jueves, 9 de abril de 2026

ElRoy Face, As de la Bola de Tenedor y Efectivo Cerrador de los Piratas de Pittsburgh, fallece a los 97 años de edad.

Face fue uno de los primeros lanzadores de grandes ligas en convertir el trabajo de cerrador en una especialidad. Sin ser un pitcher de poder, conseguía los outs mediante una engañosa bola de tenedor (forkball).
Richard Goldstein. The New York Times. Febrero 14, 2026.
ElRoy Face, el resistente pitcher derecho de los Piratas de Pittsburgh quien desconcertaba a los bateadores con su desacelerada bola de tenedor y se convirtiese en uno de los especialistas del relevo más prominentes, falleció este jueves 12 de febrero en North Versailles, Pa. Su hija Valerie Cortazzo confirmó el deceso, en una residencia para adultos mayores. En los 1950s y 1960s, Face fue sobresaliente entre los relevistas que estaban transformando el bullpen como un lugar para los pitchers que no eran tan buenos para ser abridores. Con 1.72 m de estatura y 75 kg, no tenía la recta cortante de los pitchers modernos, pero confiaba en una recta escurridiza y estuvo entre los primeros pitchers en desarrollar la bola de tenedor como arma efectiva, En la primera mitad del siglo 20, algunos pitchers prosperaban como relevistas, pero los especialistas eran relativamente escasos. A inicios de los 1950s, Face irrumpió con un creciente número de pitchers como Hoyt Wilhelm de los Gigantes de Nueva York, Jim Konstanty de los Filis de Filadelfia y Joe Black de los Dodgers de Brooklyn, que controlaba el papel de “cerrador”. Al convertirse en as del bullpen por derecho propio, Face ayudó a llevar a los Piratas a un triunfo sorprendente ante los Yankees en una espeluznante Serie Mundial de siete juegos en 1960, cuando él salvó tres de las cuatro victorias del equipo. Al pitchear con los Piratas por 15 temporadas, Face alcanzaría los 191 salvamentos, una estadística registrada formalmente por primera vez en 1969 pero fue compilada con retroactividad. Lideró la Liga Nacional tres veces en juegos salvados y dos veces en juegos pitcheados, con 68 apariciones cada vez, y estuvo en el equipo de estrellas en 1959, 1960 y 1961. Solo estuvo una vez en la lista de incapacitados, luego de una cirugía de rodilla en 1965. Face compiló una marca de 18-1 en 1959, lo cual se reflejó en un porcentaje de triunfos de .947, el cual fue por mucho tiempo una marca de ligas mayores. Face fue un baluarte del cuerpo de lanzadores de los Piratas junto a los abridores Bob Friend y Vern Law, mientras Pittsburgh tenía dificultades a través de un período de reconstrucción que llevó al equipo al campeonato de 1960. Él lideró la Liga Nacional en apariciones por segunda vez esa temporada.
Face terminó con un tope para la liga y su carrera de 28 salvamentos y registró una efectividad de 1.86 en 1962. Los Piratas lo vendieron a los Tigres de Detroit a finales de la temporada de 1968 y el terminó su carrera de ligas mayores con los Expos de Montreal en 1969. ElRoy Leon Face , su nombre era escrito erróneamente como Elroy, dijo su hija, nació el 20 de febrero de 1928 en Stephentown, N.Y., al este de Albany. Fue el segundo de cuatro hijos de Joseph A. Face Sr., carpintero, y Bessie (Williams) Face, quien se encargaba de los oficios del hogar. Face destacó en el beisbol de la escuela secundaria pero se alistó en la armada en 1946 antes de graduarse. Después del servició militar él probó ser un mago del ponche para un equipo semi profesional y fue firmado por la organización de los Filis de Filadelfia en 1949. Luego de dos temporadas en las ligas menores inferiores, Face fue seleccionado en un draft de ligas menores por los Dodgers de Brooklyn. Después de dos años en el sistema de los Dodgers, fue tomado por Pittsburgh y debutó en las ligas mayores en abril de 1953.Pitcheaba principalmente como relevista, dependió de la recta y la curva esa temporada pero fue muy bateado. En el campo de entrenamiento de los Piratas en 1954, Face observó a su compañero de equipo Joe Page experimentar con la bola de tenedor. Page, un relevista sobresaliente con los Yankees a finales de los 1940s, buscaba regresar con Pittsburgh. Face desarrolló su propia bola de tenedor mientras pitcheaba esa temporada para el equipo granja de los Piratas en New Orleans “Sostienes la pelota entre el primer y el segundo dedo y la dejas deslizar entre ellos”, le dijo Face a Danny Peary en la historia oral “We Played the Game” (1994). Yo tenía dedos largos y eso me permitía envolver la pelota. No se lograba la rotación que se alcanzaba con la recta”. Él continuó, “Usualmente el lanzamiento se hundía, pero a veces se movía hacia adentro y afuera, y a veces el movimiento era hacia arriba. Siempre lo lanzaba de la misma forma, apuntando el medio del plato, y esperaba que se desarrollara”. Face usaba su bola de tenedor hasta 80 por ciento del tiempo cuando le funcionaba, pero también lanzaba recta, curva y slider. “La lanzaba con el mismo movimiento de su recta”, le dijo Dick Groat, el campocorto todos estrellas de los Piratas a The Pittsburgh Post-Gazette en 1999. “Su recta no era muy poderosa, pero era rápida. Los bateadores se asustaban mucho con esa bola de tenedor y se abstraían tanto esperándola que él podía sorprenderlos con la recta”. Face pitcheó en 848 juegos en sus 16 temporadas de ligas mayores, en solo 27 de ellos fue abridor. Tuvo marca de 104-95 con 3.48 de efectividad. Después del beisbol trabajó como jefe de carpintería para el Mayview State Hospital, centro psiquiátrico cercano a Pittsburgh.
Además de su hija, le sobreviven otros dos hijos, Michelle Battochi y ElRoy Face, de su primer matrimonio, con Jean Kuran, el cual terminó en divorcio; una hermana, Jacqueline, siete nietos; y muchos bisnietos. Su segunda esposa, Roberta (Williams) Face, conocida como Bo, falleció en 2012 luego de 33 años de unión conyugal. En el montículo, Face se veía impermeable a la presión. “Tenía a ocho tipos para ayudarme”, le dij a Bob Cairns en su historia oral “Pen Men” (1992). “El bateador no tiene a nadie. Él tiene la presión”.
Adam Bernstein contribuyó reportando.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Abril 07, 2026.

miércoles, 8 de abril de 2026

Dick Williams. Remembranzas de un manager.

