Se busca plasmar la conexión entre el béisbol y la vida, como cada regla del juego resulta una escuela de reflexión hasta para los seguidores más remotos cuando los sucesos del mundo indican que ciertas veces las normas de justicia son violadas; el transcurso de las sentencias de bolas y strikes reflejan la pertinencia y compromiso de cada pelotero en respetar la presencia del árbitro.Cada jugador deja lo mejor de sí sobre el campo de juego a pesar de lo complicado que pueda ser su vida.
jueves, 30 de abril de 2026
Garret Anderson Ejemplificó el Inmenso Valor de la Consistencia Extaordinaria.
El difunto jardinero fue remarcablemente confiable en casi cada aspecto, desde su misteriosa habilidad para batear hasta su naturaleza equilibrada.
Tom Verducci. Sports Illustrated.com Abril 17, 2026.
Tras el mayor imparable de su vida, uno de solo dos dobles de tres carreras para abrir un séptimo juego de Serie Mundial igualado, mientras los compañeros de equipo se regocijaban y los aficionados gritaban, estallaban y sonaban sus matracas, Garret Anderson ni siquiera abrió su boca. Se detuvo en segunda base, en el alboroto de alegría de Angel Stadium en el apogeo de su celebración, {el mantuvo su rostro impasible en su estado usual de calma natural.
Se permitió la más pequeña de las celebraciones, lo cual para él fue como salirde su estoicismo como lo mostraron las cámaras. Apaludió cortésmente.
El doble de tres carreras ante el pitcher derecho de los Gigantes Liván Hernández rompió un empate 1-1 y propúlsó a los Angelinos a su primer y único título de Serie Mundial en 2002. Solo Frankie Frisch de Cardenales en 1934 barrió las bases en un séptimo juego empatado con un doble. La reacción, más que imparable histórico, definió a Anderson.
Pocos peloteros dejan una marca en este juego y este planeta como lo hizo Anderson, cuyo deceso repentino a la edad de 53 años fue anunciada por los Angelinos. Jugó 17 temporadas, todas menos dos con los Angelinos, fijó marcas de la franquicia en imparables (2368), carreras impulsadas (1292), dobles (489), carreras impulsadas en un juego (10), juegos seguidos con al menos una carrera impulsada (11) y juegos seguidos bateando al menos un imparable (28).
Es uno de solo 15 jardineros con 2500 imparables, 500 dobles y .293 de promedio de bateo vitalicio. Todos los otros están en el Salón de la Fama excepto los esteroidicos Barry Bonds y Manny Ramírez. Anderson jugó por mucho tiempo, bien y sereno.
Anderson se ocupaba de sus asuntos con un swing firme y plano y un pulso que bordeaba lo indescifrable. Pudo haber ejecutado el juego en una traje Armani sin dañar ningún pliegue. Anderson fue tan estoico en la caja de bateo que fue al plato 9177 veces y vio 30503 envío y solo fue golpeado por ocho de esos pitcheos, la menor cantidad para alguien con al menos 9000 turnos al bate.
No hubo filigrana para Anderson. Nada de autopromoción. Nada extraño. Jugaba exactamente como vivía su vida.
Dice Joe Maddon, coach de banca de los Angelinos campeones mundials de 2002, “Él fue un ser humano estable. Caminaba de esa manera, hablaba de esa manera, vivía de esa manera. Justo un gran ser humano”.
“Si, él era tranquilo, pero déjame decirte que si entrabas a su círculo íntimo, era profundamente maravilloso, hasta locuaz. Yo disfrutaba nuestras conversaciones. Era un tipo encantador. Todos los que lo conocimos estamos adoloridos por esto. Todos le queríamos. Esto es muy, muy duro”.
“Él nunca perdía la compostura”, dice Tim Mead, un amigo cercano de Anderson y antiguo director de relaciones publicas de los Angelinos por mucho tiempo. “Era consistente en todo lo que hacía. Vivía su vida consistentemente. Su famili y su fe eran muy importantes para él. Todo lo que hacía era comedido y con propósito. Muy rara vez era emocional”.
Rod Carew, su mentor, le enseñó que ir al estadio significaba ir a la oficina, su lugar de trabajo. Se trataba de un trabajo serio. Pero Anderson, dice Mead, se aseguraba de contestar el correo de los aficionados y de autografiar fotografías y barajitas para ellos, “todos los días. Uno de muy pocos tipos que hacen eso”. Cuando Mead y varios amigos de Anderson compartieron la noticia de su deceso, Carew, quien se fajaba con una curva complicada, le dijo a Mead, “Estoy orgulloso de G.A.”, un rotundo respaldo a su carácter.
