Los Medias Rojas de Boston actuaron y seleccionaron a Foy con lo cual removieron a un prospecto legítimo del sistema de los Mellizos. Foy tenía apenas 20 años de edad y todavía no estaba listo para las ligas mayores, los Medias Rojas lo asignaron a un a temporada completa de beisbol Clase A. También trataron de que se desempeñara como catcher, pero cuando eso no se dio, lo devolvieron a primera base. Eventualmente, Foy empezó a jugar en el campocorto, mientras continuaba con una carrera inusual. En 1964, se movió a la tercera base, donde se establecería. Para 1965, había trabajado para subir hasta AAA. Ese verano bateó .302 con 64 boletos y 14 jonrones para los Maple Leafs. Esa actuación le permitió ganar los honores de jugador de ligas menores del año entregado por Sporting News.
En noviembre,los Medias Rojas anunciaron que Foy reemplazaría a Frank Malzone como tercera base titular en 1966. En la primavera, Foy se desempeñó suficientemente bien para hacer la nómina del día inaugural de los Medias Rojas, pero empezó la temporada como jugador de reserva del cuadro. En su lugar, Scott (otro novato) empezó la temporada en tercera base. Ese movimiento no duró mucho. En una semana, los Medias Rojas mudaron a Scott a primera base en lugar en lugar de Tony Horton quien pasaba momentos dificiles con el madero, y trataron con el veterano Eddie Kasko en la esquina caliente. Cuando Kasko mostró que carecía de las condiciones, Foy entró a la alineación titular. Antes de terminar el mes de abril, Foy jugaba todos los días en la esquina caliente de los Medias Rojas. Los números del primer año de Foy fueron impresionantes. Aunque su promedio de bateo de .262 parecía ordinario, negoció 91 boletos, lo cual incrementó su porcentaje de embasado hasta los .360s. También largó 15 jonrones. El único detrimento a su desempeño fue su defensiva, la cual fue errática por momentos. De solo 23 años de edad, y con atributos de poder por encima del promedio yvelocidad, Foy parecía tener asegurada la tercera base de Boston por muchos años. Foy no jugó tan bien en 1967, pero siguió siendo un colaborador positivo al cumplir con su papel al ocupar el segundo turno de la alineación. A principios de temporada, Foy hizo una brillante jugada defensiva para preservar temporalmente el esfuerzo de lanzar sin imparables de Bill Rohr. Sin embargo la temporada trajo dificultades para Foy. En junio, el hogar de su familia en East Bronx se incendió. Nadie resultó herido, pero Foy perdió la mayoría de sus pertenencias y recuerdos. Ese mes también trajo controversia. En el juego del 21 de junio en Yankee Stadium, Foy se convirtió en el centro de uno de las trifulcas más memorables de la larga rivalidad entre Medias Rojas y Yankees de Nueva York. En el primer inning, Tony Conigliaro le dio a los Medias Rojas ventaja tempranera con vuelacercas de tres carreras. En el inning siguiente, Thad Tilotson, pitcher derecho, lanzó una recta alta y adentro contra Foy, quien había jonroneado en el juego anterior. De alguna manera Foy se las arregló para eludir el pitcheo errático. Aparentemente insatisfecho con su primer intento de recostar la pelota, Tillotson disparó otra recta alta, esa vez golpeó a Foy de lleno en el casco.Aunque de momento tambaleante, Foy valientemente siguió en el juego y ocupó su lugar en primera base, sin incitar a Tillotson. Cuando Tillotson fue a batear en el cierre de ese inning, el pitcher abridor de los Medias Rojas, Jim Lonborg, aplicó de inmediato la venganza por su compañero de equipo, al impactar a Tillotson con una de sus rectas. Mientras Tillotson caminaba hacia primera base dirigió varias palabras furiosas hacia Lonborg. Foy sintió que era el momento de intervenir. Corrió desde su posición en tercera base, Foy cruzó el campo y envió su propio mensaje a Tillotson. “Si quieres pelear, ¿por qué no lo haces conmigo?” Le pregunto Foy al pitcher de los Yankees. “Soy el tipo a quien golpeaste para iniciar este problema”.
Aunque eso generó una batalla campal entre los equipos, el gesto de Foy fue del tipo que lo hizo popular con sus compañeros, especialmente Yastrzemski y el segunda base Mike Andrews, quienes se convirtieron en sus amigos más cercanos en el equipo. Generalmente un tipo positivo, Foy recibía elogios en el clubhouse de los Medias Rojas. Cuando aparecían los problemas raciales, como ocurría a menudo en los 1960s, Foy usualmente trataba de buscar una solución. Foy sabía de la indignidad racial, principalmente por sus experiencias con la segregación de Jim Crow en Florida durante los entrenamientos primaverales. Como Andrews dijo una vez: “Si se presentaba algún problema de blanco y negro que había que resolver, Joe era el puente”. Por más que él le caía bien a sus compañeros, la falta de condición física de Foy afectaba su presencia ante el manager. El nuevo manager del equipo, Dick Williams sentía que Foy estaba pasado de peso y fuera de forma. Su nivel de juego también era más errático en 1967. En la segunda mitad de la temporada, Foy tuvo prolongadas sequías con el madero, por lo cual Williams empezó a alternarlo con Dalton Jones, bateador zurdo, y Jerry Adair, quien bateaba a la derecha. El promedio de bateo y total de boletos de Foy disminuyeron, pero bateó con más poder,al despachar 16 jonrones. Como equipo, los Medias Rojas sorprendieron a todos los observadores, al tomar el comando de la liga en agosto y mantenerse allí hasta ganar la carrera del banderín de la Liga Americana en una temporada que se esperaba fuese poco menos que de reconstrucción en Boston. La Serie Mundial de 1967 fue frustrante para los Medias Rojas, quienes perdieron ante Cardenales de San Luis en siete juegos. Foy fue sentado en los primeros cuatro juegos, pero cuando jugó, solo despachó dos imparables en 15 turnos al bate, se ponchó cinco veces contra el duro cuerpo de lanzadores de los