Se busca plasmar la conexión entre el béisbol y la vida, como cada regla del juego resulta una escuela de reflexión hasta para los seguidores más remotos cuando los sucesos del mundo indican que ciertas veces las normas de justicia son violadas; el transcurso de las sentencias de bolas y strikes reflejan la pertinencia y compromiso de cada pelotero en respetar la presencia del árbitro.Cada jugador deja lo mejor de sí sobre el campo de juego a pesar de lo complicado que pueda ser su vida.
domingo, 4 de enero de 2026
Tom Seaver, El Pitcher que llevó a los Milagrosos Mets a la Gloria, Fallece a los 75 años de edad. (II)
“Dick Young metió a mi esposa y familia en eso, y no podía aceptarlo”, dijo Seaver después del cambio. “Llamé a los Mets y les dije, ‘Eso es todo, se acabó’. Esta alianza o lo que sea que fuera, esta alianza entre Young y el director del equipo, está ensañada en mi contra”.
La negociación, que fue conocida entre los aficionados de los Mets como la Masacre de Medianoche, otros dos Mets, Dave Kingman y Mike Phillips fueron cambiados la misma noche, ha sido considerada por muchos, como el punto más bajo, o como lo llamó The New York Post, “el día más oscuro”, de la historia de los Mets.
Ciertamente eso no funcionó para los Mets. Seaver brilló con los Rojos y sin él, la asistencia a Shea Stadium se desplomó para los Mets, quienes terminaron en último lugar tres temporadas seguidas y no ganaron más de 70 juegos hasta 1984.
George Thomas Seaver nació en Fresno, Calif., el 17 de noviembre de 1944, era el menor de cuatro hijos. Sus padres eran atletas ambos. Su padre, Charles, quien trabajaba como ejecutivo para la Bomber Packing Company, empresa productora y comercializadora de frutas deshidratadas, jugó baloncesto y futbol americano en Stanford y fue un reconocido golfista amateur. Su madre, Betty Lee, una excelente golfista, jugó baloncesto en la escuela secundaria.
Tom jugó baloncesto y beisbol en la secundaria, aunque no perteneció al equipo de beisbol de la escuela hasta su último año. Aun no era un pitcher de poder; principalmente lanzaba envíos lentos y pelotas quebradas.
Después de la secundaria, trabajó para la compañía de su padre, cargando cajas de pasas sobre las plataformas de carga de almacenamiento, y luego de seis meses se enlistó en la marina.
Para el otoño de 1963, estaba en una unidad de Marine Reserve y asistía a Fresno City College; había crecido dos pulgadas, y al cargar las pesas y la rutina del campamento agregaron 15 kilogramos a su cuerpo. Así que cuando salió a pitchear para el equipo de su escuela, lanzaba rectas de 90 millas por hora.
En el verano de 1964, jugó en la liga colegiada de Alaska con los Goldpanners de Alaska en Fairbanks, donde entre sus compañeros estaban varios futuros grandes ligas incluyendo a Rick Monday, Graig Nettles y el pitcher Ken Holtzman, quien vencería dos veces a los Mets en la Serie Mundial de 1973. Lo hizo lo suficientemente bien para ganarse una beca en la University of Southern California, cuyo entrenador Rod Dedeaux, era conocido por preparar peloteros para las grandes ligas. Pero su camino a los Mets fue convulsionado y lleno de serendipia.
Seaver, quien estudiaba odontología, fue el mejor pitcher de la nómina de USC, y fue escogido por los Dodgers en 1965. En lo que fue una historia muy publicitada, el scout, Tommy Lasorda, quien luego fuera manager de los Dodgers, le ofreció un bono de 2.000 $ por su firma, en respuesta, Seaver pidió 50.000 $.
“Buena suerte en tu carrera dental”, le dijo Lasorda, y su posibilidad de convertirse en Dodger se desvaneció.
En enero de 1966, después de otro verano en Fairbanks y un regreso a USC, fue seleccionado por los Bravos, quienes se estaban mudando de Milwaukee e iban a jugar su primera temporada en Atlanta.
Esta vez el bono fue significativo, la figura había sido reportada con variaciones pero era al menos 40.000 $, pero para el momento cuando Seaver firmó su contrato, el equipo de la USC había empezado su temporada, y de acuerdo a una regla secreta de las ligas mayores, los equipos tenían prohibido firmar peloteros universitarios cuyas temporadas estaban en proceso.
El contrato fue anulado por el comisionado de beisbol William D. Eckert, y simultáneamente, debido a que había firmado un contrato profesional, la National Collegiate Athletic Association lo declaró no elegible para jugar beisbol universitario.
