viernes, 22 de mayo de 2026

El Superestrella Silencioso.

Paul Simon. The New York Times. Marzo 09, 1999.
Mi opinión respecto a la leyenda del beisbol Joe DiMaggio no sería de particular interés para el público general si no fuese por el hecho de que hace más de 30 años escribí la canción “Mrs. Robinson”, cuya letra “Where have you gone Joe DiMaggio? A nation turns its lonely eyes to you” (“¿A donde te has ido Joe DiMaggio? Toda una nación vuelve su solitaria mirada hacia tí”)aludía a eso y a la vez, probablemente realzó la estatura de DiMaggio en el panorama iconográfico estadounidense. Pocos años después que “Mrs. Robinson” alcanzase el número 1 en las carteleras pop, yo estaba cenando en un restaurante italiano donde DiMaggio estaba sentado con un grupo de amigos. Yo había escuchado un rumor de que él estaba molesto con la canción y había considerado demandar, así que con cierta aprensión me acerqué y presenté como compositor de la canción. No había de que preocuparse: él fue muy cordial y me invitó a tomar asiento, acto seguido entablamos conversación sobre el único tema que teníamos en común. “Lo que no entiendo”, dijo él, “es por qué preguntas a donde he ido. Hace poco hice un comercial de Mr. Coffee, soy vocero del Bowery Savings Bank. No me he ido a ninguna parte”. Respondí que había escrito esa letra no desde el sentido literal, que pensaba en él como un héroe estadounidense y que los verdaderos héroes escaseaban. Él aceptó mi explicación y me agradeció. Estrechamos manos y nos despedimos. Ahora en la penumbra de su deceso, me encuentro reflexionando sobre esa explicación. Si, él fue un ícono cultural, un héroe si se prefiere, pero no de mi generación. Él pertenecía a la juventud de mi padre: fue un tipo de la segunda guerra mundial cuya carrera empezó en los días de babe Ruth y Lou Gehrig y terminó con la llegada del joven Mickey Mantle (quien fue, en realidad, mi pelotero favorito). En los 1950s y 1960s era costumbre referirse al beisbol como una metáfora de Estados Unidos, y DiMaggio representaba los valores de ese Estados Unidos: excelencia y cumplimiento del deber (él ha menudo jugaba con dolor) combinados con una gracia que implicaba pureza de espíritu, dignidad fuera del terreno y una vida privada guardada con celo. Se decía que seguía guardando luto por su ex esposa, Marilyn Monroe, y enviaba flores frescas a su tumba cada semana. Como hombre que se casó con una de las mujeres más famosas y notoriamente neuróticas de Estados Unidos, él nunca habló de ella en público. Entendía el valor del silencio. Él era la antítesis de los años 60, iconoclastas, que expandían la mente y desafiaban la autoridad, por lo que creo que sospechaba que había un significado oculto en mis letras.El hecho de que esas frases fueran sinceras y que, con el paso de los años, se hayan interpretado como un anhelo de héroes y heroísmo, refleja los deseos subconscientes de nuestra cultura. Necesitamos héroes y buscamos candidatos para ser consagrados.
¿Por qué hacemos esto aunque sabemos que la atribución de características heroicas es casi siempre una distorsión? Analizado y examinado, el héroe resulta ser tan mezquino y egocéntrico como tú y yo. Lo sabemos, pero aun así lo ensalzamos. Lo deificamos, aunque sabemos que la deificación a menudo mata, como en los casos de Elvis Presley, la princesa Diana y John Lennon. Incluso cuando se salva la vida del héroe, la fama y la idolatría envenenan y dañan. No me cabe duda de que DiMaggio sufrió por ser DiMaggio. Causamos este daño sin malicia porque nos fascinan los mitos, las historias y las alegorías. Hijo de inmigrantes italianos, padre pescador, crece en la pobreza en San Francisco y se convierte en el mejor jugador de béisbol de su época, se casa con una diosa estadounidense y jamás, ni de palabra ni de obra, mancha su leyenda y grandeza. Es «el Yankee Clipper», tan orgulloso y viril como un acorazado. Cuando el héroe trasciende la vida misma, la vida se magnifica y nuestra brújula moral se revela con una claridad renovada. El héroe nos permite medir nuestra bondad: «Vale, no soy la Madre Teresa, pero tampoco soy Jeffrey Dahmer. Mejor seguir intentándolo ante los ojos de Dios». ¿Cual es el significado más profundo del deceso de DiMaggio? ¿Es un verdadero héroe? Permitánme citar la estrofa completa de “Mrs. Robinson”: Sitting on a sofa on a Sunday afternoon (Sentado en el sofá un domingo por la tarde) Going to the candidates' debate (Asistiendo al debate de candidatos). Laugh about it, shout about it. (Riete de ello. Grítalo) When you've got to choose. (Cuando tengas que elegir) Every way you look at it you lose. (De la manera que lo mires pierdes) Where have you gone, Joe DiMaggio? (¿Donde te has ido Joe DiMaggio?) A nation turns its lonely eyes to you (Una nación vuelve sus ojos solitarios hacia tí) What's that you say Mrs. Robinson (Que dice usted Mrs Robinson) Joltin' Joe has left and gone away. (Joltin’ Joe se ha marchado e ido lejos) En estos días de trangresiones presidenciales, disculpas y entrevistas de horario estelar sobre asuntos sexuales privados, lamentamos la pérdida de Joe DiMaggio, su gracia y dignidad, su profundo respeto por la privacidad, su fidelidad a la memoria de su esposa y el poder de su silencio. El trabajo más reciente de Paul Simon fue el musical de Broadway “The Capeman”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Mayo 21, 2026.

