miércoles, 31 de diciembre de 2025

Esquina de las Barajitas: Jim Roland 1972.

Bruce  Markusen
   Esta barajita será para siempre conocida como la “Badger Camp Card”.     Esa denominación podría parecer un poco incoherente, así que tratemos de explicarla. En el verano de 1972, hace 45 años, asistí por primera vez a Badger Camp. Localizado en el condado de Westchester del estado de Nueva York, Badger Camp es un campamento deportivo que ofrece un poco de cada cosa: Natación, trampolín, baloncesto, tiro con rifle, arquería, tennis y softbol. El campamento todavía funciona a todo dar por estos días, lo cual es más que notable debido a nuestra siempre cambiante cultura y la tendencia de los jóvenes a usar computadoras y otras formas de tecnología antes que salir a la intemperie.     Pasé una buena parte de la década de 1970 en Badger Camp.  Cada verano yo intentaba evitar ir a ese lugar, le decía a mis padres que prefería quedarme en casa y “jugar en el vecindario”, aún si eso significaba ver juegos repetidos de beisbol por televisión la mayoría de las tardes. De acuerdo a su mejor juicio, mis padres insistían en que yo tenía que ir a Badger Camp, debido a que allí tendría la oportunidad de participar en una variedad de deportes mientras hacia nuevas amistades en el proceso. Y a mediados de cada verano, me daba cuenta de que ellos tenían razón.     La mejor parte de Badger Camp era su falta de oficialidad respecto al tema del beisbol. Nos daban asignaciones por grupos o equipos, cada uno moderado por varios consultores y cada uno tenía el nombre de un equipo de grandes ligas, como los Bravos, o los Yanquis o los Dodgers. Y como el campamento coincidía con la temporada regular de beisbol, pasábamos mucho tiempo hablando de las luchas por el banderín, de los peloteros que merecían estar en el equipo de estrellas, y de las historias de los titulares diarios. A través de los años en Camp Badger, debatimos y disecamos algunos de los progresos más importantes del juego, incluyendo la persecución exitosa de Hank Aaron de la marca de jonrones de Babe Ruth y la contratación de Frank Robinson como el primer manager afroamericano del juego. También hablamos de las muertes de peloteros activos, especialmente la de Roberto Clemente en aquel accidente de aviación de víspera de año nuevo y la de Danny Frisella en un accidente de buggy en 1976. Esas muertes nos afectaron mucho.           En Badger Camp, el beisbol era el rey. Tenías que ser capaz de hablar de beisbol, el estado del juego en la década de 1970 y su historia, o estabas en problemas. Si no podías hablar de beisbol, no podías permanecer ahí.          ¿Qué tiene que ver todo esto con un pitcher llamado Jim Roland? 1972 no solo representó mi primer año en Badger Camp, sino que también marcó el inicio de mis días como coleccionista. Ese año me convertí en un apasionado coleccionista de barajitas, particularmente cuando salió la primera serie de barajitas en la primavera. Pero más adelante en el verano, dejé de comprar tantas barajitas, porque me había quedado sin dinero. Un día, uno de los muchachos de nuestro grupo trajo sus barajitas más nuevas, incluyendo la de Jim Roland, la cual formaba parte de la última serie de Topps. Le pedí que me dejara ver la barajita más de cerca. Me gustó la fotografía de esa barajita, junto con la pose inusual que Roland tenía allí. Esa era una barajita que quería tener.
