viernes, 13 de febrero de 2026

Clase diaria de literatura y periodismo deportivo con Humberto Acosta.

Ahora, cuando me entero de que mi estimado Humberto Acosta ya no está más con nosotros además de las memorias y los momentos compartidos es inevtable para mi regresar a este texto que escribí cuando se retiró del circuito radiofónico de Leones del Caracas. Siempre muy agradecido por todo tu apoyo y consideración. Vaya siempre con Dios ,Humberto.
Desde aquella vez a finales de los años 1970s o comienzos de los 1980s cuando leí un artículo suyo  “Suerte negra o mala suerte” en referencia a las vicisitudes que vivían los Navegantes del Magallanes en esa época contrastadas ante los momentos positivos del club apuntalados por Clarence Gaston y Dave Parker, descubrí un espacio para entender y disfrutar el beisbol más allá de las transmisiones radioeléctricas. Había conocido la maestría de Rodolfo José Mauriello mediante sus artículos en la revista Sport Gráfico, el diario El Nacional y su columna Extrainning, y la elocuente y prolija prosa de Ruben Mijares a través de sus artículos en el propio El Nacional y en su columna Beisbol por dentro. Encontrar suspensos y vértigos propios de Cien Años de Soledad  o disfrutar imágenes profusas de El Viejo y el Mar hacía que me adentrara en los textos de Humberto Acosta en medio de alucinaciones de Gabriel García Márquez y Ernest Hemingway conversando con Mark Twain sobre Huckleberry Finn y Tom Sawyer.   Cada reseña de un juego resultaba un aula infinita de metáforas, ortografía, reglas de beisbol, sintaxis y semántica, de pronto todos los retos más exigentes de las clases de Castellano y las aristas más intrincadas del beisbol estaban ahí más claras y estimulantes que nunca. Aunque tenía un espacio andado con Mauriello y Mijares acerca de ese rostro ameno y profundo de la crónica deportiva y sus variantes, desde el primer párrafo que leí de Acosta supe que aquel sería un juego cerrado al más genuino duelo de lanzadores estelares. Desde la intensidad de aquel beisbol amateur venezolano con la efervescencia de sus campeonatos distritales, estadales, zonales y nacionales; hasta la incandescencia del beisbol profesional desperdigada en la liga venezolana, y el beisbol organizado estadounidense, resultaba toda una expedición intrigante, un viaje a lo desconocido propio de Julio Verne donde las interrogantes de descifraban sobre la marcha, con el vértigo de un cierre de noveno inning.   Tal vez uno de los lienzos más representativos de la prosa de Acosta proviene de su narración de los fines de semana que iba a ver los juegos de la liga distrital en el estadio de la UCV, sus recuerdos reflejan la emoción de un niño de diez años asombrado de ver como un aparente simple juego aficionado llenaba la tribuna central de aquel monstruo de concreto. Resulta muy valioso para un seguidor del beisbol enfrentarse a esas gemas narrativas que descubren el gran nivel del beisbol aficionado que hacía a muchos asegurar que estaba muy próximo al profesional. Se notaba el mismo compromiso, la misma fruición e intensidad al manejar las estadísticas, las referencias históricas, la memorabilia en esos campeonatos juveniles y AA que en el juego más crucial de las Grandes Ligas, fuese el séptimo de la Serie Mundial o el decisivo del día final de la temporada regular. Se sentía en los cambios de ritmo de los párrafos, en las metáforas inesperadas, en la profundidad de los análisis.   Apreciar el culto de Acosta por Sandy Koufax , sino el zurdo más prominente de la historia de las ligas mayores, si el que ha causado mayor impacto en un lapso de cinco años, resulta poco menos que la visita prolongada a un museo particular saturado de episodios entrañables, situaciones inesperadas, panoramas incandescentes. Su relato emocionado de cómo la revista Sport Gráfico le publicó su primer artículo acerca del intratable zurdo de los Dodgers, me hizo escudriñar en la Biblioteca Nacional y después en la biblioteca del Museo del Beisbol venezolano en Valencia hasta dar con aquel artículo cargado de disección, impregnado de memorias. Se sentía un seguimiento de toda la vida ataviado con los recursos más sofisticados del periodismo y la originalidad. El curso de esa camino intrigante se hace más intrincado  en una de aquellas guardias de pasante en El Nacional cuando Mauriello lo sorprende  con un artículo de un periódico estadounidense sobre Koufax y se lo extiende para que escriba el suyo para el suplemento Pizarra que luego se convirtió en Pantalla, en la sección deportiva del citado diario.
Aunque siempre revisaba la página de la mancheta y los artículos de opinión, además de desplegar un vuelo rasante sobre la portada del cuerpo C, siempre pasaba directo a la segunda página del cuerpo B donde aparecía la columna Tripleplay. Casí leía todos los párrafos a la vez en un ejercicio de vértigo que mezclaba calistenia visual con requiebres gramaticales que marcaban aprendizajes sobre la marcha, del  castellano con visiones fantasmales del juego donde se desplegaban los episodios más inesperados del beisbol, esos que hacen notar la real intensidad del juego, su esencia de jugadas microscópicas, su escuela de humildad, esquizofrenia del cierre del noveno inning. En esos momentos comprobaba porque Napoleón Bravo siempre presentaba a Humberto Acosta como uno de los mejores periodistas deportivos de Venezuela en un programa de concursos que moderaba en Radio Caracas Televisión. No había nada de adulación, ni pleitesía, los textos y las intervenciones orales así lo demostraban.   A través de todas esas lecturas y de todas las preguntas via correo que le hacía, quizás de manera un tanto abrumadora, siempre me llamó la atención cada vez que asomaba su intención o determinación de algún día escribir un libro sobre Sandy Koufax. Más de una vez le consulté para cuando estimaba que publicaría ese libro, siempre respondía que eso era un proceso y que no veía muy claro quien podría interesarse en financiar la producción de ese tipo de libro. Por eso me sorprendió cuando terminó publicando primero un libro sobre otro de sus peloteros favoritos: Andrés Galarraga.  Luego cuando pensaba que el libro de Koufax había quedado en el olvido, un día se me paraliza la mirada entre las líneas de Tripleplay, las pruebas finales del proceso de producción del libro Sandy Koufax y Yo, auspiciado por el diario El Nacional, estaban en sus detalles finales. Todo un tratado de beisbol y dedicación, de perseverancia y empeño, de minuciosidad y periodismo incisivo.   Uno de los episodios cuando empecé a valorar más de cerca la profundidad y sobriedad de los análisis y reflexiones de Humberto Acosta acerca del beisbol fue cuando compartió los comentarios con Dámaso Blanco en el circuito radiofónico de los Navegantes del Magallanes en la temporada 1993-94. Ya lo había escuchado junto a delio Amado León en el circuito de los Leones del Caracas y junto a Manuel Correa y Carlos Alberto Hidalgo en las transmisiones de Radio Caracas Televisión. Conocía la calidad de sus intervenciones tanto en la caseta como desde el terreno de juego. Esta vez pude apreciar aquel bagaje de conocimientos de Humberto y la manera como se compaginaba con maestría con la visión de Dámaso Blanco. Todo un ejercicio de armonía entre la historia y la estructura del juego con la práctica y la metodología del mismo. Dificilmente he vuelto a ver esa combinación tanto en las transmisiones venezolanas como en las foráneas.    Los domingos el jefe de la sección deportiva de El Nacional, Cristobal Guerra tenía un espacio en la página cuatro, si mal no recuerdo. Se llamaba Juegos de palabras, allí participaban periodistas y lectores. En una oportunidad Acosta publicó un texto sobre el título alcanzado por los Navegantes del Magallanes en la Serie del Caribe de 1970. Lo impactante de la historia residía en el ángulo personal desde el cual Acosta enfocó el evento. Declaró su afición por los Leones del Caracas y como discutía con su papá cada vez que jugaban los eternos rivales quien dese su inclinación por el Magallanes, reconocía los pergaminos de los felinos. Acosta envidiaba la sirena que animaba a los parciales magallaneros, siempre trataba de acercarse a aquellos tipos que entraban por la tribuna de la derecha con y cargaban la atmósfera del más genuino fluido de competitividad y expectativa. La Serie del Caribe empezó y cuenta Acosta que ante la falta de algun dinero para completar la entrada a la jornada inaugural, recurrió a la cartera de su madre, como más de uno hizo a esa edad  adolescente. Ver a Armando Ortíz descargar un cuadrangular ante el propio co-ganador del premio Cy Young, Miguel Cuellar fue una experiencia que bien valió la pena tomar prestado ese dinero.
 Hay un artículo del suplemento Pantalla que aún restalla en el fondo del cráneo. La foto grande del pitcher iniciando el wind up, la mirada fija bajo la visera de la gorra, el inicio del ascenso del pie izquierdo en aquella meteórica patada hacia el cielo. “Hace 18 años El Látigo no Fustigó Más”. Aquel lunes de finales de enero o inicios de febrero de 1987  pasé mas de treinta minutos paralizado frente a esa página, recreando ante la prosa de Acosta, párrafo por párrafo, imagen por imagen, metáfora por metáfora, pasajes inéditos para mí en ese momento en la vida beisbolística de Isaías Látigo Chávez, el prometedor y ya notable pitcher de los Navegantes del Magallanes desaparecido en un accidente en Maracaibo, en marzo de 1969. Desplazar la mirada por aquellas líneas, más que conversar a la distancia con Acosta significó una especie de conexión con Isaías Chávez que me llevó a una prolongada investigación la cual desembocó en un libro biográfico. Tripleplay-Camiseta 10, asi denominaron Cristobal Guerra y Humberto Acosta el espacio radiofónico que compartía temprano en las mañanas de hace alrededor de unos diez años en Unión Radio Deportes. Sintonizaba la emisora más de media hora antes del inicio del programa, siempre había una sorpresa, una novedad, algo inesperado que hacia sonar puertas lejanas hasta hacerse tan presentes que podías desayuna con la literatura  todas esas mañanas. A  veces apretaba el volante del carro y no sabía si era 1967, 1994 o 2009, hurgaba en la guantera, me temblaban las manos sobre el tacómetro a ver si en las agujas podía distinguir alguna que mostrase cierto control de máquina del tiempo. Ciertamente había mucho de las citadas columnas de Acosta y Guerra, pero también un vasto mapa de contactos en tiempo real con personajes icónicos del deporte venezolano que encuadernaban el más impactante compendio de lecciones de vida  despuntando entre reportajes, reseñas y anécdotas. Era difícil aceptar que había terminado aquella hora, complicado  seguir escuchando la radio, retador salir corriendo a indagar sobre los temas tratados esa mañana.
 Alfonso L. Tusa C. 24 de diciembre de 2021. ©