martes, 19 de mayo de 2026

Mis Años de Beisbol.

 Philip Roth The New York Times.Abril 2, 1973
En uno de sus ensayos, George Orwell escribe que aunque no era muy bueno en ese juego, tuvo un largo amorío imposible con el cricket hasta que cumplió 16 años. Mis relaciones con el beisbol fueron similares. Desde la edad de 9 años hasta los 13, debo haber pasado semanas de 40 horas durante los meses sin nieve en los campos deportivos de vecindario fuesen de softbol, beisbol, o caimaneras circunstanciales, mientras simultaneamente desarrollaba un trabajo a tiempo completo como alumno en la escuela local de primaria y luego secundaria., como lo recuerdo, las noticias de los eventos públicos más cataclísmicos de mi niñez, la muerte del Presidente Roosevelt y el bombardeo de Hiroshima, me alcanzaron cuando estaba afuera “jugando pelota”. Mis actuaciones eran erráticas; buenas para esos juegos informales de “vente tú”, pero me faltaba la calma y experticia que los naturales mostraban en la alta competencia. Mi gusto y mi talento, eran más para la atrapada circunstancial que para el elevado que se perdía en las nubes, me encantaba correr y saltar, me gustaba eso de “todo o nada”, de alguna manera perdí la confianza al esperar y esperar que la pelota cayera donde yo estaba. Nunca jugué con el equipo de la escuela secundaria, aun así recuerdo que uno de los dos años que intenté en vano (en ambos sentidos de la palabra), hice una buena imitación del estilo de un pelotero capaz de bromear con el entrenador hasta el día cuando se separaba a los soñadores, del equipo definitivo y se entregaban los uniformes. Mi decepción, por profunda que fuese, no significó un cambio en mis planes para el futuro. Jugar beisbol no era a lo que los chicos judíos de nuestro barrio de clase media baja se dedicaban más adelante en la vida. Si me hubiesen expulsado de la escuela secundaria, se habría armado un gran lío en mi casa, y habría sentido mucha confusión y vergüenza,pero tal como sucedieron las cosas, mi familia se tomó mi disgusto con calma y no perdió la fe en mí más de la que perdí en mí mismo. Probablemente se habrían sorprendido si hubiese entrado en el equipo. Tal vez yo también. De seguro eso me habría puesto en una posición diferente con este juego que amaba con todo mi corazón, no simplemente por la diversión de jugarlo (la diversión era secundaria), sino por la dimensión mítica y estética que le da a la vida de un muchacho estadounidense (particularmente uno cuyos abuelos apenas hablaban inglés). Para alguien cuyas raíces en Estados Unidos eran fuertes pero solo de centímetros en profundidad, y que no tenía experiencia, como la podría tener un muchacho católico, de una jerarquía impresionante que era real y se sentía, el beisbol era una especie de iglesia secular que llegaba a cada clase y región de la nación y nos unía en preocupaciones comunes, lealtades, rituales, entusiasmo, y antagonismo. El beisbol me hizo entender de la mejor manera de que trataba el patriotismo. No es que Hitler, y la Marcha de la Muerte de Bataan, y la batalla por las islas Salomón, y la invasión de Normandía, no hicieran de mi y mis contemporáneos la que seguramente debe haber sido la generación más patriótica de escolares estadounidenses de nuestra historia (y la más voluntaria y exitosamente influenciada por la publicidad). Sino que la guerra que empezó cuando yo tenía ocho años de edad, había empujado al país hacia lo que le parecía a un niño, y no solo a un niño, una lucha a muerte (un forcejeo incondicional”) entre el bien y el mal. Cargada de posibilidades peligrosas e impensables que inevitablemente basado en la virtud moral y el odio sanguinario, el patriotismo que clava una bayoneta sobre la Biblia. Me parece que a través del beisbol llegué a entender y experimentar el patriotismo en sus aspectos más tiernos y humanos, lírico más que marcial o justo en espíritu, y sin el tufillo a celo santo, un patriotismo que no podía resumirse fácilmente en un eslogan, ni estar contenido en una fórmula pomposa a la que uno tuviese que jurar algo vago pero que abarcara toda la “lealtad”.
Cantar el Himno Nacional en el auditorio de la escuela cada semana, aún durante los peores años de la guerra, generalmente me dejaba frío, la educadora entusiasta agitaba sus brazos en el aire y obedecíamos con las palabras:” ¡Mira! ¡Luz! ¡Prueba! ¡Noche! ¡Ahí!” Nada se removió en nuestro interior, por muy estridentes que fuésemos; al final, solo fue otro ejercicio escolar.Pero los domingos en el Ruppert Stadium (una franja verde de pasto milagrosamente amurallada entre las fábricas, almacenes y depósitos de camiones de la sección industrial "Ironbound" de Newark), esperando a que los Bears de Newark se enfrentaran al enemigo del otro lado de los pantanos, los odiados Giants de Jersey City (dentro de nuestra iglesia las divisiones son profundas), me habría parecido una emoción desperdiciada si no hubiéramos tenido que ponernos de pie primero (mi padre, mi hermano y yo, junto con nuestros compatriotas hostiles, los irlandeses, alemanes, italianos, polacos de Newark y, en la África de las gradas, los negros de Newark) para