sábado, 24 de enero de 2026

Joe Morgan, el Segunda Base Inquilino del Salón de la Fama, fallece a los 77 años de edad.

   Morgan, quien después se convirtió en reconocido comentarista de televisión, estuvo entre los grandes peloteros más pequeños en la historia del juego y entre los camareros más grandes.
Bruce Weber. The New York Times. 12 de octubre de 2020.
Joe Morgan, el segunda base del Salón de la Fama quien fuera pelotero más valioso de la Liga Nacional por dos temporadas seguidas y motor de la Gran Maquinaria Roja, como eran conocidos los Rojos de Cincinnati de los años 1970s, uno de los equipos más poderosos del beisbol, falleció este domingo 11 de octubre en su hogar de Danville, Calif. James Davis, vocero de la familia, dijo que la causa del deceso fue una polineuropatía no especificada. Morgan tuvo un trasplante de médula ósea en 2016.   El de Morgan fue el último de una serie de fallecimientos recientes de estrellas beisboleras del Salón de la Fama, siguiendo a las de Tom Seaver, Lou Brock, Bob Gibson y Whitey Ford.    Para los aficionados más jóvenes, Morgan puede ser principalmente familiar como comentarista televisivo, más recordado en ESPN,  donde compartió la cabina de transmisión las noches dominicales con Jon Miller por 21 temporadas. Sin embargo, para cualquiera que viera a Morgan jugar, especialmente en los años de su apogeo con los Rojos, su actuación en el campo es mucho más memorable.    De contextura menuda, Morgan, a quien a veces llamaban Little Joe, estuvo entre los grandes peloteros más pequeños en la historia del juego. También estuvo entre los grandes segundas bases, y algunos, como Bill James, el intérprete de las estadísticas, dice que fue el más grande de todos.    Ganó cinco guantes de oro seguidos, lideró a los camareros de la Liga Nacional en porcentaje de fildeo tres veces y terminó segundo otras seis veces. En una época cuando los corredores se deslizaban para tratar de desarmar al segunda base y prevenir el dobleplay, Morgan era conocido por ser especialmente bueno en el pivot.   Pero era más distinguido como pelotero por ser una fuerza productiva en el plato y las bases. Aunque su promedio vitalicio de bateo en 22 temporadas, .271, no fue extraordinario, en seis años seguidos del corazón de su carrera bateó al menos para .288, negoció más de 100 boletos y anotó más de 100 carreras. Cuatro de esos seis años, lideró la liga en porcentaje de embasado.   Tenía un poder sorprendente para un hombre de su tamaño, bateó al menos 22 jonrones en cuatro temporadas y 268 en total, y estuvo entre los robadores de base más respetados de todos los tiempos. Robó 689 bases, el undécimo total más alto del beisbol, en 851 intentos, para un 81 porciento de porcentaje de éxito.    Morgan debutó en las Grandes Ligas con los Colt .45s de Houston (ahora los Astros), un equipo de expansión de segundo año de la Liga Nacional, en septiembre de 1963, poco después de cumplir 20 años. El año siguiente estuvo bajo la tutela de Nellie Fox, un segunda base veterano al final de su carrera, también pequeño de estatura, a quien Morgan le dio crédito por ayudarlo a madurar como pelotero.
