martes, 10 de marzo de 2026

Marco Scutaro mostró a Luis Arraez lo que era posible para un niño de un pueblo pequeño de Venezuela.

Andrew Baggarly. Febrero 28, 2026.
SCOTTSDALE, Ariz. — Es un momento que persistirá en la memoria de los aficionados de los Gigantes de San Francisco. Es una escena que ha sido recreada en todo desde franelas hasta guantes para la nieve. Había mucha alegría bautismal, dulce liberación, euforia de limpieza cuando el segunda base Marco Scutaro echó su cabeza hacia atrás y abrazó el aguacero emocional que empapó a los Gigantes cuando estaban a un out de asegurar el banderín de la Liga Nacional en 2012. Esa noche, en las afueras rurales de la ciudad natal de Scutaro, San Felipe, Venezuela, ese momento también inspiró a un muchacho de 15 años de edad quien miró cada uno de aquellos siete juegos. “Tan pronto como vi a Marco Scutaro en esa serie, guao”, dijo Luis Arraez. “Me dije, ‘necesito seguir avanzando. Necesito firmar con algun equipo. Esto es algo que puedo hacer’”. Scutaro bateó .500 en esa serie de campeonato de la Liga Nacional contra Cardenales de San Luis. Fue premiado con los honores al jugador más valioso de esa serie. Los Gigantes necesitaban ganar tres juegos seguidos o estaban eliminados, para prevalecer contra los Cardenales, y Scutaro jugó adolorido luego que un deslizamiento de Matt Holliday dislocara su cadera en el segundo juego. Pero él siguió esparciendo imparable hacia todos lados del campo, prendiendo reacciones, y remolcando corredores. Fue 30 veces a batear en esa serie. Solo se ponchó en una oportunidad. Y entonces, al completar la barrida de los Gigantes en cuatro juegos ante los Tigres de Detroit en la Serie Mundial, Scutaro despachó aquel sencillo en línea del décimo inning para remolcar a Ryan Theriot con la carrera ganadora. Arraez y Scutaro batean desde lados distintos del plato. Tienen mecánicas de bateo diferentes. Pero son muy similares en su enfoque. Arraez, un bateador zurdo que firmó contrato de un año por 12 millones de dólares con los Gigantes, ha ganado tres títulos de bateo por que su swing es tan corto y directo que puede darse el lujo de esperar más para reconocer el tipo de pitcheo. Sus destrezas de contacto serían singulares en cualquier era. En este paisaje beisbolero actual, con relevistas intermedios de 100 millas por hora y diseños de pitcheos hechos a la medida, además de mucho menos vergüenza por poncharse, él es un verdadero original. Pero no sería preciso decir que Arraez modeló su juego o su enfoque de bateo de acuerdo a su coterráneo. Scutaro significó mucho más para Arraez que una plantilla de bateo. Le mostró a Arraez lo que era posible.
El rostro de Arraez se ilumina cuando explica la conexión: “Somos de la misma ciudad”. Tal vez eso no suena como una gran cosa. Centenares de peloteros de Venezuela han llegado a las grandes ligas, y no un pequeño número ha ganado el estrellato, desde una pléyade de campocortos que se extiende desde Luis Aparicio hasta David Concepción hasta Omar Vizquel hasta el mas valioso de la Liga Nacional Ronald Acuña, el triple coronado Miguel Cabrera, los ganadores del premio Cy Young Johan Santana y Felix Hernández. No hay escasez de peloteros estrella que idolatrar para el talento joven de Venezuela. Pero San Felipe es la capital de Yaracuy, un estado agrícola de copiosas lluvias conocido por sus cultivos de cítricos y flores tropicales, no por sus beisbolistas. Es ajeno al circuito de escauteo exhibición. Tiene que haber algo extraordinario para que un peloteros sobresalga aquí, y si se es un adolescente que batea puros sencillos quien no cuenta con un a velocidad enceguecedora o un poder prodigioso, se empieza en el beisbol con cuenta de dos strikes. Hay que fajarse para ser tomado en cuenta. Solo tres grandes ligas han vendido desde San Felipe y sus alrededores. Arraez y Scutaro son dos de ellos. El antiguo cerrador de los Piratas de Pittsburgh, Felipe Vasquez es el otro. Cuando Scutaro tenía 14 años de edad, esperaba en el terminal de buses de San Felipe, hacía un viaje de 90 tortuosos kilómetros hasta Barquisimeto la ciudad grande más cercana, entonces caminaba varias millas hasta llegar a un campo de beisbol donde podía jugar en una liga contra una competencia de calidad. Tuvo que rogar para que le dieran una oportunidad en una academia de beisbol, ofreció hacer otros trabajos para pagar