miércoles, 11 de febrero de 2026

Los Dodgers celebran los 55 años de aquella Serie Mundial de 1955

Béisbol Clásico. Béisbol de entrega total sobre el terreno de juego. De sangre, sudor, lágrimas y esa "jugada decisiva". Beísbol que pareciera escaparse en las barreras del tiempo pero siempre sobrevive a través de peloteros como Cal Ripken, Craig Biggio, Omar Vizquel, Roberto Clemente, Brooks Robinson, Luis Aparicio, Jim Abbott, Andrés Galarraga, Derek Jeter, CC Sabbathia, Melvin Mora, y tantos otros que nos trasladan a otro mundo por 3 horas de física y ajedrez.
Dave Anderson. The New York Times. Octubre 2010.
 Para la gente de cierta edad que vivió en Brooklyn hace más de medio siglo, el 04 de octubre es un día que vivirá en el infinito.  A 55 años de aquella temporada de 1955 muchas de esas personas de cierta edad levantaron un vaso para celebrar lo que ocurrió aquel 04 de octubre en Yankee Stadium porque recordaron la celebración del único título de Serie Mundial que lograron los Dodgers de Brooklyn. Muchos de aquellos famosos Dodgers se han ido: Jackie Robinson, Roy Campanella, Pee Wee Reese, Gil Hodges, Carl Furillo y  Johnny Podres, el zurdo que venció a los Yanquis 2-0 aquella tarde.  Afortunadamente 8 de ellos todavía están con nosotros: Duke Snider, Don Newcombe, Carl Erskine, Don Zimmer, George Shuba, Roger Craig, Ed Roebuck y Sandy Koufax, un novato de bono apreciable con marca de 2-2 esa temporada.  Uno de esos ocho, el erudito Erskine, próximo a cumplir 84 años, un banquero retirado que vive en su pueblo natal de Anderson, Ind., recordó via telefónica los detalles de aquel séptimo juego como si acabara de lanzar su guante en el club house de los Dodgers. En la Serie de 1953, el ponchó 14 bateadores, para la época un record para un juego de Serie Mundial. En 12 temporadas como lanzador derecho que dependía de la curva, conocido en Brooklyn como Oisk, Erskine dejó marca de 122-78.  “La Serie Mundial fue diferente a la temporada regular; el nivel de intensidad fue diferente. Cuando jugábamos 22 juegos con los Gigantes en aquellos años, era el desafío total. Contra los Yanquis, todo estaba en una zona por encima de la competencia intensa. Eso era béisbol clásico. En todas esas Series, siempre había alguna extraña jugada que los Yanquis hacían y nosotros no, esa jugada terminaba decidiendo el último juego”.  Con 2 outs en el tercer inning, Podres caminó a Phil Rizzuto, el torpedero de los Yanquis. Billy Martin bateó sencillo, Rizzuto se detuvo en segunda base. Mientras corria hacia tercera base con roletazo de Gil McDougald, no pudo evitar ser golpeado por la pelota y fue el tercer out por reglas de juego.  “Al ver a Rizzuto entregar el tercer out de esa manera, pensé: ‘Es una señal’. Cosas como esa, siempre nos pasaban a nosotros”, dijo Erskine. “Y cuando anotamos en la apertura del cuarto inning con el doble de Campy (Roy Campanella) y el sencillo de Gil (Hodges), recordé la confianza que tenía Podres en el autobús mientras íbamos de Ebbets Field a Yankee Stadium.  En aquellas Series, los Dodgers se reunían en su estadio y viajaban al Bronx con una escolta policial, los peloteros en un bus, sus familiares en otro. “No recuerdo haber escuchado a Podres decirlo”, dijo Erskine, “pero Duke (Snider) me dijo  como en el bus, Podres, quién había ganado el tercer juego 8-3, aceptando 7 imparables, gritó varias veces, ‘Denme una carrera hoy, sólo denme una’. En el sexto anotamos otra cuando un elevado de sacrificio de Gil Hodges a lo profundo del right center remolcó a Pee Wee (Reese), quién había abierto el inning con sencillo”.
En el cierre del sexto episodio, con Martin en segunda y McDougald en primera sin outs, la Serie se decidió cuando Yogi Berra levantó un batazo sobre la línea del jardín izquierdo.  “Había una costumbre en las Series Mundiales entre Yanquis y Dodgers de que el juego final siempre se decidía en una jugada”, dijo Erskine. “Esta vez fue la jugada de Sandy Amorós”.  Con ventaja de 2-0, Walt Alston, el manager de los Dodgers, sentó a Don Zimmer, movió a Jim Gilliam a segunda base y sacó a jugar a Sandy Amorós en el jardín izquierdo, en el cierre del sexto inning. Ahora, con el batazo de Berra flotando sobre la línea de cal, Amorós, un zurdo, levantó el guante y atrapó la pelota. Martin se devolvió a segunda mientras McDougald llegaba a esa base. Amorós lanzó a Reese, y este a Hodges para doblar a McDougald en primera base.  “Cuando Pee Wee tomó el roletazo de Elston Howard y lanzó a primera para hacer el último out, todos corrimos y saltamos con Podres en el montículo”, dijo Erskine. “Pero mientras nos dirigíamos al club house, después de ganar finalmente la Serie Mundial, estábamos más reverenciales que bulliciosos. Antes de la llegada de los periodistas, no había ruido. Miré a Pee Wee, y tenía una lágrima en la mejilla. Tambien Jackie (Robinson) y Gil.  Creía que había sido el único en ver eso, pero Roger Craig me dijo después que él también lo había visto”.  Mientras los autobuses de los Dodgers regresaban a Ebbets Field, la celebración se sucedía cuadra a cuadra. Entonces los peloteros y sus esposas se reunieron en el Hotel Bossert, cerca de las oficinas del club en  215 Montague Street.  “En la fiesta”, Erskine dijo con una risa, “Frank Scott, el primer agente que consiguió dinero por las apariciones de los peloteros en televisión, llamó y dijo: ‘El show Today quiere entrevistar a Podres en la mañana. Quiero que tú y Duke me aseguren que Podres estará ahí’. Ignorábamos cuanto tiempo dormiría Podres, si fue que durmió. Pero lo llevamos al show y allí gritó: “Traiganmelos otra vez”.  A través del telefono se podía sentir la emoción en la voz de Carl Erskine mientras contaba lo ocurrido hace 55 años, el 04 de octubre de 1955.  “Voy a buscar mi anillo de Serie Mundial, lo puliré y lo usaré”, dijo. “No lo uso a menudo, pero me lo pongo el 04 de octubre.  
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Octubre 06, 2010.

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