Se busca plasmar la conexión entre el béisbol y la vida, como cada regla del juego resulta una escuela de reflexión hasta para los seguidores más remotos cuando los sucesos del mundo indican que ciertas veces las normas de justicia son violadas; el transcurso de las sentencias de bolas y strikes reflejan la pertinencia y compromiso de cada pelotero en respetar la presencia del árbitro.Cada jugador deja lo mejor de sí sobre el campo de juego a pesar de lo complicado que pueda ser su vida.
viernes, 16 de enero de 2026
Yogi Berra, el catcher del Salón de la Fama de los Yanquis de personalidad única, fallece a los 90 años. (II)
Mientras tanto, los Carmelitas de San Luis, que después se mudaron a Baltimore y se convirtieron en Orioles, también querían firmar a Berra pero no querían pagar un bono para nada. Entonces, el día después de la Serie Mundial de 1942, en la cual los Cardenales vencieron a los Yanquis, un coach de los Yanquis llegó a casa de los padres de Berra y le ofreció un contrato de liga menor, junto a un bono de 500 $.
La vida de Berra en el beisbol profesional empezó en Virginia en 1943 con los Tars de Norfolk de la Piedmont League Clase B. En 111 juegos bateó .253 y lideró a los cátchers de la liga en errores, pero en dos juegos seguidos una vez tuvo 12 imparables y empujó 23 carreras. Fue un comienzo prometedor, pero la segunda guerra mundial puso su carrera en vilo. Berra se unió a la naval. Participó en la invasión de Normandía y, dos meses después, en Operation Dragoon, un asalto aliado en Marsella en el cual resultó herido de bala y recibió el corazón púrpura.
En 1946, luego de su baja militar, fue asignado a los Bears de Newark, para entonces el principal equipo de las granjas de los Yanquis. Jugó en los jardines y como cátcher y bateó .314 con 15 jonrones y 59 carreras empujadas en 77 juegos, aunque su defensiva necesitaba pulirse; en una ocasión él golpeó a un árbitro con un tiro desde atrás del plato hacia segunda base. Sin embargo, los Yanquis lo llamaron en septiembre. En su primer juego de Grandes Ligas bateó dos imparables, incluyendo un jonrón.
Como Yanquis, Berra s convirtió en favorito de los aficionados, en parte por su juego superior, bateó .305 y empujó 98 carreras en 1948, su segunda temporada completa, y en parte debido a su humildad e inocencia. En 1947, al ser homenajeado en el Sportman’s Park de San Luis, un nervioso Berra le dijo ala multitud de su ciudad natal, “Quier agradecer a todos por hacer necesaria esta noche”.
Berra también era apreciado por los periodistas deportivos, auqnue ellos a menudo lo mostraban como un idiota del beisbol, un primate, apenas aficionado a las tiras cómicas y películas quien hablaba un inglés deficiente. Así nació la caricatura de Yogi, del triunfador rústico.
“Aún hoy”, escribió la revista Life en Julio de 1949, “él solo siente pena por las personas que se exprimen los sesos con tales temas innecesarios y frívolos como, literatura y las ciencias, sin mencionar la gramática y la ortografía”.
La revista Collier declaró, “Con un cuerpo que solo un antropólogo podría apreciar, Berra podría pasar fácilmente como miembro del Neanderthal A.C”.
Berra se tomaba esos comentarios con calma. Si él era feo, el decía que eso no era importante en el plato. “Nunca vi a nadie batear con la cara”, dijo él. Pero cuando los periodistas le dijeron que era poco atractivo para casarse con su novia Carmen Short, él respondió, de acuerdo a Colliers, “Soy humano ¿no?”
Berra venció al ridículo. Se casó con Ms. Short en 1949, y el matrimonio duró hasta la muerte de ella en 2014. Le sobreviven tres hijos, Tim quien jugó futbol americano profesional para los Colts de Baltimore, Dale un antiguo infielder de los Yanquis, Piratas y Astros; y Lawrence Jr., así como 11 nietos y un biznieto.
Ciertamente, las opiniones sobre Berra cmabiaron con los años.
“Él ha seguido permitiéndole a la personas referirse a él como un payaso amigable porque eso le da rápida aceptación, a pesar de que ha probado ampliamente, dentro y fuera del terreno que él es inteligente, astuto y oportuno”, escribió Robert Lipsyte en The New York Times en octubre de 1963.
Para ese momento, Berra había terminado su carrera como jugador de los Yanquis y el equipo lo había nombrado manager, un papel en el cual continuaría tenindo éxito, aunque no con la misma regularidad que disfrutó como pelotero y no sin drama ni disgusto. De hecho las cosas empezaron mal. Los Yanquis, un equipo envejecido en 1964, jugó un beisbol deficiente la mayor parte del verano, y amediados de agosto perdieron cuatro juegos seguidos en Chicago ante los punteros Medias Blancas, lo cual ocasionó uno de los episodios más peculiares de la carrera de Berra.