Aunque escuchaba los ecos de aquellos Medias Rojas cardíacos de 1967 y el Sueño Imposible, poco sabía del tipo que los dirigía desde el dugout. Apenas empezaba a interesarme por el béisbol, quizás escuché a mis hermanos hablar de él. Mi primera referencia  propia de su presencia como manager la obtuve en la temporada de 1972. Más concretamente en los play offs y la Serie Mundial. La manera como ganó esas competencias me hizo apreciar al béisbol en toda su magnitud. A través de todos los 25 jugadores del roster. Williams contaba y jugaba con todos ellos. Quizás por eso estaba retándolos a todos cada día, cada segundo que estuvieran en el estadio. El tipo de filosofía que desde fuera te hace ver al manager como un sargento, más a medida que conoces las interioridades del juego, se llega a entender, que el tipo también tiene corazón y lo que desea es que cada quién saque lo mejor de sí.  Hasta que hace poco terminé de leer “No more Mr. Nice Guy”, una biografía de Dick Williams escrita junto a Bill Plaschke, empecé a entender aquella personalidad dura que le ganó varios enfrentamientos con sus peloteros comenzando con los Medias Rojas de 1967. Desde muy pequeño vivió las consecuencias de aquella forma de ser provocadora. A los siete años intentaba adiestrar a un perro, como este no siguiera sus ordenes, el niño insistió tanto y tan seguido que el perro le saltó y lo mordió en la cara. Sus primeros contactos con los juegos de Grandes Ligas los consiguió mediante varias entradas que le entregaban a su hermano Ellery para los juegos de los Cardenales y los Carmelitas de San Luis en Sportman’s Park a las 3 p.m. Esto por pertenecer a un club infantil que conseguía entradas para niños de 10 años o más. Como Ellery no tenía interés por el juego, Dick agarraba las entradas y al salir de la escuela primaria a las 3:15 corria hacia el estadio. Sólo debía actuar como un niño de 10 años, él sólo tenía 7.   Todos los juegos que podía Dick estaba en las gradas del left field, observaba todos los movimientos de los jardineros izquierdos, Joe Medwick de los Cardenales (inquilino del Salón de la Fama, último triple coronado de la Liga Nacional) y Chet Laabs de los Carmelitas, uno de esos jugadores anónimos que tanto valoró Williams en los equipos que dirigió. Laabs jugó 11 años en las mayores, ocho con los Carmelitas, sólo una vez bateó sobre .300 y nunca empujó 100 carreras. Pero era un sobreviviente. Jugó esos años en Grandes Ligas porque jugaba con el corazón y los sesos. Hacía jugadas que nadie que no viera su uniforme lleno de tierra, notaría. Williams lo vio jugar más que a Medwick porque los Carmelitas daban entrada libre a los niños en los juegos dominicales. Pronto se dio cuenta que aquel era su tipo de jugador.  Dick nunca se perdonó el haber causado, según él, la muerte de su padre. Aunque sabía que los hábitos de fumador de toda una vida de su padre la pasarían factura tarde o temprano. Mientras jugaba fútbol americano en la secundaria Dick sufrió una lesión en un tobillo y su padre aun convaleciente de una operación bajó de las tribunas corriendo, para ver que le había ocurrido a su hijo. Gritó y gesticuló hasta que pudo tocar a Dick a un costado del campo. Dick fue atendido y regresó a casa. Aquella noche escuchó varias respiraciones ruidosas en la habitación de su padre. Vino una ambulancia. Al día su mamá lo atendía mientras se recuperaba de la lesión. Llamaron del hospital, su madre regresó llorando. El padre había muerto. Desde entonces Dick se recriminó que de no haber ido a jugar aquel día su padre había vivido más. Sólo tenía 16 años, su padre 47.
 Bobby Bragan fue el manager de Dick Williams con el Fort Worth en ligas menores (1949). Con él aprendió la disciplina de jugar en equipo, la importancia de correr para mantenerse en fuena condición física. También le mostró la importancia de que un manager les muestre a sus peloteros su compromiso con la victoria. Una vez envió 8 emergentes por el mismo bateador hasta que consiguió el adecuado. Muchas veces mandó a calentar a un zurdo antes del juego para que los rivales lo creyeran, y detrás de la pared tenía calentando a un derecho que sería el abridor del juego. Algo que parecía imposible aún en aquellos tiempos era colocar un jugador del cuadro en territorio de foul detrás de primera base cuando había jugada de toque en el ambiente. En lo único que Williams se atrevió a disentir de Bragan fue cuando este le sugirió dejar de salir con Norma Mussato, su novia y luego esposa.  El día que Williams llegó a Ebbets Field como un desconocido, la mayoría de aquellos emblemáticos jugadores (Pee Wee Reese, Duke Snider, Roy Campanella, Carl Furillo, Carl Erskine) estaban muy entretenidos y siguió de largo para ver el campo. Jackie Robinson se acercó y le dijo. “Un largo camino desde casa ¿no? Me agrada que estés aquí”. Antes de llegar a ser regular con aquellos Dodgers de Brooklyn, Dick Williams se convirtió en el provocador por excelencia del equipo. Cada vez que jugaban contra los Gigantes y su manager Leo Durocher, Dick aprovechaba que su manager Charlie Dressen les había contado como siendo coach de los Yanquis había visto a Durocher robar el reloj de bolsillo de Babe Ruth. Le gritaba desde el dugout. “Leo ¿Qué hora es? ¿Todavía funciona el reloj de Ruth? ¿Te trae buena suerte? Leeeo. Oh, Leeooo.” Dressen se moría de la risa. Luego Williams debía pagar las consecuencias. Cada vez que iba a batear, Leo le ordenaba al pitcher que me pegara la pelota en el trasero. En el desenlace del juego final para decidir el campeón de la Liga Nacional de 1951, antes del jonrón de Bobby Thomson, Williams criticó a Dressen porque con tres carreras de ventaja puso a Gil Hodges a cuidar a un corredor que ni siquiera era el empate, eso permitió que pasara el rolewtazo de Don Mueller que sirvió la mesa para la reacción de los Gigantes. Si Hodges  hubiese juagado por detrás del corredor hubiese tenido oportunidad de hacer un dobleplay o al menos un out.  Williams empezó a ganarse la titularidad en los Dodgers cuando fue capaz de realizar una jugada impensable. Con hombre en primera y segunda hubo toque de sacrificio, los corredores pasaron a tercera y segunda, el de segunda se abrió considerablemente porque el segunda base cubría la primera base y el campocorto estaba pendiente del corredor de tercera. Williams corrió desde el jardín izquierdo. Gil Hodges le lanzó la pelota e hicieron out al corredor.  