Se busca plasmar la conexión entre el béisbol y la vida, como cada regla del juego resulta una escuela de reflexión hasta para los seguidores más remotos cuando los sucesos del mundo indican que ciertas veces las normas de justicia son violadas; el transcurso de las sentencias de bolas y strikes reflejan la pertinencia y compromiso de cada pelotero en respetar la presencia del árbitro.Cada jugador deja lo mejor de sí sobre el campo de juego a pesar de lo complicado que pueda ser su vida.
domingo, 14 de junio de 2026
Esas jugadas emocionales en el “home-plate”.
La primera vez que ví el equipo de trabajo de un catcher, me quedé mirando la barajita un rato. Era una imagen de Walter Hriniak con los Navegantes del Magallanes en aquella temporada 1968-69. Me impresionó mucho la máscara, la pechera y las rodilleras. Mis hermanos se extrañaron al ver que la velocidad con que pasaba las barajitas había desaparecido por completo. Con todas aquellas herramientas encima Hriniak se me pareció a la Mole de los 4 Fantásticos.
Sólo entendí el motivo de toda aquella armadura de caballeros de la edad media en el juego decisivo de la Serie del Caribe de 1970. Ray Fosse era el receptor del Magallanes. Dámaso Blanco jugaba adelantado en tercera base porque jugaban el noveno episodio y había corredor en tercera. Sandy Alomar Sr. venía a batear. Con toda esa adrenalina de la decisión del título de la Serie, Dámaso intuyó que Jim Fregosi, manager de los Leones de Ponce, podría estar tramando el squeeze play. Entonces avanzó varios pasos más hacia el plato cuando el lanzador hizo su envío. Con el corredor avanzando en paralelo, Dámaso tomó la pelota a mano limpia, su concentración había permitido realizar la primera parte de la jugada, luego le paso la esférica a Fosse quien se cuadró delante del plato justo antes de que el corredor iniciara el deslizamiento. Los spikes de Fosse parecieron clavarse hasta el centro de la tierra, apretó la pelota en la mascota y aguantó la avalancha del embalaje del corredor para completar un out que transcurrió como un acto de suspenso entre el arrojo de Dámaso, la velocidad del corredor y el estoicismo de Fosse. Cuando muchos dentro y fuera del estadio Universitario de Caracas pensábamos que Ponce había tomado la delantera en la apertura del inning 9, Fosse sacó el coraje y apretó los dientes para hacer saltar a más de un aficionado en las tribunas. Era la primera vez que sabía del temple que debía tener un catcher. Ese jugador que además de ponerse de acuerdo con el lanzador con cada lanzamiento, de salir corriendo hacia detrás de primera base después de cualquier batazo al infield, de ubicar a sus compañeros en el campo, de mirar hacia el dugout para buscar señas, debía enfrentarse a los corredores que venían desde tercera base como camiones descarriados. En el próximo episodio Dámaso comenzó con sencillo, el manager Fregosi boleó a los próximos 2 bateadores y Gustavo Gil trajo la carrera del triunfo con otro sencillo.
Más adelante ese 1970 Ray Fosse protagonizó otra impactante jugada en el plato. Todavía siento la jugada como un choque de camiones. Esa noche de julio me había quedado viendo el juego escondido detrás de un pilar del comedor, luego que papá me ordenara ir a la cama. Aquellos Juegos de Estrellas mostraban a los jugadores tan comprometidos con la acción sobre el terreno como si estuviesen jugando el séptimo juego de la Serie Mundial. Recuerdo que cuando la Liga Nacional empató en el cierre del noveno inning con elevado de sacrificio de Roberto Clemente ante Mel Stottlemyre para traer la carrera de Joe Morgan, papá casi me descubre porque di un zapatazo sobre el piso de granito. Luego empezó un forcejeo entre Claude Osteen y Clyde Wright.
