Se busca plasmar la conexión entre el béisbol y la vida, como cada regla del juego resulta una escuela de reflexión hasta para los seguidores más remotos cuando los sucesos del mundo indican que ciertas veces las normas de justicia son violadas; el transcurso de las sentencias de bolas y strikes reflejan la pertinencia y compromiso de cada pelotero en respetar la presencia del árbitro.Cada jugador deja lo mejor de sí sobre el campo de juego a pesar de lo complicado que pueda ser su vida.
jueves, 16 de julio de 2026
Sala de perdedores.
Hay olores de alcanfor. Punzadas hepáticas.Ganas de gritar los errores, como si eso pudiera borrarlos. Se siente una bruma, una niebla que incinera los párpados.Aparecen calambres que taladran el fémur hasta agacharse, hasta irse de bruces y estrellar la frente contra el piso. Aparecen pedazos de coraje reventados en el esternón. Muchas respiraciones entrecortadas, fragmentadas, tasajeadas por la incapacidad de visualizar las fallas, de perseguirlas, de corregirlas sobre la marcha. Hay restos de alma descuartizada. Apenas se puede arrastras los pies. Pasos muy torpes. No hay espacio para escuchar lamentos. Se sabe que hay que levantarse cuanto antes. Solo que hay muchas heridas recientes. Por más que persisten resíduos de resentimiento hacia el ganador, se busca ese espejo, ese monólogo para reflexionar los errores, para reconocer las ligerezas. Ya no importa la hipocresía del saludo del ganador al terminar el juego, se sabe que solo muy pocos transmiten verdadera empatía. Tampoco importan quienes pretenden justificar las injusticias históricas del ganador tras un triunfo válido. Es solo el perdedor ante sí. Esa es la arista más profunda de la derrota, la que demarca la ruta del regreso, de enmendar errores, de aumentar la cuota de humildad en el día a día de la competencia. La derrota siempre tendrá aprendizajes más profundos que la victoria, pero como todo en el ser humano, hay que saber asimilarlos,desmenuzarlos, descifrarlos, galvanizarlos.
Alfonso L. Tusa C. Julio 16, 2026.
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