The Human Side of Baseball. Anécdotas. Vivencias.
Se busca plasmar la conexión entre el béisbol y la vida, como cada regla del juego resulta una escuela de reflexión hasta para los seguidores más remotos cuando los sucesos del mundo indican que ciertas veces las normas de justicia son violadas; el transcurso de las sentencias de bolas y strikes reflejan la pertinencia y compromiso de cada pelotero en respetar la presencia del árbitro.Cada jugador deja lo mejor de sí sobre el campo de juego a pesar de lo complicado que pueda ser su vida.
sábado, 21 de febrero de 2026
Willie Colón: Una música suturada en el Alma Latinoamericana.
“...ese que toca la flauta, se llama Willie Colón..” Siempre te llamó la atención que esa línea de aquella canción “La Murga” mencionase al músico borícua interpretando un instrumento diferente a su icónico trombón o su impactante trompeta. Luego supiste que Willie Colón tuvo una formación musical que abarcaba varios instrumentos incluido el piano. Leer sobre su fallecimiento trae por momentos pedazos de películas biográficas de 1969 o 1970 con incisos de 1972 y 1981. Cada vez que salíamos a jugar beisbol en la calle Las Flores o en el solar de asfalto frente al centro de salud de Cumanacoa, esa orquesta de trombones atiplada por la intensidad vocal de Héctor Lavoe, nos hacía tomar un ritmo infinito de pasos imperceptibles que hacía tomar roletazos invisibles y despachar lineazos que se perdían en la inmensidad del cañaveral posterior al centro de salud. Solo teníamos que seguir la letra y el ritmo de esa orquesta y el juego adquiría dimensiones especiales.
Luego cuando el juego terminaba, cuando hablábamos de los errores cometidos, del batazo decisivo, de la jugada fantasmal,seguíamos escuchando a la distancia un radio, una caravana de éxitos en Radio Sucre donde Lavoe seguía cantando “panameña, panameña como tu estás....panameña, panameña que linda estás...” Había una quimica inexplicable, una sustancia efervescente que nos hacía explicar cada detalle del juego sin atropellarnos, ni mucho menos pelearnos,todo fluía con una cadencia de octavas y diapasón, de clavijas y botones, de acordes y allegros punzantes cargados de éxtasis y armonías. Si, todos queríamos conocer al tipo ese que aunque no cantaba si hacia tronar el trombón porque nos daba esa sustancia, esa inspiración para sacar nuestro mejor juego. Luego en 1977 te maravillaste, te enmudeciste al ver aquel long playing Baquiné de Angelitos Negros, donde Willie Colón inspirado en el poema de Andrés Eloy Blanco creó un ballet televisivo donde fusionó la salsa, con elementos sinfónicos y afrocaribeños.
Siempre los compases de Colón recargaban la atmósfera de esa química indescifrable de naturalidad y efusividad, fuese Lavoe o Rubén Blades, hasta que cristalizaba la esencia de esos muchachos jugando en la calle, integrando emociones hasta destilarlas en sentires serenos y de pronto no sabías como habías atrapado esa pelota o como habías escuchado a tu compañero en vez de gritarle. Por eso todavía sacas aquel larga duración llamado Fantasmas, de cartones azul celeste y vuelves a colocar la aguja en aquella espiritual canción “Oh que será”, para tí tal vez la adaptación más magistral que se haya ejecutado en el mundo de la salsa, tal vez hasta el propio Chico Buarque se haya atragantado al escuchar esa joya. Escuchas la aguija saltar en medio de un chisporroteo de agua en aceite caliente y sientes toda la energía de esa música. Tal vez esa energía es solo comparable con aquel solo de trombón de Willie Colón en aquel último trabajo junto a Rubén Blades (“..que a besos yo te levante al rayar el día..” Letra de Tití Amadeo), todo un estruendo melódico, que siempre hará extrañar esa dupla Colón-Blades como la de Lavoe-Colón cuando al final de una presentación Lavoe exclamaba, “nos la comimos Willie”.
Alfonso L. Tusa C. Febrero 21, 2026.