Cuando Amos Otis bateó para doble play en el comienzo del décimo inning tuve que morderme la lengua para no gritar. Papá se golpeó la palma de la mano derecha con el puño izquierdo. Cada cierto tiempo volteaba hacia atrás como si sospechara que estaba por ahí. Cuando Carl Yastrzemski mandó aquel zambombazo al centerfield que se convirtió en doblete en la primera del duodécimo, papá empezó a cantar victoria. Pero Wright dominó a Otis. Grité sin voz con todas mis fuerzas. Estuve a punto de salir de atrás del pilar. Pero quería ver el desenlance del juego. Pete Rose conectó sencillo después de 2 outs en el cierre del inning 12. Apreté el puño y me dije. “Ahora si los vamos a dejar en el campo”. Billy Grabarkewitz siguió con sencillo a la izquierda que llevó a Rose hasta segunda.
Jim Hickman despachó una línea imparable al centro. Otis tomó la pelota y lanzó con tiempo al plato. Temí porque hicieran el out. Pero aunque Fosse tomo la pelota y se aprestó a bloquear el plato, Rose venía como una locomotora descarriada y arrolló a Fosse haciéndolo dar una voltereta mientras anotaba la carrera del triunfo. No supe que hacer, había ganado la Liga Nacional. Pero Ray Fosse, a pesar de levantarse de inmediato, recibió un golpe muy fuerte que sólo su coraje y arrojo lograron disimular, tiempo después de finalizada la temporada le descubrieron fractura en la clavícula. La mezcla de emociones me llevó a soltar un grito mezclado de júbilo y tristeza. Papá me persiguió hasta la habitación donde llegué a la cama en un deslizamiento forzoso.
Hay otras jugadas en el plato de las que me he enterado a través de la bibliografía. Por ejemplo aquel robo de “home” de Jackie Robinson el 28 de septiembre de 1955, en el octavo inning del primer juego de la Serie Mundial ante los Yanquis. La jugada fue muy cerrada, Robinson corrió con todas sus ganas y Yogi Berra salió a buscarlo en el deslizamiento. Las filmaciones mostraron que Robinson fue out por un tris, pero la intensidad de Berra fue tal, que recibió el lanzamiento de Whitey Ford antes de que el bateador Frank Kellert pudiera hacerle swing.
Tengo grabadas en las retinas innumerables atrapadas de Carlton Fisk jugando con los Medias Rojas de Boston a mediados de los años setenta. Por televisión o en las fotografías de los periódicos era escalofriante ver a Fisk perseguir elevados de foul detrás del plato para terminar lanzándose sobre los asientos de la tribuna para atrapar la pelota con los brazos extendidos hasta que la mascota estaba tan alejada de su cuerpo que parecía uno de los 4 fantásticos.
Otro momento que tengo tatuado en los oídos ocurrió en la apertura del octavo inning del tercer juego de la Serie Mundial de 1972. Con Joe Morgan en tercera y Bobby Tolan en segunda y un out, Johnny Bench enfrentaba a Rollie Fingers en cuenta de tres y dos. Dick Williams salió a conversar con Fingers y ordenó el boleto intencional. Gene Tenace se levantó para recibir la cuarta bola, pero en el último momento se agachó y poncharon a Bench con un strike en la esquina de afuera. Esta jugada pesó mucho al final pues el juego terminó 1-0 a favor de Oakland.
Alfonso L. Tusa C. Marzo 29, 2009.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Esas jugadas emocionales en el “home-plate”.
La primera vez que ví el equipo de trabajo de un catcher, me quedé mirando la barajita un rato. Era una imagen de Walter Hriniak con los N...
-
Muy pocas veces ibas al estadio de Cumanacoa, preferías jugar en los terrenos baldíos de La Rinconada, en medio de la calle Las Flores,...
-
Aquella noche de hace dieciséis años conversé alrededor de una hora con un hombre que había llenado de gloria al béisbol del estado Sucre,...
-
Ese era el tema de conversación principal en las reuniones de aquella “Corte de los Canguros” muy habitual en el beisbol al menos en el pe...



No hay comentarios:
Publicar un comentario