lunes, 30 de marzo de 2026

Las coordenadas del estadio Delfin Marval

Si, esa estructura que desde que recuerde ha estado allí, al inicio de la avenida Gran Mariscal, por detrás pasa la calle Bolívar, a un costado la escuela República Argentina, al otro costado el instituto educativo privado Santa Inés. Desde hace cierto tiempo, quizás a partir de los 1990s o mediados de los 1980s, los espacios frontales y la esquina de la entrada principal, fueron invadidos por bienhechurías de ventas de comida rápida, aunque esos son espacios municipales. Casi todo el perímetro, pero más la zona de esas bienhechurías más la esquina de la escuela, rezuma de vahos inequívocos de excrementos urinarios y hasta heces. Se ha pretendido enmascarar la realidad con la aparente restitución de las luces en las torres de alumbrado, y la pintura de la estructura de concreto que conforma la tribuna techada. Se observó la colocación de equipos de aire acondicionado en las cabinas de transmisión de radio y televisión. Esa película tiene un salto muy brusco en continuidad de ese ensayo de visión externa, cuando se tiene oportunidad de observar el terreno de ese estadio. No me conformé con las imágenes del terreno de juego de ese estadio que vi en las redes sociales. Tenía que conseguir imágenes más recientes, más actuales. Hay curiosidad por comprobar el estado de arenas ardientes del Sahara que se aprecia en las fotos en todo el campo de juego desde el lugar donde algún dia hubo un plato pentagonal hasta los jardines que me impresionaron con el esmeralda de la grama la primera vez que entré a ese estadio por el acceso central de la tribuna techada. Esperar las siete de la noche, aprovechar el manto de la oscuridad para escalar el paredón del jardín central o el izquierdo. Sin mucho que pensar ni ver, tanteo los huecos en el muro o bajo casi a pasos de hombre araña. Ese espacio que nunca entendí porque se lo habían robado a los jardines de ese estadio, también era zona de guerra, de excrementos fosilizados. Volví a escalar el otro muro, el que colindaba con el terreno de juego. No recuerdo si me mareé, o sufrí un ligero infarto en el lado derecho del pecho. Aún en la penumbra se podía palpar la desolación, el peladero no de chivos, sino de abandono sostenido. Los sonidos oxidados de tantos juegos, de tantos campeonatos, de tanta competitividad y gallardía, de tanta disciplina incrustada en los uniformes revolcados de arcilla y grama. Ahora eran solo arenas desérticas. Poco a poco empecé a bajar por la cerca del jardín central, me parece que el movimiento fue más de urgencia nostálgica que de habilidad de hombre araña. Resultaba más complicado caminar sobre aquel pedregal que descender por la pared. El camino hacia segunda base parecía más el cauce de un río otrora caudaloso. No se si respiraba o boqueaba. Me veía de niño aquella noche de agosto cuando mi tío Carlos me templó para subir la tribuna central, “¿no habías visto un estadio con grama en el infield y los jardines?” Ya no sabía donde estaba, el sitio donde alguna vez estuvo el montículo donde subieron Ramón Monzant, Werner Birrer, Jim Owens, Bob Gibson, Graciliano Parra y Freddy Mata, parecía una trinchera, una hondonada que el viento y alguna lluvia pasajera habian excavado. Buscaba el movimiento retador, los rectazos de Gibson con la camiseta del Oriente, si el mismo Gibson que ganara dos veces la Serie Mundial con Cardenales de San Luis, el que ganó el campeonato de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional con Valencia Industriales en 1961. Esa oscuridad iluminaba lo que había ocurrido en ese terreno, en ese ahora cauce de piedras y guijarros desperdigados en laberinto de infinitos pasajes que prefiero dirigir hacia algún momento de octubre o noviembre de 1966 cuando Magallanes llegó a ese terreno para enfrentar a Cardenales de Lara en juego oficial de la temporada de LVBP 1966-1967. Graciliano Parra subió a ese montículo ahora pura memoria y nostalgia.
Miro la pantalla del celular 7:30 pm. Hora de regresar. A medida que avanza el tiempo será más dificil para una musculatura de 65 años escalar la pared del jardín izquierdo y luego avanzar a tientas entre excrementos y rocas escarpadas hasta llegar al muro externo que da hacia la calle Bolívar. La dinámica de la infinidad de juegos, la visión de la grama recortada y con matices esmeralda del cuadro interior, me paraliza sobre los restos, ese peladero que ahora es el otrora campo de juego. El atardecer cuando casi arrastraba la mano de mi tío Carlos por la calle Ayacucho hasta llegar a La Copita y desde allí las luces del estadio alumbraban en un gradiente de algunos diezmil kilovatios un radio de siete cuadras. Parecía que era plena mañana cuando entramos a la tribuna central del estadio. Décimo Tercer Campeonato de Beisbol Juvenil. Sucre versus Cojedes. La mirada fija en el monticulo, si, el mismo sitio donde ahora hay una hondonada donde casi muy fui de boca al caminar a tientas. Carlos sonríe. Se extraña que yo nunca haya visto un estadio de esa magnitud. Con Pizarra en el jardín izquierdo y torres de alumbrado. Sobre todo con esa grama verde fosforescente en el cuadro interior y en los jardines. Ahora mientras tropiezo con guijarros y peñascos en ese espacio entre la cerca del terreno de juego y el muro que da hacia la calle Bolívar, veo el rostro de Carlos y como nos levantamos a aplaudir una jugada de Justo Arias de guante de revés unos tres metros detrás de tercera base y luego meter un balazo para el mascotín del primera base. El equipo del estado Sucre terminó ganando de manera holgada y solo salí del estadio porque Carlos prometió que vendríamos al siguiente juego. Las luces de ese estadio aquella noche ahora iluminan esta oscuridad y me impulsan para alcanzar la primera muesca del muro, pronto alcanzo el tope y desde allí miro el esqueleto fosilizado, la estructura mineralizada, las aceras con vahos de orina. Una nostalgia implacable.
Alfonso L. Tusa C. Marzo 29, 2026.

jueves, 26 de marzo de 2026

Satchel Paige escribió esto: El espectáculo de una persona en Carnegie Hall representa al pitcher legendario.