Venezolanismos
Hay palabras, modismos, refranes o expresiones propias de una cultura, de una manera de asimilar la vida, de una jerga muy particular que constituye la esencia de eso que se lleva por dentro y más que procesión es entraña, diferencia, esa manera distinta de respirar. Hay expresiones muy gráficas como “taparero”, es un regionalismo cumanés para referir una discusión o enfrentamiento muy fuerte, con gritos y hasta impactos físicos. También hay imágenes, relatos o pinturas orales como cuando en Cumanacoa hacia los 1960s o 1970s alguien hablaba del “pito” (silbato) del central (ingenio) azucarero como referencia para levantarse en la mañana para ir a la escuela, saber que estaba cerca la hora de almorzar a mediodía o intuir que la esperada hora de salir de la escuela al atardecer estaba cerca.
También hay otras palabras sacadas de su contexto original que se conocen en la jerga de todo un país. Hay una canción de Aldemaro Romero (El Catire), donde se dice: “Doña, póngale reparo al muchachito... mire que se va a dá una matá..” Matá es una abreviación del participio pasado “matada” y hay que conocer el lenguaje venezolano para entender el significado de esa frase o esa palabra, En este caso la palabra “matá” no tiene nada que ver con dejar de existir. Los intrincados pasadizos de los venezolanismos indican que significa una caída violenta de consecuencias complicadas, como una hematoma o cortadura.
Tal vez dos de las expresiones más gráficas o elocuentes de la jerga venezolana las aprendí o entendí cuando en mi infancia en Cumanacoa, varios de mis compañeros de jugar pelota siempre se molestaban cuando los dejaban fuera para el primer juego de la mañana, esa molestia duraba hasta que alguno mencionaba que prefería estar sin jugar en esos juegos y que lo seleccionaran para jugar contra el equipo de los faramalleros esos que siempre andan diciendo que nadie les gana. Entonces había conato de discusión fuerte porque los que estaban jugando empezaban a llamar llorones a quienes quedaron en la banca. Algunos trataban de calmar los ánimos al decir, no les hagan caso solo es mamadera de gallo.
Alfonso L. Tusa C. Febrero 21, 2026.
Preguntas y respuestas con el ex relevista de los Medias Rojas de Boston Bob Stanley.
By Michael McCord. 27 de febrero de 2009.
En un reciente día invernal, el pitcher de ligas menores Chris Anderson trabaja sus fundamentos de béisbol en el Centro de Entrenamientos USA de Newington. Anderson, 22, es nativo de Portsmouth y lanza en la categoría Clase A del sistema de granjas de los Mellizos de Minnesota. Está a unas semanas de viajar a los entrenamientos primaverales, por lo cual trabaja en su movimiento, la ubicación de sus piés, la postura y sobre todo la mecánica de sus envíos, bajo la mirada vigilante de un coach quién conoce muy bien lo que es ser un pitcher profesional, Bob Stanley, el antíguo lanzador de los Medias Rojas de Boston quién fue unos de los mejores relevistas de su época.
“Siempre me ha gustado trabajar con los muchachos”, dijo Stanley, una antigua escogencia de los Medias Rojas en la primera ronda del draft de 1974, quién permaneció toda su carrera con el equipo, desde 1977 a 1989. Stanley, quién era conocido como “The Steamer” en sus días de jugador, todavía es el líder del club en juegos salvados con 132. Eso ocurrió en una época cuando los cerradores trabajaban a menudo más de 1 inning.
“Mi primera aparición fue el día inaugural de 1977 en Cleveland. Lancé 4 innings y me llevé el salvado”, dijo Stanley. Desde su retiro en 1989 debido a una inusual lesión en la mano, Stanley ha sido coach de pitcheo en las ligas menores por 12 años. Los últimos 6 años trabajó con los Defenders de Connecticut, un equipo afiliado a los Gigantes de San Francisco que participa en la Eastern League AA. También trabajó con los Fisher Cats de New Hampshire en Manchester. Stanley estima que durante su estadía con los Gigantes ha tutoreado tantos como 9 lanzadores que luego han subido a la Gran Carpa.