celebrar la América que había dado a esta colección dispar de hombres y muchachos un juego tan grandioso y hermoso. Como durante mis días de escuela secundaria aprendí los nombres de las grandes instituciones de enseñanza superior no de un “orientador universitario”, sino organizando quinielas de fútbol americano universitario para un corredor de apuestas del barrio, así llegué a tener una idea más clara del panorama estadounidense al seguir a los equipos de ligas mayores en sus giras, y al leer de las docenas de equipos de ligas menores en las últimas páginas del The Sporting News, que mirando mapas de rutas pioneras en la escuela. El tamaño del continente finalmente te impactaba cuando tenías que quedarte despierto hasta las 10:30 pm en New Jersey (donde llovía) para escuchar via radio teletipo, al pitcher de los Cardenales Mort Cooper lanzar el primer strike de la noche ante el campocorto de Brooklyn, Pee We Reese en el caluroso Sportsmen Park de San Luis, Missouri. Y por mucho que nos enseñasen en clase sobre los mataderos de ganado o los disturbios de Haymarket, Chicago solo empezó a existir como un lugar real, a tener importancia en la historia estadounidense, cuando empecé a temer (como aficionado de los Dodgers) al bate de Phil Cavaretta, primera base de los Cachorros de Chicago. No fue hasta que fui a la universidad y conocí la literatura que encontré algo comparable a la atmósfera emocional y al atractivo fuerte y estético del beisbol. No me refiero a sugerir que fue un simple intercambio, una pasión por otra. Entre descubrir a los Bears de Newark y los Dodgers de Brooklyn a la edad de 7 u 8 años y mirar por primera vez “Lord Jim” de Conrad a la edad de 18, yo había crecido algo. Solo digo que mi descubrimiento de la literatura, y la ficción en particular, y el “romance” , en cierto modo desesperado, pero sincero, que ha surgido, deriva en parte de esta fascinación infantil por el beisbol. O quizás, con mayor precisión, el beisbol, con su tradición y leyendas, su poder cultural, sus asociaciones estacionales, su autenticidad intrínseca, sus reglas simples y estrategias transparentes, sus momentos largos y emocionantes, su amplitud, su suspenso, su peculiar tedio hipnótico, sus hazañas heroícas, sus matices, sus “personajes”, su lenguaje, y su sentido mítico de si mismo, fue la literatura de la niñez.
El beisbol como se jugaba en grandes ligas, era algo muy ajeno a mi vida, sin embargo podía conmoverme hasta el éxtasis y las lágrimas, algo que podía despertar la imaginación y mantener la atención tanto con sus minucias como con su gran dramatismo: la pierna flexionada de Mel Ott al batear la pelota, el desplazamiento de los pies de Jackie Robinson al avanzar hacia segunda base, tan profundamente conmovedor a lo largo de los años como aquella noche “inconcebible”, “inescrutable”, como cualquier noche que el Marlow de Conrad pudiera tener dificultades para comprender, la noche en que el salvaje de los Dodgers, Rex Barney (quien nunca estuvo a la altura de nuestras expectativas, quien debería haber sido nuestro Koufax) no solo completó el partido sin permitir media docena de carreras, sino que lanzó un juego sin imparables ni carreras. Un misterio apasionante, maravillosamente enriquecido por el hecho de que había estado cayendo una llovizna al anochecer, y Barney, pensando que el partido iba a ser aplazado, se había comido un perro caliente justo antes de que le dijeran que tomara la pelota. Este detalle nos lo transmitió Red Barber, el locutor deportivo de radio de los Dodgers en la década de 1940, un sureño respetuoso y afable, con un sutil acento rural en su vocabulario y un tono de voz suave, propio de un párroco rural.Que las aventuras de los (”dem bums”, asi apodaban a los Dodgers)vagabundos de Brooklyn —una región entonces símbolo de la excentricidad y el tumulto urbanos— fueran narradas desde la perspectiva tan ajena como afectuosa de Red Barber constituyó un auténtico triunfo de lo que mis profesores de literatura me enseñarían más tarde a llamar «punto de vista». El propio Henry James podría haber admirado las ironías culturales implícitas y las espléndidas posibilidades para el comentario moral y social indirecto. Y en cuanto al detalle de Rex Barney comiendo su perro caliente, era irresistible, ya que unía lo espectacular con lo mundano y le brindaba a un adolescente una visión de un lado inesperadamente ordinario, incluso monótono, del heroísmo masculino. Por supuesto, con el paso del tiempo, ni el sabor y la sugestividad de la narración de Red Barber, ni los detalles específicos, tan vívidos y reveladores como el perro caliente de Rex Barney antes del partido, pudieron seguir satisfaciendo un apetito literario en desarrollo; sin embargo, no cabe duda de que me ayudaron a mantenerme hasta que tuve la edad y el conocimeinto suficientes para empezar a responder a los grandes inventores del detalle narrativo y a los maestros de la voz y la perspectiva narrativas, como James, Conrad, Dostoievski y Bellow. Philip Roth es el autor de “The Great American Novel”, que trata de beisbol.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Mayo 18, 2026.