William Weinbaum. Enero 30, 2026. Andscape.com
“A Pitch From Satchel Paige” mira hacia la perseverancia, logros y teatralidad del legendario pitcher.
Nueva York.- Cien años después que debutase como pitcher profesional, la extraodinaria carrera beisbolera y la vida de Satchel Paige serán presentadas en escena este lunes 02 de febrero en una producción teatral en Carnegie Hall. “A Pitch From Satchel Paige”, una espectáculo unipersonal en el Zankel Hall de Carnegie, trazala saga de Paige hasta regresar a la escuela correccional. Desde los 1920s hasta los 1960s, Paige, quien se cree nació en 1906, actuó en escenarios de renombre y oscuros a través del continente americano. Un equipo de padre e hijo de Buffalo, N.Y., co escribió la obra la cual fue estrenada allí en 2024 en el Paul Robeson Theatre. Loren Keller le propuso la idea a su hijo Jim hace unos 30 años, le dijo el menor de los Keller a Andscape esta semana. Jim Keller dijo que hubo altibajos en el proceso de escritura y que él vivía en Connecticut, a seis horas de viaje de su padre, cuando el dueto llegó a la línea final en 2010. Decidieron encontarse en Cooperstown, N.Y, el punto medio aproximado entre ellos, para dar los toques finales a guión. Para conmemorar que habían completado la escritura, posaron en el jardín de las estatuas del national Baseball Hall of Fame and Museum junto a la representación en bronce tamaño real de Paige en su característico movimiento de pitcheo, con su pies izquierdo alto en el aire cerca de su mano izquierda y su mano derecha abajo a la altura de su rodilla derecha. La obra es un homenaje a la perseverancia de Paige frente a la injusticia racial y las oportunidades negadas, sus logros y sabiduría, su espectacularidad e ingenio. “Me gusta decir que Satchel Paige escribió esto, y nosotros lo adaptamos para el escenario, porque estas son todas sus historias”, dijo Keller. “No hay nada inventado”. El enfoque, añadió él, ha estado en darle mucha latitud discrecional en como escenificar y actuar la obra a su director y actor, en el caso de esta producción, y en la de 2024, con los nativos del area de Buffalo, Verneice Turner y Russell C. Holt. “Al ser una mujer afroamericana muy reflexiva sobre como es expuesta nuestra cultura, de verdad aprecié la libertad y creencia en lo que yo podría aportar”, le dijo Turner a Andscape. Una de sus innovaciones para la iteración de este lunes en la famosa meca musical mundial es la introducción de piezas de períodos musicales familiares para transiciones, puntualizando diferentes areas en la historia.
Holt, de 36 años de edad, tiene una década de carrera actoral. Él dijo que su reto más grande al interpretar el papel de Paige es retratarlo como un hombre mucho más viejo, “encarnar esa persona mayor, pero también tener esa confianza, contoneo y personalidad que todavía tenía”. Los hitos y reflexiones de Paige, y el compromiso para efectuar el cambio, sería familiar para algunos, pero nuevo para muchos más. “Nunca perdió la perspectiva de quien era y cual era su misión, y eso era entretener y educar a las personas, y mi meta es hacer la misma cosa”, dijo Holt. Como Paige, el pitcher trascendente del beisbol negro y leyenda viviente, evolucionó para lidiar con ser pasado por alto a favor de Jackie Robinson para integrar las ligas mayores en 1947 es lo que Holt dijo que resulta la cosa más importante que aprendió de Paige. Holt elogió “el crecimiento y la madurez de Paige para entender...reconocer y dar a Jackie sus méritos”. También especialmente significativo y conmovedor, dijo Holt, es como la obra honra a Josh Gibson, quien nunca jugó en las mayores. En 1947, tres meses antes que Robinson rompiera la barrera racial, Gibson, el catcher y toletero más grande de las Ligas Negras, falleció a los 35 años de edad. El próximo año, a sus 42 de existencia, Paige finalmente obtuvo su oportunidad de aparecer y destacar en las mayores. Como lo había hecho en las Ligas Negras y las exhibiciones itinerarias con muchos de los mejores peloteros blancos. En 1965, luego de una docena de años fuera e las mayores, regresó y se convirtió en el pelotero más viejo en aparecer en un juego de ligas mayores, al lanzar tres innings en blanco, desplegando una precisión impresionante y permitiendo solo un imparable. Seis años después, fue inducido en el Salón de la Fama. Cuando el productor Gene Finch Jr., propuso “A Pitch” al Carnegie Hall, dijo, “les hablé de un súper héroe alrededor del cual podemos reunirnos y celebrarlo. Cuando se mira lo que él enfrentó ¿como no sentirse bien al ver su éxito?” De acuerdo a Fisch, un auto descrito amante del teatro quien no es productor por oficio, la presentación de una noche está cercana a entradas agotadas, y se espera que muchos productores de Broasway asistan. “¿Hay vida para la obra después de Carnegie Hall?”, pienso que si”, dijo Fisch, al citar otros lugares más allá de Broadway y salir de gira como dos posibilidades. Fisch y el director Turner enfatizaron que la obra de 90 minutos sobre Paige puede enviar un mensaje unificador para las personas de todos los entornos, en un tiempo de divisiones profundas y complicadas. “A pesar de todo no permitimos que nuestras esperanzas se desvanezcan”, dijo Turner. “Todavía podemos mantener la luz brillando”.
Si Paige, quien faleciera en 1982, todavía viviese, presumiblemente apoyaría la idea de hacer una obra teatral unipersonal sobre él. Era el máximo atractivo, enfrentaba las multitudes con determinación, y como es bien sabido, ocasionalmente realizaba actuaciones unipersonales, al decirle a sus compañeros que se sentaran y lo vieran dominar a los bateadores rivales. De acuerdo a “The Satchel Paige Project” un esfuerzo continuo del historiador beisbolero Mark Armour por ubicar la multitud de lugares donde Paige ejecutó alrededor de 2000 apariciones como pitcher profesional, él subió al montículo en Buffalo 17 veces desde 1941 hasta 1958. Jim Keller que nunca le preguntó a su papá, quien falleciese en 2021 por complicaciones de COVID-19 a la edad de 89 años, si algunos juegos locales de Paige le habían inspirado a escribir una obra teatral de él. Pero hay una afiche promocional de un juego de exhibición en Buffalo en 1942, con Paige como protagonista, que cuelga de una pared en la casa de Jim. Cuando le preguntaron que diría su difunto padre y colaborador si pudiera estar con él en Carnegie Hall, Jim, de 68 años de edad, hizo una pausa para reflexionar. #Él estaría muy orgulloso”, dijo Jim de Loren un momento después. “Y diría algo como, ‘Lo sabíamos, sabíamos que era una buena historia, y ahora todos lo sabrán’”.
Traducción; Alfonso L. Tusa C. Marzo 26, 2026.

miércoles, 25 de marzo de 2026

Baseball Dudes Inc. Queridos padres y jóvenes peloteros:

Cuando escarbas en la caja de pitcheo porque no quieres que te bateen ese lanzamiento, o tu control es tan irregular que tu catcher tiene que esforzarse para atrapar tus envíos, y no haces nada en la práctica del equipo para mejorar, le estás ladrando al árbol equivocado, al tratar de quejarte, culpar y avergonzar las sentencias arbitrales. Hay cosas más importantes que necesitan tu atención.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Marzo 25, 2026.

domingo, 22 de marzo de 2026

Bill Mazeroski, 89, Cuyo Jonrón del Noveno Inning Convirtió en Campeones a los Piratas, fallece.