Luego perdió la titularidad y prácticamente su carrera en Grandes Ligas al lesionarse el hombro derecho. De allí en adelante deambuló por varios equipos (Baltimore, Cleveland, Kansas City, Boston). En esa última parada empezó su carrera como manager del equipo AAA ubicado en Toronto. Luego de temporadas donde terminó tercero y segundo en 1965 y 1966 respectivamente. Williams fue nombrado manager de los Medias Rojas de Boston para la temporada 1967 por el gerente general Dick O’Connell. Allí empezó su despegue como uno de los mejores estrategas de las Grandes Ligas de todos los tiempos. Su táctica principal, además de una gran disciplina física y técnica, residía en la provocación de sus peloteros diciéndoles que eran incapaces de hacer esto o lo otro.
 Era tal el énfasis que Williams ponía en la condición física y el peso de sus jugadores que en una ocasión entrevistaron al infielder Jim Fregosi sobre los métodos del manager Dick Williams y respondió que en la Liga Americana había 9 managers y un dietista. Al terminar la temporada Williams le envió una nota a Fregosi. “Me temo que ganó el dietista”. Al día siguiente del bolazo que recibió Tony Conigliaro en el ojo izquierdo. Dick Williams intentó ir a visitar a su jardinero derecho en la clínica. El dueño del equipo Tom Yawkey le indicó que no estaban permitidas las visitas y así se lo reiteró cuando Williams intentó visitarlo en ocasiones posteriores. Conigliaro resintió que el manager no lo hubiese visitado en el hospital y ese episodio pasó a formar parte de la difícil relación que existía entre estos hombres. Williams, escribió que lamentó mucho que nadie le informara a Tony C que había intentado visitarlo varias veces mientras estuvo en la clínica.  Hacia finales de aquella temporada del Sueño Imposible (1967) una mujer del área de Boston llamó a Dick Williams para pedirle que le hiciera su milagro particular. Su hijo Bobby Broderick estaba muriendo de cáncer y quería ver al manager de su equipo favorito. Fue al final de una serie en Fenway Park y por supuesto Dick fue al hospital. No recordaba mucho el rostro del niño, solo que tenía como 9 años de edad y se aferraba desde su fragilidad a la esperanza de que los Medias Rojas ganaran el banderín de la Liga Americana. Ni siquiera el duro Dick Williams tuvo el valor de prometerle que ganarían el campeonato, sólo que tratarían. Luego mientras caminaba por el pasillo de hospital, juró que si lo intentarían con todo el corazón. Bobby Broderick murió 36 horas después. Su madre le informó a Dick Williams en una carta muy bien escrita sobre papel azul. Williams siempre la conservó en sus archivos. En una parte decía: “No hay carta que describa adecuadamente la felicidad que usted le dio a Bobby Broderick y a sus seres queridos cuando vino a visitarlo”. Muchos recuerdan la época de Williams en Oakland por las dos Series Mundiales, para mí el punto más indeleble en mi memoria fue el episodio de Mike Andrews en la Serie Mundial de 1973. Charlie Finley había conseguido a Andrews como agente libre luego del Juego de las Estrellas. En el segundo juego de la Serie Mundial (Octubre 14) Oakland llegó empatado a 6 carreras con los Mets de Nueva York al inning 12. Había dos corredores en base y dos outs. John Milner bateó un roletazo por segunda que le hizo un extraño a Andrews y los Mets anotaron dos carreras. Luego Jerry Grote bateó otro roletazo hacia Andrews, esta vez el inicialista Gene Tenace sacó el pie antes de tiempo, le cargaron otro error a Andrews. Otras dos carreras para los Mets. Luego del juego Williams pasó por el club house y le dio varias palmadas a un apesadumbrado Mike Andrews. “Recuerda que los errores físicos son parte del juego. Eres un ser humano”. Finley pensaba distinto e intentó sustituir a Andrews con Manny Trillo alegando una lesión. Para ello hizo que uno de los médicos del equipo redactara un informe donde diagnosticaba dolencias en la espalda de Andrews. Allí empezó el final de los días de Williams en Oakland. Al principio Andrews se negó a firmar un papel reconociendo que estaba lesionado porque no lo estaba. Luego lo firmó bajo amenaza de Finley. Ese fue uno de los momentos más duros de la carrera de Williams como manager. Antes del tercer juego de la Serie  el comisionado Bowie Kuhn anunció que Finley no podía activar a Trillo y que debía reenganchar a Andrews. Andrews regresó al equipo para el cuarto juego. En el octavo inning de un juego que perdía 6-1, Williams sacó de emergente a Mike Andrews por el pitcher Horacio Piña. 55000 aficionados de los Mets en Shea Stadium se levantaron para ovacionar a un pelotero del equipo rival.
Luego fue manager de los Angelinos de California (1974-1976), el propio Williams reconocía que el equipo sólo tenía oportunidad de ganar cuando lanzaban Nolan Ryan o Frank Tanana. Era el primero en reconocer los méritos de Ryan como lanzador, se hablaba mucho de su recta pero en los momentos clave del juego siempre sorprendía a todo el mundo con un  cambio, una curva o cualquier lanzamiento quebrado, como cuando dominó a Bobby Grich con un cambio para completar su cuarto no hitter ante los Orioles de Baltimore con pizarra de 1-0. Williams trataba de incentivar a sus pitchers de los Angelinos, les decía que si lograban que los contrarios le batearan 18 roletazos para outs o que pudieran serlo, les compraría un flux. Ryan le contestó que el estaba fuera de ese concurso. Williams le dijo, ok, si lanzas el juego sin conceder bases por bolas te compro el flux. Sabía que era muy difícil que Ryan consiguiera eso. Pero varios años después, cuando lanzaba para los Astros de Houston y Williams dirigía a San Diego, Ryan lanzó un juego de dos hits ante los Padres sin conceder boletos. Al terminar el juego Ryan se quedó mirando hacia el dugout de San Diego y se rió. Cuando Williams cayó en cuenta de aquella apuesta hizo los arreglos para que al día siguiente le llevaran un botella  de champaña Dom Perignon a Ryan al dugout de los Astros.
Alfonso L. Tusa C. Octubre 01, 2013.