su comida y alojamiento, y entonces lo dejaban en la banca en los juegos donde los scouts estaban en las tribunas. Cuando él le preguntó a un scout de los Rockies de Colorado si podía firmar por nada, fue rechazado. Una vez se hizo pasar por un amigo que había sido firmado por los Atléticos de Oakland, al pedir prestado su uniforme, para poder jugar en un juego de exhibición. Scutaro casi tenía 19 años de edad cuando viajaba a donde fuese que pudiera para jugar frente a los scouts cuando alguien de los Indios de Cleveland finalmente mostró interés. Le ofrecieron 3.500 $. No pudo firmar tan rápido. Y ahora, con su carrera de 13 años de grandes ligas detrás de él, Scutaro, de 50 años de edad, está pasando esta semana con los Gigantes como instructor invitado en el entrenamiento primavera. Está trabajando con Arraez durante los ejercicios del cuadro interior en segunda base y lo observa desperdigar pelotas por todo el campo en la práctica de bateo. Le está dando consejos a Arraez respecto al venidero Clásico Mundial de Beisbol, un evento en el cual Scutaro representó a Venezuela entre ocasiones. Principalmente, Scutaro está profundizando su relación con alguien que ha admirado por mucho tiempo. . Él sabe mejor que nadie todo lo que Arraez, alguien procedente de una región poco representada con destrezas subestimadas, tuvo que superar para llegar aquí.
“Mi hermano, Piero, fue el primero que me habló de él”, dijo Scutaro. “Él dijo, ‘Epa, él es de nuestra area. Es un buen bateador’. Me refiero a que él es de un pueblo muy, muy pequeño. En Las Flores, solo hay una calle. Eso es todo. Mi papá solía tener una granja cerca de ahí. Así que conozco ese lugar”. “Cuando veo a Arraez, tengo que preguntarle: ‘¿Quien te enseñó a batear en ese pequeño pueblo?’” Scutaro, el hijo de un barbero italiano,creció en San Felipe, una ciudad de más de 200.000 habitantes. Para encontrar donde se crió Arraez, hay que salir de la ciudad, pasar la pista de aterrizaje, y bajar por una carretera de un canal hacia la aldea de Tacarte. A mitad de camino hay una bifurcación hacia un grupo de estructuras que incluye una carnicería y una escuela de dos aulas. Eso es Las Flores. Ese era el hogar de una de las seguidoras más grandes de Marco Scutaro en todo el mundo. “Oh, mi mamá”, dijo Arraez. “Ella veía a Marco Scutaro cuando él jugaba para los Leones del Caracas (en la pelota invernal). Ese era su pelotero. Lo llamaban El Pulpo. Yo lo veía jugar duro todos los días. Es un tipo humilde, con mucha energía. Y era de muy cerca, solo a pocos minutos de distancia”. Arraez recordó que tenía 5 o 6 años de edad cuando Scutaro, quien recientemente había debutado en grandes ligas con los Mets de Nueva York, regresó a San Felipe en el receso entre temporadas, Piero Scutaro fue amigable con el hermano mayor de Arraez y le preguntó si querían pasar por su casa a conocer a Marco. En un instante, ellos manejaron sus bicicletas por aquella carretera de un canal. Antes que Arraez jugase su primer juego de beisbol organizado a los 8 años de edad, aprendió a batear haciendole swing a una pelota que su padre, Ernesto, colgaba de un árbol de mango. Arraez hacia todo a la derecha, por eso Ernesto se sorprendió cuando su hijo hacía swings a la zurda. Era tan coordinado y hacía tanto contacto que no había razón para tratar de cambiarlo. Practicaban por horas, luego que Ernesto, un conductor de autobuses, terminaba su guardia. Arraez siguió mostrando talento como bateador y como pitcher y fue aceptado en la Academia Felix Olivo en Valencia., lo cual quedaba a más de dos horas de distancia en transporte. Compitió con equipos juveniles de Venezuela en torneos internacionales y una vez pitcheó siete innings en una victoria sobre Brasil en un torneo en México.Varios peloteros de esos equipos internacionalizarles firmaron con bonos de seis cifras. Arraez no estuvo entre ellos. Arraez llamó la atención de José León, coordinador de escauteo de los Mellizos de Minnesota, y recibió una invitación para su academia. Luego de dos meses allí, como los Mellizos decían que no tenían dinero en su presupuesto para firmarlo, Arraez regresó a Las Flores. Le dijo a su madre que se enfocaría en sus estudios y tal vez se convertiría en maestro de escuela primaria. Pero León no se había olvidado de él y liberó algo de dinero. Le ofrecieron un bono de 40.000 $. No pudo firmar tan rápido.