Era el séptimo juego de la Serie Mundial de 1960, cuando un jugador del cuadro conocido por su guante, no su bate, aplastó a los poderosos Yankees con un swing,para hacer delirar a Pittsburgh
David Margolick. The New York Times. Febrero 21, 2026.
Bill Mazeroski, quien bateara el jonrón más fámoso, y seguramente el más decisivo, en la historia de la Serie Mundial, un estacazo en el cierre del noveno inning del séptimo juego en aquella serie de 1960 que le dio a los advenedizos, casi superados Piratas de Pittsburgh una victoria espeluznante ante los Yankees de Nueva York, falleció este viernes 20 de febreró en Lansdale, Pa. Los Piratas anunciaron el deceso pero no informaron más detalles. Casi tan memorable como el histórico jonrón de Mazeroski, el 13 de octubre de 1960 en el Forbes Field de los Piratas, fue el recorrido de las bases que siguió a ese batazo. Cuando Mazeroski golpeó la pelota, no estaba seguro de si esta sobraría la cerca cubierta de hiedra del jardín izquierdo ubicada a 406 pies de distancia, así que galopó hacia primera base. Solo cuando estaba a mitad de camino hacia segunda base vio que el árbitro, con un movimiento circular de su mano, indicaba que la pelota había cruzado la frontera. Para el momento cuando alcanzó la intermedia, el segunda base de los Piratas empezó a agitar su gorra desenfrenadamente. Entre segunda base y tercera, Mazeroski saltó de alegría, estirando ambos brazos como si se diera golpes de pecho. Mientras cruzaba por tercera base, vio a los delirantes aficionados de Pittsburgh, cuyo equipo no había ganado un campeonato en 35 años, saltar hacia el terreno, lo cual obligó a Mazeroski a abrirse paso hacia el plato. El batazo de Mazeroski ante el pitcher Ralph Terry de losYankees, todavía indica la única vez que una serie de siete juegos se ha decidido con un jonrón en el último pitcheo, todo un jonron para dejar en el campo al rival. ESPN proclamó ese estacazo como el jonrón más grande de todos los tiempos. Lo que terminó como una pelea de toma y dame esa tarde, se convirtió en uno de los momentos más recreados del beisbol, aunque Carmen Berra, cuyo esposo era el jardinero izquierdo de los Yankees esa tarde, siempre rechazó revivirlo. “Todavía no puedo ver esa repetición”, le dijo ella al periodista deportivo Bill Madden para su libro de 2003 “Pride of October: What It Was to Be Young and a Yankee.” (Orgullo de Octubre: Como Era ser Joven y de los Yankees”.) “El momento más triste que tuve en el beisbol fue estar sentada en la tribuna, viendo a Yogi parado ahí en el jardín izquierdo, incapaz de hacer algo sino ver como la pelota pasaba sobre la cerca”.
Una vez que superaron su choque emocional, los Yankees, y sus seguidores, se sintieron robados. Los neoyorquinos habían ganado sus tres juegos con marcadores escandalosos, 16-3, 10-0 y 12-0, mientras los Piratas apenas ganaron los suyos con un gran total de siete carreras. “¿Qué nos pasó, por Dios? Le preguntó el toletero de los Yankees Roger Maris a Berra. Berra replicó, “Fuimos vencidos Roger, por el equipo de beisbol más sorprendente que tú,yo o cualquiera haya enfrentado”. Y Mazeroski fue el tipo de héroe más sorprendente. Aunque bateaba con más poder que muchos segundas bases, lo que ha distinguido su carrera, e hizo que fuese elegido al Salón de la Fama en 2001, fue su defensa. Durante una carrera de 17 años desarrollada completamente con los Piratas, él ganó ocho guantes de oro y apareció en 10 juegos de estrellas. Todavía ostenta varias marcas, la de más dobleplays vitalicios ejecutados por un segunda base (1706); más temporadas liderando la liga en dobleplays (8) como segunda base; y más dobleplays ejecutados por un segunda base en una temporada, 161, en 1966. Un bateador de .260, Mazeroski despachó 138 jonrones. Pero en 1960 solo descargó dos en Forbes Field desde julio,aunque el segundo de ellos había ganado el juego inaugural de la serie y era el único cuadrangular de los Piratas hasta el juego final. Los Piratas lideraban ese juego 9-7, luego de una reacción de cinco carreras en el cierre del octavo inning, resaltada __al menos para los seguidores de los Yankees__por un seguro rodado para dobleplay que le hizo un bote extraño al campocorto Tony Kubek y lo golpeó en la garganta. Después que los Yankees igualaron el marcador en la apertura del noveno inning, Mazeroski fue el bateador abridor del cierre de ese capítulo. El primer pitcheo de Terry, el quinto lanzador de Nueva York esa tarde, fue alto. Pero el próximo envío fue justo lo que Mazeroski estaba esperando; una recta, o eso pareció, por todo el medio. “Si ese tipo me hubiese lanzado el cambio o una curva, yo hubiera fallado por una milla y habría girado como un trompo, hice swing muy fuerte”, dijo él. Terry quien había calentado tanto ese día que estaba algo cansado, luego insistió que ese pitcheo fue un slider, pero no insistió en el punto. “No sé que pitcheo fue”, dijo él en el vestuario. “Todo lo que sé es que fue el equivocado”. “Con el crujido del bate de Mazeroski, se olvidaron los problemas del mundo”, escribió el reportero Vince Johnson el día siguiente en The Pittsburgh Post-Gazette. “Khrushev se hizo ruidoso, algo aburrido. Los misiles balísticos no tenían el poder de un bate de beisbol. Y la recesión tomó un receso”.
Un estimado de 300.000 personas de pronto convergieron en el Pittsburgh’s Golden Triangle. Hubiesen llegado más si el jefe de la policía no hubiese cerrado las principales vias de acceso a la ciudad William Stanley Mazeroski nació el 5 de septiembre de 1936 en Wheeling, W.Va., y pasó sus primeros años en Tiltonsville, Ohio. Su madre era Mayme (Ogden) Mazeroski. Su padre, Lewis, fue minero y bien conocido campocorto de juegos informales al este de Ohio cuya carrera en el beisbol profesional terminó luego que perdiera parte de su pie derecho en un accidente en las minas. “Cuando tuve edad para caminar, papá me llevó al patio y me enseñó béisbol”, recordó Mazeroski. “Él quería hacer realidad su sueño a través de mí. Me enseñó como atacar la pelota. Recuerdo que siempre me enseñaba como mantener las ‘manos suaves’ al enfrentar una pelota en vez de pelear con ella”. Después de destacar en beisbol y baloncesto en la escuela secundaria, Mazeroski firmó con los Piratas en 1954. Fue campocorto hasta que Branch Rickey, entonces gerente general de los Piratas, determinó que su brazo era más apropiado para la segunda base. Llegó a los Piratas en 1956 y participó en su primer juego de estrellas el año siguiente. El secreto del dobleplay, explicó Mazeroski una vez, era en realidad no atrapar la pelota, lo cual significaba un tiempo precioso, sino dejarla golpear el guante y tomarla para lanzar con intensidad. “Nunca hubo nada parecido a un mal salto para Bill Mazeroski”, dijo después Dick Groat, su colaborador desde el campocorto en innumerables dobleplays. Mazeroski se retiró del juego activo en 1972 y trabajó brevemente como coach para los Piratas y Marineros de Seattle. En 1987, los Piratas retiraron su número 9. Molestos por sus sus números ofensivos bajos, los periodistas deportivos lo ignoraron para el Salón de la Fama 15 veces. Solo en 2001, y solo después de seis nuevos intentos, un comité de veteranos, encabezado por el antiguo gerente general de Mazeroski, lo eligió. La decisión hizo que varias estrellas, Ted Williams de los Medias Rojas de Boston entre ellas, se quejaran. Al emplear apenas dos minutos en sus comentarios redactados para la ceremonia de inducción, Mazeroski estableció otra marca de ligas mayores: el discurso más corto de Cooperstown. “La defensa debe estar en el Salón de la Fama, tanto como el pitcheo o el bateo”, dijo él. Su esposa de 66 años de edad, Milene (Nicholson) Mazeroski, falleció en 2024. Los sobrevivientes incluyen dos hijos, Darren y David y cuatro nietos. Como se reporta con frecuencia, un colegial de 14 años de edad de nombre Andy Jerpe, quien había abandonado el juego para ayudar a su madre a preparar la cena, pero se había quedado viendo el juego desde el lado exterior de la cerca, atrapó la pelota del jonrón de Mazeroski. Cuando se la llevó a Mazeroski en el vestuario, el segunda base de los Piratas la firmó, luego se la regresó. “Conservala hijo”, le dijo. “La memoria es suficiente para mí”. Una mañana soleada de la primavera siguiente, el muchacho perdió la pelota en los matorrales durante un juego en un terreno baldío. Los conocedores estiman que esa pelota habría costado más de un millón de dólares hoy.
Adam Bernstein contribuyó reportando.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Marzo 22, 2026.

sábado, 21 de marzo de 2026

Pasta corta con caraotas y spaghetti a la vongole.

Hace unos días con motivo del juego (ClásicoMundial de Beisbol 2026) donde Venezuela venció a Italia 4-2, en medio de las bromas con motivos gastronómicos con fotografías de un guiso de caraotas negras más queso blanco sobre una porción de espaguetis, fue inevitable recordar aquellas tardes dominicales cuando papá me iba a buscar al fondo del jardín, en un pasillo lateral donde yo siempre ensayaba a escalar un limonero que había al fondo. Las primeras veces tardaba en bajar del limonero, siempre antes o durante la preparación de la salsa, yo tenía que salir a comprar algún ingrediente faltante. Además era muy estricto en cada paso de la preparación pasando por la cocción de la pasta al dente, la selección de las hojas de albahaca, la manera de macerar los trozos de tomate. Todo eso contrastaba con los métodos de la familia materna: no importaba si la pasta se pasaba algo de cocción, la pasta la servían con carne molida guisada, o con caraotas y queso blanco. Por lo general nunca me gustó ni el arroz mazacotudo, mucho menos los espaguetis pasados de cocción, casi siempre me comía la carne guisada o las caraotas más queso con arepa y dejaba casi todo el arroz mazacotudo o la pasta gelatinosa. Tampoco me gustaba agregar mayonesa o ketchup a cualquier comida, porque por lo general tanto las caraotas como la carne molida guisada estaban bien aliñadas. Todo eso seguramente viene de aquellas sesiones dominicales con papá para preparar aquellos spaghetti al pesto. Era muy meticuloso y preciso en cada paso de la preparación. Los tomates debían estar bien maduros, los dientes de ajo debían ser grandes. No me lo decía, no hacía falta, solo con imaginarlo notaba aquella expresión de tristeza mezclada con rabia propia de cuando alguna observación suya era ignorada y luego ocurría lo que él había alertado. En cierta ocasión se ofreció a preparar una pasta corta en una reunión de la familia materna. Me extrañó que él mismo se propusiera para tal función, porque sabía cuales eran los hábitos gastronómicos de muchas personas de esa familia. Lo hice con la esperanza de que probaran primero la salsa que había preparado. Esa salsa vongole, con guacucos, y almejas, es una de las más laboriosas por la cocción del jugo de tomate a fuego superlento, las hojas de albahaca a mitad de cocción, las de tomillo casi al concluir y un toque de vino blanco justo al bajar la olla de la hornilla, la espolvoreada de pimienta entres distintos momentos del proceso. Todo eso y bajar la pasta un poco antes de estar al dente, para que casi todos estos carajos vengan y le lancen todas esas cucharadas de mayonesa y ketchup, eso parecía una zambumbia en remolino. Desde esa vez, papá nunca más se ofreció a cocinar alguna receta italiana de salsas. Aunque yo si conseguí que alguna vez se comiera una arepa de dominó y hasta pidió repertir,
Alfonso L. Tusa C. Marzo 21, 2026.