pájaros rojos. En 1968, Foy se reportó a los Medias Rojas con 98 kilogramos, el peso más bajo de su carrera de ligas mayores. Pero su promedio de bateo y su poder se derrumbaron. Como les ocurrió a la ofensiva de los demás en una temporada que fue conocida como el “Año del Pitcher”. En el contexto de la época, Foy siguió siendo un pelotero ofensivo por encima del promedio, pero su defensiva se convirtió en un preocupación grande.Siempre un defensor dudoso, Foy cometió 30 errores, el total más alto de cualquier tercera base de la Liga Americana. Un incidente extra terreno esa temporada también golpeó el futuro de Foy. Foy manejaba un carro, con su compañero Juan Pizarro como pasajero, cuando el vehículo impactó contra un taxi. La policía de Boston arrestó a Foy y Pizarro salir a la calle intoxicados. Los Medias Rojas no estaban contentos. Multaron a ambos peloteros por violar la hora límite de regresar al hotel, y los suspendieron por un doblejuego, sin pago. El episodio de manejar borracho convenció a los Medias Rojas de que era tiempo de desprenderse de Foy. Decidieron no protegerlo para el venidero draft de expansión. Los Reales de Kansas City, ante la oportunidad de adquirir un tercera base de renombre, seleccionaron al experimentado jugador del cuadro en la cuarta escogencia general.El movimiento fue dificil para Foy, quien se sintió traicionado por Williams. Para empeorar las cosas, elamigo cercano de Foy, Yastrzemski ahora era un ex compañero.
Un buen comienzo en Kansas City ayudó a Foy. Redujo sus errores a la mitad desde 30 hasta 12 y también incrementó su promedio de bateo hasta los 260s. Al recibir más libertad en las bases, se robó un tope personal de 37 almohadillas. También mostró versatilidad al jugar cinco posiciones para los Reales. Foy se desempeñó tan bien que despertó interés en el mercado de cambios. Los Mets de Nueva York, quienes habían estado buscando por largo tiempo un tercera base desde su aparición en 1962, buscaron a Foy con vehemencia. Aceptaron entregar dos de sus principales prospectos: el jardinero Amos Otis, quien había fallado al tratar de hacer la transición hacia tercera base, y el pitcher derecho de potente recta Bob Johnson. Los Reales no pudieron rechazar tan generosa oferta por un pelotero que había sido seleccionado en el draft de expansión solo hacía una temporada. Foy estaba emocionado por regresar a casa, actuar en juegos en Queens, a escasa distancia de su lugar de nacimiento en el Bronx. Los Mets creían que Fox, un defensor mejorado con poder para batear líneas y vista selectiva, estabilizaría la tercera base por varios años. No ocurrió. Foy se involucró con drogas, particularmente la marihuana. También hubo reportes de dificultades por ingerir licor. Durante el primer juego de una doble tanda en 1970, Foy probó la paciencia del manager de los Mets, Gil Hodges. Estando en el dugout, Foy camino frente a Hodges en un pitcheo, se mantuvo ahí, y empezó a celebrar. Al bloquear la visión de Hodges durante el juego, Foy había hecho algo que simplemente no estaba permitido en el dugout de los Mets. Más adelante ese día, en el segundo juego de la doble tanda, Hodges incluyó a Foy como tercera base en la alineación inicial. Un bateador conectó un roletazo por los predios de Foy, pero este no reaccionó, como si no hubiese visto la pelota. Después que la pelota lo pasó y se internó en los jardines, él empezó a golpear con el puño el interior de su guante, gritaba “Batéala hacia mi, batéala hacia mí”. Los otros peloteros de los Mets y Hodges se miraban sorprendidos. Debido a su extraña conducta en el dugout y el campo, se sospechaba que Foy estaba bajo la influencia de las drogas. Los peloteros de los Mets querían que sacaran a Foy de inmediato del juego, pero Hodges decidió enseñarle una lección a Foy al mantenerlo en el el juego. Ese incidente selló el destino de Foy con sus compañeros de equipo y Hodges, este último no toleraba las drogas ni la falta de profesionalismo. El 12 de septiembre pocos se sorprendieron cuando los Mets sacaron a Foy de su alineación titular a último minuto. Ese octubre los Mets separaron a Foy de su nómina, y lo enviaron a AAA. “No conseguimos ni un mordisco a cambio”, le dijo un directivo de los Mets al periodista deportivo Dick Young sobre los esfuerzos del equipo por cambiar a Foy. “Su valor se ha dsvanecido”. Más adelante en el receso entre temporadas los Mets vieron como los Senadores de Washington seleccionaban a Foy en el draft de la regla 5. En 1971, Foy jugó pelota mediocre al inicio de la temporada con los Senadores. Mientras estaba en Washington, comentó de los rumores de su uso de las drogas “¿De cuantos jóvenes de Nueva York saben que no hayan fumado hierba?” Le dijo Foy a un reportero. Esa probablemente no era la respuesta que esperaban escuchar los Senadores.
El manager de Foy, el gran Ted Williams, pronto notó que Foy estaba fuera de forma y le pidió a la oficina principal que lo enviara a la categoría AAA para que perdiera peso. En 15 juegos de liga menor en Denver,Foy bateó solo .191. Un día, Foy discutió con el gerente general de Denver. Solo dos horas después los Senadores despidieron a Foy. A los 28 años de edad Foy había terminado de jugar beisbol profesional. Su carrera de ligas mayores, a pesar de su enorme talento, solo duró seis temporadas. Los problemas de Foy con las drogas y el alcohol se mantuvieron un poco en sus días posteriores al beisbol. Eventualmente administraba y operaba una licorería. Para su crésdito, Foy se sobrepuso a sus demonios. Dejó de usar drogas. Limpio y sobrio, vivió su vida la mejor parte de las próximas dos décadas. Lamentablemente, su cuerpo lo traicionó. En octubre de 1989, sufrió un ataque cardíaco fatal en su hogar de la ciudad de Nueva York. Solo tenía 46 años de edad.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Febrero 22, 2026.

