viernes, 26 de diciembre de 2025

Echar el resto.

Ese rumor se escuchaba cuando veíamos el cartel del kilómetro veinte. Cuando más pesaban los músculos. Cuando los goterones de sudor, la adrenalina drenaba a raudales y las zancadas se redoblaban, incrementaban su longitud, hasta que un tropel de narrativas se agolpaba en las rodillas y un hormigueo de campanitas punzaban en la nariz como en la curva final de los ochocientos metros planos. El dolor pectoral cedía ante el empuje de la mirada enfocada en los espacios por donde avanzar entre los otros corredores. La punzada en el hígado se diluía en medio de las brazadas rítmicas tan potentes como en el más energético esfuerzo de estilo libre en natación. Ese dolor acumulado por tanto tiempo, enmarcado en cicatrices profundas de vivencias nítidas, resplandece entre los más sofisticados algoritmos de laboratorios de cinismo, hasta que las zancadas son tan percusivas que el traje del emperador deja de ser invisible y muestra todos los crímenes del totalitarismo de 27 años.
Alfonso L. Tusa C. Diciembre 26, 2025.

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