Se busca plasmar la conexión entre el béisbol y la vida, como cada regla del juego resulta una escuela de reflexión hasta para los seguidores más remotos cuando los sucesos del mundo indican que ciertas veces las normas de justicia son violadas; el transcurso de las sentencias de bolas y strikes reflejan la pertinencia y compromiso de cada pelotero en respetar la presencia del árbitro.Cada jugador deja lo mejor de sí sobre el campo de juego a pesar de lo complicado que pueda ser su vida.
martes, 2 de diciembre de 2025
Siete y 19.
Séptimo de la suerte (o lucky seventh americano) anunciaban los narradores de beisbol cuando llegaba el inning siete del juego. Haber llegado a ese episodio en medio de un encendido duelo de pitchers que mantenían la pizarra en blanco, la entonación del narrador indicaba algo de esperanza en que en esa entrada se rompiera el hechizo y la posibilidad del extrainning. Siempre me gustaron los juegos cerrados de pocas carreras o sin anotaciones. Me parece que son juegos donde el suspenso es constante, implacable, que requiere estar pendiente del mínimo detalle. La bolsa de pez rubia, la probabilidad del toque sorpresivo, la dinámica del campocorto para atacar cualquier rodado adormecido detrás del montículo, la carrera furiosa del catcher hasta detrás de primera base para hacer la asistencia cuando bateaban roletazo al infield, las miradas del pitcher hacia los jardines para mover a sus jardineros de acuerdo al bateador, toda una estrategia propia del más enconado juego de ajedrez, con enroques sorpresivos y gambitos invisibles.
Diecinueve eran los outs que había en medio de ese lucky seventh. A partir de ese momento crecía, ascendía, se disparaba la tensión por todas las posibilidades de jugadas que se multiplicaban con el desgaste de los pitchers y la intensidad estratégica de los managers. Los pitchers se la ingeniaban para reemplazar la rapidez de la recta con la astucia de la slider o el recurso de la sinker. A esa altura del juego con 19 outs y ocho más para aspirar al objetivo, el juego, ese vendaval de arepas en la pizarra, alcanzaba un éxtasis, un suspenso que nunca he experimentado en ningún otro deporte, porque puede prolongarse por segundos y minutos de una competitividad tan punzante que apenas deja espacio para respirar.
Alfonso L. Tusa C. Diciembre 02, 2025.
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