domingo, 7 de diciembre de 2025

En cuenta de cero y dos.

Ese era el tema de conversación principal en las reuniones de aquella “Corte de los Canguros” muy habitual en el beisbol al menos en el período 1960s-1990s. En el dugout de los Orioles de Baltimore el manager Earl Weaver era un oyente más junto al resto de los peloteros ante el director de las sesiones, el jardinero izquierdo del equipo Frank Robinson. El tipo se tomaba muy en serio su papel de juez o letrado de la corte, hasta se ponía una cabellera de estopa debajo de la gorra para simular el aspecto de los diputados del parlamento inglés. Cuando perdían las observaciones, las reprimendas eran más atenuadas. Si ganaban subían algo de tono. Siempre había reclamos por haber sido out en tercera base para terminar el inning, si alguién con poco brazo había lanzado la pelota desde los jardines por encima del infielder cortador. Si alguien olvidaba una seña. Una de las reprimendas más intensas ocurría cuando a un pitcher le conectaban un batazo clave en cuenta de cero y dos. En ese momento Robinson miraba a los ojos a Weaver y recalcaba que en cuenta de cero bolas y dos strikes, el pitcher tenía que lanzar la pelota por cualquier parte menos por la zona de strike. Si el promedio de las multas andaba por los diez dolares, en este caso subía a quince y hasta veinte si el batazo había sido un jonrón de más de dos carreras.En esos Orioles era muy dificil ver a Jim Palmer, Dave McNally,Mike Cuellar o Pat Dobson conceder un jonrón.El acuerdo con Weaver era que si les iban a batear un jonrón debía ser a lo sumo con un hombre e.n base,nunca con dos. Por eso era tan dificl ganarle a esos Orioles. Setomaban muyen serio el pitcheo, como debe ser. Y en esas cortes de los canguros aljez Robinson no se le pasaba la mínima marfilada cometida en el terreno.
Alfonso L. Tusa C. Diciembre 07-12-2025.

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