jueves, 26 de febrero de 2026

Ron Guidry puede explicar la atracción por los jardines (outfield)

 Harvey Araton. The New York Times. 05-05-2012
 Ron Guidry entendió perfectamente. Sabía porque a Mariano Rivera le gustaba perseguir elevados durante la práctica de bateo y porqué el sueño de Rivera ha sido jugar en el jardín central antes de que termine su carrera de Salón de la Fama.  Cuando lo llamaban el Relámpago de Louissiana mientras pitcheaba, Guidry no sólo tenía la misma rutina diaria, en realidad llegó a jugar dos tercios de inning en la más reverenciada de las posiciones de Yankee Stadium, distribuidos en dos memorables ocasiones (para él).  “Honestamente, fue grandioso, mejor que cualquier sentimiento que tuve mientras pitcheaba”, dijo Guidry este viernes 04 de mayo en la mañana, horas después de enterarse de la triste noticia proveniente de Kansas City acerca de la lesión que terminó con la temporada de 2012 para Rivera y amenaza su carrera como pelotero.  ¿De verdad?, le preguntaron. ¿Mejor que dejar marca de 25-3 con 1.74 de efectividad y 9 blanqueos en 1978?  “Les digo que fue fantástico”, dijo.  Consideren esto como una ventana a la aventura, el alma competitiva de un pitcher que se enorgullecía de su atleticismo superior, quién creía que podía correr, fildear, lanzar y quizás en otra vida hasta batear como los mejores.  Haber jugado como pitcher y jardinero central en la secundaria y la  universidad, le permitió a Guidry decir: “Siempre pensé que podía ser mejor center fielder que pitcher, pero alguién más tenía otra idea”.  Al hablar por teléfono desde su hogar cerca de Lafayette, La., Guidry todavía permanecía atrapado por las emociones luego de enterarse que Rivera se había lesionado el ligamento anterior cruzado de su rodilla derecha y también tenía daño en el menisco. Desde la primera vez que vio a Rivera a comienzos de los años ’90 en un diamante del complejo de Fort Lauderdale, Fla., ha simpatizado con el flaco panameño.  Mark Connor, un entrenador de los Yanquis, le pidió a Guidry, un instructor invitado, que fuera a ver a un joven pitcher que había empezado a escalar posiciones a través de la organización, en ruta a convertirse en el mejor cerrador de la historia del juego.  “Me recuerda mucho a cierta persona”, dijo Connor.  “¿A quién?”, dijo Guidry. “Cuando lo veas, sabrás”.  Cuando Guidry vio a Rivera lanzar, sintió que estaba mirando una versión de si mismo pero a la derecha. El físico endeble de Rivera no cuadraba con la manera como la pelota estallaba en la mascota del catcher, ni con la fluidez casi hipnótica de sus envíos. La conversación que tuvieron luego desembocó en una amistad de dos décadas que se renovaba cada febrero en las crujientes mañanas de Florida, con largas sesiones de lanzamientos y bromas.  “Uno de estos días vas  a ser como yo, viejo”, Guidry le decía a Rivera, quién hasta el jueves en la noche podía ser objeto de confusión en cuanto a su edad.  En los años ’70, Guidry era el Rivera de su época, una maravilla atlética que podía dejar a atrás a los jugadores de posición en las carreras de los jardines y se le podía ver en las prácticas de bateo persiguiendo elevados en todas direcciones.  Guidry también era el pitcher abridor estelar de los Yanquis, y su proclividad a practicar en los jardines irritaba a cierto dueño.
 “Fui llamado a la oficina tal vez seis, siete veces y recibía el jarabe de lengua de Mr. Steinbrenner”, dijo Guidry del Boss George. “Pero yo siempre lo disfrutaba, eso me daba la oportunidad de mantenerme al día con mi trabajo. Correr sólo es aburrido. Perseguía moscas allá afuera, corría casi una hora, nunca parecía tanto tiempo. Eso fortalecía mis piernas”.  Guidry recuerda que le dijo a Steinbrenner, "Si me quitas eso, me voy a casa”.  Mientras consideraba que 2012 sería su última temporada, Rivera intentó convencer al manager Joe Girardi que le permitiera cumplir el deseo que Guidry materializó dos veces. El 29 de septiembre de 1979, Billy Martin envió a Guidry al center field para el noveno inning de una victoria 9-4 sobre Toronto, ante el remanente de una multitud de 30.016 personas.  Cuatro años después, otro “cf” quedó por siempre adherido al nombre de Guidry en un box score más histórico, el infame juego del alquitrán de pino, reanudado el 18 de agosto de 1983. Enfurecido porque el béisbol había permitido que prevaleciera el jonrón de dos carreras de George Brett a pesar del exceso de alquitrán de pino en el bate, Martin envió a Guidry  al center field y a Don Mattingly a segunda base para el out final en la primera parte del noveno inning,  en franca protesta.  Como Guidry llegó allí no importa. “¿Cuántos tipos logran jugar center field en Yankee Stadium?”, dijo y añadió que su único lamento era que ninguno de los dos outs que se hicieron en sus dos apariciones fueron hechos por él.  “Podía hacer las atrapadas”, dijo. “Vi la repetición de Mariano lesionándose y te diré esto: Perseguí pelotas con más intensidad que esa. Salté varias cercas”.  ¿Muy arriesgado? Guidry recordó el hecho de que Dave Robertson, el probable reemplazo de Rivera, se lesionó en la primavera mientras bajaba unas escaleras.  La preocupación de Guidry de que Rivera sería el blanco de las críticas, no tenía fundamento sin embargo. Hay mucha buena voluntad en el banco, como en el caso del pobre Joba Chamberlain, quién recibió su ración de críticas en los medios por romperse el tobillo mientras saltaba en un trampolín con su hijo pequeño, solo trataba de ser papá.  “Somos personas, no sólo pitchers”, dijo Guidry. “Si ellos no hubieran dejado a Mariano disfrutar el juego, tal vez no hubiera pitcheado tanto tiempo”.  Para el viernes en la tarde, Guidry estaba contento de oir que Rivera quería regresar. Ok, tendrá 43 años para el comienzo de la próxima temporada, tal vez deba dejar de correr en los jardines si decide regresar.  “Le dije que se pondría viejo como yo”, dijo Guidry, 61. “Y se puso”.
Traducción:  Alfonso L. Tusa C. Mayo 14. 2012.