Nelson Briles 1976 Topps. Esquina de las barajitas.

Bruce Markusen
 Los trabajadores del Salón de la Fama también son aficionados al beisbol y les gusta compartir sus historias. Aquí está la perspectiva de un aficionado desde Cooperstown.
 No puedo decir que fui amigo del antiguo pitcher de grandes ligas Nellie Briles; solo compartí con él una vez. Pero esa ocasión, la cual ocurrió hace 15 años, me generó una profunda admiración por un hombre especial quien también fue un buen lanzador.    Eso fue en 2001, el viernes del fin de semana de la inducción al Salón de  la Fama. El buen amigo de Nellie desde sus días con los Piratas de Pittsburgh, Bill Mazeroski, estaba  apunto de ingresar al templo de Cooperstown. A última hora, le pregunté  a Nellie, de quien apenas me había enterado que asistiría, si estaría dispuesto a conceder una entrevista acerca de Maz en nuestro Bullpen Theater. Fue una idea de último minuto, no fue un evento que arrastrara una gran multitud, pero era en potencia una programación significativa que podría agregar algo a la experiencia del visitante.     Briles no dudó. A pesar de ser un día ocupado, sin mencionar la incomodidad del calor y la humedad, Briles no solo  estaba dispuesto a hablar de Mazeroski, sentía el honor de hacerlo. No decepcionó. Briles fue articulado, reflexivo y profundo durante nuestra conversación de media hora. Además de eso, fue gracioso y encantador. Fue como si Nellie no quisiera perder la oportunidad de rendir tributo a su amigo en el fin de semana cuando fue inducido a su nicho del Salón de la Fama. Después supe que Nellie había trabajado duro para abogar por la elección de Mazeroski al Salón de la Fama.    Despues del programa del viernes, pensé que sería agradable entrevistar a Nellie otra vez en Cooperstown. Bien hablado y arreglado, Briles era el tipo de persona que queríamos entrevistar para el archivo de audio y video del Salón de la Fama. Desafortunadamente nunca tuvimos esa oportunidad.    Basado en esa única experiencia con Nellie, he tratado de coleccionar cada una de sus barajitas Topps. Ahora tengo la mayoría de ellas, excepto las tres primeras, emitidas en 1966, 1967 y 1968. Mi favorita de todas es la que salió hace 40 años: La barajita Topps de 1976 que muestra a Briles lanzando con los Rangers de Texas.     La barajita tiene unas notas de interés. Menciona a Briles como “Nelson”, nada de “Nellie”. Todas la barajitas de beisbol de Briles se refieren a él con su nombre formal. Recuerdo que los narradores también lo llamaban Nelson  frecuentemente. Pero las personas quienes conocían a Briles, sus compañeros de equipo y amigos, casi siempre lo llamaban Nellie. Para un tipo afable como Briles, el nombre de Nellie parecía ajustarse mejor a él. Así es como yo lo llamé también.     La barajita Topps de Briles de 1976 también cae en una especie de categoría nebulosa. No es en realidad una toma de acción debido a que no proviene de un juego real;  se trata de una imagen de Briles lanzando en las adyacencias del terreno, tal vez calentando en el bullpen. A la vez esta da una especie de primer plano de Briles. Se puede ver claramente el rostro de Briles, lo cual es menudo es difícil de hacer mientras el pitcher está en medio de su movimiento.    Si miramos un poco más de cerca, podríamos notar que la gorra y el uniforme de Briles han sido pintados sobre la foto original. (Briles lanzó toda la temporada de 1975 con los Reales de Kansas City, antes de ser cambiado a los Rangers durante el invierno). La mayor parte del tiempo, Topps reservaba los retoques de pintura para las fotos de perfil, retrato u otros tipos de pose. Era muy raro que Topps pintara el uniforme de un pitcher en medio de sus lanzamientos. Considerando todo esto, ese es uno de los mejores esfuerzos de retoque de pintura de Topps en la década de 1970.
 La carrera de grandes ligas de Briles se remonta hasta 1965, cuando debutó con los Cardenales de San Luis. Lanzó principalmente como relevista, lo hizo decentemente, con efectividad de 3.50 en 82 innings. En 1966 lanzó con más eficiencia, pero la mala fortuna le ocasionó una marca negativa de triunfos/derrotas. Compartió sus labores como relevista y abridor, solo ganó 4 de 19 decisiones. Aún así, ponchó 100 bateadores en 154 innings y salvó seis juegos.      Entonces vino la consolidación de Briles. En 1967, Briles destacó como relevista y abridor ocasional. Casi reversó completamente su marca, dejó números de 14-5 para liderar la Liga Nacional en porcentaje de victorias. Disminuyó su efectividad hasta 2.43, la mejor entre los relevistas de los Cardenales. El desempeño de Briles le ganó una consideración en la votación para el jugador más valioso, donde terminó en el puesto 15. Briles también se llevó a casa un anillo de Serie Mundial, cuando los Cardenales vencieron a los Medias Rojas de Boston.     ¿Cómo lo hizo Briles? Tenía una recta decente, pero su envío principal era la curva. Antes que depender de los envíos de poder, él tuvo éxito al mantener la pelota baja e inducir roletazos. En 1968, el manager Red Schoendienst le entregó a su especialista de la bola de roletazos la responsabilidad de estar a tiempo completo en la rotación de abridores. Briles hizo 33 aperturas, ganó 19 de ellas, y acumuló un tope personal de 243 innings lanzados.     La temporada de 1968 fue tan dominada por los pitchers que las grandes ligas cambiaron sus reglas a partir de la siguiente temporada. Quizás la alteración más dramática fue la disminución de la altura del montículo desde 15 hasta 10 pulgadas. Ese cambio de reglas afectó más a Briles que a la mayoría. Con su estilo sin wind up y su curva por encima del brazo, Briles necesitaba la altura adicional del montículo. Sin eso, careció de fuerza en sus envíos. Su curva sufrió. También la marca de Briles. Su efectividad subió hasta 3.52, aún decente, pero más de una carrera superior a lo que había sido en 1968.     Aún fastidiado por el montículo rebajado, junto a una serie de lesiones, el pitcheo de Briles se vino abajo por completo en 1970. Solo hizo 19 aperturas, perdió su puesto de tanto tiempo en la rotación de abridores de los Cardenales. Al final de la temporada, su efectividad llegó hasta 6.24, totalmente fuera de lugar respecto al resto de su actuación vitalicia.      El cambio del montículo afectó tan mal a Briles que los Cardenales decidieron cambiarlo en el invierno de 1970. Al desear mejorar sus jardines, los Cardenales acordaron enviar a Briles junto al extraordinario bateador emergente Victor Davalillo a los Piratas por el jardinero Matty Alou y el veterano pitcher zurdo, George Brunet. Para los Piratas, Briles fue la clave del cambio.     Con su nuevo equipo, Briles cambió su movimiento de pitcheo. Abandonó el estilo de pitcheo sin wind up que había usado en San Luis, en su lugar intentó utilizar un wind up completo que era más convencional entre los pitchers de ese tiempo.     El cambió funcionó. Aunque Briles a menudo terminaba paralelo al suelo, y a veces caía completamente hacia su lado. Su nuevo movimiento le permitió recuperar la fortaleza en sus envíos. El manager de los Piratas, Danny Murtaugh, también utilizó a Briles con mucha destreza, combinándolo como relevo largo la mayor parte del tiempo y como abridor ocasional, a consecuencia del calendario y las lesiones de los abridores de los bucaneros. A veces Briles fungió como relevo corto. Al emerger como miembro versátil y valioso del cuerpo de lanzadores, Briles ayudó a los Piratas a ganar la división este de la Liga Nacional.