miércoles, 18 de marzo de 2026

Las señales de un campeonato

Varias veces sentí una abstracción, un vacío de cápsula espacial, un bloqueo mental de ingravidez en medio de ese juego efervescente . Sabía que Venezuela tenía todos los recursos técnicos y tácticos para fajarse versus Estados Unidos en esa final de Clásico Mundial 2026, sin embargo el aspecto emocional, la celeridad de las decisiones sobre la marcha, la ingravidez de la inercia, siempre tiene sobresaltos guardados y esta noche del 17 de marzo, el primero de esos momentos llegó cuando Eduardo Rodríguez salió del juego luego de 4.1 innings de enfoque puro, de concentración infinita y una comunicación automática con Salvador Pérez. Esa caminata desde el montículo hacia el dugout delineó un momento fantasmal que remarcaba los suspiros, que plasmaba en el lienzo de las esperanzas esas respiraciones contenidas de confirmar que si hay coraje para enfrentar juegos de forcejeos infinitos, esa ovación sonó por varios minutos en la esperanza de muchísimos venezolanos en el estadio, en el exilio y también los que agonizan en el territorio nacional, cada paso de Rodríguez hacia ese dugout retumbó en la convicción de que podemos vencer la oscuridad. La segunda vez que me petrifiqué fue cuando Wilyer Abreú descargó ese estacazo fantasmal por todo el jardín central, en la apertura de quinto inning Nolan McLean, lucía imbateable, como en una continua revancha por demostrar que la carrera del tercer inning mediante elevado de Maikel García para remolcar a Salvador Pérez, solo había sido un descuido circunstancial y ahora sellaría cualquier intento ofensivo. Cuando sonó el impacto de la madera sobre el cuero de la pelota supe que la esférica estaba lejos, que se llevaría la cerca como decía Felo Ramírez, me anticipé al “allá va” enronquecido de Carlos Feo, en el fondo se escuchaba el eco de la voz intensa de Delio Amado León: “...la bola se va...se va...se va...jooooooonroooooon” sentí tantos erizos en la piel que era imposible respirar, mucho menos saltar, ni siquiera tragar algo de saliva. Sabía que el juego apenas iba por la mitad, pero había algo, una voz secreta como en “El Campo de los Sueños” que susurraba: ten fe que eso llegará. En esa película inolvidable de “El Campo de los Sueños” el pesronaje de James Earl Jones le dice al de Kevin Costner, “Este país ha pasado por muchos cambios en más de dos siglos de existencia, lo único que se ha mantenido constante es el beisbol”. Tal vez la extrapolación al contexto venezolano tenga sus ajustes, pero a todo lo largo del siglo 20 y lo que va del 21 el beisbol ha significado ese aglutinante que ha mostrado ser crisol donde es posible forjar sueños de amplitud, respeto y resiliencia. Esa imagen estalló en mis ojos cuando Andrés Machado ponchó a Aaron Judge en el octavo inning luego que el jonrón de Bryce Harper igualó la pizarra 2-2. La desilusión parecía desbordar todo lo que veníamos soñando. Entonces Salvador Pérez corrió hacia el montículo y nos mostró como hay que levantarse de los golpes más rudos. Ideó con Machado un mapa de lanzamientos donde la épica rezumaba de pinceladas con gradaciones intensas al bordar de zig zags el plato. Aquel inicio del noveno debe estar entre los dos o tres comienzos de esa instancia donde más he sufrido de apnea o principio de síncope cardíaco. No sabía si arrodillarme junto a la cama o salirme del cuarto para ver el juego desde el pasillo.El boleto de Arraez me templó hacia el marco de la puerta. De pronto es posible descifrar los garabatos de Whitlock. Javier Sanoja terminó de inflamar la atmósfera de ansiedad. Sabíamos que la idea era llegar hasta segunda base. La carrera fue cercana a la velocidad de la luz, solo que el tiro de Will Smith fue perfecto, y cuando empezábamos a suspirar profundo, Sanoja escurrió el pie y llegó primero a la base y luego mantuvo el spike sobre la almohadilla.mientras Brice Turang mantenia el guante sobre su pierna. Llegó el turno de Eugenio Suárez. Era una especie de reedición de aquel cierre del noveno versus Dominicana, esta vez si entró a la caja de bateo. El batazo fue elevado pero entre left y centerfield . Cuando esa pelota impactó la cerca salté tanto que solo aterricé cuando Sanoja marco el 3-2. Siempre asocié los cierres del noveno inning ganando por una carrera con aquellas películas de Alfred Hitchcock. Esta vez imaginé que Hitchcock había buscado de guionista a Stephen King. Salvador Pérez siguió llamando un juego inmenso. Y Daniel Palencia mostró una sangre fría hirviente, parecía un tren expreso de medianoche con paradas muy fugaces Momentos hiperkinéticos, de visiones sonoras que hacen articular sonidos en otros idiomas sin conocerlos. Cada lanzamiento de Palencia un estallido pectoral, cada strike un apretón más intenso de la mano derecha sobre la izquierda y luego viceversa. Así nos encontró ese último out, ese ponche de Roman Anthony luego de aquel elevado al cuadro de Gunnar Henderson que tomó Maikel García, al arrodillarse comenzó la película que tanto habíamos soñado.
Alfonso L. Tusa C. Marzo 18, 2026.

martes, 17 de marzo de 2026

Eduardo Rodríguez:¿ Zurdo natural? No!

Extracto de un reportaje de la prensa de Boston (2015)
Dijo que tenía siete u ocho años de edad cuando su vida cambió para siempre. Era un día lluvioso y él jugaba con sus hermanos. Trató de subir a un camión grande y se resbaló, se rompió el hombro derecho. Con el brazo derecho enyesado, empezó a lanzar con el brazo izquierdo. “Empecé a jugar a lanzar la pelota con el hombro izquierdo y por eso estoy aquí ahora”, dijo él. “El doctor vino y dijo, ‘Epa, no lances con tu brazo derecho porque podría lesionarse otra vez. Así que empecé a jugar con el izquierdo”. Rodriguez también batea a la zurda.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Marzo 17, 2026.

lunes, 16 de marzo de 2026

Extracto de “El Látigo del Beisbol. Una Biografía de Isaías Chávez”. Alfonso L. Tusa. Fundación Magallanes de Carabobo BBC. Laboratorios Vargas. 2007.

A 57 años de aquel desgarrador accidente recuerdo estos párrafos:
Dámaso Blanco, su compañero en las ligas menores de la organizaión Gigantes de San Francisco también viaja en su máquina del tiempo hasta el 12 de marzo de 1969. Muerde una hamburguesa en un McDonald’s de El Paraíso na tarde de marzo de 2001. “Ese día fui a la embajada americana para retirar la visa. Allí me encontré con Isaías. Esa fue la última vez que hablé con él”. “Prefiero quedarme una semana más Dámaso, quiero practicar un poco más, todavía siento el brazo un poco tenso. Además tengo pendiente ir de cacería con El Mataor y otros amigos. (El Mataor era un taxista que frecuentaba mucho Chacao y amigo de vieja data del Látigo). “Recuerdo que llegué al campo de entrenamiento y le pedi al cuida cuarto que me reservara una cama más para Isaías. El domingo me llamó por teléfono César Gutiérrez, que estaba en el equipo grande de los Gigantes, y me dio la noticia. En mi vida había recibido una impresión similar. Lloré desconsoladamente, me quedé esperándolo”. Dámaso Blanco camina con su vista entre la esquina caliente y el morrito. Silba una señal de aliento y se levanta para venir hacia adelante en busca de cualquier batazo que le den al Látigo por los lados de tercera.
Alfonso L. Tusa C. Marzo 16, 2026.

domingo, 15 de marzo de 2026

Los héroes olvidados del beísbol.