martes, 24 de febrero de 2026

El Juego más largo en la historia del beisbol organizado.

BR Bullpen
El juego más largo en la historia del beisbol organizado ocurrió en 1981, entre los Red Sox de Pawtucket y los Red Wings de Rochester de la International League en el McCoy Stadium de Pawtucket y duró 33 innings. El juego empezó el 18 de abril y duró 32 innings antes de ser detenido, para ser reanudado más adelante en la temporada. El juego se reanudo el 23 de junio y solo se necesitó jugar un inning más para que Pawtucket ganase con marcador de 3-2 en el cierre del trigésimo tercer episodio. En el juego participaron los futuros inquilinos del Salón de la Fama Wade Boggs y Cal Ripken Jr., como los dos terceras bases. Bob Ojeda y Marty Barrett también tuvieron notables carreras en las ligas mayores. Los venezolanos Luis Aponte y Manuel Sarmiento también llegaron a jugar en MLB.
Un duelo de pitcheo. El juego empezó tarde un sábado frío y ventoso, luego del primer pitcheo el juego fue detenido por treinta minutos mientras reparaban una torre de alumbrado. Los primeros seis innings fueron un duelo de pitcheo, los abridores Larry Jones por los Red Wings y Danny Parks por los Red Sox lanzaron sin carreras. En la apertura del séptimo inning , Chris Bourjos de Rochester remolcó a Mark Corey con sencillo, entonces Luis Aponte vino a relevar a Parks y contuvo a los Red Wings. En el cierre del noveno inning la pizarra seguía 1-0 a favor de los visitantes. Luego de un doble contra la cerca del jardín central de Chico Walker, un lanzamiento descontrolado de Larry Jones, y un elevado de sacrificio de Russ Laribee, se produjo la carrera de la igualada y el juego fue a extra innings. El juego permanecería empatado por 11 innings, debido a las actuaciones inmensas de ambos bullpens. Aponte poncharía nueve Red Wings hasta el décimo inning, y sería seguido por Manuel Sarmiento (4 IP), Mike Smithson (3.1 IP), y Win Remmerswaal (3.2 IP). En la acera de enfrente, el relevista de Rochester Schneider casi igualaba a Aponte al pochar 8 en 5.1 innings luego de salir a relevar en el noveno inning. Steve Luebber llegaría en el décimo quinto inning por los Red Wings y pitchearía 8 innings. En la apertura del undécimo inning parecía que los Red Wíngs anotarían una carrera mediante un lineazo destinado al jardín izquierdo pero el tercera base Wade Boggs salvó el juego para los Medias Rojas al atraparlo.
El Juego Sin Fin. Más adelante en el juego, en la quinta o la sexta hora. Sam Bowen, jardinero derecho de Pawtucket, trono un elevado inmenso al jardín central que parecía terminar el juego. De acuerdo al jardinero central de Rochester Dallas Williams: “Se había ido...Pero regresó debido al fuerte viento y la atrapé”. En la apertura del vigésimo primer inning, el catcher de los Red Wings, Dave Huppert, bateó doblete remolcador de una carrera para darle ventaja de 2-1 a Rochester. Entonces en el cierre de ese episodio,Wade Boggs de los Medias Rojas, largó un doble para hacer anotar Dave Koza para igualar el marcador. En el vigésimo segundo inning, el manager de Pawtucket Joe Morgan fue expulsado del juego por Dennis Cregg por discutir la sentencia de un toque de bola. Para ese momento, el juego había entrado a su segundo día, y de acuerdo al libro de reglas de la International League había un tiempo límite a partir del cual habría que suspender el juego alrededor de la 1:00 a.m. Sin embargo, el libro de reglas del árbitro principal Dennis Cregg no era la versión actualizada y por tanto no aparecía ese ajuste. Por tanto el juego continuó por otros 11 innings en blanco. Los 10 innings finales para Rochester fueron lanzados por Jim Umbarger, quien permitió solo cuatro imparables y ponchó nueve. Finch y Bruce Hurst pitchearon los diez innings finales de Pawtucket, permitieron seis imparables y poncharon seis. A las 2:00 a.m., el relevista de Pawtucket, Luis Aponte quien había pitcheado desde el séptimo hasta el décimo inning, recibió permiso de su manager para regresar a casa. Sin embargo, su esposa no lo recibió con los brazos abiertos. Al llegar, Xiomara Aponte le preguntó molesta, “¿Donde estabas?” a lo cual el pitcher respondió “En el estadio”, a lo cual su esposa le dijo “Si como no, en el infierno es donde estabas”. Aponte razonó que la noticia del juego estaría en los periódicos del domingo, pero la duración prolongada del juego significó que el juego todavía estaba en proceso cuando cerró la guardia de los periódicos y la noticia del juego no fue publicada hasta el lunes. Aponte pasó ambas noches en el sofá. En la parte alta del inning 30, el juego rompió la marca de ligas menores para el juego más largo el cual se había efectuado el 14 de junio de 1966 en la Florida State League. En aquel juego en Al Lang Field, los Marlins de Miami vencieron a los Cardinals de St. Petersburg 4-3, en 29 innings, 6 horas y 59 minutos. Mientras el juego avanzaba en la madrugada, los peloteros empezaron a hacer cualquier cosa para mantenerse calientes incluyendo quemar los bancos en el bullpen y los bates rotos en el dugout. Mientras tanto, el gerente general de Pawtucket Mike Tamburro intentaba localizar al presidente la International League, Harold Cooper para saber que hacer de acuerdo a la normativa. Finalmente, Cooper fue contactado a las 3:00 am, y ordenó que se suspendiese el juego al completarse el inning en curso. A la 4:09 am del 19 de abril, al cierre del inning 32, el juego fue suspendido y se reanudaría en fecha posterior. En ese momento solo había 19 aficionados en las tribunas, a todos el dueño del equipo Ben Mondor les dio pases vitalicios de entrada al McCoy Stadium.
El Inning Final. El juego se reanudó el 23 de junio cuando los Red Wings regresaron a Pawtucket. Presentes para la continuación del juego había una multitud de casa llena, así como 140 miembros de la prensa de varias partes del mundo, y cuatro estaciones de televisión. Además de la naturaleza histórica del juego, este atrajo la atención porque la segunda parte fue efectuada durante la huelga de peloteros de MLB en 1981. El juego requirió solo un inning y dieciocho minutos para terminar. El octavo pitcher de Pawtucket, Bob Ojeda, fue el “relevista abridor” del equipo. El 18 de abril, Ojeda no había estado disponible para pitchear porque había lanzado la noche anterior, el 17 de abril.Ojeda retiró a Dallas Williams y luego recibió imparable de Cal Ripken Jr. Antes de ponchar a Floy Rayford y dominar a John Valle con elevado a la izquierda. Steve Grilli, quien había empezado la temporada en el sistema de los Azulejos de Toronto y era un veterano de 70 juegos en las mayores, fue la opción de Rochester. Grilli golpeó a Marty Barrett con su primer pitcheo, luego permitió sencillo a Chico Walker que llevó a Barrett hasta la antesala. Russ Laribee fue boleado intencionalmente y otro relevista de los Red Wings fue llamado a lanzar, Cliff Speck, para enfrentar a Dave Koza el bateador con más imparables en el juego. Después de 8 horas, 25 minutos y 33 innings, Koza bateó una curva en conteo de 2-2 hacia el jardín izquierdo para conseguir el imparable remolcador de Barrett para ganar el juego.
Epílogo Esa liga AAA tenía muchos futuros grandes ligas. De los cuarenta y un peloteros que participaron en el juego, 25 jugaron en las ligas mayores, y entre ellos estaban dos inquilinos del Salón de la Fama: Cal Ripken Jr. Y Wade Boggs. Los catorce pitchers del juego utilizaron 160 pelotas y efectuaron 800 pitcheos. Ellos mantuvieron a los batedores en 39 imparables durante 219 turnos al bate, para un promedio de bateo de .178. Dallas Williams al batear de 13-0 estableció la marca aún vigente de más turnos sin imparables en un juego. El jardinero central de Rochester también ejecutó dos toques de sacrificio, lo cual lleva a 15 su conteo de apariciones al plato.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Febrero 24, 2026.