Anderson fue de joven, estrella en varios deportes en Los Angeles, quien nunca olvidó sus raíces Por décadas donó dinero a través de su fundación de caridad “Determined to Dream”, a su escuela secundaria básica, Maclay High School, donde su entrenador de baloncesto sen convirtió en un tempranero mentor y amigo de por vida. Destacó en la secundaria John F.Kennedy High School en Granada Hills y examinaba las ofertas D-I de baloncesto. Pero los Angelinos, luego de seleccionarlo en la cuarta ronda en 1990, le convencieron de iniciar su carrera en el beisbol profesional.
Anderson fue el pelotero clave de una era dorada de los Angelinos en el desarollo de peloteros. Desde 1988 hasta 1990 los angelinos draftearon a Anderson, Jim Edmonds, Damion Easley, Jim Abbott, Chad Curtis, Gary DiSarcina, Tim Salmon y Troy Percival. Darin Erstad llegó en 1995.
Anderson debutó en 1994 a la edad de 22 años. Una semana después los peloteros fueron a una huelga. El próximo año los Angelinos empezaron con unos jardines que contaban con Anderson, entonces de 23 años, Edmonds, 25, y Salmon, 26. Combinados, jugaron 48 temporadas y batearon 979 jontones.
Así empezó una década en la que Andersón se convirtió, con poca fanfarria, en uno de los bateadores más respetables del beisbol. Desde 1995 hasta 2005 solo Derek Jeter tuvo más imparables que Anderson. En el tope de sus facultades, en la temporada del título de 2002, Anderson terminó cuarto en la votación del jugador más valiosos luego de batear para .306 con 56 dobles, tope en su carrera, y 123 carreras impulsadas.
Tomó la mayoría de sus turnos como cuarto bate pero nunca adquirió el barniz de un temido bateador oportuno. La consistencia fue su marca. Anderson bateó .293 en casa y .293 en la carretera. Bateó .294 contra derechos y .287 versus zurdos. Bateó .290 con corredores en posición anotadora y .293 en general. Los metrónomos han tenido más irregularidades que Anderson.
Anderson tuvo un imparable muy importante en el segundo juego de la Serie Mundial de 2002, un sencillo con dos outs en el sexto inning que igualó el juego 6-6. Los Angelinos ganaron 11-10.
Era el séptimo juego cuando llegó el momento más grande de Anderson. David Eckstein, Erstad y Salmon se habían embasado ante Hernández con dos imparables y un pelotazo. Hernández trató de pasar a Anderson con una recta adentro. Con su calma característica y su swing nivelado, Anderson haló la pelota hacia la parte interna de la linea de foul del jardín derecho hasta que rebotara alrededor del rincón como un disco de hockey . Ese imparable puso la pizarra 4-1. No se anotarían más carreras.
“Toma diez segundos buscar el video”, dice Mead. “Él nunca empezó a sonreir. Hay una razón para eso. Él hacía lo que se esperaba. Y él sabía que el trabajo no estaba completo”.
Cuando los Angelinos, un equipo marcado por más penas y tragedias que las que le corresponden a una franquicia, finalmente obtuvo su título, Anderson se permitió una gran sonrisaal llevar el Trofeo del Comisionado, el trofeo de la Serie Mundial, alrededor de las entrañas de Angel Stadium.
Era una tradición para Tiffany and Co., los fabricantes del Trofeo del Comisionado, permitir que los peloteros del equipo ganador comprasen una réplica del trofeo producida a una escala de tres cuartos. Solo dos peloteros de los Angelinos, dice Mead, colocaron una orden para adquirir un trofeo propio de Serie Mundial. Eso era un indicativo de lo tanto que significaba un campeonato para para estos peloteros y lo que estos peloteros significaban para los Angelinos. Se trata de Anderson, el muchacho de Los Angeles, y Salmon, el muchacho de Long Beach, los jardineros seleccionados en años seguidos que se convirtieron en amigos y campeones mundiales.
Tom Verducci es un periodista experimentado de Sports Illustrated quien ha cubierto Major League Baseball desde 1981. También trabaja como analista de Fox Sports y MLB Network, es un autor de éxitos en ventas en New York Times.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Abril 30, 2026.
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