“Así que en ese momento para los profesionales era amateur y para los amateur era profesional, estaba atascado”, recordó Seaver después en “The Perfect Game”, una memoria escrita con Dick Schaap. “Mi papá se involucró. Iba a haber una acción legal en alguna parte porque no iba a ser lanzado a la calle. Perdí mi beca y todo”.
Atrapado en una situación donde no podía ser culpado, incapaz de competir como amateur o profesional, Seaver y su familia finalmente presionaron a la oficina del comisionado para que buscara una solución.
Se declaró que cualquier equipo de grandes ligas que igualara la oferta de los Bravos podía intentarlo, y cualquier equipo que lo hiciera sería parte de una lotería por los servicios de Seaver. Tres equipos estaban interesados, los Indios de Cleveland, Filis de Filadelfia y los Mets, y el 2 de abril de 1966, la historia del beisbol fue alterada cuando el nombre “Mets” fue sacado de un sombrero.
Seaver pìtcheó una temporada en las ligas menores en Jacksonville, Fla., antes de llegar a los Mets. Ese año se casó con McIntyre, a quien había conocido en Fresno City College. Ella le sobrevive junto a sus hijas Sarah y Anne y cuatro nietos: Thomas, William, Henry y Tobin.
Las últimas etapas de la carrera de Seaver no estuvieron exentas de drama. Después de cinco temporadas y media en Cincinnati, los Mets lo llevaron de vuelta en un cambio, para la delicia de sus aficionados, pero después de la temporada de reuniones, en enero de 1984, el beisbol tuvo un draft de compensación de agentes libres, permitiendo que los equipos que habían perdido peloteros en la libre agencia seleccionaran de un grupo de peloteros que otros equipos no habían protegido,
Al creer que ningún equipo querría a un pitcher envejecido con un gran salario, los Mets no protegieron a Seaver y los Medias Blancas lo escogieron, dejando a los aficionados con una segunda molestia por la partida de Seaver.
Seaver tuvo dos temporadas productivas con Chicago, al ganar 31 juegos, incluida su victoria 300, pero en 1986, a los 41 años de edad, tuvo un pobre inicio y fue cambiado en junio a Boston, donde terminó su carrera con marca de 5-7 para un ganador del banderín de la liga Americana.
En su carrera tuvo marca de 311-205 con efectividad de 2.86.
Despues de su retiro, Seaver trabajó como comentarista de los Mets y los Yanquis, y eventualmente regresó a California, donde junto a su esposa establecieron una viñatería en Calistoga, Seaver Vineyards.
Los Mets retiraron el número de Seaver, 41, en 1988, y en 1992, su primer año de elegibilidad, fue elegido al Salón de la Fama con 425 de 430 votos posibles, un porcentaje de 98.84, el cual fue el más alto hasta que Ken Griffey Jr., fue elegido en 2016 con 99.3 porciento de los votos, y Mariano Rivera se convirtiera en la primera selección unánime de primer año en 2019.
En 2019, la temporada del aniversario 50 del campeonato de Serie Mundial de los Milagrosos Mets, el equipo anunció que 123-01 Roosevelt Avenue, la dirección de Citi Field, su estadio desde 2009, sería cambiada a 41 Tom Seaver Way, y que una estatua de Seaver sería develada en las afueras del parque.
La asociación de Seaver con los Mets como pelotero terminó de la manera más irónica, como rival perdedor. En 1986, los Mets y los Medias Rojas se enfrentaron en una de las Series Mundiales más memorables, los Mets ganaron el séptimo juego luego de haber ejecutado un regreso improbable en el sexto juego, perdiendo por dos carreras con dos outs y nadie en base en el cierre del décimo inning.
Seaver, con una rodilla lesionada, había sido dejado fuera del roster de los Medias Rojas para la serie, pero él estuvo en las escaleras del dugout para presenciar un milagro de los Mets desde la acera de enfrente. El juego terminó, con un roletazo de Mookie Wilson que se escurrió entre las piernas del primera base de los Medias Rojas, Bill Buckner, permitiendo que entrara la carrera decisiva.
Pocos meses después, cuando The New York Times le preguntó por ese juego, Seaver ofreció la respuesta de un atleta profundamente competitivo.
“Eso mostró una falta de instinto para matar”, dijo él. “Cuando estás a un pitcheo de ganar, tienes que ganar. Si no lo haces, no mereces ganar”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. 04 de septiembre de 2020.
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