        Le ofrecí a mi compañero de campamento un cambio de barajitas, varias de las mías, por la de Roland. Él rechazó la oferta, y todas las ofertas posteriores que le hice. A pesar de mis mejores esfuerzos, la barajita de Roland me eludió, al menos en 1972.        Muchos años después, la barajita de Roland aun destaca. Roland está sonriendo ampliamente, casí a carcajadas, como si estuviese haciendo una pose especial para el fotógrafo de Topps. La forma como él está inclinado, con sus brazos extendidos hacia adelante, lo hace lucir como si estuviera gritando: “¡Batea la pelota hacia mí!” O tal vez está tratando de darle un susto repentino al fotógrafo. Lo que sea que esté haciendo, Roland parece vivir un gran momento. Y ¿no es así como todos deberían lucir en su barajita de beisbol?     Para hacer las cosas más divertidas, Roland nos da una imagen de las preferencias de vestimenta de los peloteros a principios de la década de 1970. Nótese como él lleva puesto una sudadera sintética debajo de su uniforme de los Atléticos de Oakland. Esto es algo que los peloteros ya no hacen, pero era una tendencia común entre ellos para esa época. Los grandes ligas pensaban que un sudadera debajo de la camiseta del uniforme les hacía lucir muy bien, un sentimiento con el cual estoy de acuerdo por completo.     Si no hubiera sido por esta barajita, yo nunca habría profundizado acerca de Roland. Después de todo, él era un pitcher poco conocido de la década de 1960 y comienzos de la de 1970. Pero su historia es interesante, una que vale la pena indagar. Luego de su graduación en la escuela secundaria en Raleigh, N.C., los Mellizos de Minnesota lo firmaron y le dieron un bono de 45.000$, principalmente porque el delgado zurdo podía lanzar la pelota alrededor de las 95 millas por hora.     Después de menos de dos temporadas de ligas menores de aprendizaje, Roland se ganó la promoción a Minnesota. El 20 de septiembre de 1962, debutó, una exitosa aparición de dos innings en blanco, en relevo de Jim Kaat. Mientras mostraba pocas señales de nerviosismo, Roland permitió un imparable, y ninguna carrera en dos innings. Esa resultaría ser su única aparición con los Mellizos en 1962, pero dejó una impresión favorable.    En 1963, Roland emergió como la sensación del campamento primaveral de los Mellizos. No solo pitcheó bien, sino que hizo muchos amigos con su gran personalidad. Constantemente sonriendo y siempre dispuesto a conversar, Roland se hizo popular con sus compañeros de equipo y los medios. Gracias a esa actitud y a su pitcheo, el joven de 20 años estaba en el roster de Minnesota para el día inaugural, proyectado como quinto abridor ocasional y relevista largo.    Por momentos, Roland pitcheaba brillantemente. Lanzó un blanqueo de tres imparables un día y un juego completo de cinco incogibles otro día. Entonces llegó el juego del 5 de junio, cuando Roland mantuvo a los Atléticos de Kansas City en dos imparables por siete innings. Aunque pitcheó bien, sintió que algo le molestaba en el codo.     “Un nervió tronó en mi codo”, recordó Roland para el Sporting News muchos años después. “Recuerdo cuando me levanté la mañana siguiente. Tenía un saco marrón y no podía pasar el brazo a la altura del codo porque lo tenía muy inflamado”. El médico del equipo diagnosticó a Roland con cicatrices de tejidos que estaban afectando el músculo del codo. A excepción de una breve aparición como relevista, no pitcheó más con los Mellizos esa temporada.      Roland se sintió mejor del brazo en 1964, pero también aumento 15 kilos de peso. Él era quizás muy delgado antes, pero ahora se había ido al otro extremo de la escala. “Roland tiene como 5 kilos de sobrepeso”, le dijo el manager de los Mellizos, Sam Mele, al periodista que cubría al equipo, Max Nichols. “Principalmente alrededor de su estómago. Estamos detrás de él para que se deshaga de ese exceso de peso”. Sin ser más el tipo delgado, Roland se ganó un puesto en la rotación y agregó un slider a su repertorio, pero luego de un buen comienzo, empezó a tener dificultades. Eso provocó que lo enviaran al bullpen para trabajar como relevista largo. Su principal problema seguía siendo el control, concedía un promedio de seis boletos por cada nueve innings.