Al completarse la victoria de Venezuela sobre Japón en cuartos de final de este Clásico de Beisbol de 2026, los analistas televisión resaltaban el jonrón de Wilyer Abreu para voltear el marcador, el vuelacercas de Maikel García para acercarse 5-4 y el estacazo de Ronald Acuña Jr, para desaparecerla ante el propio Yamamoto en el primer lanzamiento del juego. Por supuesto también resalataron el trabajo de Emmanuel De Jesús, José Buttó, Ángel Zerpa, Andrés Machado y Daniel Palencia para lanzar seis ceros seguidos desde el cuarto inning Hay quien habla de la nulidad con el madero de Salvador Pérez en lo que va de clásico, siempre se olvida la defensiva, eterna parte subestimada del juego. Pues en este juego ante Japón, Salvador Pérez llamó un gran juego, y muchos dirán que eso es algo básico para un receptor de su calibre. Cierto. Sin embargo de nada sirve el rango sino se demuestra en el terreno palmo a palmo, jugada a jugada, conversación a conversación a mitad de camino entre el plato y el montículo, cuando la situación se complica. Eso lo ejecutó muchas veces en el juego de ayer Pérez y eso tiene tanto valor como los jonrones y las actuaciones monticulares. Además hay que estar ahí, en el momento del candelero, con toda esa presión oscilando, para entender los oficios de un gran receptor.
Alfonso L. Tusa C. Marzo 15, 2026.

sábado, 14 de marzo de 2026

Eugenio Suarez debió tomar ese turno.

Aquí, desde mi ignorancia beisbolera inmensa, desde mi respeto y valoración del manager Omar López, por sus logros en LVBP con Caribes de Anzoategui, en la liga puertorriqueña con Cangrejeros de Santurce, en la organización Astros de Houston a través de su trayectoria por ligas menores y ahora como técnico del equipo grande. He recreado ese momento del cierre del noveno inning del juego de este miércoles 11 de marzo versus República Dominicana, en el Clásico Mundial, si hubiese estado en ese dugout en ese momento de bases llenas, un out, la carrera del empate en segunda base, la del triunfo en primera, al menos hubiese alzado la voz para pronunciar el nombre: Eugenio Suarez, este es su momento. Salvador Pérez no estaba en su noche, 4-0, el beisbol es un deporte de equipo, si hoy no puede uno, puede otro. Lo primordial a esas alturas del juego es al menos igualar la pizarra, después se verá quien puede ocupar la receptoría en caso de que William Contreras no pueda seguir. Por otro lado Suarez ha podido dejar en el terreno a los quisqueyanos con un jonrón, o con un batazo al fondo del rincón de los músicos que rodara muchos metros en la zona de seguridad, o pudo empatar el marcador con doble para dejar la carrera de ganar en tercera y luego el pitcher en medio de una tensión infinita ha podido lanzar un wild pitch.
Alfonso L. Tusa C. Marzo 14, 2026.

viernes, 13 de marzo de 2026

Los mejores segundas bases defensivos.

Hace unos días falleció Bill Mazeroski tal vez uno de los tres mejores camareros defensivos de Major League Baseball. Las comparaciones no dejan de ser odiosas, sin embargo, ante la insistencia y vehemencia de unos cuantos seguidores del beisbol a veces es inevitable contrastar los números aunque provengan de distintas épocas. Respecto a las asistencias (1)Eddie Collins lidera la lista de todos los tiempos con 7630 en 23516 innings, seguido por (2)Charlie Gehringer 7068 en 19351, (3)Joe Morgan 6967 en 21543.1, (4)Bid McPhee 6919 en 18734, (5)Bill Mazeroski 6685 en 18336.1, (6)Lou Whitaker 6653 en 19068, (7)Roberto Alomar 6254 en 19876, (8)Nellie Fox 6373 en 20217, (9)Ryne Sandberg 6363 en 17231 y (10)Willie Randolph 6336 en 18660.
En cuanto a los outs el lider es (1)Bid McPhee con 6552 outs en 18734 innings, siguen(2)Eddie Collins 6526 en 23516, (3)Nellie Fox 6090 en 20217, (4)Joe Morgan 5742 en 21543.1,(5)Nap Lajoie 5496 en 17902, (6)Charlie Gehringer 5369 en 19351, (7)Bill Mazeroski 4974 en 18336.1, (8)Bobby Doerr 4928 en 16303.1, (9)Willie Randolph 4859 en 18660, (10)Billy Herman 4780 en 16048.
Respecto a los dobleplays, (1)Bill Mazeroski encabeza la lista con 1706 en 18336.1 innings, seguido de (2)Nellie Fox 1619 en 20217, (3)Willie Randolph 1547 en 18660, (4)Lou Whitaker 1527 en 19068, (5)Bobby Doerr 1507 en 16303.1, (6)Joe Morgan 1505 en 21543.1,(7)Charlie Gehringer 1444 en 19351, (8)Robinson Canó 1418 en 18812, (9)Roberto Alomar 1407 en19876, (10)Frank White 1382 en 17809.1.
Mazeroski (quinto, séptimo, primero) es uno de cinco camareros ubicados entre los diez mejores de por vida en las categoría defensivas de asistencias, outs y dobleplays, junto a Charlie Gehringer (segundo, sexto, séptimo), Joe Morgan (tercero, cuarto, sexto), Nellie Fox (octavo, tercero, segundo), Willie Randolph (décimo, noveno, tercero).
Alfonso L. Tusa C. Marzo 13, 2026.

“El Rival” de Koufax. (Extracto del libro Sandy Koufax y Yo. Los Libros de El Nacional. Humberto Acosta)