“Cuando se crece donde crecimos, era beisbol o más nada”, dijo Scutaro. “Por eso es que no dábamos nada por sentado. Es una gran oportunidad venir aquí. Y pienso que los Gigantes están felices de darle una oportunidad. Al verlo, él va a tener un gran año. Los Gigantes lo amarán, y él se quedará aquí por un tiempo. De verdad lo creo”. No hubo guerra de ofertas por Arraez como esperanza juvenil. Aún después de aquellos tres títulos de bateo seguidos desde 2022 hasta 2024, lo cual indica cuando habla de la energía mostrada con los Mellizos, Marlins de Florida y Padres de San Diego, no hubo mucho de guerra de ofertas por sus servicios este invierno pasado. Los Padres intentaron volver a contratarlo, pero los Gigantes fueron el único equipo que le ofreció la oportunidad de reestablecerse como segunda base regular,, Arraez está refinando su defensa al tomar consejos de posicionamiento con el hombre que también enseñó a Scutaro como joven jugador del cuadro interior con los Atléticos de Oakland. El coach de infield de los Gigantes, Ron Washington no ha perdido ni un día de los primeros trabajos de primavera. Tampoco Arraez,quien encara sus tareas en el campamento como un novato con mucho que probar. El manager de los Gigantes, Tony Vitello para nada se refiere al irrespeto cuando habla de la energía de principiante que Arraez trae al estadio cada día. “Le aprecio mucho”, dijo Scutaro, quien vive en el area de Miami y a menudo ve a los Marlins por TV. “Lo vi jugar casi todos los día en 2023, y defensivamente, es mucho mejor de lo que piensa la gente. No veo ninguna razón para que no juegue al campo todos los días. De todas las cosas que admiro en él, la más grande es como batalla cada uno de sus turnos al bate. Miren su carrera. Hacer lo que él hace en el juego actual con tipos que lanzan a 100 millas cualquier lanzamiento en todo tipo de conteo. Eso es sorprendente”. Todavía es más impresionante cuando se nota que Arraez no pudo ver acción de manera continua buena parte de la temporada pasada. Fue retirado de terreno y hospitalizado con una contusión el 20 de abril en Houston luego de colisionar en primera base con el jugador del cuadro de los Astros Mauricio Dubon, entonces se perdió los próximos seis juegos de los Padres. No dijo ni una palabra de síntomas persistentes luego de regresar, y de acuerdo a su actuación, no hubo razón para pensar que no estaba recuperado por completo. El bateador de promedio vitalicio de .317 no ganó otro título de bateo, terminó con promedio de .292, pero cerró el año con 675 apariciones al plato y solo 21 ponches, solo dos fueron cantados. Esa fue la tasa de ponches más baja para un grande liga calificado desde el inquilino del Salón de la Fama, Tony Gwynn en 1995. Todo ese tiempo tuvo dificultades para librarse de las telarañas. Dijo que su visión no se aclaró hasta diciembre. “Tuve muchos mareos”, dijo Arraez. “Ahora me siento bien, gracias a Dios.No es fácil. Quieres sentirte bien. Cuando voy a batear y veo algo que se mueve, me digo, ‘Ok, estoy mareado’” Con una visión clara y tal vez un poco más de fortuna de hacia donde van las pelotas bateadas, Arraez parece preparado para un cuarto título de bateo esta temporada, un hecho que solo 14 peloteros (12 de los cuales están en el Salón de la Fama) han alcanzado en la historia de las ligas mayores. Arraez también igualaría a Cabrera como el bateador de Venezuela con más titulos de bateo. Scutaro dijo que él sería el primero en celebrar ese logro. “Ambos tenemos un swing corto y dejamos que la pelota avance bastante, pero no se confundan”, dijo Scutaro. “Él está muy por delante de mí. Muy, muy por delante de mí. Mucho mejor. Me tomó mucho tiempo hacer eso, y él ha sido bueno por un buen rato. Tienen una habilidad natural. Reconoce los pitcheos muy rápido”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Marzo 10, 2026.

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