Mientras los abridores Dock Ellis y Steve Blass se llevaron la mayoría de los titulares durante la temporada regular, Briles emergió desde las sombras en la postemporada. Con Ellis incapacitado por dolores en el brazo de lanzar, Murtaugh recurrió a Briles para abrir el quinto juego de la Serie Mundial. No era una tarea fácil, los rivales Orioles de Baltimore contaban con una alineación cargada de toleteros, desde Boog Powell, pasando por los Robinson (Frank y Brooks) hasta el joven Dave Johnson.    Briles quien había sido ignorado completamente en la serie de campeonato, convirtió su única apertura en la serie en una obra maestra. Los Orioles apenas le conectaron dos imparables, Briles lanzó completo sin permitir notaciones, ganó 4-0 y puso a los Piratas arriba en la serie, tres juegos a dos.  Su esfuerzo permanece como una de las actuaciones de pitcheo de Serie Mundial más grandes de todos los tiempos, se podría decir que es la segunda mejor de todos los tiempos, solo por detrás del juego perfecto de Don Larsen.    Sin Briles, tal vez los Piratas no habrían logrado vencer a los Orioles. Con él, ganaron su primer campeonato mundial desde 1960, de esa manera Briles ganaba su segundo anillo de Serie Mundial. El aporte de Briles a los Piratas de 1971 es considerado como su legado más resaltante como pitcher.    Apoyado por mucho tiempo por el esfuerzo de ese quinto juego, Briles se convirtió en abridor a tiempo completo de los Piratas en 1972 y 1973. Ganó 28 juegos compartidos en ambas temporadas, y acumuló más de 400 innings lanzados. Briles fue sin discusión el as del cuerpo de lanzadores de los Piratas, y aún solo tenía 29 años de edad.     Briles siguió siendo noticia durante la Serie Mundial de 1973, aunque los Piratas habían quedado fuera de la postemporada. Antes del cuarto juego en Shea Stadium, Briles cantó el himno nacional, por lo cual impresionó a los observadores con la calidad de su voz. Por años, Briles había cantado en clubes nocturnos, pero la escena de la Serie Mundial le dio la primera oportunidad de ser reconocido nacionalmente.    Por supuesto, a los Piratas poco les importaba acerca de la voz de Briles en términos de su valor para el equipo. Les gustaba la calidad de su pitcheo y su personalidad, por lo cual resultó difícil de entender por qué Pittsburgh decidiera cambiarlo ese invierno. En las reuniones invernales, los Piratas enviaron a Briles a los Reales por dos peloteros utility (Ed Kirkpatrick y Kurt Bevacqua) y un prospecto de ligas menores. Los Piratas consideraban a Kirkpatrick la clave del cambio, creían que sería un respaldo valioso para el catcher Manny Sanguillén.     El cambio fue rechazado por los peloteros de los Piratas y los seguidores del equipo. Pero los Reales estaban muy contentos, particularmente su manager Jack McKeon. “De todos los pitchers disponibles, Briles era a quien queríamos”, le dijo McKeon al periodista deportivo Joe Heiling. “Él es un ganador…un profesional…un tipo con clase”.    Los Reales no sabían que Briles se lastimaría su codo de lanzar en 1974, lo cual limitó a 18 juegos su primer verano con los Reales. Tampoco estuvo completamente bien en 1975, su actuación estuvo reducida a 16 juegos.     Al pensar que Briles ya no era el mismo pitcher de su apogeo en Pittsburgh, los Reales lo negociaron a los Rangers por el rápido infielder, Dave Nelson, El brazo de Briles pareció recuperarse en Texas. Como tercer abridor del equipo, hizo 31 aperturas y lanzó 210 innings, aunque había perdido potencia en su recta. Al convertirse en un pitcher que sabía ubicar sus envíos, Briles se las ingenió para bajar su efectividad hasta 3.26.
 El resurgimiento no duró. Briles tuvo dificultades en la primera mitad de 1977. Su valor de cambio disminuyó tanto que los Rangers terminaron colocando a Briles en waivers en septiembre. Los Orioles lo reclamaron, les costó solo 25000 $, pero lanzó pobremente en dos juegos antes que terminara la temporada.    Para 1978, era evidente que Briles estaba ido. Hizo 16 apariciones más para los Orioles, pero su brazo estaba esencialmente deteriorado. Primero, los Orioles lo mantuvieron en su nómina de 40 peloteros, pero en enero, decidieron que era tiempo de  desprenderse de él. Briles recibió su despido a principios de 1979. Los Mets de Nueva York lo invitaron a su entrenamiento primaveral pero no pudo ganarse un puesto en el roster inaugural. A los 34 años de edad, era el momento de que Briles se fuese a casa.  Para un hombre de la inteligencia y el talento de Briles, el fin de sus días de pelotero activo abrió la puerta a otras oportunidades. Como cantante, Briles ya había grabado un sencillo. Su calidad como orador, hizo que pareciera el candidato perfecto para trabajar como comentarista en los medios. También tenía contactos en Hollywood, lo cual servía la escena para una posible carrera en la actuación. Como bono adicional, Briles tenía un toque de comedia. Hacía imitaciones de las celebridades. Una era la mímica del comediante Paul Lynde, la estrella de Hollywood Squares. La otra era una imitación del Presidente Richard Nixon. Ambas personificaciones producían muchas risas, en el clubhouse y en escena.    Briles destacó en muchas de esas areas, pero su primer amor siempre fue el beisbol, donde comentó juegos para los Piratas y los Marineros de Seattle. Finalmente regresó a los Piratas como director de proyectos corporativos. También hizo muchas actividades para organizar la asociación de antiguos peloteros del equipo, junto con Sally O’Leary, quien falleció a principios de este año. Nellie y Sally hicieron del grupo de antíguos peloteros de los Piratas uno de los mejores del beisbol.    Briles continuó su buen trabajo a través de los primeros días de 2005. En febrero de ese año, asistió en Orlando Fla., al torneo anual de golf de los antíguos peloteros de los Piratas. Nellie no solo ayudaba a organizar el evento;  le gustaba participar en el torneo. Mientras jugaba golf, Briles de pronto colapsó. Sufrió un ataque cardíaco masivo, uno que se llevó su vida a los 61 años de edad.     La muerte de Briles devastó al beisbol, desde la comunidad de Pittsburgh hasta quienes lo conocimos en Cooperstown. Hacía solo cuatro años que había conocido y entrevistado a Nellie, quién parecía tan vibrante y lleno de vida como cualquiera.     Más de una década después, todavía lamento no haber tenido la oportunidad de reunirme con Nellie en una segunda ocasión. Sin embargo, fui muy afortunado de haberlo conocido, de conocer su admiración por Maz y profundizar sobre su carrera como jugador activo. Cuando alguien construye una primera impresión tan fuerte como lo hizo Nellie, esta se mantiene por siempre.
Bruce Markusen es el gerente de Digital and Outreach Learning at the National Baseball Hall of Fame. Ha escrito siete libros de beisbol, incluyendo biografías de Roberto Clemente, Orlando Cepeda y Ted Williams, y A Baseball Dynasty: Charlie Finley’s Swingin’ A`s, el cual fue premiado con la Seymour Medal de SABR.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Julio 05, 2017.