Los Medias Rojas de Boston vencen 3-1 a los Reales de Kansas City amparados en jonrón de Wilson Contreras y una gran apertura de Sonny Gray.

Associated Press. Mayo 18, 2026.
KANSAS CITY, Mo. -- —  Wilson Conterras despachó su décimo jonrón con lo cual lidera a su equipo y Sonny Gray superó a Seth Lugo mientras los Medias Rojas vencían a los Reales 3-1 la noche de este lunes 18. Gray (5-1) permitió una carrera y cinco imparables en seis innings. Recetó nueve ponches y concedió un boleto. Solo ha permitido dos carreras en 16 innings (1.13 de efectividad) desde que regresó de la lista de incapacitados el 6 de mayo. Tres relevistas sucedieron a Gray, Aroldis Chapman trabajó el noveno inning para apuntarse su undécimo salvamento en otras tantas oportunidades. Lugo (1-4) permitió dos carreras y cinco imparables por Kansas City, que ha perdido siete de los últimos ocho juegos. Los Reales batearon sencillos seguidos ante Gray en el quinto inning. Michael Massey bateó un doble en línea contra el guante del jardinero izquierdo Masataka Yoshida. Kyle Isbels conectó sencillo rastrero hacia la izquierda, pero Yoshida hizo out a Massey en el plato. Lugo permitió sencillo de Mickey Gasper para iniciar el sexto inning. Con un out, Contreras largó un estacazo de 435 pies entre el jardín izquierdo y el central para proveer ventaja de 2-0. Jarren Duran bateó elevado de sacrificio para Boston en el séptimo inning para remolcar la tercera carrera. Jac Caglianone despachó doble impulsor de la única rayita de los Reales en la conclusión de ese inning.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Mayo 19, 2026.

lunes, 18 de mayo de 2026

Doc (Halladay) (III)