Toda una prosa cargada de pasión por el beisbol, de efervescencia por lo inesperado, de sorpresa por los sueños que estallan de la nada en las expectativas más fantásticas del ser humano. Alfonso L. Tusa.
Aún tenía por delante una larga vida como aficionado cuando Sandy Koufax decidió retirarse en 1966. Solo contaba con |16 años de edad. Si embargo nunca pretendí reemplazarlo en mi corazón, pero la tarde del viernes 17 de marzo de 1972, salí presuroso y emocionado de Seguros Caracas donde trabajaba como oficinista. Dejé atrás la esquina de Doctor Paúl, atravesé la plaza El Venezolano, recorté camino por el pasaje Zingg, me sumergí en las profundidades del Centro Simón Bolívar y desemboqué en la avenida Baralt. Frente a la plaza Miranda entre a la tienda de artículos deportivos Miño Sports, y con veinte bolivares, por primera y última vez compré una pelota de beisbol profesional. Una McGregor 97. Al siguiente día me aposté con ella desde muy temprano en el lobby del hotel Caracas Hilton. No sabía como lo conseguiría aunque confiaba en que el borícua Roberto Clemente estampara su firma sobre su blanca superficie de cuero de caballo. Desde la madrugada de ese sábado, Clemente se había hospedado allí con el resto del equipo de los Piratas de Pittsburgh y delos Rojos de Cincinnati, protagonistas de los juegos de exhibición de esa tarde y la mañana del domingo en el estadio Universitario de Caracas. Eran aproximadamente las once de la mañana cuando llegué al Hilton con la McGregor 97 aún dentro de su caja de cartón. Bastó que traspasara la pesada puerta de vidrio y metal para comprobar la acostumbrada agitación del lobby de todo hotel de cinco estrellas de las grandes ciudades. No pretendía subir y tocar en la habitación donde se hallaba Clemente, pero de una vez fui a la recepción a preguntar por él. No estaba. Había salido a hacer varias visitas a amigos con Tuto Zabala, el empresario cubano organizador de la serie entre los Piratas y los Rojos. Con el tiempo de mi lado, me senté a esperarlo. Los hoteles de rango internacional provocan, en quien los visita sin estar registrado en sus instalaciones, la sensación de encontrarse en un país extranjero. Se escuchan conversaciones en inglés y en uno que otro idioma ajeno al de uno. Se ve a hombres y mujeres de distintas razas y nacionalidades entrar y salir escoltados por jóvenes impecablemente uniformados, llevando su equipaje mientras uno se pregunta de dónde vienen y a dónde van. Escrutaba la atmósfera que me envolvía desde un lugar estratégico, ofreciéndome una visión perfecta de la entrada por donde debía surgir Clemente en cualquier instante. En eso, los demás jugadores hicieron su aparición, dándole al recinto un ambiente de fiesta. La idea de lograr que Roberto me obsequiara su autógrafo me asaltó tan pronto supe que vendría a Venezuela con los Piratas, semanas después de ganar la Serie Mundial anterior sobre los Orioles de Baltimore y ser escogido como el Más Valioso del clásico. Había seguido cada uno de los siete partidos, y cada uno de los 31 turnos al bate de Clemente, a través de la televisión todavía en blanco y negro pero en vivo y en directo. Desde la del 66 entre los Dodgers y los Orioles, no había detallado con tanto frenesí una Serie Mundial. Sin embargo, al ver como Joe Morgan caminaba en mi dirección, caí en cuenta de otra realidad. ¿Y si Clemente no aparece? Entonces resolví aprovechar la posibilidad que se presentaba sin el menor obstáculo. Me sorprendió que Morgan era de mi tamaño. ¿Por este jugador tan pequeño los Rojos cambiaron a un bateador como Lee May a los Astros? Estuve a punto de dejarlo pasar pero le di el privilegio de ser el primero en escribir su nombre y apellido en mi pelota. Con los años me arrepentiría toda la vida de haberlo subestimado. El nuevo segunda base de Cincinnati fue el Más Valioso de la Liga Nacional 1n 1975 y 1976.
No imaginé que el contacto con los peloteros fuera tan sencillo. Detrás de lafirma de Morgan llegaron las de Pete Rose, Johnny Bench, Tany Pérez, Bobby Tolan, Manny Sanguillén, Bob Veale, Richie Zisk, Dock Ellis, Bruce Kison, y Bob Robertson. David Concepción y Victor Davalillo que formaban parte de las novenas visitantes sin estar alojados en el hotel, se presentaron y se unieron al improvisado jolgorio.No obstante, era ya la una y media de la tarde y Clemente seguía sin hacer su arribo triunfal. Decidí montar guardia del lado de afuera de la puerta principal. El tiempo ya no estaba a mi favor porque tenía que ir con mi esposa Xiomara al cine. Resolví aguardar hasta las dos. Un sentimiento de resignación y frustración me fue embargando a medida que pasaban aquellos postreros 30 minutos. Quizás consiga que Clemente me la firme mañana en el estadio. Amaneceré allá, pensé. A las dos en punto guardé la pelota en su caja y comencé a dirigir mis pasos hacia la parada del autobus en la plaza Morelos. Fue cuando escuché a mis espaldas el ruido del motor de un carro.Era un Ford LTD de color blanco y techo de vinil negro, que transformado en taxi de lujo, se detenía frente al Hilton. Por su puerta trasera izquierda descendió Clemente, justo frente a mí. Lucía una inmaculada guayabera beige de mangas largas y el tiempo parecía también estar en su contra. Solo disponía de algunos minutos para no perder el transporte que lo llevaría con el equipo al parque de la UCV. Sin mediar palabras me acerqué y le ofrecí la pelota con el bolígrafo. No dijo nada y tampoco me vio a los ojos. Se concentró en trazar su rúbrica lo mejor posible y entretanto pudo advertir esa dureza en la expresión de su rostro que tanto había observado en las fotografías de los periódicos. No obstante, había amabilidad en su gesto. Me entregó la bola, siguió su camino y yo el mío, feliz. El juego del domingo lo presencie desde los ya desaparecidos bancos de la tribuna techada del Universitario. Por el lado de la izquierda y sobre el dugout de los Rojos. Veinte bolívares costó la entrada. El manager Bill Virdon colocó a Clemente en sus lugares acostumbrados: tercero en el orden al bate y en el jardín derecho. Me quedé hasta el final pero he podido marcharme satisfecho luego de la exhibición del toletero puertorriqueño en el primer inning. Primero porque abandonó el encuentro en su primera mitad para visitar a su padre enfermo en Puerto Rico. Segundo, porlo acaecido en ese turno. Con dos outs y las bases limpias, el abridor de los Rojos, Tony Cloninger, lo envió al suelo con el primer lanzamiento. La bola pasó cerca de su cabeza y el instante quedó guardado para la posteridad porque la foto del revolcón apareció en todos los diarios del lunes. La expresión de Clemente, entre sorprendido y asustado, acostado boca abajo sobre el plato, aún resulta conmovedora.
Miró al catcher Johnny Bench y se paró lentamente. Sacudió el polvo del uniforme que ya no era gris, se ajustó el casco y se metió un poco más sobre la esquina de adentro del plato. Giró de un lado a otro su cabeza para suavizar el crónico malestar en su cuello. Se inclinó, adelantó el mentón sobre su hombro izquierdo y le dirigió a Cloninger una mirada con un gesto de agresividad. Se apoyó en su pierna derecha, dobló levemente la izquierda mientras solo la punta del pie hacía contacto con el suelo y levantó sus manos sosteniendo el bate a la altura de las letras de la franela. El segundo pitcheo fue conectado de línea entre el center y right field donde Bobby Tolan y George Foster corrieron inútilmente tras la bola que se internó en la zona de seguridad. Si existe una manera de describir la manera de correr de Clemente no es otra que “de lado”. Sobre todo cuando tenía la intención de convertir en triple uno de sus batazos. Sus piernas subían y bajaban como pistones y sus brazos completaban un movimiento similar sin elevarse más allá del dorso. A primera vista parecía un esfuerzo excesivo, pero si seguía a cámara lenta se apreciaba un desplazamiento de excelsa simetría sin la menor concesión al temor de lastimarse. Segundos más tarde, se deslizaba con garbo y violencia sobre la tercera almohadilla para apuntarse un triple. No podía llegar de pie porque ya la pelota estaba de regreso. Incluso aterrizó en su destino con ella dentro del guante del antesalista Hal McRae. El lance nos ofreció una muestra más de plasticidad alrededor de las bases. Con la pierna izquierda doblada hizo contacto con la almohadilla mientras la derecha estaba alzada muy cerca del pecho. Los dos brazos elevados con las manos abiertas parecían quere amortiguar la embestida.
Transcripción: Alfonso L. Tusa C. Marzo 12, 2026.

miércoles, 11 de marzo de 2026

La gerencia de Navegantes del Magallanes ratifica a Yadier Molina.

Tan temprano como el martes 03 de marzo de 2026, Federico Rojas y Héctor Arias empezaron a concretar el cronograma de actividades conducentes a la temporada 2026-2027 de LVBP. Se contrató al manager Yadier Molina por dos temporadas con opción a una tercera y se ratifica casi todo el cuerpo técnico. Buen momento para ejecutar el paso que inicia formalmente toda la planificación y los proyectos alternos que caracterizan a una gerencia en plenitud de funciones. Lo primero que llamó la atención fue la ausencia de Mario Lisson y Ramón Borrego en la estructura del cuerpo técnico. Lisson aduce razones personales, responsabilidades cada vez más absorbentes de su trabajo de técnico de ligas menores. Respecto a Borrego no trascendieron detalles de sus razones para dar un paso al costado. El puesto de coach de banca será ocupado por Roberto Espinoza, homónimo del pitcher venezolano que lanzó con Tigres de Aragua y Navegantes del Magallanes, además de ocupar el cargo de coach de pitcheo de losNavegantes en varias temporadas. Este Roberto Espinoza tiene experiencia en el cuerpo técnico magallanero, en el pasado fungió como coach de control de calidad. Stubby Clapp técnico canadiense quien se ha desempeñado como coach de primera base de Cardenales de San Luis durante los últimos ocho años, se encargará de suplir a Borrego como coach de tercera base. Clapp tuvo una prolongada carrera como pelotero amateur de las selecciones de Canadá y jugó brevemente en grandes ligas. El otro reemplazo será el puertorriqueño Victor Ramos quien ocupará la plaza de coach de control de calidad. En el presente se desempeña como instructor de pitcheo en el sistema de ligas menores de los Azulejos de Toronto. El resto del cuerpo técnico se mantiene con Darwin Marrero como coach de pitcheo. Endy Chávez ejecutando las señas y las observaciones en primera base. Kleininger Terán coach de bateo. Miguel Socolovich coach de bullpen. Eliezer Alfonzo asistente al coach de bateo. Clemente Álvarez coach de receptores. Felix Escalona Coach asistente.
Alfonso L. Tusa C. Marzo 11, 2026.