miércoles, 11 de febrero de 2026

Los Dodgers celebran los 55 años de aquella Serie Mundial de 1955

Béisbol Clásico. Béisbol de entrega total sobre el terreno de juego. De sangre, sudor, lágrimas y esa "jugada decisiva". Beísbol que pareciera escaparse en las barreras del tiempo pero siempre sobrevive a través de peloteros como Cal Ripken, Craig Biggio, Omar Vizquel, Roberto Clemente, Brooks Robinson, Luis Aparicio, Jim Abbott, Andrés Galarraga, Derek Jeter, CC Sabbathia, Melvin Mora, y tantos otros que nos trasladan a otro mundo por 3 horas de física y ajedrez.
Dave Anderson. The New York Times. Octubre 2010.
 Para la gente de cierta edad que vivió en Brooklyn hace más de medio siglo, el 04 de octubre es un día que vivirá en el infinito.  A 55 años de aquella temporada de 1955 muchas de esas personas de cierta edad levantaron un vaso para celebrar lo que ocurrió aquel 04 de octubre en Yankee Stadium porque recordaron la celebración del único título de Serie Mundial que lograron los Dodgers de Brooklyn. Muchos de aquellos famosos Dodgers se han ido: Jackie Robinson, Roy Campanella, Pee Wee Reese, Gil Hodges, Carl Furillo y  Johnny Podres, el zurdo que venció a los Yanquis 2-0 aquella tarde.  Afortunadamente 8 de ellos todavía están con nosotros: Duke Snider, Don Newcombe, Carl Erskine, Don Zimmer, George Shuba, Roger Craig, Ed Roebuck y Sandy Koufax, un novato de bono apreciable con marca de 2-2 esa temporada.  Uno de esos ocho, el erudito Erskine, próximo a cumplir 84 años, un banquero retirado que vive en su pueblo natal de Anderson, Ind., recordó via telefónica los detalles de aquel séptimo juego como si acabara de lanzar su guante en el club house de los Dodgers. En la Serie de 1953, el ponchó 14 bateadores, para la época un record para un juego de Serie Mundial. En 12 temporadas como lanzador derecho que dependía de la curva, conocido en Brooklyn como Oisk, Erskine dejó marca de 122-78.  “La Serie Mundial fue diferente a la temporada regular; el nivel de intensidad fue diferente. Cuando jugábamos 22 juegos con los Gigantes en aquellos años, era el desafío total. Contra los Yanquis, todo estaba en una zona por encima de la competencia intensa. Eso era béisbol clásico. En todas esas Series, siempre había alguna extraña jugada que los Yanquis hacían y nosotros no, esa jugada terminaba decidiendo el último juego”.  Con 2 outs en el tercer inning, Podres caminó a Phil Rizzuto, el torpedero de los Yanquis. Billy Martin bateó sencillo, Rizzuto se detuvo en segunda base. Mientras corria hacia tercera base con roletazo de Gil McDougald, no pudo evitar ser golpeado por la pelota y fue el tercer out por reglas de juego.  “Al ver a Rizzuto entregar el tercer out de esa manera, pensé: ‘Es una señal’. Cosas como esa, siempre nos pasaban a nosotros”, dijo Erskine. “Y cuando anotamos en la apertura del cuarto inning con el doble de Campy (Roy Campanella) y el sencillo de Gil (Hodges), recordé la confianza que tenía Podres en el autobús mientras íbamos de Ebbets Field a Yankee Stadium.  En aquellas Series, los Dodgers se reunían en su estadio y viajaban al Bronx con una escolta policial, los peloteros en un bus, sus familiares en otro. “No recuerdo haber escuchado a Podres decirlo”, dijo Erskine, “pero Duke (Snider) me dijo  como en el bus, Podres, quién había ganado el tercer juego 8-3, aceptando 7 imparables, gritó varias veces, ‘Denme una carrera hoy, sólo denme una’. En el sexto anotamos otra cuando un elevado de sacrificio de Gil Hodges a lo profundo del right center remolcó a Pee Wee (Reese), quién había abierto el inning con sencillo”.
En el cierre del sexto episodio, con Martin en segunda y McDougald en primera sin outs, la Serie se decidió cuando Yogi Berra levantó un batazo sobre la línea del jardín izquierdo.  “Había una costumbre en las Series Mundiales entre Yanquis y Dodgers de que el juego final siempre se decidía en una jugada”, dijo Erskine. “Esta vez fue la jugada de Sandy Amorós”.  Con ventaja de 2-0, Walt Alston, el manager de los Dodgers, sentó a Don Zimmer, movió a Jim Gilliam a segunda base y sacó a jugar a Sandy Amorós en el jardín izquierdo, en el cierre del sexto inning. Ahora, con el batazo de Berra flotando sobre la línea de cal, Amorós, un zurdo, levantó el guante y atrapó la pelota. Martin se devolvió a segunda mientras McDougald llegaba a esa base. Amorós lanzó a Reese, y este a Hodges para doblar a McDougald en primera base.  “Cuando Pee Wee tomó el roletazo de Elston Howard y lanzó a primera para hacer el último out, todos corrimos y saltamos con Podres en el montículo”, dijo Erskine. “Pero mientras nos dirigíamos al club house, después de ganar finalmente la Serie Mundial, estábamos más reverenciales que bulliciosos. Antes de la llegada de los periodistas, no había ruido. Miré a Pee Wee, y tenía una lágrima en la mejilla. Tambien Jackie (Robinson) y Gil.  Creía que había sido el único en ver eso, pero Roger Craig me dijo después que él también lo había visto”.  Mientras los autobuses de los Dodgers regresaban a Ebbets Field, la celebración se sucedía cuadra a cuadra. Entonces los peloteros y sus esposas se reunieron en el Hotel Bossert, cerca de las oficinas del club en  215 Montague Street.  “En la fiesta”, Erskine dijo con una risa, “Frank Scott, el primer agente que consiguió dinero por las apariciones de los peloteros en televisión, llamó y dijo: ‘El show Today quiere entrevistar a Podres en la mañana. Quiero que tú y Duke me aseguren que Podres estará ahí’. Ignorábamos cuanto tiempo dormiría Podres, si fue que durmió. Pero lo llevamos al show y allí gritó: “Traiganmelos otra vez”.  A través del telefono se podía sentir la emoción en la voz de Carl Erskine mientras contaba lo ocurrido hace 55 años, el 04 de octubre de 1955.  “Voy a buscar mi anillo de Serie Mundial, lo puliré y lo usaré”, dijo. “No lo uso a menudo, pero me lo pongo el 04 de octubre.  
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Octubre 06, 2010.