En el bus del equipo camino al aeropuerto O’Hare, el infielder de reserva Phil Linz tocaba “Mary Had a Little Lamb” con la armónica. Berra, de mal humor por la seguidilla de reveses, le dijo que dejara de tocar, pero Linz no lo hizo. (En otra versión de la historia, Linz le pregunto a Mickey Mantle que había dicho Berra y Mantle respondió: “Él dijo que tocaras más duro”). De pronto la armónica salió volando, había sido o arrebatada de las manos de Linz por Berra o lanzada a Berra por Linz. (Los peloteros que estaban en el bus tenían recuerdos diferentes).
Reportes noticiosos del incidente lo presentaron como si Berra hubiera perdido el control del equipo, y aunque los Yanquis alcanzaron y pasaron a los Medias Blancas en septiembre, para ganar el banderín, Ralph Houk, el gerente general, despidió a Berra después de perder una Serie Mundial de siete juegos ante los Cardenales de San Luis. En un movimiento inesperado, Houk lo reemplazó con el manager de los Cardenales, Johnny Keane.
Los Yanquis de Keane terminaron sextos en 1965.
Berra mientras tanto, se mudó al otro lado de la ciudad, para tomar un trabajo como coach de los famosamente horrorosos Mets dirigidos por Stengel, quien finalizaba su carrera en Flushing. El equipo continuó sus traspiés míticos hasta 1969, cuando los milagrosos Mets, con Gil Hosges como manager y Berra como coach de primera base, ganaron la Serie Mundial.
Luego que Hodges falleciera antes de empezar la temporada de 1972, Berra lo sustituyó. Ese verano, Berra fue inducido al Salón de la Fama.
El equipo de los Mets que él heredó, sin embargo, falló, terminó tercero, y duarnte la mayor parte de la temporada de 1973 estuvo peor. A mediados de agosto, los Mets estaban bien por debajo de .500 y en el sexto lugar, cuando Berra gritó uno de sus más famosos yogismos.
“Esto no se acaba hasta que se termina”, dijo él (o las palabras equivalentes de ese efecto), y, de alguna manera los Mets se motivaron y pasaron a los Cardenales para ganar la división este de la Liga Nacional.
Luego vencieron a los Rojos en la serie de campeonato de la liga antes de perder ante los Atléticos de Oakland en la Serie Mundial. Berra fue premiado por el resurgimiento con un contrato de tres años, pero los Mets estuvieron mal en 1974, terminaron quintos, y el próximo año, el 6 de agosto, con el equipo en tercer lugar y en medio de una seguidilla de cinco derrotas, Berra fue despedido.
Una vez más él cambio de liga y de ubicación en la ciudad, regresó al Bronx como coach de los Yanquis, y en 1984 el dueño, George M. Steinbrenner lo nombró manager para reemplazar al volátil Billy Martin. El equipo terminó tercero ese año, pero durante el entrenamiento primaveral de 1985, Steinbrenner le prometió que terminaría la temporada como manager de los Yanquis sin importar lo que ocurriera.
Luego de solo 16 juegos, sin embargo, los Yanquis tenía marca de 6-10, y el impaciente e imperioso Steinbrenner despidió a Berra de todos modos, trajo de vuelta a Martin. Quizás peor que romper su promesa, Steinbrenner envió a otra persona para informar las malas noticias.
La finalización de la relación laboral, la cual tuvo un aguijón adicional debido a que Dale, el hijo de Berra había llegado recientemente al equipo, provocó uno de los resentimientos más legendarios del beisbol, y por más de 14 años Berra se negó a poner un pie en Yankee Stadium, un período durante el cual fue coach de los Astros de Houston por cuatro temporadas.
Durante ese tiempo la iniciativa privada colaboró para establecer el Yogi Berra Museum and Learning Center en el campus de Montclair State University, New Jersey, la cual reconoció a berra con un doctorado honorífico en humanidades en 1996. Allí abrieron un estadio de ligas menores, Yogi Berra Stadium, en 1998.
El museo, es un homenaje a Berra con exhibiciones de su carrera, programas dirigidos para niños relacionados con la historia del beisbol. En enero de 1999, Steinbrenner, quién falleciera en 2010, fue hasta allá para presentar disculpas.
“Sé que cometí un error al no hablar contigo personalmente”, le dijo a Berra. “Es el peor error que cometí en el beisbol”.
Berra escogió no rechazar la semidisculpa. Para recibirlo de vuelta a los Yanquis, el equipo organizó un Día de Yogi Berra el 18 de julio de 1999. Tambien invitaron a Don Larsen, quien lanzó el primer envío ceremonial, con Berra de cátcher.
Increiblemente, en el juego de ese día, David Cone de los Yanquis, lanzó un juego perfecto.
Fue como si Berra pudo o no haber dicho en otro contexto, “deja vu de nuevo otra vez”, un episodio especial para una maravillosa vida beisbolera.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Sepyiembre 25, 2015.
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