  Fue Fox quien sugirió a Morgan que si mantenía su codo izquierdo arriba en la caja de bateo, el codo de atrás para un bateador zurdo como Morgan, no se metería por debajo de la pelota como ocurría a menudo y batearía menos elevados y más líneas.    Para ayudarlo a recordar lo que tenía que hacer, Fox sugirió que, justo antes de que el pitcher lanzara, Morgan agitara su codo de la manera como los pollos agitan sus alas. Morgan empleó ese movimiento distintivo, el cual a veces parecía ser convulsivo, a través de su carrera, y se convirtió en una especie de marca de fábrica. Fox, llegó a los Astros en 1964. Morgan lo reemplazó como segunda base regular en 1965, y en 1966 asistió al primero de sus 10 juegos de estrellas.    “Fox era muy enfático en un punto”, dijo Morgan en una entrevista con The New York Post en 1976. “Decía que cuando sueltas el bate y tomas el guante, debes olvidarte de batear. Y cuando tomas el bate, debes olvidar todo lo malo que haya ocurrido en el campo”.     Después de la temporada de 1971, Morgan, quien había tenido encontronazos con el manager de Houston, Harry Walker, fue cambiado a los Rojos. Fue un cambio impopular en Cincinnati para ese momento porque dos de las estrellas de los Rojos, Tommy Helms y Lee May, fueron enviadas a Houston. Los Rojos ya tenían un núcleo fuerte; dirigidos por Sparky Anderson, habían ido a la Serie Mundial en 1970, y perdieron ante los Orioles de Baltimore, pero habían caído al cuarto lugar de la división oeste de la Liga Nacional en 1971.      Después del cambio rebotaron, ganaron la división en 1972 y fueron a la Serie Mundial donde perdieron en siete juegos ante los Atléticos de Oakland. Morgan, junto a otros peloteros del cambio, los jardineros Ed Armbrister y César Gerónimo y el pitcher Jack Billingham, se convirtieron en piezas valiosas de la dominante Gran Maquinaria Roja, la cual produjo seis peloteros más valiosos de la Liga Nacional, ganó cinco títulos divisionales y apareció en cuatro Series Mundiales desde 1970 hasta 1977.    En 1975, ese equipo, cuyas estrellas incluían a los futuros inquilinos del Salón de la Fama, el cátcher Johnny Bench, el primera base Tany Pérez y el segunda base Joe Morgan, además del líder de imparables de todos los tiempos, el tercera base Pete Rose, ganó 108 juegos y venció a los Medias Rojas de Boston en una de las Serie Mundiales más memorables de la historia.     Morgan, el jugador más valioso de la liga, bateó para .327 esa temporada, despachó 17 jonrones, impulsó 94 carreras, robó 67 bases y ganó el guante de oro. No tuvo una gran postemporada, pero en el noveno inning del séptimo juego de la serie, empujó la carrera ganadora con sencillo al centro. El año siguiente, de nuevo fue el jugador más valioso de la liga, su producción fue aún mejor: .320 de promedio de bateo, 27 jonrones, 111 carreras impulsadas, 60 bases robadas en solo 69 intentos, lideró la liga en porcentaje de slugging con .576, y otro guante de oro.      Los Rojos no fueron tan dominantes durante la temporada, ganaron seis juegos menos, pero arrasaron en la postemporada, al barrer a los Filis de Filadelfia en tres juegos por el banderín de la Liga Nacional y a los Yankees en cuatro juegos en la Serie Mundial.
“Joe Morgan fue un genuino gran pelotero”, escribió Bill James en su volumen analítico, “The Bill James Historical Abstract”. “Su temporada de 1976”, escribió James, la cual incluyó lideratos de la liga en elevados de sacrificio (12) y menos batazos conectados para dobleplay (dos), “es igual a cualquiera ejecutada por Lou Gehrig, o Jimmy Foxx, o Joe DiMaggio, o Stan Musial”. Joe Leonard Morgan nació en Bonham, Texas, al norte de Dallas, cerca de la línea de Oklahoma, el 19 de septiembre de 1943 en el hogar de Leonard y Ollie Mae (Cook) Morgan. Tenía cinco años de edad cuando sus padres mudaron la familia, Joe sería el mayor de seis hijos, para Oakland, Calif., donde su padre trabajó en una compañía de neumáticos y apoyó su interés por el beisbol, llevándolo a juegos de ligas menores (no hubo equipos de Grandes ligas en la costa oeste hasta 1958) y le enseñó los rudimentos de batear y fildear.     Morgan, quien idolatraba a Jackie Robinson, fue segunda base estrella de los campeones de la liga de Castlemont High School; uno de sus compañeros de equipo era Rudy May, quien lanzó para cuatro equipos de ligas mayores, incluyendo a los Yankees, ganó 152 juegos en grandes ligas.      