martes, 10 de febrero de 2026

La Portada de Tom Terrific en Sport Gráfico.

  Sabía de la revista porque era la preferida de mis hermanos por su afición a los deportes, particularmente por el béisbol, ese juego que a los seis años me parecía demasiado lento, con muchas reglas y cargado de implementos, aunque era un territorio muy explorado en mi curiosidad orientada hacia las excursiones en busca de lagartijas y cigarras cada vez que lograba escaparme hacia los matorrales aledaños a la casa de mis padres, de vez en cuando lanzaba visuales hacia el descampado donde jugaban encuentros de beisbol. Quizás la memoria humana no permita la mejor referencia del pasado, porque casi siempre tiende a delinear los recuerdos bajo el faro de la subjetividad y las emociones, por más que intentamos acercarnos a lo que denominamos verdad, o realidad, el fantasma de la conveniencia o la emotividad termina alterando los trazos hasta rematar una imagen impresionante pero imprecisa, maravillosa pero incompleta, telúrica pero sospechosa. Esto es más o menos lo que me ocurre cuando intento viajar por aquellos territorios cercanos y distantes de la niñez.   La alegría por salir de la escuela cada atardecer se desvanecía al llegar a casa, trataba a toda costa distraer a mamá, esconderme tras los armarios de suministros de papeles y carpetas en la oficina de papá. Ella parecía tener una brújula infalible para detectar mis coordenadas exactas. Me disgustaba mucho con ella, para mis adentros, porque me hacía practicar varias veces las lecciones de lectura que había aprobado en clase, no valían las calificaciones o notas de felicitación de la maestra, mamá  tenía que comprobar mi nivel de lectura. Luego al ver que me sumía en un mutismo por más de quince minutos, me ofrecía algunas compensaciones. La mañana siguiente era yo quien la buscaba en la cocina o el rincón más apartado del lavandero, entonces íbamos hasta aquella media cuadra frente a la plaza Montes, indeleble para mí, primero íbamos a la heladería de la esquina y me pedía una barquilla de mantecado, y yo reclamaba que prefería chocolate, después casi la templaba por la mano hasta la librería “Las Flores”. Apreté los labios cuando Pedro Luis dijo que se habían terminado los ejemplares de Lorenzo y Pepita, La Zorra y el Cuervo, y Archie.     Cuando casi cerraba los ojos para obstruir el paso de las lágrimas, Pedro Luis señaló una revista a mitad de su estante de publicaciones periódicas. Sabía que esa revista del recuadrito anaranjado con letras blancas en la esquina superior derecha de la portada, era la favorita de mis hermanos, pero para ese momento no era muy aficionado a los deportes, Sport Gráfico me parecía un álbum de fotografía en blanco y negro donde Felipe y Jesús Mario se emocionaban comentando los juegos de beisbol que oían todas la noches en el radio. Aunque la foto de la portada casi siempre era a todo color, para mi no se podía comparar con los matices y la pigmentación de cada una de las páginas de los suplementos de historietas, por eso fui incapaz de apreciar el valor de aquella fotografía donde aparecía un beisbolista con el rostro sudoroso, la visera de la gorra ligeramente ladeada y la mirada disparada en medio de la soledad del clubhouse. Estuve a punto de lanzar la revista al suelo cuando Pedro Luis me la entregó. Lo único que me frenó de rechazar la revista fue el temor de enfrentar el castigo implacable de mamá, sabía que aquello podía implicar varios días sin merienda escolar y sin salir a jugar.     No había lanzado muy bien la revista sobre el colchón de mi cama cuando Felipe casi se lanza como en un piscina tras ella, “Tom El Terrífico, el primer pitcher que gana 16 juegos en la historia de los Mets de Nueva York, el tipo que transforma a ese equipo desastroso cada vez que sube al montículo hasta hacerlo que compita como el más genuino contendor al banderín de la Liga Nacional”, toda esa perorata era indescifrable para mí, el beisbol era un código encriptado que me aislaba de mis hermanos, por eso quizás en aquel momento sentía algo de resentimiento por ese deporte. Cuando llegó Jesús Mario no podía dejar de agacharse para ver la portada de la revista y hasta sacó una barajita de aquellas de las Topps que se editaron en Venezuela a mediados de los 1960s, Tom Seaver decía en la parte inferior del cartón, debajo del apelativo Mets en letras azul celeste. Felipe tuvo que retirarse hasta el otro extremo de su cama para evitar el asedio insistente que incluía templones del papel.
El aspecto que más atraía a mis hermanos de Tom Terrific era el parecido en actitud respecto a un pitcher que lanzaba en la liga venezolana de beisbol profesional con un equipo que en esa época era tan débil como los Mets de Nueva York, se trata de los Navegantes del Magallanes de mediados de los años 1960s y de Isaías Látigo Chávez. Felipe y Jesús Mario decían que el efecto de la presencia de Tom Terrific en el montículo de los Mets era exactamente el mismo que cuando El Látigo se encaramaba en la lomita del Magallanes, el equipo se transformaba, dejaba  de ser el remolino de errores y desaciertos para fajarse hasta el último out con  los mismísimos punteros de la liga. Solo algún tiempo después fue que entendí perfectamente aquella fruición de mis hermanos por disputarse aquel Sport Gráfico que había tomado de mala gana de las manos de Pedro Luis, hasta lo miré con ojos de muy pocos amigos, en mi mente lo acusé de esconder algún suplemento de La Zorra y El Cuervo, para otro niño.   Sabía que Felipe había guardado la revista debajo se su colchón, por eso cuando aquel mediodía dominical del 16 de marzo de 1969, cuando escuchamos la noticia del accidente aéreo donde falleció El Látigo, de inmediato levanté el colchón y me quedé mirando las gotas de sudor de Tom Terrific, como buscando las aristas más inescrutables de aquella similitud de carácter sobre el morrito. Pasé como dos semanas regresando todos los mediodías después de las clases de tercer grado a levantar el colchón para ver aquel Sport Gráfico, era mi forma de revivir a El Látigo. Luego ese mismo año la rutina se hizo más intensa luego que escuché de mis hermanos que los caraquistas habían dicho que el Magallanes solo sería campeón de la liga venezolana cuando los Mets ganaran la Serie Mundial y el hombre llegara a la luna. Entonces todos los días me llevaba el periódico del día y lo ojeaba en el cuarto junto a la revista que sacaba de abajo del colchón. Después que el Apolo 11 llegó a la luna, seguí viendo la revista junto con las reseñas diarias de la gesta de los Milagrosos Mets, hasta que se adueñaron de la Serie Mundial. Y durante la temporada venezolana me llevaba la página deportiva de El Nacional y la veía junto a aquel Sport Gráfico y veía al lado del colchón el windup de El Látigo superponerse con el de Tom Terrific. Cuando los Navegantes ganaron el campeonato y la Serie del Caribe estuve más tiempo viendo aquel Sport Gráfico que el ejemplar de la semana cuando Magallanes atrapó el torneo caribeño. Luego Felipe accedió a que yo guardara esa revista, la atesoraba junto a una colección de más de doscientos Sport Gráficos que guardaba debajo de mi cama. Unas vacaciones escolares fui a casa de mis abuelos en Cumaná y cuando regresé, mamá había decidido desechar los Sport Gráficos que tenía debajo de la cama, pasé más de quince días casi sin hablarle, ya no vería más aquella expresión competitiva de Tom Terrific superpuesta sobre los movimientos de El Látigo, levantando la pierna izquierda hacia el cielo.
Alfonso L. Tusa C. 14 de septiembre de 2020.