Recuerdo que después de mi apertura final con los Azulejos, había blanqueado a los Yanquis, y en ese momento no había certeza de lo que iba a ocurrir…era posible que regresara con Toronto, pero también que me fuera. Así que al terminar el juego miro a Doc, como diciéndole, “Gracias por todo. En realidad le dije, gracias”.      El me respondió, “No, no, no. Soy yo quien te agradece”,   Me quedé perplejo…    “¿De qué estás hablando?    “¿Por qué me estás dando las gracias? ¿Por qué me tiene que dar las gracias Roy Halladay?”      Y él empezó a reir.    Él dice, “Por esto, hombre. Por reírnos juntos como lo hacemos ahora”.    Eso me desarmó por completo.    Y siguió hablando.    “Me ayudaste a buscar como relajarme, hombre”.    ¿Me estás gastando una broma? ¿Qué tan agradable es eso? Doc básicamente dijo: Me enseñaste como divertirme de vez en cuando.  Esa fue, una de las cosas más agradables que alguien me haya dicho. Y ¿saben que?...Lo creeré. Lo creeré de inmediato. Roy Halladay agradeciéndome porque nos divertimos. Eso es dificil de igualar.    Por supuesto, extrañé mucho a Doc tan pronto me fui de Toronto.  Ese tipo significaba mucho para mí, deseo haber jugado con él toda la vida.
 Nunca tuve oportunidad de decirle eso…pero de verdad deseo haberlo hecho. Estos días, pienso en Doc cada vez que veo un avión pequeño en el cielo. Cada vez.  Y cada vez que veo el número 32. Y cada vez que veo a los Azulejos en TV.    Cuando supe lo que le había ocurrido, fue uno de esos momentos donde deseé haberlo llamado el día anterior.¿Saben lo que quiero decir? Deseé haberle dicho, Epa ¿cómo va todo hombre? Pensé que te llamaría de pronto. ¿Por qué no vamos a pescar en alguna parte?    Pero no siempre se piensa así. A veces no se hacen esas llamadas, por la razón que sea. Porque estamos ocupados, o perdemos la secuencia de las cosas, o solo…la vida ocurre de esa manera. Y no nos mantenemos en contacto como deberíamos, o tenemos el tiempo suficiente para las personas quienes son importantes para nosotros.    Y entonces…hombre. Es muy duro cuando ocurre algo como lo que ocurrió con Doc.   Mucho más que duro.   Así que no sé, lo que trato de decir es que hay que mantenerse en contacto con las personas.   Porque no se puede regresar en el tiempo.    Solo deseo poder haber hablado con Doc una última vez antes que se marchara.    Le hubiese recordado cuanto significó para mí, como me ayudó para aprender no solo a pitchear, sino acerca de mí. Le hubiese dicho muchas cosas a ese tipo.     Fue el mejor compañero de equipo que tuve.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Junio 01, 2018

Doc (Halladay) (II)