La primavera de 1965 trajo poca comodidad para Roland. Mientras muchos de los pitchers de los Mellizos se adaptaron al nuevo coach de pitcheo Johnny Sain, Roland no. También tuvo un tirón muscular en la cadera y fue enviado a AAA. Roland pasaría toda la temporada en las ligas menores, una gran desilusión para un pitcher quien había hecho 41 apariciones en su carrera de grandes ligas. También se perdió el primer viaje de los Mellizos a la Serie Mundial.       Roland esperaba regresar en 1966. Usó anteojos por primera vez, indicó que la pobre profundidad perceptiva había afectado su pitcheo en el pasado reciente. Roland no lanzó mal en el entrenamiento primaveral, pero la profundidad del cuerpo de lanzadores de los Mellizos creó un ambiente desfavorable para el lanzador zurdo. Sin espacio en la nómina, Roland regresó a AAA, donde pasó la mayor parte de la temporada antes de un breve llamado en septiembre. Aún en las menores, Roland tuvo dificultades, al perder 19 juegos con efectividad de 4.80.       Para 1967, Roland se había quedado sin opciones en las ligas menores, así que los Mellizos tuvieron que mantenerlo en su roster. Lanzó esporádicamente las próximas dos temporadas, perdió el ritmo de su mecánica debido a la baja frecuencia de su uso. Roland tuvo entrenamiento extensivo con el coach de pitcheo Early Wynn, quien sentía que el pitcher zurdo tenía el mal hábito de doblar la muñeca durante sus envíos. Pero las sesiones con Wynn no produjeron resultados tangibles. Así que los Mellizos dejaron a Roland disponible para el draft de expansión, pero ninguno de los dos equipos nuevos de la Liga Americana se interesó por el veterano pitcher zurdo.     Roland regresó a los Mellizos en la primavera de 1969, pero no seguiría con ellos por mucho tiempo. A fines de febrero, los Mellizos finalmente consiguieron  alguien interesado en Roland. Vendieron su contrato a los Atléticos de Oakland. La transacción  casi pasó por debajo de la mesa, pero Roland tendría buenas actuaciones con los Atléticos en 1969 y 1970. Lanzando casi exclusivamente como relevista, Roland logró efectividades de 2.19 y 2.70 respectivamente. Aunque no tenía la recta poderosa de su juventud, su habilidad para mezclar el cambio, la curva y la slider lo hizo efectivo.      La efectividad de Roland se desvaneció levemente en 1971, quizás debido a los problemas con su rodilla derecha, la cual se había lesionado en un choque en el plato en agosto de 1970. Regresó con los Atléticos para la inauguración de la temporada de 1972, pero para el momento cuando su barajita llegó a los estantes de las farmacias y puestos de revistas, ya no estaba en Oakland. Luego de solo dos apariciones al inicio de la temporada, los Atléticos lo vendieron a los Yanquis de Nueva York.     El movimiento no solo impidió que Roland ganara un anillo de Serie Mundial con los Atléticos (quienes lo ganaron todo en 1972), sino que tuvo una estadía desastrosa en Nueva York. En 16 juegos, la efectividad de Roland subió hasta 5.04. Para finales de agosto, los Yanquis habían visto suficiente. Lo cambiaron a los Rangers de Texas por el relevista Casey Cox. Roland lanzó aun peor con los Rangers que con los Yanquis. Al final de la temporada, con una efectividad por encima de 8.00, Roland solicitó su despido.    A la edad de 29 años, la carrera de Roland había terminado. Aunque su efectividad vitalicia fue un respetable 3.22, Roland  se había quedado corto ante las expectativas que los Mellizos una vez tuvieron en los envíos rápidos del pitcher zurdo.    Roland regresó a su nativa Carolina del Norte, donde ingresó al negocio de los implementos deportivos como consultor de ventas. Lo hizo bien en ese cargo y continuó trabajando con implementos deportivos hasta enero de 2010, cuando fue diagnosticado con cáncer. Menos de tres meses después, Roland falleció a la edad de 67 años.
  Aunque Roland había salido de la luz pública desde sus días de pelotero activo, su barajita me ha dado periódicamente razones para detenerme y considerar su importancia. Cuando veo esa barajita, pienso en Badger Camp, y los buenos tiempos que tuvimos hablando de beisbol y cambiando barajitas durante aquellos veranos de la década de 1970. También pienso en la pose de Roland en la barajita.  Basado en todo lo que he leído acerca de él, el Roland de la vida normal era como el de la barajita, lleno de ridiculez, alegría e inocencia infantil. Más allá de eso, sus amigos lo elogiaban por su naturaleza generosa y su voluntad para ayudar a otros.       Para aquellos quienes dicen que Roland era solo un zurdo común, están equivocados. Jim Roland fue mucho más que eso.
Bruce Markusen es el gerente de Digital and Outreach Learning at the National Baseball Hall of Fame. Ha escrito siete libros de beisbol, incluyendo biografías de Roberto Clemente, Orlando Cepeda y Ted Williams, y A Baseball Dynasty: Charlie Finley’s Swingin’ A`s, el cual fue premiado con la Seymour Medal de SABR.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Junio 13, 2017.