Stanley, quién estaba en el montículo cuando los Medias Rojas desaprovecharon la oportunidad de ganar la Serie Mundial de 1986 contra los Mets de Nueva York, mostró a sus estudiantes la importancia de saber enfrentar los altibajos del juego y de seguir adelante en la próxima salida.
Después de mudarse a Stratham el año pasado, Stanley rechazó un contrato de los Gigantes para otro trabajo en ligas menores, esta vez en Georgia, decidió que era tiempo de quedarse en casa. A través de un contacto local, se relacionó con Dave Hoyt, quién regenta los centros de Entrenamiento USA, los cuales se están convirtiendo rapidamente en referencias de primera mano al norte de Nueva Inglaterra, en cuanto a entrenamiento especializado en béisbol y softbol.
P: ¿Cómo llegaste a los Centros de Entrenamiento USA?
Bob Stanley: Luego de rechazar una oferta de trabajo con un equipo Clase A baja en Augusta, Ga., Conocí a Dave (Hoyt) a través de un amigo mutuo (un empresario de Portsmouth) PeterWeeks. Siempre me había agradado trabajar con muchachos. En las ligas menores pasas mucho tiempo metido en un autobús y trabajando con pitchers jóvenes. Tenía ese deseo de enseñarles lo que aprendí de tantos grandes coaches de pitcheo. Todo lo que sé es de béisbol.
P:¿Qué es lo que hace un buen coach de pitcheo?
BS: Yo enseño balance, como sacar la pelota del guante y usar los ojos para aprender como colocar la pelota. Estos son aspectos de pitcheo simples pero cruciales que si no los aprendes terminas visitando a Bill Morgan (el antíguo médico cirujano de los Medias Rojas de Boston) con el brazo lesionado. No soy partidario de leer libros sobre la teoría del pitcheo. Me interesa más hacer énfasis en los fundamentos y tener un programa de pitcheo completo.
P:¿Cuan importante es el temperamento para llegar a las Grandes Ligas?
BS: Algunas veces jugamos a ser psicólogos. A veces no es el talento puro lo que te hace llegar a la meta. Hay que aprender a lidiar con los errores. Como enfrentar lo bueno y lo malo que viene con cada juego. He visto chicos muy talentosos que no supieron manejar los altibajos.
P:¿Por qué no firmaste con los Dodgers, quienes te draftearon originalmente?
BS: No quise firmar por los $4000 que me ofrecieron, porque pensaba que merecía más. En aquellos días, había draft de verano y de invierno. Decidí rechazarlos y regresar al draft. Los Dodgers notificaron mi rechazo y terminé trabajando en una compañía química de Nueva Jersey por algunos meses, antes que los Medias Rojas me draftearan en 1974. Decidí que no quería trabajar más en aquella compañía. Firmé con los Medias Rojas por $4000.
P:¿Por qué nunca trabajaste con los Medias Rojas?
BS: Hice la solicitud varias veces a lo largo de los años. Pero nunca me dieron la oportunidad. Estuve en el sistema de granjas de los Mets de Nueva York por 6 años. Y luego 6 años con los Gigantes.
P:¿Quiénes fueron tus maestros de pitcheo?
BS: Johnny Podres, Al Jackson, Lee Stange y Bill Fischer. Todos fueron pitchers veteranos, quienes me enseñaron como pitchear. Yo he compartido todo lo que sé, con los pitchers con quienes he trabajado.
P¿Qué piensas de tu compañero de equipo Jim Rice, finalmente elegido al Salón de la Fama del Béisbol?
BS: Ya era tiempo. Debió haber entrado más temprano.
P: ¿Te gustaría regresar al béisbol profesional?
BS: Realmente disfruto lo que hago ahora, trabajando con jóvenes y viéndolos progresar. No extraño los largos viajes en autobús, y voy a disfrutar mi primer verano con la familia en 13 años, voy a trabajar con los niños y a jugar algo de golf.
No estoy seguro si mi esposa me va a soportar tanto tiempo en casa.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Marzo 04, 2009.
viernes, 20 de febrero de 2026
El adiós del último de los DiMaggio.
