Se busca plasmar la conexión entre el béisbol y la vida, como cada regla del juego resulta una escuela de reflexión hasta para los seguidores más remotos cuando los sucesos del mundo indican que ciertas veces las normas de justicia son violadas; el transcurso de las sentencias de bolas y strikes reflejan la pertinencia y compromiso de cada pelotero en respetar la presencia del árbitro.Cada jugador deja lo mejor de sí sobre el campo de juego a pesar de lo complicado que pueda ser su vida.
viernes, 26 de diciembre de 2025
Al final de la maldición del Bambino Ruth, una bendición: Los Medias Rojas de 2004, deportistas del Año. (II)
Tan arraigada fue la reminiscencia de los fallecidos que varias personas, incluyendo a Neil Van Zile Jr. de Westmoreland, N.H., le rogaron al equipo para tener una placa oficial de los Medias Rojas en la tumba de sus queridos aficionados fallecidos, similar a los marcadores metálicos que el gobierno federal asigna a los veteranos. (El presidente del equipo Lucchino dice que lo va a considerar, aunque MLB tendría que licensiarlo).La madre de Van Zile, Helen, una aficionada de los Medias Rojas quien anotaba los juegos y llevó a su hijo al segundo juego de la Serie Mundial de 1967, falleció en 1995 a los 72 años.
"Hay miles de personas quienes lo querrían", dice Van Zile. "Mi mamá no llegó a verlo. No hay nada más que pueda hacer por ella".
Un día del año pasado Van Zile caminaba por un cementerio en Chesterfield, N.H., cuando la inscripción de una tumba lo detuvo. Blouin era el nombre de la familia cincelado en el mármol.Debajo de este decía Napoleon A. 1926-1986. En la parte baja, cerca de la tierra, estaba el lamento de toda una vida.
Condenados Medias Rojas.
Queridos Medias Rojas:
Gracias por la motivación.
Josué Rodas, Marine, 6th Motor Transport Company, Iraq.
Como copos de nieve en una tormenta llegaron los correos electrónicos. Más de 10000 de ellos llegaron al servidor de los Medias Rojas en los primeros diez dias luego que Boston ganó la Serie Mundial. Procedían de Nueva Inglaterra, pero también venían desde Japón, Italia, Pakistan y por lo menos otros 11 países. El edificio gubernamental de Nueva Inglaterra del siglo 21 era electrónico.
Hubo cartas de agradecimientos. Hubo cartas de amor. Las cartas estaban escritas como si fuesen dirigidas a miembros de la familia, y de hecho los Medias Rojas lo eran, a su desordenada e irreverente manera, un querido grupo familiar. ¿Como no podían los feligreses querer a una banda de personajes que se autodenominaban los "idiotas"?
El bateador designado David Ortíz, quién bateara tres jonrones para terminar juegos en la postemporada, era el Big Papi de la alineación y el clubhouse, con su amplia sonrisa tan representativa de este equipo como su bate. El jardinero izquierdo Manny Ramírez bateó como una máquina pero asumió el juego con una sonrisa de caimanera marcada en la cara, aún cuando se caía en los jardines. El melenudo centerfielder Johnny Damon hizo delirar a las mujeres y celebrar a los hombres, con su mirada de Nazareno, franela estampada y calcomanía de parachoques (WWJJDD: ¿Que haría Johnny Damon? y toca corneta si quieres a Johnny).
El primera base Kevin Millar, con su barba de Honesto Abraham Lincoln y su personalidad tonta, tuvo la disciplina para negociar el boleto ante el cerrador de los Yanquis Mariano Rivera que empezó la remontada de Boston en el noveno inning del cuarto juego de la serie de campeonato de la Liga Americana. El derecho Derek Lowe, otro melenudo excéntrico, se convirtió en el primer pitcher en ganar tres juegos decisivos de series de postemporada en octubre, Fouke, el tercera base Bill Mueller, el catcher Jason Varitek y el jardinero derecho Trot Nixon, el pelotero más antíguo en el equipo, conocido por su casco atiborrado de alquitrán de pino, aportaron el lastre de coraje y determinación.