Nota del traductor: Actuación de Jim Roland con los Tigres de Aragua en la temporada 1967-68:  9 J, 3 completos, 2 relevos, 5 G, 3 P, 58.0 IL, 51 HP, 17 CL, 33 K, 19 BB, 2.64 Efect.    Roland regresó con los Navegantes del Magallanes en la temporada 1971-72:  4 J, 1 G, 3 P, 19.2 IL, 22 HP, 4 CL, 10 K, 4 BB, 1.86 Efect.

lunes, 29 de diciembre de 2025

Resiliencia

En aquellos días de noviembre el rumor era lóbrego, había una especie de sombra contínua antes de empezar cada juego. Resultaba muy complicado visualizar a los Navegantes del Magallanes en otro lugar que no fuese el sótano. Marca de 12-20 al final de noviembre indicaba un esfuerzo inmenso, que en ese momento, aunque el equipo había dado muestras de algo de vida, requeriría de un liderazgo constante, de esos que llegan primero al estadio y con cada decisión, con cada ajuste, con cada palabra,terminan por levantar la moral, motivar la ofensiva y despertar la defensiva, amén de nunca desmayar con el pitcheo que aunque es considerado uno de los mejores de la liga siempre fue irregular, hasta de parte de sus mejores exponentes como Ricardo Sánchez, Junior Guerra, Enderson Franco o Felipe Rivero. Todo ese estoicismo, ese positivismo, esa disposición a buscar corregir cada día, allí esta el gran mérito de Yadier Molina, a siempre tener una respuesta ante las dificultades de aquellos primeros juegos desde el sótano y hasta en el juego 56 donde se logra la clasificación directa. En mi memoria de los campeonatos de LVBP, en temporada regular, solo recuerdo otra remontada épica, la de Tiburones de La Guaira en la temporada 1972-1973, en diciembre los daban por eliminados, aún en enero seguían complicados y lograron forzar un empate triple con Magallanes y Tigres, donde lograron la clasificación. Esta remontada del Magallanes indica que si son capaces de reajustar, de reformular su pitcheo, van a ser capaces de batallar seriamente por uno de los dos puestos de la serie final.
Alfonso L. Tusa C. Diciembre 29, 2025.

sábado, 27 de diciembre de 2025

Ramón García en el montículo del Paseo de la Fama de los Navegantes del Magallanes.

 Cuando se realice el acto de exaltación de la clase 2017 a principios de diciembre, quizás muchos de quienes conocimos la calidad y la determinación de  Ramón García sobre el montículo desearemos  que el pitcher derecho portugueseño abriera varios juegos para el Magallanes esta temporada, para demostrarle a los lanzadores actuales como se mantiene la calidad en los lanzamientos a lo largo de todos los innings de labor, como se mantiene el control en los envíos, como se ataca cualquier batazo hacia los alrededores del montículo y como hay que estar alerta para ejecutar las asistencias detrás de tercera base o detrás del plato. La imagen más nítida que guardo de Ramón García proviene de un juego dominical de noviembre de 1987 cuando el manager Felipe Rojas Alou le entregó la pelota al novato García para enfrentar a un tal Greg Maddux y las Águilas del Zulia.   Esa mañana Ramón García contuvo a una alineación aguilucha que contaba entre otros con Carlos Quintana, Dwight Smith, Damon Berryhill, y Omer Muñoz. García lanzó 5.1 entradas en blanco y salió del juego ganando 2-0. Maddux completó 7 entradas y salió del juego perdiendo 2-0. En el octavo Magallanes marcó 5 rayitas y Zulia ripostó con tres.       Otros dos juegos memorables de García ocurrieron en la serie final de la temporada 1996-97.  El 24 de enero de 1997 García se enfrascó en tremendo duelo de lanzadores ante Omar Daal y los Leones del Caracas, aunque permitió una carrera en el primer episodio, Gary Thurman abrió las acciones con imparable y pasó a tercera base mediante error de García al intentar sorprenderlo en la inicial., luego anotaría con rodado de Bob Abreu por segunda base. Magallanes igualó en el cuarto episodio mediante triple de Edgardo Alfonzo y sencillo de Richard Hidalgo. En el inicio del octavo los Leones pusieron dos hombres en base, pero García se recompuso para ponchar a Alex González y dominar a Roger Cedeño con elevado al centro. En el cierre de ese episodio, el novato Alejandro Freire le pescó una recta alta a Daal y se la depositó en la mitad de las gradas del bosque izquierdo. “Manacho” Henriquez relevó en el noveno y ponchó 2 de los tres bateadores que enfrentó. Magallanes 2 – Caracas 1. En 8 entradas de labor Ramón García, permitió 1 carrera, 3 imparables, recetó 6 ponches y concedió 3 boletos.
