sábado, 21 de marzo de 2026

Pasta corta con caraotas y spaghetti a la vongole.

Hace unos días con motivo del juego (ClásicoMundial de Beisbol 2026) donde Venezuela venció a Italia 4-2, en medio de las bromas con motivos gastronómicos con fotografías de un guiso de caraotas negras más queso blanco sobre una porción de espaguetis, fue inevitable recordar aquellas tardes dominicales cuando papá me iba a buscar al fondo del jardín, en un pasillo lateral donde yo siempre ensayaba a escalar un limonero que había al fondo. Las primeras veces tardaba en bajar del limonero, siempre antes o durante la preparación de la salsa, yo tenía que salir a comprar algún ingrediente faltante. Además era muy estricto en cada paso de la preparación pasando por la cocción de la pasta al dente, la selección de las hojas de albahaca, la manera de macerar los trozos de tomate. Todo eso contrastaba con los métodos de la familia materna: no importaba si la pasta se pasaba algo de cocción, la pasta la servían con carne molida guisada, o con caraotas y queso blanco. Por lo general nunca me gustó ni el arroz mazacotudo, mucho menos los espaguetis pasados de cocción, casi siempre me comía la carne guisada o las caraotas más queso con arepa y dejaba casi todo el arroz mazacotudo o la pasta gelatinosa. Tampoco me gustaba agregar mayonesa o ketchup a cualquier comida, porque por lo general tanto las caraotas como la carne molida guisada estaban bien aliñadas. Todo eso seguramente viene de aquellas sesiones dominicales con papá para preparar aquellos spaghetti al pesto. Era muy meticuloso y preciso en cada paso de la preparación. Los tomates debían estar bien maduros, los dientes de ajo debían ser grandes. No me lo decía, no hacía falta, solo con imaginarlo notaba aquella expresión de tristeza mezclada con rabia propia de cuando alguna observación suya era ignorada y luego ocurría lo que él había alertado. En cierta ocasión se ofreció a preparar una pasta corta en una reunión de la familia materna. Me extrañó que él mismo se propusiera para tal función, porque sabía cuales eran los hábitos gastronómicos de muchas personas de esa familia. Lo hice con la esperanza de que probaran primero la salsa que había preparado. Esa salsa vongole, con guacucos, y almejas, es una de las más laboriosas por la cocción del jugo de tomate a fuego superlento, las hojas de albahaca a mitad de cocción, las de tomillo casi al concluir y un toque de vino blanco justo al bajar la olla de la hornilla, la espolvoreada de pimienta entres distintos momentos del proceso. Todo eso y bajar la pasta un poco antes de estar al dente, para que casi todos estos carajos vengan y le lancen todas esas cucharadas de mayonesa y ketchup, eso parecía una zambumbia en remolino. Desde esa vez, papá nunca más se ofreció a cocinar alguna receta italiana de salsas. Aunque yo si conseguí que alguna vez se comiera una arepa de dominó y hasta pidió repertir,
Alfonso L. Tusa C. Marzo 21, 2026.

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