Al enterarme del fallecimiento de Dom DiMaggio este el viernes 08 de mayo de 2009 fue inevitable regresar a la sal del hogar de mis padres una tarde dominical de mediados de los años setenta. En el televisor pasaban la biografía de Joe DiMaggio. Papá veía la pantalla de reojo. Sólo cuando empezaron a hablar que los padres de los jardineros centrales Vince, Joe y Dominic eran inmigrantes sicilianos, sus ojos se clavaron en las imágenes de blanco y negro.
Dominic siguió a los Medias Rojas de Boston hasta el último momento. Al expirar su último suspiro, el televisor de su habitación transmitía la repetición del juego del jueves entre los Indios de Cleveland y los patirrojos.
Papá sonrió cuando hablaron de la cadena de 56 juegos dando de hit de Joe. Sus conocimientos del béisbol llegaban hasta cierto punto. Por eso cuando explicaron que Dom había impuesto una marca de 503 outs para un center fielder en 1948 que fue batida por Chet Lemon en 1977 giró sus manos hacia delante y estrechó los ojos.
Su apodo de “Pequeño Profesor”, iba más allá de las simples apariencias de un hombre de 1,75 metros que usaba espejuelos. Fue un genio de las matemáticas quién consiguió una beca para estudiar en la Universidad de Santa Clara y luego de retirarse estableció un exitoso negocio para lo cual le sirvieron de mucho sus conocimientos.
De acuerdo a declaraciones del hijo de Dom DiMaggio, Dominic Paul, su padre respetaba mucho al tío Joe y todo lo que hizo. Pero nunca se sintió inferior, era un gran competidor. Enos Slaughter dijo que su carrera descabellada de la Serie Mundial de 1946, que terminó dándole el título a los Cardenales de San Luis, estuvo a punto de ser detenida en tercera base, pero recordó que Dom DiMaggio no estaba en el centerfield. Dom había igualado el partido a 3 carreras en el octavo inning con un doble de dos carreras pero se lesionó un músculo de la pierna al deslizarse en segunda y debió salir del juego.
Dom dice que ver la carrera de Slaughter hacia el plato en la Serie Mundial fue muy doloroso para él, antes del batazo de Harry Walker estuvo haciéndole señas desde el dugout a su sustituto, Leon Culberson, pero este no lo vio y no se ubicó en el lugar que le indicaba Dom DiMaggio.
Papá se quedó mirando las declaraciones que hacía Joe DiMaggio sobre sus hermanos Vince y Dominic. De este ùltimo en principio dudaba si iba a ser capaz de jugar en las Grandes Ligas pero pronto notó que esas dudas eran infundadas. “Los únicos que sabían bien quién era Dom eran los aficionados de Boston, pero en el resto del país no le daban mucho crédito. Él podía tocar la pelota, podía hacer la jugada de bateo y corrido, podía batear largo si tenía que hacerlo, podía robar bases. Te podía vencer de muchas formas”.
Su compañero de los Medias Rojas Mace Brown siempre habló de la calidad defensiva de Dom. “Jugaba muy corto en el jardín central, su rapidez e inteligencia le permitían hacer eso. Muchos juegos se salvaron y muchos rallies detenidos porque Dom venía corriendo a tomar flancitos detrás de segunda cuando estaban a punto de caer y después de tomar la bola no se caía, sino que hacía el disparo donde debía hacerlo”.
En la televisión hablaban las fechas de nacimiento de los 3 center fielders DiMaggio. Vince, Joe y Dominic quién nació en San Francisco en 1917 y empezó a jugar con sus hermanos en terrenos baldíos, las bases eran piedras, usaban una pelota vieja ajustada con cinta plástica, su bate era una pedazo de remo que tomaban del bote de su padre el pescador Giusseppe DiMaggio. Papá sonreía cada vez más con las imágenes de la familia DiMaggio.
Dom DiMaggio siempre estuvo pendiente de los peloteros de su época que adolecían de una pensión, por mucho tiempo donó el dinero que hacía firmando autógrafos, a la Asociación Americana de Jugadores de Béisbol Profesional, una organización que ayudaba a mantener a los jugadores en edad avanzada que carecían de un plan de retiro.