 El 29 de enero de 1997, García lanzó 9 episodios en blanco en los que solo aceptó 3 imparables, con 5 ponches y tres boletos, para darle el campeonato a los Navegantes quienes esa noche marcaron 10 carreras para vencer al Caracas. Ramón García fue el jugador más valioso de la serie final.      Quizás una de las anécdotas muchas veces referidas por el narrador Beto Perdomo, ilustra al pie de la letra la clase de control que tenía el pitcher derecho: “Ramón García casi siempre realiza un acto de magia en sus ejercicios de calentamiento en el bullpen. No en el calentamiento previo al juego cuando tiene que abrir juegos- Hablo de su entrenamiento temprano en la tarde, cuando casi no hay nadie en el estadio. En determinado momento se venda los ojos y le apuesta al cátcher que igual lanzará un strike. El cátcher se rie. Cuando el lanzamiento hace resonar la mascota sobre el pentágono del bullpen, el cátcher reclama que ‘ese paño negro tiene un hueco’”.
 Alfonso L. Tusa C. 11-11-2017.

Koufax habla de Koufax  (III)

__Sandy, estás cerca de cumplir 30 años y muy pronto alcanzarás la etapa donde un pitcher pierde algo de poder en sus envíos y empieza a considerar lanzar otro tipo de pitcheo. ¿Tienes algo en mente al respecto? __Bien, ya lanzo un tenedor, pero no lo considero una alternativa. Lo uso para cambiar de ritmo. Si tengo una buena recta y una buena curva, dudo en usar otro tipo de lanzamiento. Pero si no me están viendo la pelota, trato de usar cualquier cosa, incluyendo el tenedor. __¿Que hay de los sliders y los lanzamientos de nudillo? __No sé si pueda lanzar otros pitcheos. Solía tratar de lanzar el slider de vez en cuando, y otros pitcheos, pero desde que tengo este pequeño problema con el codo, parece que sólo los viejos pitcheos que he lanzado siempre no me molestan. Todos los nuevos lanzamientos, como el slider y los otros que solía intentar, parece que afectan mi brazo.  __Aquel viejo lanzamiento de lado que hacías no favoreció tu codo ¿verdad?  __ No. Ese fue el que me molestó primero, abandoné completamente ese lanzamiento. De todas maneras, tampoco lo usé mucho, no era muy importante para mí. Pero el problema de mi codo no es algo que llegó luego de unos pocos pitcheos. Ocurrió a lo largo de un período de 10, 11, 12 años. Pudo haber empezado cuando me caí en una cancha de basketball en la escuela secundaria.  __Entiendo que no te guste hablar más de tus dolencias físicas ¿Por qué?  __Ya se ha dicho suficiente. El asunto del dedo de la mano, el Fenómeno de Raynaud, ocurrió en 1962. Ya hace casi 4 años de eso. Desde entonces no me ha molestado, y hasta esa pequeña marca bajo la piel ha desaparecido. Todo se ha ido. Por lo que a mí se refiere, eso está olvidado, excepto que me costó media temporada de béisbol. __¿Recibes consejos no solicitados de cómo curar tu artritis? __Me llegan cartas ocasionales. Aprecias eso, pero hay mucha diferencia entre escribir con artritis y tratar de lanzar con ella. Mucha gente dice: ‘Esos tratamientos con hielo después de cada juego deben ser la peor cosa del mundo para tu artritis, porque los doctores recomiendan calor’.  Eso puede ser verdad, pero el hielo no es para la artritis, es para la hinchazón. Veinticuatro horas después del hielo, mi codo recibe mucho calor. El hielo es solo para después del juego, porque si el codo permanece hinchado, estoy en problemas, porque tomará una semana en desinflamarse. Alguien más escribió para sugerir que me frotara liga de frenos en  mi codo __¿Liga de frenos? __Si, me hacen ese tipo de sugerencias. __Estaría bien si fueses un automóvil __Pero toda esa gente era sincera, trataban de ayudar. __¿Alguna vez sentiste una furia irracional ante tus lesiones? Como “¿Por qué me está pasando esto a mí?” __ No puedo. Fui dotado con este brazo. Si me hubieran dado uno que no tuviera artritis tal vez sería incapaz de lanzar tan duro. Podría no tener el mismo tipo de repertorio. Debo aceptarlo como es. Lo único que me fastidió fue el dedo, por la forma como ocurrió. Lo hice porque estaba bateando a la zurda para evitar que me golpearan el brazo izquierdo. Terminé perdiendo media temporada. Eso fue agravante. Me quemaron el bate con un lanzamiento y se me rompió una arteria. ¿Cuántas veces al día a los bateadores les pasa esto? __¿Ahí fue que dejaste de batear a la zurda? __Sí __Ahora bateas a la derecha ¿Es esa tu forma natural de batear? __ No tengo forma “natural” de batear.