El amor venía en los correos electrónicos que traían palabras de los soldados en Irak quienes usas parches de los Medias Rojas en sus uniformes, o gorras de camuflaje de los Medias Rojas, los símbolos de una nación dentro de una nación. Los cañoneros del 3er. Batallón del 11th Marine Regiment, construyeron un Fenway Park en miniatura en Camp Ramadi. Los soldados se levantaban a las 3 a.m para ver a los Medias Rojas en el televisor de la sala de conferencias de Camp Liberty en Bagdad, los juegos terminaban justo a tiempo para que se formaran las tropas y recibieran sus instrucciones diarias de batalla.
Una mujer escribió de visitar un templo antíguo en Tokyo, allí encontró este mensaje inscrito en un muro de oración:"Que los Medias Rojas siempre jueguen en Fenway Park, y que ganen la Serie Mundial en mi tiempo de vida".
Además de los correos electrónicos había cajas sobre cajas de cartas, fotografías, tarjetas postales, proyectos escolares y dibujos que siguen ocupando el pequeño espacio disponible en las oficinas de los Medias Rojas. La mayoría de las misivas mostraban profundo agradecimiento.
"Gracias", escribió Maryam Farzeneh, una estudiante graduada de Boston University desde Iran, "por ser otra razón para conectarnos mi novio y yo y amarnos. Él es aficionado de los Medias Rojas y se mudó a Ohio hace dos años. Hubo incontables noches cuando ponía el teléfono al lado del radio para escuchar el juego juntos".
Maryam nunca había visto un juego de beisbol antes de 1998. Ella sabía de la obsesión de sus familiares por los equipos de futbol. "Aunque debo admitir", escribió ella, "que no es comparable a la relación entre los Medias Rojas y los aficionados de Nueva Inglaterra".
Noche cerrada, y la niña descansa sobre su espalda en el asiento trasero de un sedan mientras este desde su hogar hasta Hartford. Ella mira las estrellas titilar entre los postes de madera de las líneas telefónicas que rítmicamente interrumpían su vista del cielo veraniego. Y está la compañía familiar de una voz grave en el radio del carro que narra el juego de beisbol de los Medias Rojas. El gran Ted Williams, el favorito de su madre, está al bate.
Roberta Rogers cierra sus ojos, y ella es esa niña pequeña de nuevo, y el mundo es de nuevo tan perfecto y lleno de posibilidades y maravillas como lo era en aquellas cálidos noches veraniegas mientras crecía en la Nueva Inglaterra de postguerra.
"Me rio cuando pienso en eso", dice ella. "No hay nada malo con las memorias. Nada".
Una vez por verano sus padres la llevaban a ella y su hermano, Nathaniel, a Boston para quedarse en el Hotel Kenmore y ver a los Medias Rojas en Fenway. A Nathaniel le gustaba operar las puertas de seguridad del ascensor del hotel, para a menudo dejar salir y entrar a los peloteros visitantes que se quedaban en el Kenmore.
"Mira", Kathryn Stoddard, su madre, dijo tranquilamenteun día mientras un caballero bien vestido bajaba del ascensor. "Ese es Joe DiMaggio".
Kathryn, por supuesto, despreciaba tanto a los Yanquis que nunca los llamaba así. Ellos eran siempre los condenadosYanquis, como si fuera una sola palabra.
"No teníamos mucho dinero", dice Roberta. "No teníamos vacaciones, no íbamos a la playa. Eso era todo. Íbamos al Kenmore, y veíamos a los Medias Rojas en Fenway. Todavía tengo las imagenes...las multitudes, el estadio, los sonidos, la sensación del cemento bajo mis pies, pasar los perros calientes hasta el último de la fila, la gran pared verde, el anuncio de Citgo, era verde entonces, apareciendo a la vista cuando llegábamos a Boston en el carro, nos decía que casi estábamos ahí..."
Roberta vive en New Market, Va., ahora, su madre vive cerca en un hogar de retiro. Kathryn tiene 95 años de edad y aún se hace una idea de las personas a través del interés de estas por el beisbol.
"Aceptables si apoyan a los Medias Rojas, sospechosos si no lo hacen, y si es un condenado fanático de los Yanquis, ni una palabra", dice Roberta.
El 27 de octubre, con dos outs en el cierre del noveno inning, Boston ganaba 3-0,Roberta caminaba en la sala, sus ojos se retiraron del televisor.