Pero si usted va y mira sus estadísticas…en verdad lo hizo algunos años. No solo lo decía. Iba y cumplía lo que decía. Y la razón principal por la cual Doc era capaz de alcanzar ese nivel, era porque se preparaba como nadie que hubiese visto. Tenía varias rutinas y planes para todo lo que hacía, sesiones de bull pen, ejercicios, calentamiento antes de los juegos, todo. Nunca las cambiaba. Nunca. Si Doc tenía una de esas raras ocasiones donde lo bateaban, no entraba en pánico y cambiaba. Se mantenía con su formula, sin importar lo que ocurriera. Doc también llevaba notas de todo, reuniones de catcher y pitcher, los diferentes bateadores, equipos, acondicionamiento, todo eso. Y eventualmente estoy seguro de que no necesitaba esas notas, porque llegó a un punto donde todo lo tenía en la mente. Era tan bueno que los bateadores siempre querían sentarse a su lado en el dugout para enterarse de las características del pitcher rival al escuchar lo que Doc decía a través del juego. Entonces, cuando era su turno de abrir…era cuando veias al verdadero Doc. Tenías alrededor de 10 minutos para apurarte y saludarlo en esos días, tal vez cinco, porque después de eso…se aislaba por completo. No era que andara molesto o algo por el estilo. Era solo que veías a un hombre con un plan, alguien quien estaba 100% enfocado en salir y ganar un juego de pelota para su equipo. Y sabes que no puedes bromear con un hombre cuando está enfocado de esa manera. Todos en aquel clubhouse de Toronto respetaban eso.     En aquel entonces, yo veía y aprendía, y hacía preguntas, y seguía el liderazgo de Doc. Y no lo puedo decir con seguridad, pero creo que él disfrutaba viéndome hacer eso.    Recuerdo que una vez se me acercó en el clubhouse y me entregó un libro.     Miré la portada, y honestamente pensé que era una especie de broma que trataba de jugarme. Se leía en letras grandes…    EL ABC mental del pitcheo. (The Mental ABC’s of Pitching)    Imaginé que me estaba probando. Hice una mueca como diciendo, ¿De verdad quieres que lea esto? Pero Doc estaba totalmente serio, como diciendo, Si, lo leo todo el tiempo. Así que miré más de cerca y noté que fue escrito por Harvey Dorfman, quien fue básicamente el psicólogo deportivo más famoso de la historia.
   Hmm.    Entonces lo abro, y estaba resaltado.     Como todo el libro…totalmente resaltado en diferentes lugares.    Ahora no puedo asegurar si Doc resaltó esas cosas específicamente para mí. No lo sé. Nunca le pregunté. Pero siempre pensé que esa era una de las cosas más agradables que había visto, así que me quedé con eso. Como pensar, Doc me enganchó y resaltó esto para mí.     En poco tiempo me sorprendí al pasar más tiempo preparándome, y haciendo lo mismo cada día, sin importar lo que ocurrió en el juego previo que había lanzado. Estoy orgulloso al decir que una de las cosas que tomé de Doc fue aislarme cada quinto día y enseriarme como un hombre con un plan tan pronto como llegaba al estadio. Tomé ese enfoqué de Doc, y me mantuve haciendo las cosas de esa manera sin importar para que equipo jugase después de eso.    Y ¿saben una cosa? Cada vez que tenía alguna dificultad…sacaba el libro de Dorfman en un segundo y repasaba algo al respecto.    Desafortunadamente, el libro no enseña como dominar a los bateadores de la forma como lo hacía Doc.     Pero me siento muy afortunado de haberlo visto en acción, en primer plano, durante mi época con los Azulejos. Una de las cosas que aprecio más del tiempo que pasé con él es el hecho de que pude ver al tipo trabajar cada quinto día. Y, en muchas noches, lo que vi fue pura magia beisbolera, juego completo tras juego completo en 2008 cuando Doc ganó 20 juegos, o la vez cuando fue golpeado en la cabeza por una línea de Nyjer Morgan y se levantó de inmediato como si no fuese humano, o aquel juego completo de 10 innings que ganó en 2007.    Algunas noches, se podía predecir totalmente que él iba a hacer algo especial. Y ese fue el caso aún después que ya no éramos compañeros de equipo.    Cuando lanzó el juego sin hits ni carreras para los Filis en el playoff ante los Rojos, yo estaba con los Yanquis en Minnesota, Estaba sentado en el clubhouse esa tarde, y recuerdo haber dicho, “Miren a Doc salir y lanzar sin hits ni carrera esta noche”.    Lo digo en serio. Eso fue lo que dije. Se lo pueden preguntar a cualquiera que estuvo en ese clubhouse. Estaban allí y lo escucharon.    Fue la primera apertura de Doc en postemporada. Yo sabía que estaría aislado.
  “Les digo que lo miren. Honestamente no me sorprendería si lanza sin hits esta noche”.     Y el tipo salió y lo hizo.    Al mirar  en retrospectiva, definitivamente pienso que una de las razones por las que Doc y yo congeniábamos era porque éramos muy diferentes.    Si se sabe algo de mí, se sabe que me gusta haraganear y bromear con las personas y ser necio a veces. Esa nunca fue la manera de ser de Doc…pero hay muchas horas que compartir durante el día para dos pitchers abridores quienes no están programados para lanzar. Así que después de un tiempo, le di un poco de lidia.    Y nunca paré en darle momentos difíciles al tipo.     Él trataba de mantener su casillero de cierta manera…todo agradable, limpio y ordenado. Entonces venía yo y lo desordenaba todo. O en el dugout, siempre se sentaba con las piernas cruzadas, con el codo sobre la rodilla y la mano en la barbilla, y hablaba con nuestro coach de pitcheo de entonces, Brad Arnsberg. Bien, esa era mi oportunidad. Cada vez que veía  a Doc en esa pose, me acercaba y le golpeaba el codo hasta despegárselo de la rodilla.    Eso me divertía.    Verlo mostrar esa semi sonrisa como diciendo: “¡Madura, A.J.!”    Solo experimentar ese momento, y saber que hice reir a Doc un poco…eso llenaba mi día.     Jugué con muchos buenos peloteros a través de los años, y tuve numerosos buenos compañeros de equipo, pero si había un tipo con el que deseé haber jugado toda mi carrera ese era Doc.     Sinceramente.    Fue el único tipo en mi carrera de 17 años por quien me sentí terrible al despedirme cuando me fui a otro equipo. Luego de un tiempo me recuperé, pero cuando eso ocurrió…lo miré como diciendo: Hombre, me siento muy mal por esto.
Continuará...