Los recuerdos de Dominic Paul acompañando a su padre hasta lo profundo del center field de Fenway Park para despedirse como jugador activo, se mezclan con las emociones de papá pegado del televisor viendo a los DiMaggio jugar “bochas” en el patio de su casa, una música de fondo suena por detrás de una conversación donde Dom le comenta al periodista: “Hubiéramos jugado por nada si no tuvieramos que comer o familias que mantener. Era una gran emoción que sentía al jugar béisbol. También lo fue para mí demostrar que podía jugar a pesar de usar lentes”.
Alfonso L. Tusa C. Mayo 13, 2009.
jueves, 19 de febrero de 2026
Extracto de un texto inédito.
Cada vez que Basilio se acercaba, Antulio se retiraba siete, diez, quince, cuarenta metros. No entendía, no asimilaba, no le entraba en la cabeza que ese hombre que tanto le había hablado de respeto y consideración se convirtiera en un descuartizador con un bate en las manos. Más de una vez se despertó gritando, “vamos batéame uno de esos lineazos que le disparabas a Matías”, la mirada se le dispersaba en la oscuridad de las tres de la madrugada y pasaba minutos sentado en la cama. Siempre quiso buscar una referencia de parte de un entrenador profesional respecto a la mejor metodología para enseñar a un niño las técnicas y tácticas defensivas de un jugador del cuadro interior. Había encontrado artículos muy técnicos, muy mecánicos, por eso se emocionó hasta ahogar un grito cuando haló aquella entrevista de Cal Ripken Jr. El campocorto de los Orioles de Baltimore explicaba con muchos detalles como enseñar a un niño a atacar roletazos. Había un tono de respeto y consideración y respeto que heló a Antulio.
“Jamás se debe batear roletazos o líneas contundentes a ningún niño en una práctica. Ni siquiera al 75 por ciento de intensidad”, Ripken enfatizaba que lo más importante era que el niño aprendiera a leer, a atacar los batazos. La intensidad, era algo que de debía aprender durante los juegos, ante peloteros de su edad o parecida. Nunca se debe acelerar, apurar el proceso de aprendizaje, de desarrollo físico y mental de un niño. Jamás se le debe exigir como a un adulto. Los avances, el progreso, desarrollo solo lo va a determinar el propio niño con sus gestos, actitud,disposición. No se debe confundir saber respetar las etapas en la vida de un niño con malcriar o mimar en exceso. Malcria muchas veces puede ser maltratar, vejar, humillar al niño con la excusa de la disiplina. La disciplina trata de cumplir normas, y para eso no hace falta acosar, acorralar. De esa manera solo se consigue aislar al niño, silenciarlo hasta la mudez, cargarlo de inseguridad, mancharle la mirada de tristeza.
Alfonso L. Tusa C. Febrero 19, 2026.
miércoles, 18 de febrero de 2026
Esa otra arista del Beisbol.
En la actualidad el beisbol por momentos muestra actitudes lamentables como quedarse mirando la pelota ante la inminencia del jonrón conectado, lanzar el bate con displicencia varias veces hacia el dugout, en ocasiones hacia el dugout rival, o hacer gestos burlones hacia el rival cuando se le poncha o domina con rodado al montículo o elevado al cuadro. En ocasiones también hay declaraciones desafortunadas de los técnicos al utilizar palabras totalmente ajenas al juego, al contexto del beisbol. Sin embargo aún existen peloteros que arrancan a correr con cualquier batazo aunque intuyan que es un jonrón y también se retiran a buscar la bolsa de la pez rubia cada vez que ponchan o retiran a un contrario.
Una de estas tardes,en un episodio de una serie televisiva, un niño luego de sufrir fractura de cuello en un accidente automovilistico, pide desde la camilla que le busquen su album de barajitas de beisbol en el carro. Cuando el bombero va a buscarlo el carro estalla en llamas. El bombero se acerca al niño y le dice que tambien tiene barajitas de los Cachorros de Chicago pero no del equipo que ganó la Serie Mundial de 2016, sino de los oseznos de 1989 cuando su pitcher principal era un tal Greg Maddux, el niño en medio de sus dolor, sonríe y dice saber quien es Maddux. Todo se complica cuando la esposa del bombero le recuerda que el vendió esas barajitas de los Cachorros de Maddux. Entonces le pide a su esposa que le haga unas galletas de chocolate y almendras y se aventura hacia las inmediaciones del mítico Wrigley Field, el hogar de los Cachorros. Cuando el niño sale del hospital el bombero lo invita a la estación y salen a pasear en el camión, aún con los ojos desorbitados el niño se aprieta el cabestrillo al hombro lesionado y apura el paso hacia el terreno de Wrigley Field donde lo recibe Kris Bryant y el equipo de los Cachorros.