lunes, 23 de febrero de 2026

Mickey Lolich, el Héroe de Detroit en la Serie Mundial de 1968, fallece a los 85 años de edad.

El pitcher de los Tigres logró tres victorias en juegos completos para vencer a los Cardenales de San Luis por el campeonato, y se acreditó los honores del jugador más valioso de la serie.
Richard Goldstein. The New York Times. Febrero 4, 2026.
Mickey Lolich, pitcher zurdo de poder cuyas tres victorias de juegos completos sobre los Cardenales de San Luis propulsaron a los Tigres de Detroit al campeonato de la Serie Mundial de 1968, lo cual le valio los honores de jugador más valioso de ese evento, falleció este miércoles 4 de febrero de 2026 en Sterling Heights. Su deceso, en una facilidad de cuidados asistidos, fue confirmado por su esposa Joyce Lolich. Pitcheó 16 temporadas en las ligas mayores , principalmente con los Tigres, Lolich ganó 217 juegos y ponchó 2832 bateadores, ponchó más de 200 bateadores en una temporada siete veces. Para nada representaba la complexión atlética ideal: su peso excedía el valor adecuado para su estatura. Pero su resistente brazo izquierdo aportaba muchas mejores consecuencias que su panza. Los Tigres terminaron 12 juegos por delante de los Orioles de Baltimore y ganaron el banderín de 1968 en la Liga Americana, el último disputado en el formato de liga, liderados por el derecho Denny McLain quien ganó 31 juegos y perdió solo seis esa temporada al convertirse en el primer pitcher que alcanzaba la marca de las 30 victorias en 34 años. Lolich, por su parte compiló una marca de 17-9. McClain fue superado por el futuro inquilino del Salón de la fama, Bob Gibson en el primer juego de la Serie Mundial, efectuado en el Busch Stadium de San Luis. Aunque debió batallar con una infección en la ingle que le apareció durante la noche, Lolich llevó a los Tigres a una victoria 8-1 en el segundo juego y despachó el único jonrón de su carrera, una línea por toda la línea del jardín izquierdo ante el abridor de los Cardenales, Nelson Briles. Los Tigres pérdieron los siguientes dos juegos en casa y estaban al borde de la descalificación cuando Lolich volvió a subir al montículo, de nuevo contra Briles, pero esta vez en Tiger Stadium. Lolich permitió tres carreras en el primer inning, pero los Tigres se las arreglaron para remontar y ganar 5-3. Ganaron el sexto juego en San Luis, apoyados en el sólido pitcheo de McLain y un tercer inning de 10 carreras. Lolich fue seleccionado como pitcher abridor de nuevo para el séptimo juego, cuando enfrentó a Gibson.
Con el juego igualado a cero en el séptimo inning, el jardinero de los Tigres, Jim Northrup, conectó una línea sobre la cabeza de Curt Flood, el jardinero central de los Cardenales, que se convirtió en triple remolcador de dos anotaciones, había dos outs. Detroit se apuntó la victoria 4-1, dándole a los Tigres su primer campeonato de Serie Mundial desde que vencieran a los Cachorros de Chicago en siete juegos en 1945. Cincuenta años después, Lolich le dijo a The Portland Tribune en Oregon que se sentido “ligeramente cansado” antes del séptimo juego, “pero cuando mi brazo estaba cansado mi sinker (recta subterránea) se hundía más de lo normal”. Con aquel out final. Un elevado en foul de Tim McCarver de los cardenales que llevóa Lolich a saltar hacia los brazos del catcher de los Tigres, Bill Freehan, Lolich se convirtió en el único pitcher zurdo en la historia de la Liga Americana en ganar tres juegos completos en una Serie Mundial. Ganar el premio al jugador más valioso de la Serie Mundial fue particularmente dulce para él, luego de ver su temporada regular de 17 triunfos opacada por otra más brillante de McLain, el ganador del premio Cy Young de ese año y jugador más valioso de la Liga Americana. “Siempre había alguien más”, le dijo Lolich a The Detroit Free Press en 2018, “pero finalmente haía llegado mi día”. Michael Stephen Lolich nació el 12 de septiembre de 1940 en Portland, Ore., en