Cincuenta y seis años de aquel Título de la Serie del Caribe.

Estadio de la UCV. Febrero 10, 1970. El manager Jim Fregosi de Leones de Ponce envio a C. Wright al montículo, mientras Patato Pacual le entregaba la pelota a Larry Jaster por navegantes del Magallanes. Puerto Rico marcó primero en la apertura del ining inicial Venezuela respondió en el cierre de ese primer inning, mediate imparable de Cesar Tovar, doble de Hiraldo Chico Ruiz y rodado por la antesala de Gustavo Gil que aprovechó Tovar para anotar en jugada cerrada en el plato. Los borícuas se adelantaron en la apertura del cuarto mediante imparable de Tany Pérez y bala fría de Jorge Roque que picó delante de Armando Ortíz en el bosque izquierdo y como no la pudo controlar Pérez anotó. Magallanes emparejó en el cierre del quinto tramo. Tovar abrió con triple. Ruiz negoció boleto. Gustavo Gil intentó toque sorpresa pero Tovar fue out en el plato. Patato Pascual ordenó el doble robo y con hombres en segunda y tercera bases, Jim Holt remolcó a Ruiz con hit de piernas para igualar 2-2.
Ponce volvió a tomar ventaja al anotar otra carrera en la apertura del octavo. En el cierre de ese episodio doble Ray Fosse y Armando Ortiz despacharon dobletes para empatar 3-3. Aurelio Monteagudo había entrado a relevar en el octavo inning. En la apertura del noveno con corredor en segunda y un out Ramón Conde salió de emergente y bateó un roletazo sobre segunda base que tomó Jesús Aristimuño en jugada impactante para evitar que entrase la carrera. Santos Alomar era el siguiente bateador e intentó elsqueeze play solo que Dámaso Blanco leyó la jugada y tomó el toque mientras adelantaba y lanzó la pelota a Fosse para hacer out a Jorge Roque.
En el cierre del undécimo Dámaso Blanco abrió con imparable y se metóhasta segunda base por marfilada del jardinero izquierdo Jorge Roque. Luego Monteagudo ejecutó el toque de sacrificio y Dámaso llegó hasta tercera base. Fregosi ordenó boletos intencionales para Tovar y Ruiz, y Gustavo Gil remolcó a Dámaso con imparable por el medio del campo. Magallanes campeón del Caribe.
Alfonso L. Tusa C. Febrero 10, 2026.