Estado del beisbol

Ver a un manager rechazar un tipo de pregunta de los periodistas por considerarla fuera de contexto, es válido. Si estás en medio de un torneo deportivo, lo natural es que se hable del tema en proceso, en este caso el beisbol. Por tanto se pasa de inmediato a la próxima interrogante. Extenderse en la explicación de porque no se va a responder ese tipo de pregunta resulta innecesario y hasta suicida. Precisamente porque está fuera de contexto también detallar asuntos particulares de su formación personal, entonces se cae en el dificil terreno de los personalismos, las victimizaciones, las justificaciones emocionales. Si de verdad se pretende ser profesional en cualquier campo de la vida, es elemental saber guardar respeto, si se permite que las emociones invadan el espacio, por lo general se pierde la compostura y se termina tratando indebidamente a las personas. Está bien que los peloteros rivales se saluden y bromeen, socialicen al llegar al estadio, en las prácticas previas al juego. En el beisbol antiguo una vez que empezaba el juego cada quien estaba concentrado en sus responsabilidades, dificilmente se veían esas conversaciones tipo reunión social en primera, segunda o tercera base cuando un bateador se embasaba. Era impensable que un bateador llegase al plato y le extendiera la mano al catcher para saludarlo. Todos sabían que lo esencial era respetar el juego, enfocarse en la continuidad de la acción, hay demasiados asuntos subterraneos del juego que corren en paralelo a lo que alguien ve desde afuera, solo los que jugaron el beisbol alguna vez saben de la cantidad de datos que se procesan en la mente de cada pelotero tanto en el campo como en el dugout. Más lamentable es que en la actualidad haya peloteros que además de atravesar esa línea invisible, reaccionen indebidamente porque el colega ignoró el saludo en tal condición. En la vida todo está relacionado, todo está conectado, cuando se está en el plano deportivo, el beisbol en este caso; lo procedente y apropiado es hablar o expresarse sobre el beisbol. Eso no significa que la política no tiene nada que ver con el beisbol, más aún con cualquier otra actividad del acontecer humano. La política esta conectada con cualquier comunicación que pueda haber entre los seres humanos sea en el ámbito que sea. Las decisiones, consideraciones, acuerdos, discusiones del deporte, la cultura, la ciencia,y todas las ramas de la actividad humana tienen que ver con la manera como cada quien se comunica, trata, interactua con los demás, y eso implica una política. Que las políticas públicas, de partidos políticos, sean escenario de eventos lamentables que se han acentuado con el paso de los años, no significa que esa arista de esa política deba definir la verdadera esencia y semántica de esa palabra.
Alfonso L. Tusa C. Marzo 11, 2026.

martes, 10 de marzo de 2026

Marco Scutaro mostró a Luis Arraez lo que era posible para un niño de un pueblo pequeño de Venezuela.

