domingo, 4 de enero de 2026

Tom Seaver, El Pitcher que llevó a los Milagrosos Mets a la Gloria, Fallece a los 75 años de edad. (I)

Un inquilino del Salón de la Fama, Seaver ganó 311 juegos para cuatro equipos. Pero los aficionados de los Mets lo llamaban Tom Terrific por cambiar la fortuna del equipo.
Bruce Weber. The New York Times. 02 de septiembre de 2020.
Tom Seaver, uno de los grandes lanzadores derechos de poder del beisbol, un inquilino del Salón de la Fama que ganó 311 juegos para cuatro equipos de ligas mayores, más notablemente con los Mets, a quienes lideró desde el último lugar hasta un sorpresivo campeonato mundial en sus primeras tres temporadas, falleció este lunes 31 de agosto. La causa fue complicación de la demencia corporal Lewy y Covid-19, de acuerdo al Salón de la Fama del Béisbol. Un tipo corpulento, de cintura gruesa y piernas de troncos de árbol que ayudaban a generar la velocidad de su recta y su dura slider y la rotación de su curva, Seaver lanzando era una pintura de la gracia cinética. Tenía un wind up suave, una patada en la que elevaba la rodilla izquierda alto, y una zancada tan larga luego de caer del montículo que su rodilla derecha a menudo rozaba el suelo. De control preciso, él tenía un repertorio implacable. Ponchó más de 200 bateadores en diez temporadas distintas, una marca de la Liga Nacional, y el 22 de abril de 1970, al enfrentar a los Padres de San Diego ponchó a 10 bateadores seguidos para terminar el juego y establecer una marca. Su total de 3.640 ponches en sus 20 temporadas de grandes ligas es sexto en la lista de todos los tiempos. También tenía un enfoque cerebral, un pensador que estudiaba a los bateadores contrarios y se esmeraba en los detalles de cada pitcheo, su rompimiento, su velocidad, su ubicación. Mientras envejecía y la fuerza de su brazo disminuía, fueron su pensamiento estratégico y experiencia los que extendieron su carrera. Seaver pitcheó para los Rojos de Cincinnati, Medias Blancas de Chicago y Medias Rojas de Boston durante la segunda mitad de su carrera, ganando más de 100 juegos, incluyendo su único juego sin hits ni carreras con los Rojos contra los Cardenales de San Luis en 1978.    Aún así, las temporadas que pasó fuera de Nueva York parecen poco menos que un pie de página, porque pocos peloteros en la historia del beisbol han tenido el impacto en un equipo como el que Seaver tuvo sobre los Mets.    Fue la primera super estrella del equipo, conocido por los aficionados de Nueva York como Tom Terrific y, más explícitamente, The Franchise. El equipo se había establecido cinco años antes que él llegara, y no había terminado más arriba del noveno lugar en una Liga Nacional de 10 equipos. Los Mets se habían ganado la reputación de ineptos cabezas huecas.     Los Mets difícilmente fueron mejores en las dos primeras temporadas de Seaver, al terminar décimos en 1967 y novenos en 1968, pero Seaver sirvió como la señal de que la fortuna del equipo estaba cambiando.
  Hasta su llegada, ningún pitcher de los Mets había ganado más de 13 juegos en una temporada; Seaver ganó 16 en su primer año y 16 más el siguiente.   Fue novato del año en 1967, y fue al juego de estrellas nueve veces en 10 temporadas completas con los Mets. Tuvo cinco temporadas con más de 20 triunfos con el equipo, lideró la liga en ponches cinco veces y en efectividad tres veces. Ganó tres premios Cy Young como mejor pitcher de la liga.   Todos esos logros son secundarios, no hay narrativa heroíca de Tom Seaver sin 1969, el año cuando los Milagrosos Mets ganaron la Serie Mundial. Ese equipo se levantó de una marca perdedora a principios de junio y de estar a 10 juegos del primer lugar a mediados de agosto, para capturar la corona de la división este de la Liga Nacional, luego barrer a los Bravos de Atlanta en la serie de campeonato de la Liga Nacional y finalmente vencer a los archifavoritos Orioles de Baltimore, ganadores de 109 juegos en la temporada regular, cuatro juegos a uno por el título de la Serie Mundial.    Muchos Mets contribuyeron al triunfo del equipo. Ninguno fue más importante que Seaver.    Aquel julio, él casi lanza un juego perfecto con los punteros Cachorros de Chicago, permitió solo un sencillo luego de un out en el noveno inning.   Desde agosto, los Mets tuvieron marca de 39-14 el resto de la temporada, y Seaver ganó sus últimas 10 decisiones en ruta a una marca de 25-7 y a su primer Cy Young. Luego ganó el primer juego de la serie de campeonato contra Atlanta (aunque no tuvo una buena actuación) y perdió el primer juego de la Serie Mundial.   