martes, 7 de abril de 2026

Dave Giusti (1939-2026) (III)

La trágica muerte de Clemente menos de tres meses después devastó al equipo, los Piratas terminaron 2 juegos por debajo de .500 en 1973.. Pero Giusti estuvo brillante una vez más, con 9 triunfos, 20 salvamentos y 2.37 de efectividad. Fue invitado al Juego e Estrellas por única vez en su carrera, aunque también merecía haber sido convocado en temporadas previas. De hecho, el manager de la Liga Nacional, Sparky Anderson admitió que le dió a Clay Carroll, un pitcher de su equipo los Rojos de Cincinnati, el último puesto de relevista en el equipo de estrellas de la Liga Nacional en 1971 sobre un más meritorio Giusti. Giusti pitcheó el séptimo inning en blanco en una victoria 7-1 de la Liga Nacional. El total de salvamentos del relevista disminuyó en 1974, pero no fue debido a falta de éxito. Se sobrepuso a un mal primer mes para pitchear en 64 juegos, incluyendo 2 aperturas, y lanzó 105.2 innings. Desafortunadamente para Giusti, los abridores de los Piratas completaron 51 juegos, lo cual limitó las oportunidades de salvar juegos. Una lesión en la espalda lo incapacitó buena parte de septiembre, y aunque fue capaz de pitchear en la serie de campeonato de la Liga Nacional, no lo hizo bien en la derrota de los Piratas en cuatro juegos ante los Dodgers. Permitió 8 carreras , 13 imparables y 5 boletos en 3.1 innings, aunque cuatro de esos boletos fueron intencionales. Cargó con la derrota en el segundo juego cuando permitió 4 imparables seguidos en el octavo inning de un empate 2-2. Después de una cirugía en el receso entre temporadas para remover astillas óseas de su codo derecho, Giusti salvó 17 juegos en 1975 y tuvo marca de 5-4 y 2.95 de efectividad. Los Piratas ganadores de 92 juegos regresaron a la serie de campeonato de la Liga Nacional pero fueron barridos por Cincinnati. Giusti lanzó 1.1 innings en blanco en el segundo juego para su aparición final en postemporada. El Giusti de 36 años de edad falló como cerrador a inicios de 1976. Desperdició un salvamento en su primer juego y luego sudó tinta a través de una brutal aparición de cuatro innings contra los Mets el 17 de abril. Los Mets habían anotado 7 carreras en 5 innings ante Bruce Kison y Larry Demery para tomar ventaja de 7-1. Giusti salió indemne en el primer inning pero permitió un jonrón de tres carreras a Dave Kingman en el séptimo inning. Danny Murtaugh, quien había regresado del retiro para reemplazar a Virdon, mantuvo al pitcher en el juego, y cuando los Piratas llegaron exhaustos al noveno inning, los Mets habían ganado 17-1, con 10 carreras (7 limpias) cargadas a Giusti en 4 innings. Un total de 25% de las carreras limpias que permitió en 1976 ocurrieron en ese juego. Pitcheó mejor después de esa salida, con 3.31 de efectividad hasta el final de la temporada y 4.32 en general. También ganó 5 juegos, pero su total de salvamentos cayó a 6. Ese era un verdadero bullpen por comité, con un total de 11 pitchers registrando al menos 1 salvamento. Las dificultades iniciales de Giusti combinadas con el desarrollo del submarinista Kent Tekulve hacia un verdadero cerrador, lo cual indicaba que todo estaba escrito. “Todavía puedo pitchear”, dijo Giusti en febrero de 1977. “No tengo la menor duda de que puedo lanzar para los Piratas. Si ellos sienten que no me necesitan, estoy seguro de que puedo pitchear para alguien más”.
Pittsburgh y Oakland trabajaron en una negociación de nueve peloteros en marzo de 1977. Oakland obtuvo a Doc Medich, Rick Langford, Giusti, Doug Bair, Tony Armas y Mitchell Page, y enviaron a Phil Garner, Tommy Helms y Chris Batton a los Bucaneros. Fue un cambio importante para ambas franquicias, porque peloteros como Garner, Langford y Armas tuvieron gran impacto en sus nuevos equipos. El tiempo de Giusti en Oakland fue temporal y no particularmente feliz. “Era un gran lugar para vivir hasta que llegabas al estadio”, dijo él de su tiempo allí. Oakland era un equipo tumultuoso, con el dueño Charlie Finley aparentemente enemistado con todos los involucrados en el beisbol profesional a la vez. Dock Ellis era uno de varios ex Piratas que estaban en el equipo. “A Dock le tomó como dos semanas averiguar lo que pasaba en Oakland”, recordó Giusti. “Tan pronto como lo hizo, estalló cuando Finley estaba cerca. Como dos días después fue cambiado. Dock no es ningún maniquí”.Giusti apareció en 40 juegos para Oakland y tuvo marca de 3-3 con 2.98 de efectividad. Pero el equipo no tenía un verdadero cerrador, y sus 6 salvamentos fueron la tercera mayor cantidad detrás de Bair (8) y Bob Lacey (7). No estaba contento con su difuso papel, las oportunidades cambiaron cuando los Cachorros de Chicago compraron su contrato en agosto. El cerrador del equipo, Bruce Sutter, estaba lesionado, y necesitaban un relevista derecho. Sin embargo, el manager Herman Franks le dio esas oportunidades de salvar a varios relevistas, incluyendo a Willie Hernandez y Paul Reuschel. El único salvamento de Giusti con los Cachorros, el 20 de agosto contra los Dodgers, llegó después que Hernandez y Reuschel habían pitcheado en eljuego. Giusti pitcheó bien para Chicago en agosto, pero permitió 13 carreras limpias en ocho innings en septiembre, inflando su efectividad hasta 6.04 con los Cachorros y 3.89 en la temporada. Fue despedido al terminar la temporada y se retiró a la edad de 38 años.
Giusti pitcheó en 668 juegos en las mayores, incluyendo 133 aperturas, en una carrera de 15 años. Dejó marca de 100-93, con 145 salvamentos, 35 juegos completos y 9 blanqueos. Tuvo 5 temporadas en las cuales apareció entre los 3 mejores en cuanto a juegos salvados en la Liga Nacional, y sus 30 salvamentos en 1971 fueron una marca para los Piratas hasta que Tekulve salvó 31 en 1978. Giusti ponchó 1103 bateadores y tuvo efectividad de 3.60 y una ERA+ de 95. También tuvo una efectividad de 4.87 en 20.1 innings pitcheados en postemporada, con 4 salvamentos en 16 apariciones como relevista. Como bateador, Giusti tuvo una línea de .187/.235/.250, con 4 jonrones. El beisbol ocasionalmente reta la confianza en si mismo de Giusti, y aun hasta despues de alcanzar grandes éxitos en el juego, como un campeonato de Serie Mundial y una aparición en el Juego de Estrellas, podía encontrarse batallando con sus viejas dudas. Pero eso solo ocurría porque era muy apasionado por el juego.”Yo no tenía el mejor repertorio, pero siempre tenía una inversión emocional”, dijo él despues de alejarse del juego en 1978. “Pienso que eso te hace mejor”. Giusti permaneció en Pittsburgh después de retirarse, viviendo en la misma calle en Upper St. Clair como su antiguo compañero, Steve Blass. Mantuvo posiciones como representante de ventas en una compañía de mecanizado y luego con American Express antes de empezar a trabajar con la asociación de peloteros antíguos de los Piratas. Giusti fue inducido al Greater Syracuse Sports Hall of Fame in 1989 y agregado al Syracuse University Baseball Wall of Fame in 1998. . Otra historia de Giusti que pensé valía la pena referir, Esto se obtuvo de un Austin American-Statesman de 2013 y de un artículo del Vancopuver Sun de 2021. Giusti fue el representante sindical de los peloteros de los Astros durante la temporada de 1968 cuando el Senador de Nueva York Robert F. Kennedy fue asesinado. El Presidente Lyndon B. Johnson decretó el día del funeral de Kennedy, Junio 9, como día de duelo nacional., pero los dueños del beisbol decidieron que el calendario de juegos debía ejecutarse como estaba programado. Los Mets de Nueva York lograron convencer al reacio equipo de los Gigantes de que cancelaran su juego por respeto, y el juego Yankees-Senadores fue suspendido debido ala proximidad del funeral. Los Astros fue uno de varios equipos cuyos peloteros votaron unánimemente por no jugar. Entonces la gerencia de Houston anunció una multa de 3000$ contra cualquier pelotero que no jugara el 9 de junio. Para un joven pelotero que cobraba el salario mínimo de la liga, 10000 $ esa era una multa pesada. “Los peloteros de Houston han decidido que sus convicciones respecto a la reciente tragedia son prácticamente las mismas, pero debido a las extremas presiones económicas ejercidas por el gerente general nos vemos obligados a jugar el domingo por la tarde”, dijo Giusti en una declaración. Al final, cinco peloteros en toda la liga se negaron a jugar: Giusti, Bob Aspromonte y Rusty Staub de Houston, Milt Pappas de Cincinnati y Maury Wills de Pittsburgh. Los tres peloteros de los Astros fueron multados, pero Giusti era un pitcher abridor y no un pelotero de posición como sus dos compañeros. No estaba señalado para abrir el juego de ese 9 de junio y era casi seguro que tampoco iba a relevar. Pero mantuvo sus principios y asumió la multa antes que retirarse y ser presionado por su empleador que no tenía tacto con la situación. Esa fue la primera vez que los peloteros se enfrentaron a los dueños durante la era moderna del beisbol. Aunque eso no funcionó para los peloteros esa vez, se generó una fisura en el dominio de los dueños del beisbol organizado lo cual abrió las puertas a mayores logros para los peloteros en el futuro.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Abril 06 , 2026.

Dave Giusti (1939-2026) (II)

