Se busca plasmar la conexión entre el béisbol y la vida, como cada regla del juego resulta una escuela de reflexión hasta para los seguidores más remotos cuando los sucesos del mundo indican que ciertas veces las normas de justicia son violadas; el transcurso de las sentencias de bolas y strikes reflejan la pertinencia y compromiso de cada pelotero en respetar la presencia del árbitro.Cada jugador deja lo mejor de sí sobre el campo de juego a pesar de lo complicado que pueda ser su vida.
sábado, 21 de febrero de 2026
Venezolanismos
Hay palabras, modismos, refranes o expresiones propias de una cultura, de una manera de asimilar la vida, de una jerga muy particular que constituye la esencia de eso que se lleva por dentro y más que procesión es entraña, diferencia, esa manera distinta de respirar. Hay expresiones muy gráficas como “taparero”, es un regionalismo cumanés para referir una discusión o enfrentamiento muy fuerte, con gritos y hasta impactos físicos. También hay imágenes, relatos o pinturas orales como cuando en Cumanacoa hacia los 1960s o 1970s alguien hablaba del “pito” (silbato) del central (ingenio) azucarero como referencia para levantarse en la mañana para ir a la escuela, saber que estaba cerca la hora de almorzar a mediodía o intuir que la esperada hora de salir de la escuela al atardecer estaba cerca.
También hay otras palabras sacadas de su contexto original que se conocen en la jerga de todo un país. Hay una canción de Aldemaro Romero (El Catire), donde se dice: “Doña, póngale reparo al muchachito... mire que se va a dá una matá..” Matá es una abreviación del participio pasado “matada” y hay que conocer el lenguaje venezolano para entender el significado de esa frase o esa palabra, En este caso la palabra “matá” no tiene nada que ver con dejar de existir. Los intrincados pasadizos de los venezolanismos indican que significa una caída violenta de consecuencias complicadas, como una hematoma o cortadura.
Tal vez dos de las expresiones más gráficas o elocuentes de la jerga venezolana las aprendí o entendí cuando en mi infancia en Cumanacoa, varios de mis compañeros de jugar pelota siempre se molestaban cuando los dejaban fuera para el primer juego de la mañana, esa molestia duraba hasta que alguno mencionaba que prefería estar sin jugar en esos juegos y que lo seleccionaran para jugar contra el equipo de los faramalleros esos que siempre andan diciendo que nadie les gana. Entonces había conato de discusión fuerte porque los que estaban jugando empezaban a llamar llorones a quienes quedaron en la banca. Algunos trataban de calmar los ánimos al decir, no les hagan caso solo es mamadera de gallo.
Alfonso L. Tusa C. Febrero 21, 2026.
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