el hogar de Steve y Margarite (Greblo) Lolich. Su padre trabajaba para el departamento de parques de la ciudad. Cuando tenía 10 años de edad, su padre “me llamó para jugar en el jardín derecho para llenar una vacante en un juego de muchachos entre 13 y 15 años de edad, el pitcher estaba recibiendo mucho castigo”, dijo Lolich a The New York Times en diciembre de 1975, poco después los Tigres lo cambiaron a los Mets de Nueva York. “Le dije a alguien, ‘Yo puedo hacer eso de mejor manera’”, agregó, “y el entrenador me escuchó y me puso a pitchear para callarme la boca. Solo que hice tronar la pelota e hice el trabajo. Ahí fue cuando supe que tenía un buen brazo”. Lolich fue firmado por los Tigres para pitchear en su sistema de ligas menores en 1958, había sido la estrella de su equipo en la escuela secundaria. En 1962, , cuando los Tigres lo prestaron a los Beavers de Portland de la Pacific Coast League, fue tutoreado por Gerry Staley, el entrenador de pitcheo del equipo y pitcher de ligas mayores por mucho tiempo. “Me dijo que si le daba 10 días el trataría de convertirme en pitcher”, le dijo Lolich a Tim Wendel para su libro de 2012 “Summer of ‘68” (Verano del ‘68)”. “Entonces yo solo era un tirador. Me paré allí y lancé tan duro como pude”. Staley enseñó a Lolich como hacer que su recta se hundiese y a concentrarse en el control, para mantener la pelota baja y en la esquina externa más que simplemente tratar de pasar al bateador con cada pitcheo.
“Gerry Staley cambió toda mi vida”, recordó Lolich. “Tan simple como eso”. Lolich debutó con los Tigres en 1963 y se estableció como abridor de primera línea en 1964 cuando ganó 18 juegos y perdió 9. En el verano de 1967, Detroit fue impactada por uno de los peores disturbios urbanos de la época. Lolich, sargento de Michigan Air National Guard, perdió alrededor de dos semanas de la temporada cuando la guardia fue activada para ayudar a restaurar el orden. Pero él terminó la temporada con marca de 14-13, junto a Earl Wilson, quien ganó 22 juegos, McLain y Joe Sparma en una rotación que mantuvo a los Tigres en la lucha por el banderín hasta el último día de la temporada, cuando terminaron igualados con los Mellizos de Minnesota en el segundo lugar, un juego detrás de los Medias Rojas de Boston. Lolich tuvo marca de 25-14 en 1971, cuando lanzó 29 juegos completos y ponchó 308 bateadores, y dejó registro de 22-14 en 1972. Lanzó más de 300 innings cada temporada desde 1971 hasta 1974. Aunque la mayoría de los pitchers usaba hielo para calmar el dolor en el brazo de lanzar, Lolich aplicaba agua muy caliente y trabajaba duro en los estiramientos. Fue negociado a los Mets después de la temporada de 1975 en una transacción múltiple que llevó a Rusty Staub a Detroit. Tuvo marca de 8-13 con los Mets en 1976 y se retiró brevemente después de esa temporada, pero regresó a pitchear para los Padres de San Diego en 1978 y 1979. Terminó su carrera con marca de 217-191 y fue tres veces al juego de estrellas. A Lolich le sobreviven su esposa; tres hijas, Kimberly Stout, Stacy Lolich-Ellenbrook y Jody Lolich; y tres nietos. Lolich y su esposa administraron y operaron una pastelería en Lake Orion, Mich., cerca de Detroit, por muchos años, una profesión retadora para alguien de las características físicas de él. Pero él se defendía de frente a los chistes sobre su peso. “A través de mis 16 años en las ligas mayores, cada vez que las cosas no iban bien, la gente siempre buscaba razones”, le dijo a The Times en 1989. “Para algunos era ‘Tal vez se están quedando afuera mucho tiempo en las noches”, ‘Tal vez muchos intereses externos’, ‘Tal vez no tienen la cabeza bien puesta’. Para mí, era ‘’El está muy gordo’”. “Pero cuando yo pitcheaba bien”, añadió, “decían, ‘Es fuerte como un toro’”.
Ash Wu contribuyó reporteando.
Traducción: .Alfonso L. Tusa C. Febrero 23, 2026.

sábado, 21 de febrero de 2026

Willie Colón: Una música suturada en el Alma Latinoamericana.