El blanqueo fue el primero de un tope de victorias en su carrera de 15 en una temporada para Giusti en 1966. Permaneió en la rotación de abridores de Houston todo el año, y mientras su efectividad de 4.20 y una ERA+ de 82 estaban por debajo del promedio, él y Mike Cuellar eran los abridores más consistentes que Houston tenía.. Giusti tuvo 4 blanqueos, y su mejor juego del año lo vio victimizar a los Gigantes una vez más el 13 de agosto. Fuera de un sencillo de Cap Peterson en el segundo inning, Giusti no permitió que se embasara otro corredor. Enfrentó 28 bateadores, uno sobre el mínimo, y retiró en fila los últimos 22 bateadores de los Gigantes. Otro blanqueo, sobre Cincinnati el 21 de agosto, fue más memorable por sus logros ofensivos. Giusti largó un par de dobles de bases llenas, empujó 6 de las 11 carreras de Houston. Giusti ganó 11 juegos en cada una de las siguientes dos temporadas, pero dada la futilidad de los recién renombrados Astros, él también perdió 15 juegos en 1967 y 14 en 1968. También alcanzó un pico ofensivo en 1967, al descargar 3 de sus 4 jonrones en toda su carrera y empujar 10 carreras. Giusti también sacó ventaja del Año del Pitcher en 1968 para agenciar una efectividad de 3.19 que fue alrededor de una carrera menos que su marca usual como abridor. También tuvo un tope para su carrera de 186 ponches y lanzó 12 juegos completos.En su primera victoria de 1968, Giusti ponchó 13 bateadores en un triunfo 4-3 sobre Filadelfia. Giusti había ponchado dos veces al primera base de los Filis Bill White con su bola muerta (palmball), el cual era uno de sus mejores pitcheos. Utilizó de nuevo el pitcheo contra White en cuenta de dos strikes en el noveno inning, pero White lo estaba esperando y despachó jonrón de tres carreras para poner el juego por una carrera. En un testamento de su mejorada actitud mental, Giusti dijo que el jonrón le disgustó porque perdió el blanqueo. “Pero me recuperé a tiempo y me convencí de que si regresaba y me fajaba, todavía podía ganar”, dijo él. Terminó el juego al ponchar cantado a Rick Joseph. Giusti tuvo un receso entre temporadas muy agitado. El 11 de octubre él y el catcher Dave Adlesh fueron enviados a los Cardenales de San Luis por los jugadores de liga menor Tommy Smith y el catcher Johnny Edwards. Tres días después, él fue escogido por los Padres de San Diego en la tercera ronda del draft de expansión para agregar a los Padres y los Expos de Montreal. Los Cardenales lo reclamaron en diciembre al enviar a San Diego al pitcher de liga menor Philip Knuckles, el catcher Danny Breeden, el jardinero Ron Davis y el tercera base Ed Spiezio. Giusti se había sorprendido por el cambio inicial a San Luis pero estaba emocionado por la posibilidad de jugar para un equipo ganador...hasta que fue dejado expuesto en el draft de expansión. “Estoy muy disgustado. Eso fue un gran pelón”, dijo él. San Luis esperaba que Giusti, con 28 años de edad, era muy viejo para ser tomado por los Padres, y perdieron esa apuesta lo cual significó que el equipo tuvo que cambiar seis peloteros en dos cambios para mantener a Giusti en la nómina para 1969. Esa terminó siendo su única temporada con ese equipo. Lanzó un blanqueo en su debut el 12 de abril contra los Mets de Nueva York, pero las molestias en la espalda limitaron su rendimiento y disponibilidad. Pitcheó 22 juegos, de los cuales 12 fueron aperturas, y tuvo marca de 3-7 con efectividad de 3.61. Después de tres temporadas seguidas lanzando al menos 210 innings, Giusti cayó a menos de 100. Después de la temporada, Giusti estuvo en movimiento de nuevo, esa vez fue cambiado a Pittsburgh junto al catcher Dave Ricketts a cambio del jugador de ligas menores Frank Vanzin y el catcher/jardinero Carl Taylor.
Los Piratas de Pittsburgh estaban empezando uno de los mejores períodos de éxito sostenido en la historia de la franquicia. La mala noticia para Giusti era que el equipo tenía una poblada rotación de abridores en Bob Veale, Dock Ellis, Steve Blass y Bob Moose, con Luke Walker como todoterreno. Esos cinco pitchers tuvieron totales de victorias en doble dígito en 1970. Giusti dejó su marca de manera diferente. Tuvo un puñado de actuaciones efectivas como relevista intermedio y fue ascendido al papel de cerrador por el manager Danny Murtaugh. Ese papel hoy es muy diferente a lo que fue en 1970. El primer salvamento de Giusti llegó el 20 de abril con tres innings de trabajo en blanco contra Atlanta, las salidas multi innings se convirtieron en la norma para él. Apareció en un total de 66 juegos para los Piratas, y pitcheó 103 innings. Para el receso del Juego de Estrellas, Giusti tenía marca de 7-0 con 14 salvamentos y 2.45 de efectividad. Se cansó en la segunda mitad, pero aún así terminó con 9 triunfos y 26 salvamentos junto a una efectividad de 3.06. Terminó cuarto en la elección del premio Cy Young y hasta recibió suficientes votos para terminar en sexto lugar del premio al jugador más valioso, por delante de sus compañeros Clemente, Stargell y Manny Sanguillén. Giusti dijo que le tomó alrededor de un mes ajustarse al bullpen, pero llegó a valorar su papel. Murtaugh también lo valoraba. “Debemos nuestra posición en esta carrera en esta ocasión al brazo derecho de Dave Giusti”, dijo a mediados de septiembre. El salvamento final del pitcher ese año llegó el 27 de septiembre contra los Mets para asegurar el título de la división este para los Bucaneros. Giusti hizo dos apariciones en la serie de campeonato de la Liga Nacional, en la cual Pittsburgh fue barrido por Cincinnati, permitió una carrera en 2.1 innings. Su mejor actuación de postemporada llegaría el año siguiente. Durante la temporada regular, Giusti mantuvo una efectividad inferior a 2 hasta el final de junio y lideró la Liga Nacional con 30 salvamentos. Ponchó 55 bateadores en 86 inings y tuvo marca de 5-6 y efectividad de 2.93 en 58 innings. Cuando llegaron los playoffs, él estaba intocable. Giusti apareció en todos los cuatro juegos de la serie de campeonato de la Liga Nacional entre Piratas y Gigantes y se apuntó dos salvamentos. En 5.1 innings permitió solo un imparable y dos boletos. Giusti entonces pitcheó en 3 juegos de la Serie Mundial contra Baltimore. En el segundo juego, trabajó en un inning en blanco en una victoria de los Orioles 11-3. Luego lanzó 2 innings en blanco en el cuarto juego, para apuntarse su tercer salvamento de la postemporada. En el sexto juego, entró en el séptimo inning en relevo de Bob Johnson con dos outs, corredores en primera y segunda base, y cuenta de 3-1 para Don Buford. Giusti boleó a Buford para llenar las bases, luego Davey Johnson bateó sencillo para igualar el juego. Pero los Orioles no pudieron anotar más carreras ante Giusti en 2.1 innings de trabajo. En total, lanzó 10.2 innings en blanco en la postemporada de 1971, se apuntó tres salvamentos en 7 juegos y ponchó 7 bateadores.
Giusti bajó su efectividad hasta 1.93 en 1972, y acompañó eso con 7 triunfos y 22 salvamentos. En realidad tuvo un comienzo complicado al perder 4 de sus primeras cinco decisiones, y el único triunfo fue el resultado de un salvamento desperdiciado. Giusti sufrió su cuarto revés del año el 27 de mayo cuando Don Money de Filadelfia roleteó para empujar una carrera con un out forzado para alcanzar una victoria 2-1. No permitió que le anotasen otra carrera hasta el 12 de agosto. En el intermedio , lanzó 31 innings sin anotaciones en 24 juegos, para coleccionar 3 triunfos y 15 salvamentos. Los Piratas volvieron a la serie de campeonato de la Liga Nacional pero perdieron ante los Rojos en 5 juegos. Giusti apareció en 3 juegos con 1.2 innings de un imparable. Giusti fue llamado en el decisivo quinto juego e inesperadamente falló en conseguir un solo out. Permitió jonrón a Johnny Bench para abrir el noveno inning y empatar el juego. Luego Tany Pérez y Denis Menke sencillearon, y Giusti fue reemplazado por Bob Moose. Moose registró dos outs pero lanzó un wild pitch que permitió al corredor emergente George Foster anotar la carrera del triunfo 3-2. Bill Virdon quien había asumido como manager de los Piratas, dijo que el jonrón afectó a Giusti, y él necesitaba alguien que lanzara strikes. “PeroDave Giusti no tiene nada de que disculparse”, él afirmó que Giusti y sus compañeros fueron reanimados por un inspirador discurso posjuego de Clemente. “Levanten la cabeza. No vamos a huir ahora...Si se ponen melancólicos, la prensa va a tener algo de que escribir. No quiero que nadie escriba que los Piratas no dieron la cara”. (continuará)

Dave Giusti (1939-2026) (I)