"Oh, Bill", le dijo a su esposo, "¡todavía pueden ser los Medias Rojas! ¡Todavía pueden perder este juego!"
No sin razón su madre los había llamado los Medias Nones todos esos años.
"Y entonces oi el rugido", dice Roberta.
Esta vez lo hicieron de verdad. Ganaron de verdad. Ella llamó a sus hijos y llamaron a "todos los que se les ocurrieron". Era muy tarde para llamar a Kathryn, pensó ella. La vista y el oido de Kathryn están fallando, de seguro estaba durmiendo a esa hora.
Roberta fue a ver a Kathryn a primera hora la mañana siguiente.
"Mamá, ¿a que no sabes que pasó?¡Tengo las mejores noticias! "¡Ganaron! ¡Los Medias Rojas ganaron!"
El rostro de Kathryn se iluminó con una gran sonrisa, levantó ambos puños en señal de triunfo. Madre e hija rieron y rieron. Como dos niñas pequeñas.
Queridos Medias Rojas:
Quiero sorprender a toda mi escuela y al director
Estudiante de un liceo de Maine, solicitando que el equipo completo visite su escuela.
"¿Es eso lo que pienso que es?"
El conductor del tren Acela de las 11:15 am que salía de Boston hacia Nueva York, Larry Solomon, había reconocido a Charles Steinberg y notó el tamaño de la caja que este llevaba.
"Si", replico el vicepresidente de los Medias Rojas. "¿Te gustaría verlo?"
Steinberg abrió la caja y reveló el trofeo de oro brillante del comisionado, el trofeo del campeonato de los Medias Rojas. Solomon, quién había sobrevivido a la leucemia y a apoyar a los Medias Rojas, contuvo las lágrimas.
Los Medias Rojas llevan el trofeo de gira para sus aficionados. Este día sale para Nueva York con una convocatoria de la Benevolent Loyal Order para los honorables sufridos viejos aficionados de los Medias Rojas, a.k.a. the BLOHARDS.
"Solo he llorado dos veces en mi vida", dijo esa noche Richard Welch de 64 años, y un BLOHARD. "Una cuando terminó la guerra de Vietnam y hace dos semanas cuando los Medias Rojas ganaron la Serie Mundial".
A cada lugar que va el trofeo alguien solloza al mirarla. Cada quien quiere tocarlo, como Tomás al comprobar las heridas de Jesús. Tocar es reconocido.
"Sus recipientes emocionales se han llenado todos estos años", dice Steinberg, "y el trofeo flota sobre ellos. Es una experiencia intensa, catársica".
¿Porqué? ¿Porqué debe ser tan intenso el vínculo entre un equipo de béisbol y las personas? Fenway Park es parte de eso, al ofrecer una continuidad física al vínculo, no solo porque el Big Papi se puede parar en el mismo cajón de bateo que Teddy Ballgame, sino tambien porque un hijo podría sentarse en la misma silla de madera como su padre.
"Tenemos nuestra historia trágica", dice el poeta Donald Hall, un nativo de Vermont quién vive en la casa donde su bisabuela vivi{o una vez.
Los Medias Rojas se especializaban, no como los Cachorros, en la miseria y la tristeza del beisbol sin esperanzas, sino en la agonía y el dolor. De hecho, la esperanza estaba en la cruel capacidad para romper corazones. Desde el equipo del Sueño Imposible de 1967 hasta la temporada pasada, los Medias Rojas han puesto sobre el terreno 31 equipos con record positivo en 37 años, en nueve de ellos llegaron a la postemporada. Era lo suficientemente buenos para crear dolor. "Probablemente son los crueles inviernos que tenemos en Nueva Inglaterra", explica Mike Barnicle. "Cuando los Medias Rojas reaparecen, es la temporada de regreso del sol, retorna la calidez y los asociamos con eso". "También, mucho tiene que ver con como el area es más estable en términos demográficos que muchos lugares. La gente no se va de Nueva Inglaterra. Se quedan aquí. Y otros vienen a estudiar en la universidad y se contagian de la fiebre de los Medias Rojas. La contraen a los 18 años y la llevan consigo cuando se van al mundo".
Continuará...
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