“...ese que toca la flauta, se llama Willie Colón..” Siempre te llamó la atención que esa línea de aquella canción “La Murga” mencionase al músico borícua interpretando un instrumento diferente a su icónico trombón o su impactante trompeta. Luego supiste que Willie Colón tuvo una formación musical que abarcaba varios instrumentos incluido el piano. Leer sobre su fallecimiento trae por momentos pedazos de películas biográficas de 1969 o 1970 con incisos de 1972 y 1981. Cada vez que salíamos a jugar beisbol en la calle Las Flores o en el solar de asfalto frente al centro de salud de Cumanacoa, esa orquesta de trombones atiplada por la intensidad vocal de Héctor Lavoe, nos hacía tomar un ritmo infinito de pasos imperceptibles que hacía tomar roletazos invisibles y despachar lineazos que se perdían en la inmensidad del cañaveral posterior al centro de salud. Solo teníamos que seguir la letra y el ritmo de esa orquesta y el juego adquiría dimensiones especiales. Luego cuando el juego terminaba, cuando hablábamos de los errores cometidos, del batazo decisivo, de la jugada fantasmal,seguíamos escuchando a la distancia un radio, una caravana de éxitos en Radio Sucre donde Lavoe seguía cantando “panameña, panameña como tu estás....panameña, panameña que linda estás...” Había una quimica inexplicable, una sustancia efervescente que nos hacía explicar cada detalle del juego sin atropellarnos, ni mucho menos pelearnos,todo fluía con una cadencia de octavas y diapasón, de clavijas y botones, de acordes y allegros punzantes cargados de éxtasis y armonías. Si, todos queríamos conocer al tipo ese que aunque no cantaba si hacia tronar el trombón porque nos daba esa sustancia, esa inspiración para sacar nuestro mejor juego. Luego en 1977 te maravillaste, te enmudeciste al ver aquel long playing Baquiné de Angelitos Negros, donde Willie Colón inspirado en el poema de Andrés Eloy Blanco creó un ballet televisivo donde fusionó la salsa, con elementos sinfónicos y afrocaribeños. Siempre los compases de Colón recargaban la atmósfera de esa química indescifrable de naturalidad y efusividad, fuese Lavoe o Rubén Blades, hasta que cristalizaba la esencia de esos muchachos jugando en la calle, integrando emociones hasta destilarlas en sentires serenos y de pronto no sabías como habías atrapado esa pelota o como habías escuchado a tu compañero en vez de gritarle. Por eso todavía sacas aquel larga duración llamado Fantasmas, de cartones azul celeste y vuelves a colocar la aguja en aquella espiritual canción “Oh que será”, para tí tal vez la adaptación más magistral que se haya ejecutado en el mundo de la salsa, tal vez hasta el propio Chico Buarque se haya atragantado al escuchar esa joya. Escuchas la aguija saltar en medio de un chisporroteo de agua en aceite caliente y sientes toda la energía de esa música. Tal vez esa energía es solo comparable con aquel solo de trombón de Willie Colón en aquel último trabajo junto a Rubén Blades (“..que a besos yo te levante al rayar el día..” Letra de Tití Amadeo), todo un estruendo melódico, que siempre hará extrañar esa dupla Colón-Blades como la de Lavoe-Colón cuando al final de una presentación Lavoe exclamaba, “nos la comimos Willie”.
Alfonso L. Tusa C. Febrero 21, 2026.

Venezolanismos

Hay palabras, modismos, refranes o expresiones propias de una cultura, de una manera de asimilar la vida, de una jerga muy particular que constituye la esencia de eso que se lleva por dentro y más que procesión es entraña, diferencia, esa manera distinta de respirar. Hay expresiones muy gráficas como “taparero”, es un regionalismo cumanés para referir una discusión o enfrentamiento muy fuerte, con gritos y hasta impactos físicos. También hay imágenes, relatos o pinturas orales como cuando en Cumanacoa hacia los 1960s o 1970s alguien hablaba del “pito” (silbato) del central (ingenio) azucarero como referencia para levantarse en la mañana para ir a la escuela, saber que estaba cerca la hora de almorzar a mediodía o intuir que la esperada hora de salir de la escuela al atardecer estaba cerca. También hay otras palabras sacadas de su contexto original que se conocen en la jerga de todo un país. Hay una canción de Aldemaro Romero (El Catire), donde se dice: “Doña, póngale reparo al muchachito... mire que se va a dá una matá..” Matá es una abreviación del participio pasado “matada” y hay que conocer el lenguaje venezolano para entender el significado de esa frase o esa palabra, En este caso la palabra “matá” no tiene nada que ver con dejar de existir. Los intrincados pasadizos de los venezolanismos indican que significa una caída violenta de consecuencias complicadas, como una hematoma o cortadura. Tal vez dos de las expresiones más gráficas o elocuentes de la jerga venezolana las aprendí o entendí cuando en mi infancia en Cumanacoa, varios de mis compañeros de jugar pelota siempre se molestaban cuando los dejaban fuera para el primer juego de la mañana, esa molestia duraba hasta que alguno mencionaba que prefería estar sin jugar en esos juegos y que lo seleccionaran para jugar contra el equipo de los faramalleros esos que siempre andan diciendo que nadie les gana. Entonces había conato de discusión fuerte porque los que estaban jugando empezaban a llamar llorones a quienes quedaron en la banca. Algunos trataban de calmar los ánimos al decir, no les hagan caso solo es mamadera de gallo.
Alfonso L. Tusa C. Febrero 21, 2026.

Preguntas y respuestas con el ex relevista de los Medias Rojas de Boston Bob Stanley.