Enero 19, 2026. Sam Gazdziak.
Descanse en paz Dave Giusti, uno de los peloteros más valiosos de los Piratas campeones de la Serie Mundial de 1971. Fue el cerrador de ese equipo y resultó casi imbateable en la postemporada. Giusti, un veterano de 15 años en las mayores, falleció este 11 de enero a la edad de 86 años. Jugó para los Colt .45/Astros de Houston (1962, 1964-1968) Cardenales de San Luis (1969), Piratas de Pittsburgh (1970-1976), Atléticos de Oakland (1977) y Cachorros de Chicago (1977).
Giusti asistió a Syracuse University luego de graduarse en la escuela secundaria en 1957. Mientras estuvo en Syracuse tuvo marca de 17-3, incluyendo una actuación perfecta de 8-0 en su año final en 1961. Él junto a los futuros grandes ligas Billy Connors y Doug Clemens, ayudaron a llevar a Syracuse hasta la Serie Mundial Universitaria. Cuando no estaba en el montículo, Giusti estudiaba para obtener una licenciatura en educación con especialización secundaria en ciencias. Una carrera como profesor era posible, pero él consiguió la oportunidad de hacer realidad su sueño de beisbol cuando el scout de Houston, Forrest “Spook” Jacobs lo firmó en un contrato por 30000$. Giusti firmó en junio de 1961, unos cinco meses antes del draft inaugural de los Colt .45s de Houston/Mets de Nueva York, e inmediatamente hizo que la negociación luciera como una ganga cuando lanzó un blanqueo de un imparable mientras debutaba en el profesional con los Jets de Jacksonville el 1 de julio de 1961. El único imparable fue un roletzo débil dirigido a un sitio donde ni él, ni el tercera base podían hacer nada. Su catcher esa noche fue Ray Dabek, quien estaba cerca de terminar una carrera de ligas menores de 17 años que incluyó un tramo largo con los Dodgers de Brooklyn. “El primer juego que Dave lanzó, yo supe que había visto a un joven que iba a ser un tremendo pitcher”, dijo Dabek en 1962 “Fui catcher de Erskine, Podres y Koufax cuando tenían alrededor de su edad, y dije que no podían fallar. El tampoco”.
Giusti dejó bien claro que no buscaba una larga carrera como pelotero de ligas menores. “Me fijaré cierta cantidad d e tiempo para llegar a las mayores, y si no puedo llegar allí, probablemente me dedicaré a algún tipo de trabajo como profesor”, dijo él.No necesitaba haberse preocupado. Giusti remató su campaña de 1961 con algunas actuaciones excelentes con los Buffs de Houston de la American Association AAA, incluyendo un blanqueo sobre Indianapolis en los playoffs. Fue invitado al campo de entrenamiento en 1962 e hizo el equipo con los Colt 45s como el pitcher más joven del cuerpo de lanzadores. Giusti debutó en las ligas mayores el 13 de abril de 1962, como corredor emergente luego que Norman Larker sencilleara. Un bateador después, Giusti fue retirado en un dobleplay. Su debut como pitcher ocurrió el 22 de abril, cuando le asignaron como pitcher abridor contra los Filis de Filadelfia. Embasó al primer bateador en cada uno de los innings hasta el quinto, cuando se metió en dificultades. Don Demeter sencilleó, robó segunda base y anotó mediante sencillo de Clay Dalrymple. Dalrymple luego anotaría con un intento de toque de sacrificio del pitcher Jim Owens que Giusti flumbeó para su primer error en las mayores. Los Filis entonces lo sacaron del juego en el séptimo inning y ganaron 4-3. Giusti respondió por las cuatro carreras (tres limpias), ocho imparables y cuatro ponches. Giusti fue enviado al bullpen luego de un registro de 0-3 y efectividad de 5.96 en cuatro aperturas. Fue utilizado como relevista de relleno, sin mucho que mostrar en esa labor, hasta que los Colts jugaron ante los Cachorros de Chicago el 30 de mayo. Ambos equipos se cayeron a palos, y el marcador estaba 6-5 a favor de los Cachorros cuando Giusti apareció en escena en el cierre del sexto inning. Permitió el corredor ocasional pero cumplió con mantener a Chicago sin anotar. Mientras tanto, un jonrón de Román Mejías igualó el juego a 6. El juego fue a extrainnings hasta que Houston anotó dos veces en la apertura del décimo cuarto episodio. Giusti terminó el juego en el cierre de ese inning y se apuntó el primer triunfo de su carrera en las mayores con una actuación de nueve innings de blanqueo en relevo. Sin embargo, ese triunfo no alteró su destino. Giusti fue enviado a las ligas menores en julio con marca de 2-3 en 73.2 innings. También lanzó 13 wild pitches, con lo cual fue tercero en la Liga Nacional Giusti llegó a los 89ers de Oklahoma City AAA, y permaneció allí por el resto de 1962, y la mayor parte de las siguientes dos temporadas. Se sometió a una cirugía en septiembre de 1962 para remover depósitos de calcio de su codo derecho, se recuperó lo suficientemente bien para ganar 13 juegos como pitcher abridor en 1963, con 11 juegos completos y 7 blanqueos.
Giusti pasó el inició y el final de la temporada de 1964 con los Colts, logró una efectividad de 3.16 en 8 juegos y 25.2 innings pitcheados. Su mejor salida ocurrió el 1 de mayo, cuando los pitchers de Houston Bob Bruce y Joe Hoerner se combinaron para permitir 10 carreras mientras solo registraban dos outs. Giusti entró al juego y lanzó 6.1 innings en blanco, permitiendo solo 4 imparables mietras ponchaba 3. No fue sino hasta 1965 cuando fue capaz de pasar una temporada completa en las mayores, aunque de nuevo empezó el año en el bullpen. Luego de conseguir triunfos en dos de sus primeras tres apariciones, Giusti hizo su primera apertura de la temporada contra Pittsburgh el 26 de abril. Permitió solo cuatro imparables y ponchó nueve en ruta a un blanqueo 2-0. Los triunfos siguieron llegando, y para el momento cuando obtuvo una victoria de juego completo 2-1 sobre Los Angeles el 11 de mayo, Giusti tenía marca de 6-0 con 1.63 de efectividad. De nuevo puso pies en tierra después de esa apertura y se encontró de vuelta en el bullpen en junio. Una irregular segunda mitad de temporada hizo que Giusti tuviese marca de 8-7 y 4.32 de efectividad en 38 juegos, 13 de los cuales fueron aperturas. Ponchó 92 bateadores versus 46 boletos. Los boletos eran parte de las dificultades de Giusti. En sus primera siete apariciones, caminó a cuatro bateadores en 38.2 innings y se apuntó seis victorias. En sus próximas siete salidas, tuvo marca de 0-3 con 20 boletos en 31.2 innings. “Hay un pasillo de nuestra sala donde me la mantenía durante este momento dificil”, dijo Giusti en una entrevista del 1 de julio con The Houston Post. “No he pasado mucho tiempo leyendo o viendo televisión. Solo camino...No he sido capaz de ser preciso con nada. Eso es lo más impresionante de esto. Pienso que sé lo que está mal. Es solo un asunto de hacer lo que debo hacer”. Giusti pudo haber sido su peor enemigo, admitió. Era analítico y reflexivo, y admitía que a veces perdía la confianza en sí. Después de inciar la temporada con marca de 6-0, él leyó la columna de un periodista deportivo que preguntaba, “¿A quien le ha ganado él?” Giusti, de hecho había vencido a algunos equipos buenos y tuvo un gran éxito ante algunos futuros inquilinos del Salón de la Fama. Pero Giusti dijo que ese comentario lo carcomía por dentro. Hizo falta una victoria 2-0 sobre el San Francisco de Mays-McCovey-Cepeda el 22 de abril de 1966 para sacudir su bloqueo mental. Permitió solo ocho sencillos, y su mayor dificultad llegó en el segundo inning cuando llenó las bases sin outs. Entonces procedió a retirar a Dick Schofield con elevado. Ponchó a Bob Shaw y dominó a Hal Lanier con roletazo al cuadro. Después del juego un emocionado Giusti lanzó su guante al aire para celebrar. “Ahora estoy convencido de que puedo ser un pitcher de grandes ligas”, dijo. “Esta victoria sobre los Gigantes pudo haber sido un punto de inflexión. Después de todo, este es el grupo mas grande de bateadores de swing libre del beisbol. Si los puedo vencer por blanqueo, mi confianza tiene que mejorar”. (continuará)

domingo, 5 de abril de 2026

Festival de San Remo versus ¿Te Acuerdas de Aquellos Valses?.