Esa atmósfera propia del beisbol que se aprendió a vivir desde esas demostraciones de coraje y determinación de aquellos pitchers que lanzaban nueve, once o hasta catorce innings y discutían con el manager cuando intentaba relevarlos, de aquel juego donde Jerry Adair debió salir de un juego de los Orioles de Baltimore por un pelotazo en la boca que ameritó varios puntos de sutura internos y externos, para el segundo juego de esa jornada, Adair estaba otra vez en alineación tan voluntarioso y humorístico como siempre. Desde aquel momento previo a un juego decisivo de la temporada 1993-1994 cuando Álvaro Espinoza con uno o dos dedos del pie fracturados le dijo al cuida cuartos que cortara ese pedazo de sus spikes para salir a defender al Magallanes en un juego crucial, el tipo lo miraba casi paralizado y Álvaro le dijo que se apresurase que faltaban pocos minutos para que cantasen play ball. Durante el juego casi nadi notó el corte en la zona delantera del spike, Álvaro jugaba con tan intensidad como si sus dedos estuviesen completamente sanos. En algún momento de 1970 o 1971 Armando Ortiz (aquel jardinero de Magallanes que siempre salía a sorprender a todos a finales de los 1960s o inicios de los 1970s) realizó una atrapada inmensa que le costó un impactó muy fuerte que lo dejó tirado sobre la zona de seguridad unos minutos.Aunque los quiroprácticos del equipo recomendaron que debía retirarse del juego, Ortíz insistió en seguir jugando y completó el juego. Al día siguiente los exámenes médicos revelaron fisura en el hombro izquierdo y torcedura de tobillo.
Mientras buscaba la marca de más juegos seguidos jugados en las ligas mayores, Cal Ripken Jr, recibió un pelotazo en el rostro que le fracturó el tabique nasal, cuando regresó al dugout, se fue al vestuario y el mismo se enderezó el tabique, cuando el equipo salió de nuevo al terreno Ripken ocupaba otra vez su lugar en el campocorto.
En la actualidad hay peloteros como José Altuve, Mookie Betts, Garret Crochet, Aaron Judge o Miguel Rojas que demuestran que la esencia del juego, el respeto por el rival aún sigue en el ambiente. Que aquella imagen de Mickey Mantle corriendo las bases cabizbajo luego de conectar un jonrón,sigue flotando en la conciencia sino de muchos si de unos cuantos que aún recuerdan la honorabilidad del beisbol.
Alfonso L. Tusa C. Febrero 17, 2026.
lunes, 16 de febrero de 2026
Conciencia
Se puede intentar descifrar porque una buena parte de un equipo deportivo haya decidido celebrar su victoria junto a la nomenclatura dudosa de un régimen que ha significado dolor, oprobio, destrucción, muerte, por 27 años para mis hermanos, mi familia, mi gente. Me siento muy lejos de esas posiciones, porque significa prestarse para maquillar las heridas profundas y latentes de un país acribillado hasta fracturarle los huesos, humillado hasta borrar la dignidad, vejado hasta apuñalar el respeto. La decisión de simpatizar por un equipo deportivo, en mi caso Navegantes del Magallanes, es un acto muy personal, muy íntimo, en mi caso muy ligado a la familia, porque fue a través de escuchar por radio los juegos del Magallanes como aprendí a compartir momentos gratos e imborrables con mis hermanos, muchos de los cuales han muerto en estos 27 años no precisamente por ley natural sino por pensar distinto a los designios del gran hermano, como decía George Orwell en 1984. Eso nunca me lo podrá arrebatar ninguna posición circunstancial, ni resabio de fanatismo.
Alfonso L. Tusa C. Feberero 16, 2026.
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