Doc (Halladay) (I)

A.J.Burnett- Pitcher retirado de grandesligas. The Players’ Tribune..29 de mayo de 2018.
Aquella noche de 2010 cuando oi que Roy Halladay había lanzado un juego perfecto, casi  inmediatamente  me vinieron dos pensamientos a la mente.     El primero fue que Doc finalmente consiguiera su juego perfecto, eso tal vez era la cosa menos sorprendente en la historia del beisbol. Básicamente sonreí algunas veces cuando me enteré. Me refiero a que siempre asumí que él lograría uno en algun momento…porque si alguien fue construido para lanzar un juego perfecto, ese era él.     El otro pensamiento, fue que me recordé que necesitaba llamarlo para que nos reuniéramos y planificáramos ir a pescar pronto, porque había pasado cierto tiempo desde la última vez que lanzamos los anzuelos al agua. Quería ponerme al día con él y pescar algo…pero también tenía una especie de pequeño saldo que resolver.     Para ese momento yo estaba con los Yanquis, y Roy había pasado a los Filis. Pero cuando fuimos compañeros de equipo en Toronto, Doc y yo siempre íbamos a pescar durante el entrenamiento primaveral. Y constantemente discutíamos acerca de quien iba a capturar más peces. (Él era mucho mejor pescador que yo, pero de ninguna manera le iba a decir eso). Siempre bromeaba con Doc cuando los peces  no mordían su anzuelo, o le lanzaba algunos gusanos de goma cuando estábamos en el agua…para tratar de molestarlo y desconcentrarlo para vencerlo en la pesca.     Bien, Doc tenía un lago pequeño detrás de su casa en las afueras de Tampa, y una vez decidió hacer un torneo de pesca allí. Llevé mi bote al agua, y él estaba allí en su bote. Recuerdo que me sentía muy bien. ¿Vencer a Doc…en un torneo de pesca…que él estaba organizando…en el lago de su casa? Si, quería esos derechos.     Así que todo empezó a fluir y yo estaba pescando en un lugar del lago, completamente aislado y enfocado, y no me di cuenta que Doc había llevado su bote justo detrás del mío. Lo hizo de manera silenciosa, como si hubiese flotado, porque no oi nada hasta que estuvo a un metro de distancia. Cuando finalmente miré hacia atrás y lo vi, noté que su motor estaba un poco fuera del agua.    Entonces miro a Roy, y él tiene esa astuta sonrisa.    Medio segundo después oigo este ruido loco, RRRRRRRRRRRR.
   Para ese momento, era muy tarde para mí. Todo lo que pude hacer fue cerrar mis ojos. Doc aceleró totalmente su motor y dosificó todo mi bote con agua de lago. Fue una locura. Había unos 7 metros de agua lloviendo sobre mí.     Estaba completamente empapado. De pies a cabeza.      El tipo me la hizo buena.     Pero, en realidad debí estar alerta ese día porque cualquiera sabía que si tratabas de bromear con Doc, eventualmente él te haría una grande. Y lo haría cuando menos lo esperaras, con esa sonrisa irónica, sin decir una palabra. Él podía sorprenderte así fuera del campo algunas veces. Y dejarte meneando la cabeza, sin creer lo que había ocurrido.    Pero ¿que Doc hiciera algo parecido en el diamante de beisbol? Nada de eso. Allí era diferente. Era más que predecible allí. Nada que ese tipo lograra en el terreno me sorprendió en lo más mínimo.    Ni siquiera un juego perfecto     El tipo era una máquina.    Conocí a Doc cuando llegué a los Azulejos después de la temporada de 2005. Esa primera primavera él estaba concentrado en su trabajo y poniéndose a punto para la temporada, así que no pude conocerlo mucho de inmediato. Pero cuando fuimos a Toronto empezamos a hacer sesiones contrastantes de baños calientes y fríos, Roy en uno, yo en el otro, luego cambiábamos. Nunca había tomado el baño frío antes de llegar a los Azulejos, así que aquella primera vez Doc estuvo la mitad del tiempo riéndose de mí porque me estaba congelando, y temblaba, y gritaba, y él estaba en el otro baño diciendo, esto no es nada. Como si fuese un anfibio o algo parecido. Pero de pronto se volteó hacia mí y me dijo, “Bien…¿cual es tu enfoque?”      Me quedé petrificado.
    No sabía que hacer. Nadie antes me había preguntado por mi enfoque para pitchear. ¿Y ahora tengo a Roy Friggin’ Halladay esperando una respuesta acerca de eso?     Traté de tomarlo con calma, como si estuviera contemplando la pregunta, pero mi mente estaba a millón. Como, Hombre, ¿hay una respuesta obvia que pueda fallar? O ¿hay una clara respuesta equivocada? ¿Qué debería decir?    “Umm… Solo trato de lanzarle rectas a los bateadores. Y si me pongo adelante en la cuenta, lanzo mi curva lo mejor que pueda”. Roy empezó a reirse. Por un buen rato. Ladeo la cabeza como diciendo, ¿Porqué te ríes? Mientras más trataba de explicarme…más se reía Doc. Esa primera conversación que tuvimos mientras yo tomaba el baño de agua helada, fue de verdad el comienzo de todo para mí en términos de mi transición desde tirador de pedradas hacia ser un pitcher. Todo cambió para mí después de eso. De pronto, Doc me convenció de que lanzara más adentro, y hablábamos constantemente de cosas como ajustar mi curva, o usar lanzamientos lentos temprano en la cuenta, o como trabajar ambos lados del plato para desconcertar a los bateadores. Lo más importante que ocurrió en aquellos primeros días en Toronto fue que vi a un maestro en su trabajo cada día. Me di cuenta rápidamente de la diferencia entre hacer solo lo necesario, y pitchear al más alto nivel posible. Porque Doc, honestamente, estaba en un nivel completamente diferente. Por momentos llegué a pensar que él tenía que estar loco, porque lo que decía parecía totalmente imposible. Cuando lo conocí me dijo que una de sus metas cada año era conceder menos boletos en una temporada que el total de juegos que abriera. Eso es insano. Menos de un boleto por apertura. Me decía, Este tipo está loco. Eso es imposible.
Continuará...