Hace unos días supiste mediante los medios electrónicos y redes sociales que había fallecido Gino Paoli, uno de aquellos cantantes legendarios de los 1960s con quienes aprendiste el poco italiano que sabías a fuerza de fastidiar a tu papá preguntando que significa” Senza Fine” o “Sapore di Sale”. Además de los viajes a la escuela de la maestra Teodosia, las tardes cuando te iba a buscar al solar de asfalto cuando el juego de beisbol estaba más petrificante, las imágenes que más recuerdas de la relación con tu padre siempre decantan hacia las tardes de martes o jueves. Él escuchaba cuando abrías las gavetas de aquel mueble inmenso del comedor, siempre sacabas una caja amarilla con una ilustración de un rostro femenino, un tucán a un costado y una orquídea al otro. Se acercaba y descorría la puerta corrediza de madera con estruendo y eco de ráfaga de nueces sobre piso de concreto. Siempre sacabas el sobre con el disco de Aldemaro Romero y él abría otra gaveta. Tenía casi toda la secuencia de los larga duración del Festival de San Remo desde 1959 hasta 1969. Todo un intercambio de solos de piano, de arpa contra violines de canciones instrumentales con letras plasmadas en el folleto ilustrativo de la caja amarilla versus palabras muy parecidas al castellano que te hacían acercarte a las cornetas del tocadiscos. Por cada compás de El Catire que tu papá se acercaba a la corneta escondida dentro del mueble gigantesco, intentabas descifrar aquel idioma con tantas referencias de latín. Lo primero que preguntaste fue: “¿Quien es ese Gino Paoli?” Tu papá se apretó la mano izquierda en la nuca. “Es un tipo que puede sorprenderte con cadencias desconocidas que sin embargo crees que has escuchado alguna vez en alguna visita a la playa o una excursión al campo. Había una dinámica muy punzante. Por cada acetato de la caja amarilla que ponías bajo la aguja, tu papá siempre respondía con otro LP con la voz grave de Paoli. A veces llegaba la hora de la cena y aún forcejeabas o discutías de música con tu papá. Él quería saber quien era Aldemaro Romero, que significaba una línea de “El Catire”: Doña póngale reparo al muchachito...mire que se va a dá una matá...” Y tú no sabías que quería decir Gino Paoli con eso de : “Un gusto un po amaro...di cose perdute...di cose lasciate...lontano da noi...dove il mondo e diverso...diverso da qui...” Todos en la casa cenaban y seguías preguntándole a tu padre más detalles de las letras en italiano, era la única oportunidad cuando podías burlar el estricto cronograma de cenar a las siete en punto de la noche. Tu papá prometía aclarar tus dudas si primero le explicabas como era eso de que Aldemaro Romero era un pianista autodidacta, un compositor que aprendió todo lo que sabía de su padre, que significaba eso del muchachito que se va a dá una matá. “¿Es que acaso ese muchacho es suicida?” La voz de tu papá taladraba el atardecer. No sabías como explicar que una matá es un venezolanismo que significa darse un golpe muy fuerte, nunca matarse. Tu papá siempre enmudecía, todo era mímica de manos, la explicación de los vocablos italianos siempre debías descifrarla al voleo, en el aire, sino tenías que cargar con la duda. Poco a poco ibas aprendiendo aquellas explicaciones mímicas y las empatabas como el rompecabezas más exigente. Así llegaste a comprender aquellas líneas: Un sabor algo amargo...de cosas perdidas...de cosas dejadas...lejos de nosotros...donde el mundo es distinto...distinto de aquí...”
Alfonso L. Tusa C. Abril 05, 2026.

miércoles, 1 de abril de 2026

Esquina de las barajitas: Mark Fidrych. Topps. 1977.