By Michael McCord. 27 de febrero de 2009.
En un reciente día invernal, el pitcher de ligas menores Chris Anderson trabaja  sus fundamentos de béisbol en el Centro de Entrenamientos USA de Newington. Anderson, 22, es nativo de Portsmouth y lanza en la categoría Clase A del sistema de granjas de los Mellizos de Minnesota. Está a unas semanas de viajar a los entrenamientos primaverales, por lo cual trabaja en su movimiento, la ubicación de sus piés, la postura y sobre todo la mecánica de sus envíos, bajo la mirada vigilante de un coach quién conoce muy bien lo que es ser un pitcher profesional, Bob Stanley, el antíguo lanzador de los Medias Rojas de Boston quién fue unos de los mejores relevistas de su época.  “Siempre me ha gustado trabajar con los muchachos”, dijo Stanley, una antigua escogencia de los Medias Rojas en la primera ronda del draft de 1974, quién permaneció toda su carrera con el equipo, desde 1977 a 1989. Stanley, quién era conocido como “The Steamer” en sus días de jugador, todavía es el líder del club en juegos salvados con 132. Eso ocurrió en una época cuando los cerradores trabajaban a menudo más de 1 inning.  “Mi primera aparición fue el día inaugural de 1977 en Cleveland. Lancé 4 innings y me llevé el salvado”, dijo Stanley. Desde su retiro en 1989 debido a una inusual lesión en la mano, Stanley ha sido coach de pitcheo en las ligas menores por 12 años. Los últimos 6 años trabajó con los Defenders de Connecticut, un equipo afiliado a los Gigantes de San Francisco que participa en la Eastern League AA. También trabajó con los Fisher Cats de New Hampshire en Manchester. Stanley estima que durante su estadía con los Gigantes ha tutoreado tantos como 9 lanzadores que luego han subido a la Gran Carpa.  Stanley, quién estaba en el montículo cuando los Medias Rojas desaprovecharon la oportunidad de ganar la Serie Mundial de 1986 contra los Mets de Nueva York, mostró a sus estudiantes la importancia de saber enfrentar los altibajos del juego y de seguir adelante en la próxima salida.  Después de mudarse a Stratham el año pasado, Stanley rechazó un contrato de los Gigantes para otro trabajo en ligas menores, esta vez en Georgia, decidió que era tiempo de quedarse en casa. A través de un contacto local, se relacionó con Dave Hoyt, quién regenta los centros de Entrenamiento USA, los cuales se están convirtiendo rapidamente en referencias de primera mano al norte de Nueva Inglaterra, en cuanto a entrenamiento especializado en béisbol y softbol. P: ¿Cómo llegaste a los Centros de Entrenamiento USA? Bob Stanley: Luego de rechazar una oferta de trabajo con un equipo Clase A baja en Augusta, Ga., Conocí a Dave (Hoyt) a través de un amigo mutuo (un empresario de Portsmouth) PeterWeeks. Siempre me había agradado trabajar con muchachos. En las ligas menores pasas mucho tiempo metido en un autobús y trabajando con pitchers jóvenes. Tenía ese deseo de enseñarles lo que aprendí de tantos grandes coaches de pitcheo. Todo lo que sé es de béisbol. P:¿Qué es lo que hace un buen coach de pitcheo? BS: Yo enseño balance, como sacar la pelota del guante y usar los ojos para aprender como colocar la pelota. Estos son aspectos de pitcheo simples pero cruciales que si no los aprendes terminas visitando a Bill Morgan (el antíguo médico cirujano de los Medias Rojas de Boston) con el brazo lesionado. No soy partidario de leer libros sobre la teoría del pitcheo. Me interesa más hacer énfasis en los fundamentos y tener un programa de pitcheo completo.
P:¿Cuan importante es el temperamento para llegar a las Grandes Ligas? BS: Algunas veces jugamos a ser psicólogos. A veces no es el talento puro lo que te hace llegar a la meta. Hay que aprender a lidiar con los errores. Como enfrentar lo bueno y lo malo que viene con cada juego. He visto chicos muy talentosos que no supieron manejar los altibajos. P:¿Por qué no firmaste con los Dodgers, quienes te draftearon originalmente? BS: No quise firmar por los $4000 que me ofrecieron, porque pensaba que merecía más. En aquellos días, había draft de verano y de invierno. Decidí rechazarlos y regresar al draft. Los Dodgers notificaron mi rechazo y terminé trabajando en una compañía química de Nueva Jersey  por algunos meses, antes que los Medias Rojas me draftearan en 1974. Decidí que no quería trabajar más en aquella compañía. Firmé con los Medias Rojas por $4000. P:¿Por qué nunca trabajaste con los Medias Rojas? BS: Hice la solicitud varias veces a lo largo de los años. Pero nunca me dieron la oportunidad. Estuve en el sistema de granjas de los Mets de Nueva York por 6 años. Y luego 6 años con los Gigantes. P:¿Quiénes fueron tus maestros de pitcheo? BS: Johnny Podres, Al Jackson, Lee Stange y Bill Fischer. Todos fueron pitchers veteranos, quienes me enseñaron como pitchear. Yo he compartido todo lo que sé, con los pitchers con quienes he trabajado. P¿Qué piensas de tu compañero de equipo Jim Rice, finalmente elegido al Salón de la Fama del Béisbol? BS: Ya era tiempo. Debió haber entrado más temprano. P: ¿Te gustaría regresar al béisbol profesional? BS: Realmente disfruto lo que hago ahora, trabajando con jóvenes y viéndolos progresar. No extraño los largos viajes en autobús, y voy a disfrutar mi primer verano con la familia en 13 años, voy a trabajar con los niños y a jugar algo de golf. No estoy seguro si mi esposa me va a soportar tanto tiempo en casa.  
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Marzo 04, 2009.

Esquina de las Barajitas: Joe Foy.

Bruce Markusen. Los trabajadores del Salón de la fama también son seguidores del beisbol y aman compartir sus historias. Aquí está la p...