miércoles, 24 de diciembre de 2025

Beisbol de madrugada.

El trueno de los cohetes, tumbarranchos y triqui-traquis resonaba desde las cuadras de la calle Las Flores. Desde el atardecer de ese día la expectativa por ir a una misa de aguinaldos refulgía en la emoción de un niño de diez años. Carmen aconsejaba que me fuese a dormir temprano, pero esa noche jugaban Caracas y Magallanes. Olivia se reía cuando le dije que me amarraría una cuerda al dedo gordo del pie derecho y la pasaría por la ventana del cuarto para que mis amigos me despertasen en la madrugada. Mientras corría a comprar pabilo y pasitas para las hallacas escuché en un radio de la calle La Florida, carca de la bodega de Alfredo Díaz que el juego entre los eternos rivales estaba por empezar. Mientras cortaba el pabilo y respiraba el guiso de las hallacas, regresaba por momentos al porche donde Felipe y Jesus Mario hablaban de una batalla a palo limpio. En esa magia, esa armonía, esa sustancia refrescante de la Navidad apenas si me di cuenta cuando terminaron las hallacas, ni que el juego se fue a extrainning, ni mucho menos cuando me quedé dormido con el pie colgando de la ventana. Los estallidos de fuegos artificiales y el rumor de unas campanadas me templaron de la cama. Fuimos con Carmen y Olivia a casa de Alfredo Gómez a buscar a la otra carmen, Maria Emilia y Gregorina. Alferedo sonrió por la ventana mientras comentaba que Magallanes le había ganado al caracas 15-10 en doce innings y que un pitcher de los Navegantes había bateado un jonrón. Avanzar en las cuadras de la calle las Flores, escuchar los villancicos entonados en cada esquina por compañeros de escuela, amigos de mis hermanos y otros allegados, apreciar la cinética y la intensidad de risas y saludos efusivos en la plaza Montes, todo tomaba un ambiente festivo como dificilmente he experimentado el resto de mi vida. La euforia, el éxtasis aumentaba al entrar a la iglesia, escuchar la liturgia, y luego disfrutar de las gaitas desde el balcón interno del tempo. Luego nos fuimos por toda la calle Sucre hasta el mercado y ahi saboreamos empanadas de cazón y chocolate caliente. De regreso casi a las cinco y media de la mañana buscamos las pelotas de pabilo, y jugamos dos o tres partidas de pelota callejera con Hermes, Alberi y Santiago. Dos bases. Puro rolling y linea. EL que bateaba fly era out por regla y tenía que buscar la pelota.
Alfonso L. Tusa C. Diciembre 24, 2025.

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