Larry Brunt.
 Los trabajadores del Salón de la Fama también son aficionados al beisbol y les gusta compartir sus historias. Aquí está la perspectiva de un aficionado desde Cooperstown.
Esta es la mejor barajita de 1977.   Yo había esperado todo el año por ella. Mark Fidrych. El Pájaro. Hubiera sido mejor si él usara su uniforme blanco de home club, pero los fotógrafos de Topps tomaban imágenes de tantos peloteros como podían en la ciudad de Nueva York, así que ahí está él, presumiblemente llamado para una foto antes de un juego, parado junto al dugout de visitador en Yankee Stadium. Hay mucho que disfrutar. Está la gorra “A.L. ALL-STARS” en la franja roja, un rojo que grita, ¡presta atención! ¡Aquí está alguien extraordinario! Y está el trofeo, la copa  All-Star Rookie de Topps, símbolo de logro tempranero.    Y por supuesto, el propio Fidrych. Esos sorprendente rizos que parecen crecer desde el interior de la gorra, en cascada alrededor de su rostro. Y la sonrisa. Nada de esas fotos de pose rígida tan típicas en las barajitas Topps de la década de 1970. No, aquí hay personalidad. Naturalidad. Falta de pretensión. Y si no es una sonrisa completa, la amplia jovialidad que Fidrych mostraba mientras  se tocaba la gorra hacia la multitud después de los juegos, sin dudas era una sonrisa, genuina, cómoda, relajada. Es una cara generosa, receptiva, agradable. No había nada artificial en Mark Fidrych.    La temporada anterior, había sido un invitado fuera del roster al campamento de los Tigres, tan lejano de hacer el equipo que el fotógrafo de Topps no se molestó en tomar una foto del muchacho espigado quien ya había sido apodado “El Pájaro” por su parecido con el personaje de Plaza Sésamo. Alto con cabello ensortijado, animado e inocente. Así que no hubo barajita Topps en 1976. Ni siquiera una compartida en una barajita de “Rookies”.    Pero impresionó al manager Ralph Houk en el entrenamiento primaveral y quedó en el equipo. Hasta mediados de mayo, solo había pitcheado dos veces, para un total  de un inning y fracción. Entonces, el 15 de mayo, Houk le entregó la pelota para su primera apertura. Fue un día frío en Detroit, con temperatura máxima de 19 grados Celsius. Fidrych había pensado en invitar a su padre al juego, pero temía que el mismo fuese suspendido por lluvia. Aunque solo asistieron 14.583 personas, la audiencia general fue mucho mayor, El juego Cleveland-Detroit era el juego alternativo de El Juego de la Semana sabatino, y cuando la lluvia causó retraso en el juego de Pittsburgh, la mayor parte del país fue movida hacia el juego de los Tigres y la oportunidad de ver la primera apertura de Fidrych.
Lo que vieron fue algo que nunca antes habían visto. En el inicio del segundo inning, Fidrych se arrodilló y aplanó la tierra delante del montículo. Había una razón para eso. Su papá le había enseñado a rellenar los huecos dejados por el pitcher rival en el inning anterior. Cuando se paró sobre la goma de lanzar y buscó la seña del receptor, mantuvo la pelota frente a sí, luego la llevó hacia su pecho, luego de nuevo frente a él. Y se habló, un conversación constante (a los medios les gustaba decir que él hablaba con la pelota). Entonces hacía un wind-up de patada prolongada y terminaba impactando el fondo de la zona de strike. Y energía. Mucha energía. Caminaba en círculo alrededor del montículo entre bateadores, subiendo y bajando la cabeza, agachándose.  El Detroit Free Press lo llamaba “fidgety” (“inquieto”)y notaba como él “sacaba la lengua por el extremo derecho de su boca en casi cada pitcheo”.    Pero nadie le pudo batear. Literalmente, a través de seis innings. Finalmente permitió un imparable para abrir el séptimo episodio. Cuando el juego terminó, logró una victoria 2-1, concedió solo dos imparables en nueve innings. Ponchó cinco, al mantener la pelota baja, indujo 16 roletazos.    Y así fue como empezó todo. El primero de seis juegos completos seguidos, incluyendo desafíos de 11 innings (se convertiría en líder de la Liga Americana con 24 juegos completos). La primera de 19 victorias. Hasta julio tenía solo tres derrotas, en las cuales permitió un total de cuatro carreras, tres limpias (y no tuvo apoyo ofensivo). Fue el inicio de una carrera, en realidad un movimiento, un fenómeno, donde fue adorado no solo por Detroit, sino por los aficionados de todos lados. En el verano de 1976, un año bicentenario con círculos rojo, blanco y azul, nadie fue más grande que El Pájaro. Tiger Stadium se llenaba hasta el tope cuando lanzaba Fidrych, luego se mantenía vacío el resto de la semana. En las giras, iban multitudes a ver al Pájaro.    Pitcheaba brillantemente, pero sobre todo, las personas iban a ver a Fidrych, el fenómeno, el carisma, la energía, las cosas que hacía que nadie había visto antes: Rodear el montículo, hablarse, hacer gestos con la pelota, aplaudir a sus compañeros por las buenas jugadas, darle palmadas en la espalda, masticar chicle y soplar bombas grandes, tocarse la gorra, buscar la seña mientras se acercaba y alejaba la pelota.     Eso no le gustaba a algunos peloteros, por lo menos al principio. El catcher de los Yankees, Thurman Munson, una personalidad totalmente opuesta a Fidrych, lo llamaba “aficionado”, y decía que Fidrych era un “advenedizo” y un “pantallero”. Cuando le preguntaron a Fidrych acerca de eso, él respondió, “¿Quién es Thurman Munson?” Él prefería participar en los juegos que verlos, y Munson no había estado en la alineación, así que esa fue un a pregunta inocente, pero muchos la tomaron como una respuesta pintoresca. El propio Munson parece haberla tomado de esa manera, al salirse de su normalidad para  entregarle una rama de olivo a Fidrych en el juego de estrellas de ese julio.
En otra ocasión, Claudell Washington trató repetidamente de romper el ritmo rápido de Fidrych al salirse de la caja de bateo reiteradamente. Finalmente, Fidrych se salió de la goma de lanzar y se agachó, esperó, como diciendo, “Tomate tu tiempo. Estaré aquí cuando estás listo”. Cuando Washington entró a batear, Fidrych le hizo un pitcheo adentro, y Washington avanzó varios pasos hacia Fidrych con el bate en la mano, lo cual vació los dugouts.   Pero la mayoría de los peloteros tomaba la conducta de Fidrych como divertida, aun los peloteros que no eran conocidos como graciosos. Acerca de la conducta inusual de Fidrych en el montículo, George Scott dijo, “Me gusta. Eso es confianza en si mismo. Mucha gente llama a eso estar fuera de orden y otros lo llaman locuaz, pero me gusta”.  Reggie Jackson: “Él es un tipo divertido y espero enfrentarlo”. Billy Martin: “Hace cosas extrañas en el montículo, pero si eso lo ayuda a ganar, hay que darle crédito”. Mientras tanto, los aficionados estaban cautivados. En la época pre-ESPN, la mayoría de las personas solo leían acerca de Fidrych,  hasta su inolvidable debut en el lunes de beisbol por la noche, el 28 de junio de 1976. Todos hablaban de El Pájaro. Ahora todo el país podría ver finalmente a este fenómeno en acción. 48.000 personas colmaron Tiger Stadium, muchas con pancartas hechas en casa o agitando calcomanías que le habían entregado en la entrada. Durante todo el juego corearon, “¡Go, Bird, Go!” Fidrych tuvo una gran actuación, solo permitió una carrera en nueve innings. Despues del último out (un roletazo, uno de 14), Fidrych saltó a felicitar a sus compañeros, o a los empleados de mantenimiento del terreno, o hasta los guardias de seguridad. Los aficionados aplaudieron de pie y corearon “We want Bird! We want Bird!” A Fidrych, quien se había quitado el uniforme, no le gustaba quitarle reconocimiento a sus compañeros, y dijo que solo saldría si Rusty Staub (quien había aportado la ofensiva con jonrón y tres carreras empujadas) lo acompañaba, Staub replicó que los aficionados no coreaban “Queremos a Staub”,  y convenció a Fidrych para que saliese a corresponder el llamado de la afición. Eso se convertiría en una costumbre a lo largo de la temporada,  a la cual Fidrych se adaptó, con límites, no pensaba que debía salir si los Tigres perdían, aun cuando él hubiese lanzado bien y la multitud coreara con intensidad.    Durante todo ese período de reconocimientos, el respaldo multitudinario, la manía, Fidrych mantuvo su autenticidad y bajo perfil. Luego de ponchar a Hank Aaron, Fidrych dijo, “¡Caramba! ¡Ponché a Hank Aaron! Ahí está él, toda una superestrella ¿cierto? Y aquí estoy, un tipo pequeño, lanzándole”. Él tenía un apartamento casi sin muebles ni teléfono. Dijo que de no estar jugando beisbol, estuviera trabajando en una estación de gasolina, y estaba muy emocionado por eso. Constantemente eludía los reconocimientos: “Hace falta nueve peloteros para ganar, no se trata solo de mí. Vieron todo el respaldo defensivo que me dieron…por ellos es que gano”. Los apretones de mano y abrazos con sus compañeros de equipo expresaban gratitud genuina.
 Su entusiasmo era contagioso. El manager de Minnesota, Gene Mauch, dijo, “Honestamente, estoy más impresionado por su entusiasmo que por su pitcheo. Ese muchacho podría ser la mejor cosa que le ha ocurrido a este juego en mucho tiempo”.    Y Fidrych parecía disfrutar el momento: “Aún no me he despertado”, dijo él. “Estoy disfrutando. Solo estoy disfrutando”.    Fidrych siguió ganando. Ocho seguidos hasta junio. Abrió el juego de estrellas. El 16 de julio, lanzó un juego completo de 11 innings, un blanqueo de 1-0, en un punto retiró 16 bateadores en fila, 14 mediante rodados. Lanzó cinco juegos completos en extrainning ese verano. Luego de algunas derrotas hacia finales de agosto e inicios de septiembre, cuando muchos pensaban que empezaba a desfallecer, Fidrych cerró la temporada con cuatro victorias en sus últimas cinco aperturas.    Pero más que eso, era una sensación. Un consentido de los medios. Un favorito de los aficionados. El tema de conversación del beisbol. La estrella del verano de 1976.    El resto ha sido bien documentado. La lesión de la rodilla, el manguito rotador doblado, un intento de regreso doloroso tras otro. Las últimas barajitas Topps de Fidrych tienen un aire de la tristeza del “¿que hubiera pasado si…?”    Entonces el murió muy pronto, en un accidente en su granja cuando solo tenía 54 años de edad.    Pero enfocarse en esas cosas se aleja del punto. Porque Mark Fidrych fue entusiasmo y optimismo, humildad y felicidad. Aun luego de salir del juego, mantuvo una inocencia juvenil y la autenticidad. Se maravillaba de ser capaz de jugar beisbol, y esa dicha, capturada en aquella primera barajita, con esa etiqueta roja del juego de estrellas y esos rizos y esa sonrisa que dice, “Aún no me despierto. Lo estoy disfrutando”.
Larry Brunt fue el pasante de estrategia digital del museo en la clase 2016 del programa Frank and Peggy Steele Internship para desarrollo del liderazgo juvenil.
   Traducción: Alfonso L. Tusa C. Octubre 18, 2017.

ElRoy Face, As de la Bola de Tenedor y Efectivo Cerrador de los Piratas de Pittsburgh, fallece a los 97 años de edad.

Face fue uno de los primeros lanzadores de grandes ligas en convertir el trabajo de cerrador en una especialidad. Sin ser un pitcher de po...