domingo, 8 de febrero de 2026

Catorce momentos

Observar en la pantalla del televisor como Renato Núñez atrapaba el roletazo de Herlis Rodríguez para sellar el décimo cuarto campeonato de Navegantes del Magallanes trajo bocetos centelleantes de aquellas barajitas de cartón que tenía Pedro Luis Marcano en la parte interna del vidrio del mostrador de su librería “Las Flores” en Cumanacoa. Pedro Luis hablaba con pasión de unos peloteros que yo solo conocía por referencias de mis hermanos: Camaleón García, Vidal López, Melvin Sudafrío Himes, Jim Pendleton, Johnny Ritchie, Chucho Ramos entre otros artífices del campeonato de 1949-1950. Repitieron en la justa 1950-1951, en la barajita de esa temporada tambien aparecían Clem Labine, Gualberto Acosta, Adolfredo González y Johnny Davis entre otros. La barajita que más ilustraba Pedro Luis era la de la temporada 1954-1955, allí aparecían también Ramón Monzant, Bob Skinner, Pantaleón Espinoza, Bob Lennon, Joe Margoneri. Esos título los conozco por testimonios orales o escritos. De la 1969-1970 y el cuarto título de los Navegantes, destacan los batazos de Clarence Gaston, Jim Holt, Armando Ortíz las jugadas de Dámaso Blanco (sobre todo aquella electrizante en la Serie del Caribe para neutralizar un intento de squeeze play), Jesus Aristimuño y Gustavo Gil, el pitcheo de Dick Baney y Danny Morris. Hubo un relevo de diez innings de Gregorio Machado en la semifinal versus Aragua de un juego que se decidió en el inning catorce mediante triple de Gustavo Gil que remolcó a Machado desde primera base. También fueron esenciales en ese equipo el pitcheo de Don Eddy y Jay Ritchie.
La doble P de Dave Parker y Mitchell Page marcó la temporada 1976-1977. Junto a los pitchers James Easterly, Paul Reuschel, Manuel Sarmiento,Chris Batton, Craig Mitchell entre otros además de peloteros como Ken Macha, Steve Nicosia, Gustavo Gil, Alexis Ramírez, Felix Rodriguez y el excelso jardinero central Gary Woods capaz de alcanzarlos batazos más recónditos, batallaron a través de la temporada hasta vencer a Zulia en semifinal y a Tiburones en seis juegos de la final, llegaba el quinto título. Dos disparos certeros de Oswaldo Olivares desde el jardín derecho hacia la mascota de Baudilio Díaz enfriaron a corredores tan veloces como Miguel Diloné y Nelson Norman y luego en el cierre del undécimo inning y ante el relevista grandeliga de Aguilas Cibaeñas William Castro, el manager Willie Horton trajo otra vez a Rafael Cariel de emergente y este remolcó la carrera del triunfo. Los Navegantes vencían 2-1 y se enrumbaban al título de la serie caribeña. Ese era el equipo de Jerry White, Rodney Scott, Felix Rodriguez, Alexis Ramírez, Manuel Sarmiento, Mike Norris, Mitchell Page, Tim Blackwell, Allan Wirth, Lary Rostchild, Rafael Cariel, Alfredo Torres entre otros, que ganaba juegos como el del 30 de diciembre de 1978 versus Aragua cuando Horton trajo de emergentes sucesivos a Alfredo Torres y Rafael Cariel para remolcar carreras. O como el segundo de la final cuando el propio Horton sentenció el marcador al impulsar el triunfo en el cierre del noveno inning. Así ocurrió el sexto título en la temporada 1978-1979. El séptimo pergamino llegaría en la temporada 1993-1994 de la mano de Tim Tolman, Juan Carlos Pulido quien tuvo marca de 11-1 y mucho antes del sexto juego de la final habia vencido 2-1 al Caracas y Urbano Lugo Jr., en los albores de la temporada regular. En el sexto juego de la serie final el juego llegó 0-0 al noveno inning, Pulido se volvió a fajara a sangre y fuego ante Lugo y tuvo el respaldo defensivo de sus compañeros, primordialmente de aquella jugada fantasmal de Melvin Mora en la apertura del sexto inning ante batazo e Omar Vizquel que amenazaba con abrir el marcador para los melenudos. Luego en el cierre del noveno inning Carlos García inició con doble y con su desplazamiento arriesgado en las bases logro llegar al plato en pisa y corre con elevado a la izquierda de Andrés Espinoza para desatar toda una celebración del equipo que fue a felicitarlo en el propio plato sin esperar a que se levantara. Allí también destacaron Álvaro Espinoza, Clemente Álvarez, Luis Raven, Donne Wall,Eddy Díaz, Jason Grimsley, Raul Tucupita, Marcano, Erick Ojeda, Jim Bruske, Donne Wall, John Hudek, Brian Hunter, Edgar Naveda, entre otros.
El jonrón con tres en bases de José Francisco “Cheo” Malavé en el quínto juego de la serie final resultó un punto de inflexión en el desarrollo de esa serie final (1995-1996) y a partir de ese 30 de enero de 1996 los Navegantes ganaron tres veces seguidas para acreditarse su octavo gallardete,el cuadrangular de Malavé fue con tres hombres en base y puso a ganar al Magallanes 8-6, el juego terminó 8-7 y la final se puso 3 juegos a dos aún con Lara Adelante. En el séptimo y decisivo juego de esa final Juan Carlos Pulido lanzó siete innings en blanco y luego Dave Evans se encargó sacar los dos innings finales cargados de dramatismo, al punto de que en el noveno Malavé y Melvin Mora recibieron pedradas en su humanidad lo cual detuvo el juego varios minutos. Juan Francisco Castillo ganó dos juegos y fue el más valioso de esa final. Antes en el Round Robin Donne Wall lanzó un juego sin hits ni carreras junto a Manacho Henriquez y Dave Evans para vencer a Cardenales 4-0 el 10 de enero de 1996.. El 13 de enero de 1996 Magallanes llegó perdiendo 3-0 al cierre del noveno inning y Álvaro Espinoza coronó un reacción agónica con imparable a la izquierda remolcador de las dos carreras que dejaron sobre el terreno a Leones del Caracas. Del noveno título resuena aún aquel jonrón de Alejandro Freire ante Omar Daal en el primer juego de la serie final de la temporada 1996-1997 (la segunda frente a Leones del Caracas). Ese 24 de enero de 1997 el juego estaba igualado 1-1 en medio de un electrizante duelo de pitchers entre Daal y Ramón García. En medio del suspenso y la expectativa más punzantes, en el cierre del octavo episodio, Freire pescó un lanzamiento alto y lo incrustó a mitad de las gradas de la izquierda para darle cifras definitivas al juego puesto que Manacho Henríquez relevó a García en el noveno y ejecutó el paso de conga con dos ponches. Luego en el quinto juego de esa final Ramón García lanzó blanqueo en medio de un respaldo ofensivo de diez anotaciones. Edgar Ramos resultó esencial con cuatro triunfos en el round robin en 28 innings lanzados con efectividad de 0.96 y además ganó el cuarto juego de la final al pithear 5.1 innings en blanco de un juego que terminó 3-2 a favor de los Navegantes. Rubén Quevedo lanzó en cuatro juegos del round robin en la temporada 2001-2002 y dejó marca de 1-0 con efectividad de 1.37, luego en dos juegos de la final ante Aragua dejó marca de 1-0, en 13.1 innings con efectividad de 1.35, la victoria le dio el décimo campeonato a los Navegante quienes venían de dos finales seguidas sin concretar hasta que en esta ocasión el manager Phil Regan si fue campeón con los Navegantes. Por su parte Johan Santana tuvo marca de 2-2 en la temporada regular en 46 innings con efectividad de 1.76. Luego en el round robin su marca fue de 1-0 en cuatro aperturas, 18.2 inning y 2.89 de efectividad.; en la serie final ganó el tercer juego en trabajo de 7 innings y una carrera limpia para adelantar a los Navegantes dos juegos por uno en la serie. Endy Chávez bateó para .289 en la temporada regular con 15 carreras empujadas, 33 anotadas y 10 robos de base, 49 juegos; en el round robin su promedio al bate fue .391, 6 empujadas, 9 anotadas en 46 turnos al bate; en la final bateó para .318 con 3 empujadas, 4 anotadas en 22 turnos al bate. Momento imborrable de esa final ocurrió en el primer juego de aquella final, cierre del noveno inning pizarra 2-2, Robert Pérez ante Kelvim Escobar y Pérez la sacó de cuadrangular para dejar en el terreno a los Tigres de Aragua y poner al Magallanes adelante en la serie.
El manager Luis Sojo sustituyó a Reegie Corona con Mario Lisson para el cuarto juego de la serie final 2012-2013. Lara dominaba la serie dos juegos por uno, a partir de ese momento Lisson fue inspiración para la ofensiva de los Navegantes, ese cuarto desafío lo ganó Magallanes 6-5. Luego Cardenales se fue adelante con victoria 3-2 en once episodios, un juego de recuerdos lamentables por la actitud irrespetuosa del locutor interno del estadio de Barquisimeto contra los peloteros de los Navegantes. El día siguiente hubo ajuste de cuentas en el terreno y desde la locución interna del estadio José Bernardo Pérez de Valencia, Gustavo Chacin lanzó cinco buenos innings y Mario Lisson y Pablo Sandoval despacharon jonrones para decretar la victoria 7-3 que igualaba la serie. Los Navegantes alcanzaron su undécimo título al vencer 11-9 a Cardenales con jonrones de Endy Chavez, Carlos Maldonado, Juan Rivera, Pablo Sandoval y Héctor Gimenez. Enrique Gonzalez se apuntó el salvamento. Antes de iniciar el round robin de la temporada 2013-2014 Carlos García sustituyó a Luis Sojo como manager de Navegantes del Magallanes. En la serie final Magallanes se impuso cuatro juegos a uno sobre Caribes de Anzoategui para acreditarse su décimo segundo título campeonil. Ramón Hernández resultó el jugador más valioso de la serie final y Mitch Lively fue el pitcher del año esa temporada. Conclusión del noveno inning, Magallanes gana 3-2 el séptimo juego de la serie final 2021-2022, hay dos outs pero Caribes tiene el empate y la victoria en circulación, el manager Wilfredo Romero sale a conferenciar con su cerrador Bruce Rondón y este prefiere caminar a Niuman Romero para enfrentar al siempre peligroso Willians Astudillo, el suspenso es apoteósico hasta que Astudillo conecta elevadito al segunda base Regginato para decretar el décimo tercer campeonato de los Navegantes. Yohander Mendez lanzó dos juegos de leyenda en esa final. Junior Guerra también lanzó bien y Cesar Jimenez se acreditó el triunfo de ese séptimo juego. Ángel Reyes bateó a raudales en el round robin y la serie final. Cade Gotta y Regginato rindieron a lo largo de la temporada y Gotta fue el más valioso de la final. Anthony Vizcaya fue el setup (preparador) del año y Rondón el cerrador del año. A partir de la llegada de Yadier Molina al timón del barco magallanero, el equipo pasó de jugar para para 8-20 a mediados de noviembre hasta clasificar en tercer lugar. Rougned Odor se encargó de despertar la química, la mística, la armonía de un equipo que supo levantarse con resiliencia y determinación. Brian Mata tuvo varias aperturas de buena factura. Ricardo Sanchez fue pitcher del año. Jesus Reyes se acreditó los honores de setup del año. Luego en el round robin Magallanes protagonizó otro regresó épico luego de empezar con marca de 1-5. Felix Cepeda y Raffi Vizcaino llegaron para estabilizar el bullpen. José Suarez mostró sus pergaminos de grandeliga en la final Eliezer Alfonso fue clave con su ofensiva. Sandy León fue muy importante detrás del plato.. Leandro Cedeño fue el más valioso de la final. Wilfredo Tovar mostró sus mejores cualidades de bateador de contacto. Luis Sardiñas mantuvo su nivel como bateador de grandes momentos. Ángel Reyes y Renato Nuñez reaccionaron en el momento preciso. Tucupita Marcano fue ese pelotero oportuno en la serie final. Molina demostró una vez más que el manager es esencial en el desempeño de un equipo. Magallanes se apuntó su tercera serie final de cuatro ante Caribes. Así se consiguió en la temporada 2025-2026, el décimo cuarto título.
Alfonso L. Tusa C.Febrero 08,2026.