Andrew Baggarly. Febrero 28, 2026.
SCOTTSDALE, Ariz. — Es un momento que persistirá en la memoria de los aficionados de los Gigantes de San Francisco. Es una escena que ha sido recreada en todo desde franelas hasta guantes para la nieve. Había mucha alegría bautismal, dulce liberación, euforia de limpieza cuando el segunda base Marco Scutaro echó su cabeza hacia atrás y abrazó el aguacero emocional que empapó a los Gigantes cuando estaban a un out de asegurar el banderín de la Liga Nacional en 2012. Esa noche, en las afueras rurales de la ciudad natal de Scutaro, San Felipe, Venezuela, ese momento también inspiró a un muchacho de 15 años de edad quien miró cada uno de aquellos siete juegos. “Tan pronto como vi a Marco Scutaro en esa serie, guao”, dijo Luis Arraez. “Me dije, ‘necesito seguir avanzando. Necesito firmar con algun equipo. Esto es algo que puedo hacer’”. Scutaro bateó .500 en esa serie de campeonato de la Liga Nacional contra Cardenales de San Luis. Fue premiado con los honores al jugador más valioso de esa serie. Los Gigantes necesitaban ganar tres juegos seguidos o estaban eliminados, para prevalecer contra los Cardenales, y Scutaro jugó adolorido luego que un deslizamiento de Matt Holliday dislocara su cadera en el segundo juego. Pero él siguió esparciendo imparable hacia todos lados del campo, prendiendo reacciones, y remolcando corredores. Fue 30 veces a batear en esa serie. Solo se ponchó en una oportunidad. Y entonces, al completar la barrida de los Gigantes en cuatro juegos ante los Tigres de Detroit en la Serie Mundial, Scutaro despachó aquel sencillo en línea del décimo inning para remolcar a Ryan Theriot con la carrera ganadora. Arraez y Scutaro batean desde lados distintos del plato. Tienen mecánicas de bateo diferentes. Pero son muy similares en su enfoque. Arraez, un bateador zurdo que firmó contrato de un año por 12 millones de dólares con los Gigantes, ha ganado tres títulos de bateo por que su swing es tan corto y directo que puede darse el lujo de esperar más para reconocer el tipo de pitcheo. Sus destrezas de contacto serían singulares en cualquier era. En este paisaje beisbolero actual, con relevistas intermedios de 100 millas por hora y diseños de pitcheos hechos a la medida, además de mucho menos vergüenza por poncharse, él es un verdadero original. Pero no sería preciso decir que Arraez modeló su juego o su enfoque de bateo de acuerdo a su coterráneo. Scutaro significó mucho más para Arraez que una plantilla de bateo. Le mostró a Arraez lo que era posible.
El rostro de Arraez se ilumina cuando explica la conexión: “Somos de la misma ciudad”. Tal vez eso no suena como una gran cosa. Centenares de peloteros de Venezuela han llegado a las grandes ligas, y no un pequeño número ha ganado el estrellato, desde una pléyade de campocortos que se extiende desde Luis Aparicio hasta David Concepción hasta Omar Vizquel hasta el mas valioso de la Liga Nacional Ronald Acuña, el triple coronado Miguel Cabrera, los ganadores del premio Cy Young Johan Santana y Felix Hernández. No hay escasez de peloteros estrella que idolatrar para el talento joven de Venezuela. Pero San Felipe es la capital de Yaracuy, un estado agrícola de copiosas lluvias conocido por sus cultivos de cítricos y flores tropicales, no por sus beisbolistas. Es ajeno al circuito de escauteo exhibición. Tiene que haber algo extraordinario para que un peloteros sobresalga aquí, y si se es un adolescente que batea puros sencillos quien no cuenta con un a velocidad enceguecedora o un poder prodigioso, se empieza en el beisbol con cuenta de dos strikes. Hay que fajarse para ser tomado en cuenta. Solo tres grandes ligas han vendido desde San Felipe y sus alrededores. Arraez y Scutaro son dos de ellos. El antiguo cerrador de los Piratas de Pittsburgh, Felipe Vasquez es el otro. Cuando Scutaro tenía 14 años de edad, esperaba en el terminal de buses de San Felipe, hacía un viaje de 90 tortuosos kilómetros hasta Barquisimeto la ciudad grande más cercana, entonces caminaba varias millas hasta llegar a un campo de beisbol donde podía jugar en una liga contra una competencia de calidad. Tuvo que rogar para que le dieran una oportunidad en una academia de beisbol, ofreció hacer otros trabajos para pagar su comida y alojamiento, y entonces lo dejaban en la banca en los juegos donde los scouts estaban en las tribunas. Cuando él le preguntó a un scout de los Rockies de Colorado si podía firmar por nada, fue rechazado. Una vez se hizo pasar por un amigo que había sido firmado por los Atléticos de Oakland, al pedir prestado su uniforme, para poder jugar en un juego de exhibición. Scutaro casi tenía 19 años de edad cuando viajaba a donde fuese que pudiera para jugar frente a los scouts cuando alguien de los Indios de Cleveland finalmente mostró interés. Le ofrecieron 3.500 $. No pudo firmar tan rápido. Y ahora, con su carrera de 13 años de grandes ligas detrás de él, Scutaro, de 50 años de edad, está pasando esta semana con los Gigantes como instructor invitado en el entrenamiento primavera. Está trabajando con Arraez durante los ejercicios del cuadro interior en segunda base y lo observa desperdigar pelotas por todo el campo en la práctica de bateo. Le está dando consejos a Arraez respecto al venidero Clásico Mundial de Beisbol, un evento en el cual Scutaro representó a Venezuela entre ocasiones. Principalmente, Scutaro está profundizando su relación con alguien que ha admirado por mucho tiempo. . Él sabe mejor que nadie todo lo que Arraez, alguien procedente de una región poco representada con destrezas subestimadas, tuvo que superar para llegar aquí.
“Mi hermano, Piero, fue el primero que me habló de él”, dijo Scutaro. “Él dijo, ‘Epa, él es de nuestra area. Es un buen bateador’. Me refiero a que él es de un pueblo muy, muy pequeño. En Las Flores, solo hay una calle. Eso es todo. Mi papá solía tener una granja cerca de ahí. Así que conozco ese lugar”. “Cuando veo a Arraez, tengo que preguntarle: ‘¿Quien te enseñó a batear en ese pequeño pueblo?’” Scutaro, el hijo de un barbero italiano,creció en San Felipe, una ciudad de más de 200.000 habitantes. Para encontrar donde se crió Arraez, hay que salir de la ciudad, pasar la pista de aterrizaje, y bajar por una carretera de un canal hacia la aldea de Tacarte. A mitad de camino hay una bifurcación hacia un grupo de estructuras que incluye una carnicería y una escuela de dos aulas. Eso es Las Flores. Ese era el hogar de una de las seguidoras más grandes de Marco Scutaro en todo el mundo. “Oh, mi mamá”, dijo Arraez. “Ella veía a Marco Scutaro cuando él jugaba para los Leones del Caracas (en la pelota invernal). Ese era su pelotero. Lo llamaban El Pulpo. Yo lo veía jugar duro todos los días. Es un tipo humilde, con mucha energía. Y era de muy cerca, solo a pocos minutos de distancia”. Arraez recordó que tenía 5 o 6 años de edad cuando Scutaro, quien recientemente había debutado en grandes ligas con los Mets de Nueva York, regresó a San Felipe en el receso entre temporadas, Piero Scutaro fue amigable con el hermano mayor de Arraez y le preguntó si querían pasar por su casa a conocer a Marco. En un instante, ellos manejaron sus bicicletas por aquella carretera de un canal. Antes que Arraez jugase su primer juego de beisbol organizado a los 8 años de edad, aprendió a batear haciendole swing a una pelota que su padre, Ernesto, colgaba de un árbol de mango. Arraez hacia todo a la derecha, por eso Ernesto se sorprendió cuando su hijo hacía swings a la zurda. Era tan coordinado y hacía tanto contacto que no había razón para tratar de cambiarlo. Practicaban por horas, luego que Ernesto, un conductor de autobuses, terminaba su guardia. Arraez siguió mostrando talento como bateador y como pitcher y fue aceptado en la Academia Felix Olivo en Valencia., lo cual quedaba a más de dos horas de distancia en transporte. Compitió con equipos juveniles de Venezuela en torneos internacionales y una vez pitcheó siete innings en una victoria sobre Brasil en un torneo en México.Varios peloteros de esos equipos internacionalizarles firmaron con bonos de seis cifras. Arraez no estuvo entre ellos. Arraez llamó la atención de José León, coordinador de escauteo de los Mellizos de Minnesota, y recibió una invitación para su academia. Luego de dos meses allí, como los Mellizos decían que no tenían dinero en su presupuesto para firmarlo, Arraez regresó a Las Flores. Le dijo a su madre que se enfocaría en sus estudios y tal vez se convertiría en maestro de escuela primaria. Pero León no se había olvidado de él y liberó algo de dinero. Le ofrecieron un bono de 40.000 $. No pudo firmar tan rápido.
“Cuando se crece donde crecimos, era beisbol o más nada”, dijo Scutaro. “Por eso es que no dábamos nada por sentado. Es una gran oportunidad venir aquí. Y pienso que los Gigantes están felices de darle una oportunidad. Al verlo, él va a tener un gran año. Los Gigantes lo amarán, y él se quedará aquí por un tiempo. De verdad lo creo”. No hubo guerra de ofertas por Arraez como esperanza juvenil. Aún después de aquellos tres títulos de bateo seguidos desde 2022 hasta 2024, lo cual indica cuando habla de la energía mostrada con los Mellizos, Marlins de Florida y Padres de San Diego, no hubo mucho de guerra de ofertas por sus servicios este invierno pasado. Los Padres intentaron volver a contratarlo, pero los Gigantes fueron el único equipo que le ofreció la oportunidad de reestablecerse como segunda base regular,, Arraez está refinando su defensa al tomar consejos de posicionamiento con el hombre que también enseñó a Scutaro como joven jugador del cuadro interior con los Atléticos de Oakland. El coach de infield de los Gigantes, Ron Washington no ha perdido ni un día de los primeros trabajos de primavera. Tampoco Arraez,quien encara sus tareas en el campamento como un novato con mucho que probar. El manager de los Gigantes, Tony Vitello para nada se refiere al irrespeto cuando habla de la energía de principiante que Arraez trae al estadio cada día. “Le aprecio mucho”, dijo Scutaro, quien vive en el area de Miami y a menudo ve a los Marlins por TV. “Lo vi jugar casi todos los día en 2023, y defensivamente, es mucho mejor de lo que piensa la gente. No veo ninguna razón para que no juegue al campo todos los días. De todas las cosas que admiro en él, la más grande es como batalla cada uno de sus turnos al bate. Miren su carrera. Hacer lo que él hace en el juego actual con tipos que lanzan a 100 millas cualquier lanzamiento en todo tipo de conteo. Eso es sorprendente”. Todavía es más impresionante cuando se nota que Arraez no pudo ver acción de manera continua buena parte de la temporada pasada. Fue retirado de terreno y hospitalizado con una contusión el 20 de abril en Houston luego de colisionar en primera base con el jugador del cuadro de los Astros Mauricio Dubon, entonces se perdió los próximos seis juegos de los Padres. No dijo ni una palabra de síntomas persistentes luego de regresar, y de acuerdo a su actuación, no hubo razón para pensar que no estaba recuperado por completo. El bateador de promedio vitalicio de .317 no ganó otro título de bateo, terminó con promedio de .292, pero cerró el año con 675 apariciones al plato y solo 21 ponches, solo dos fueron cantados. Esa fue la tasa de ponches más baja para un grande liga calificado desde el inquilino del Salón de la Fama, Tony Gwynn en 1995. Todo ese tiempo tuvo dificultades para librarse de las telarañas. Dijo que su visión no se aclaró hasta diciembre. “Tuve muchos mareos”, dijo Arraez. “Ahora me siento bien, gracias a Dios.No es fácil. Quieres sentirte bien. Cuando voy a batear y veo algo que se mueve, me digo, ‘Ok, estoy mareado’” Con una visión clara y tal vez un poco más de fortuna de hacia donde van las pelotas bateadas, Arraez parece preparado para un cuarto título de bateo esta temporada, un hecho que solo 14 peloteros (12 de los cuales están en el Salón de la Fama) han alcanzado en la historia de las ligas mayores. Arraez también igualaría a Cabrera como el bateador de Venezuela con más titulos de bateo. Scutaro dijo que él sería el primero en celebrar ese logro. “Ambos tenemos un swing corto y dejamos que la pelota avance bastante, pero no se confundan”, dijo Scutaro. “Él está muy por delante de mí. Muy, muy por delante de mí. Mucho mejor. Me tomó mucho tiempo hacer eso, y él ha sido bueno por un buen rato. Tienen una habilidad natural. Reconoce los pitcheos muy rápido”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Marzo 10, 2026.

Bruce Froemming, un Árbitro Duradero con décadas de confrontaciones coloridas fallece a los 86 años de edad.

Tyler Kepner. The New York Times. Febrero 26, 2026. Bruce Froemming, un gigante del arbitraje quien oficiara 5163 juegos a través de...