Pero regresó para pitchear 10 innings en el cuarto juego, ganar 2-1 e inclinar la serie a favor de los Mets.     Más allá de las estadísticas, a menudo se le dio crédito por ser el caballo de batalla cuyas expectativas y ejemplo llevaron a los Mets desde lo peor hasta el primer lugar.    “Fue tremendamente responsable de haber ajustado las cosas aquí”, le dijo el cátcher de los Mets, Jerry Grote a la revista Sport en 1970. “Desde el primer año, salía a ganar, no a ocupar su turno. Cuando Seaver pitcheaba, esos tipos trababan un poco más duro”.     Desde 1969 en adelante, Seaver fue una celebridad, parte de una nueva generación de héroes deportivos de Nueva York. Protagonizaba junto a Joe Namath de los Jets, quien ganó el Super Bowl nueve meses antes que los Mets alcanzaran su campeonato, y Walt Frazier de los Knicks, quien ganó la corona de la National Basketball Association  en 1970.    Durante la temporada del campeonato, cuando él expresaba su opinión de que Estados Unidos debería salir de Vietnam, eso fue noticioso, especialmente después de las protestas de Moratorium Day el 15 de octubre de 1969, el mismo día del cuarto juego de la Serie Mundial, que distribuyeron literatura con su fotografía en Shea Stadium.    Más adelante, él y su esposa Nancy Lynn McIntyre, se convirtieron en objetos populares de curiosidad, reconocidos en la calle y saturados con correo de los aficionados.    Con la buena apariencia de sus frescos rostros californianos, fueron invitados a moderar un programa de entrevistas televisivo y a coprotagonizar una producción teatral regional. Un artículo de 1970 acerca de la pareja en la revista McCall’s fue encabezado “Tom & Nancy Seaver: America’s Very Own Beatiful Couple”.
Los Mets nunca más jugaron al nivel de su temporada de 1969 durante la estadía de Seaver.    Sin embargo, sacaron provecho de una débil división este de la Liga Nacional en 1973, surgiendo de una temporada mediocre para robarse la división con marca de 82-79. Solo la derrota en el séptimo juego ante los Atléticos de Oakland impidió que los Mets se convirtiesen en el equipo con la peor marca de temporada regular en ganar la Serie Mundial.    Eso fue, una vez más, una destacada cadena d eventos de final de temporada, y en algún punto de sus momentos dificiles, el manager, Yogi Berra, se dice que expresó su famoso aforismo, “Esto no se acaba, hasta que se termina”, y el pitcher relevista Tug McGraw acuñó la frase que se convirtió en el lema de los Mets: “¡Tienes que creer!”  Seaver ganó su segundo Cy Young esa temporada y otro en 1975.   Para mediados de temporada de 1977, Seaver no solo había abandonado su puesto estelar en la rotación de abridores, se había ido de Nueva York.   Los años intermedios de los años 1970s vio el establecimiento de la libre agencia con el debilitamiento de la clausula de la reserva del beisbol, la parte de cada contrato que ataba a los peloteros a su equipo indefinidamente.    En 1976, Seaver, quien veía que a los pitchers de otros equipos les pagaban mucho más que los 225.000 $ que él ganaba, se enfrascó en negociaciones álgidas sobre su salario con el director de los Mets, M. Donald Grant.    Su enfrentamiento fue encendido por Dick Young, el poderoso columnista de The Daily News quien se había puesto del lado de los dueños en su batalla con los peloteros por la libre agencia. La tomó agresivamente contra Seaver, quien era el representante de los Mets en el sindicato de peloteros, Young declaró que el muchacho dorado de los Mets, después de todo no era tan dorado: “Tom Tewwific”, escribió él, era un “ abogado de clubhouse gruñón, manipulador, agresor de la moral, que está envenenando al equipo”.  Seaver estaba teniendo una buena primera parte de la temporada en 1977; tenía marca de 7-3 a mediados de junio cuando aparecieron los rumores de que sería cambiado a Cincinnati.    Estaba a punto de firmar una satisfactoria extensión del contrato con los Mets, cuando Young escribió una columna sugiriendo que la esposa de Seaver, Nancy, estaba celosa de que Nolan Ryan, un antiguo Met quien había sido cambiado a los Angelinos de California (Ahora Angelinos de Los Angeles) estaba ganando más dinero que su esposo.   Molesto por la mención de su esposa y sospechando que la fuente de Young era la directiva de los Mets, Seaver se rehusó a firmar su contrato y demandó ser cambiado.   En lo que The New York Times llamó “una de las grandes transacciones de la historia del beisbol”, fue inmediatamente enviado a los Rojos por cuatro peloteros de menor estatura: Pat Zachry, Doug Flynn, Steve Henderson y Dan Norman.
Continuará...

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