domingo, 17 de mayo de 2026

Wilson Contreras despacha jonrón de dos carreras en el octavo inning para llevar a los Medias Rojas de Boston a vencer a los Bravos de Atlanta, 3-2.

Associated Press. Mayo 16, 2026, 09:58 pm
ATLANTA -- — Wilson Contreras conecta jonrón de dos carreras en el octavo inning para ayudar a los Medias Rojas a vencer a los Bravos 3-2 la noche de este sábado 16 de mayo. El zurdo novato de los Medias Rojas, Payton Tolle (2-2) permitió dos carreras en un tope personal de ocho innings esta temporada, aceptó cuatro imparables y ponchó tres. Los patirrojos tienen marca de 15-1 cuando sus abridores pitchean al menos seis innings. Aroldis Chapman avanzó hasta alcanzar un empate por el décimo lugar con su salvamento vitalicio 377. Sobrevivió a un error en disparo con dos outs y las bases limpias del campocorto Andruw Monasterio, quien reemplazaba al lesionado Trevor Story. Chapman concedió boletos a Maurico Dubon y Michael Harris para llenar las bases. Ha-Seong Kim bateó un roletazo duro hacia Chapman, quien se movió en el montículo y lanzó la pelota a primera base para terminar el juego. El vuelacercas de Conteras ocurrió ante Bryce Elder (4-2), quien permitió siete imparables en ocho innings y lanzó un tope personal para esta temporada de 103 pitcheos. Contreras impulsó a Wilyer Abreu quien despachó doble con dos outs. Abreu se fue de 4-2 con una carrera anotada. Elevado de sacrificio de Masataka Yoshida remolcó a Mickey Gasper para la primera carrera de los Medias Rojas en el cuarto inning.
Drake Baldwin se fue de 3-2 con jonrón y dos carreras impulsadas para los Bravos. Inició el juego con jonrón por segundo dia seguido, este viajó a 421 pies sobre la cerca del jardín central. El sencillo con dos outs de Baldwin en el quinto inning remolcó a José Azócar desde segunda base para romper un empate 1-1.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Mayo 17, 2026.

El Superestrella Silencioso.

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