Morgan también jugó para el equipo de Oakland City College, donde los scouts lo tomaron en cuenta. Uno trató de interesar a los Mets, entonces una franquicia incipiente, para firmar a Morgan, pero solo el otro equipo de expansión de la Liga Nacional, Houston, estuvo interesado. Pasó la mayor parte de las temporadas de 1963 y 1964 en las ligas menores antes de recibir el testigo de Fox como segunda base regular de Houston.     Para finales de los años 1970s, la Gran Maquinaria Roja había desaparecido. Anderson dirigía en Detroit; Rose jugaba para los Filis; Pérez se había ido a Montreal y luego a Boston; y después de la temporada de 1979, Morgan, entonces de 36 años de edad, se convirtió en agente libre y firmó con su antiguo equipo de Houston. Luego de un año ahí,, jugó tres temporadas más, con paradas en San Francisco, Filadelfia y Oakland, antes de retirarse al terminar la temporada de 1984 a los 41 años de edad; bateó un doble en su turno final. Jim Palmer, el pitcher estrella de los Orioles, también se retiró esa temporada, y en 1990 los dos ingresaron al Salón de la Fama en su primera aparición en las papeletas de votación.      Después de su carrera como jugador activo, Morgan emprendió varias iniciativas de negocios,  administró una franquicia de Wendy’s y una distribuidora de cerveza Coors, y empresas filantrópicas. Se unió a la directiva del Baseball Assistance Team, que provee auxilio financiero para antiguos peloteros de grandes ligas y ligas menores, peloteros de las ligas negras y otras ligas afiliadas en el pasado al beisbol profesional quienes han caído en situaciones difíciles. También trabajó en la directiva del Salón de la Fama. Y terminó la universidad, al obtener un grado de licenciado en California State University, Hayward (ahora California State University, East Bay)    Empezó a trabajar como comentarista a mediados de los años 1980s, primero localmente en Cincinnati y San Francisco, después para ABC, CBS, y NBC. Pero su perfil público no lo salvó de ser confundido con un traficante de drogas y golpeado en el piso por los policías en el Los Angeles International Airport en 1988. Morgan, quien reclamó que fue detenido porque era negro, demandó a la ciudad. El caso fue resuelto en 1993 por 796.000$.
El papel más prominente de Morgan en la televisión fue en el “Sunday Night Baseball” de ESPN, donde apareció desde 1990 hasta 2010. Compartió como comentarista con Miller, un tipo animado que se encargaba de los detalles del juego jugada a jugada y fue narrador principal de los Gigantes y elegido al Salón de la fama en 2010, Morgan fue una figura popular en la transmisión de los juegos, pero con el tiempo se hizo malhumorado y pugnaz en el aire, Richard Sandomir de The New York Times lo llamaba “el viejo analista gruñón”.      Se auto-describía como “tradicionalista del beisbol”, Morgan era conocido especialmente, y a veces ridiculizado, por el desdén que expresaba frecuentemente por el enfoque del juego basado en las estadísticas descrito en el libro éxito de ventas de Michael Lewis “Moneyball”, una filosofía de construcción de nómina y gerencia del juego que ahora ha sido aceptada como sabia por los diversos tipos de analistas y adaptada con modificaciones por casi todos los equipos de las ligas mayores.      El matrimonio de Morgan con Gloria Stewart terminó en divorcio. Sus sobrevivientes incluyen a su esposa de 30 años, Theresa; sus hijas gemelas, Kelly y Ashley; y dos hijas de su primer matrimonio, Lisa and Angela.       En su discurso de inducción al Salón de la Fama en 1990, Morgan divirtió a los presentes con una historia de ser un tipo pequeño en un juego de hombres grandes, aunque adornó la historia un poco.      “El Salón de la Fama en realidad es solo la cubierta de lo que ha sido una gran torta para mí”, dijo él. “De hecho, llegar a las grandes ligas fue tan importante para mí que recuerdo mi primer turno al bate como si hubiera sido ayer”.    Lo que describió de hecho fue su segundo turno al bate, el 22 de septiembre de 1963. (El primero, el día anterior, fue un elevado a segunda base)      “Mi primer turno al bate fue en el cierre del noveno inning contra los Filis de Filadelfia”, dijo Morgan. “Los Filis estaban peleando por el banderín de la Liga Nacional. La carrera del triunfo estaba en segunda base”, en verdad estaba en tercera, “y conseguí un imparable para traer la carrera del triunfo. Gene Mauch, quien era el manager de los Filis, estaba tan molesto que cuando entró al clubhouse gritó a sus peloteros, y les dijo, ‘Fueron vencidos por un tipo que parece jugador de pequeñas ligas’”.     “Bien”, dijo Morgan, “él tenía razón”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. 20 de octubre de 2020.

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