lunes, 2 de febrero de 2026

Como la antigua estrella de MLB Brad Lidge se convirtió en arqueólogo

Ted Berg. USA Today. Septiembre 27, 2018.
Como muchos ex grandes ligas con su pedigree, Brad Lidge se mantiene cercano y alrededor del juego. El antiguo cerrador, dos veces integrante del equipo de estrellas y campeón de la Serie Mundial con Filadelfia en 2008, trabaja como asistente especial de la oficina principal de los Filis, es anfitrión adjunto de un programa del canal SiriusXM’s MLB Network Radio cuatro días a la semana, y entrena a su hijo en beisbol y a su hija en softbol. Pero una vez al año durante los últimos cinco años, Lidge y su familia han viajado a Europa para que el pueda ejerza su otra pasión: la arqueología de la Antigua Roma. “En el beisbol”, le explicó a For The Win por teléfono, “se sentía como si siempre teníamos mucho tiempo libre en las giras, así que empecé a leer libros de historia antigua e historia universal, y disfruté mucho aprendiendo sobre eso. Me dije que en algún momento, cuando me retire, me gustaría hacer algo en un mundo diferente más allá del beisbol”. Lidge terminó su licenciatura despues de su carrera como beisbolista activo y se inscribió en una maestría de arqueología e historia antigua en la Leicester University, en Inglaterra. Hizo la mayor parte del curso en línea, pero los requerimientos académicos incluían trabajo de campo en sitios alrededor de Europa. Participó en su primera excavación en 2013 en Carsulae, Italia central. “No sabía que esperar la primera vez que estuve ahí”, recordó. “Básicamente tomas una paleta, y aprendes todas las técnicas para excavar tu cuadrante, o tu trinchera, y las diferentes cosas que necesitas escoger. Escoges muchas cosas, a identificar, puede ser cerámica antigua romana, o solo rocas, o lo que sea...Trabajamos en el sitio donde estaban los antiguos baños romanos, así que encontramos algo de joyería y todo tipo de artefactos pequeños ahí”. “Se termina encontrando muchas más monedas de las que podrías pensar, todo tipo de cosas.Cuando sacas una pieza de cerámica del suelo no sabes si vas a sacar un caparazón de una pulgada cuadrada o un objeto curvo completo”. Ese verano, Lidge trabajó en un sitio del pueblo inglés Lincoln, su quinta excavación pero la primera fuera de Italia, La escena académica europea le ofrece típicamente anonimato en principio, pero invariablemente habrá unos pocos estadounidenses voluntarios o estudiantes en cada sitio, y eventualmente alguno hará el reconocimiento. “Usualmente habrá alguien que diga, ‘Epa, ¿no eres tú el mismo Brad Lidge que jugaba beisbol?’ Les responderé que si, entonces el rumor se esparcirá rápidamente. Algo agradable de esto es que se siente como si se está en un mundo diferente, todos trabajan con metas distintas, pero inevitablemente se termina hablando de beisbol.
Aunque el aspecto de cacería de tesoros de la arqueología es romántico, los artefactos hallados en los sitios de excavación son documentados cuidadosamente y se convierten en propiedad de los gobiernos locales, para custodia, investigación o exhibición. Lidge explica que el verdadero objetivo del arqueólogo no es encontrar los remanentes más valiosos de una civilización pasada, sino los que ofrecen más conocimiento histórico. “No se trata tanto de buscar el Arca de la Alianza o el Sano Grial, todo gira en torno a encontrar el artefacto que ayude a definir el sitio completo”, dijo él. “Cuando estábamos cerca de Orvieto, un sitio etrusco antíguo y también romano, y tratábamos de descubrir como los antiguos romanos usaban el sitio. Parecían ser pequeñas piscinas de agua, que habían construido los antíguos romanos, tratábamos de ver si seguían un culto al agua y hallar evidencia de esas pácticas ahí. “Así que estamos buscando estatua pequeñas, artefactos que te permitirían saber si ellos reverenciaban ciertos dioses. Es una especie de reescritura del area. Lo que se espera hacer es hundir la pala en el suelo y sacar algo que sea muy raro, pero también algo muy significativo para el lugar” Lidge dijo que está un poco en una encrucijada en su búsqueda: Para convertirse en un arqueólogo profesional con todas las de la ley, necesitaría obtener un PhD, lo cual requeriría cuatro años de estudios intensivos y mucho tiempo fuera del país. Es algo que considera, pero tendría que dejar atrás el mundo del beisbol, y él no está listo para hacer eso. En lugar de eso Lidge aparece, según su propia cuenta y la estimación de este portal, como el único tipo del beisbol que también es arqueólogo a medio tiempo. Los amigos del deporte saben de su pasión por la historia y les gusta escuchar los relatos de sus aventuras y hallazgos. En el programa SiriusXM, su co anfitrión bromea de que él regresará hechizado luego de excavar un cementerio antiguo romano. “Pero no pienso que alguien investigue de eso como yo”, dijo Lidge, “Esta era la manera como me podría hacer más interactivo con la historia del mundo, leer de ella es divertido, pero si había una manera de interactuar con ella físicamente, eso es lo que quería hacer”, dijo él. “Cuando me retiré, tuve la oportunidad de hacer eso. Quería mostrarle a mis hijos que sin importar cual sea tu pasión, tienes que buscarla. No muchas personas cambian de profesión cerca de los 40 años de edad, pero fui capaz de hacerlo”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Febrero 02, 2026.

Clase diaria de literatura y periodismo deportivo con Humberto Acosta.

Ahora, cuando me entero de que mi estimado Humberto Acosta ya no está más con nosotros además de las memorias y los momentos compartidos e...