__ Entonces ¿tu forma natural de hacer swing? __¡Nada sobre mi bateo puede ser descrito como natural! __¿Cuando experimentaste las miserias de lo que te decías? ‘Tal vez es esto, tal vez se acabó mi carrera’ __Esta primavera cuando me mandaron a casa con el codo hinchado. Al comienzo de la primavera me iba muy bien,  el mejor entrenamiento de mi vida, de repente mi brazo había regresado a donde estaba el año anterior. __Noto que seguiste las instrucciones del doctor tan cuidadosamente, incluyendo ese desagradable baño de hielo para tu brazo después de cada apertura, que el hecho fue citado en algún sitio como diciendo que habías seguido las instrucciones médicas mejor que cualquier atleta que hubiera conocido. ¿Por qué? __Me quedé con el hielo porque no quería perder el turno en la rotación. No sé si eso me ayudó, no sé lo que hizo, ni quiero investigarlo. Me hubiera gustado hacer el experimento de no usar hielo y ver que pasaba. Pero si era el hielo lo que me estaba permitiendo lanzar, podía perder 2 o 3 aperturas, y no quería que eso ocurriera. Mirando hacia atrás, fue una gran satisfacción ganar el banderín después que perdimos a Tommy Davis y todos predijeron que terminaríamos de octavos, pero mi gran satisfacción de este año fue no perder una apertura. Se esperaba que abriera la temporada en Nueva York  y en vez de eso viajé de vuelta a Los Ángeles con dolores en el brazo, pero lancé en el tercer o cuarto juego del año y lo hice cada 4 días después de eso. __Sandy ¿Cuales son tus satisfacciones más grandes fuera del terreno de juego? Recuerdo cuando se decía que sólo leías a Thomas Wolfe y Aldous Huxley… Y solo escuchabas a Betthoven y Bach… y Mendelssohn… __...Y Mendelsohn. ¿Sabes que pasa? Alguien escribe una historia hace 10 años y nada cambia. Si hace 10 años el tipo estaba equivocado, las historias estarán equivocadas por 20 años. __¿Te molestan esas cosas? __Antes me fastidiaban mucho más, pero ahora he comenzado a sentir que esas historias van  a ser escritas, no hay nada que pueda hacer al respecto y no me voy a preocupar por eso. A veces las cosas no se publican como las dijiste. Te encuentras con esos reporteros quienes están más interesados en el diccionario y el buen uso del lenguaje inglés, él piensa que cuando John Roseboro dice ‘cool’ (maravilloso) significa ‘cold’ (frío). Pero no puedes dejar que eso te moleste. __ ¿Los fotógrafos todavía respetan tu solicitud de no fotografiarte mientras fumas? __La mayoría de ellos lo hace. Pero generalmente cuando hay fotógrafos alrededor no fumo. Espero a que hayan hecho su trabajo. __ ¿Por qué? __ No sé cuantos muchachos de 12 años fuman en este país y sus madres les aconsejan que no deben hacerlo porque no es bueno para ellos. Entonces agarran una foto mía o de otro atleta con un cigarrillo en la mano y dicen: ‘Si esto no es bueno para ti, ¿por qué este hombre está fumando?’. ¿Cuánto cuesta evitar fotos como esta? __¿Qué me dices de la bebida? __Bebo. No constantemente, pero disfruto unos pocos tragos. Vivo una vida normal. Tengo todos los vicios menores y un poco de los mayores. __¿Qué más disfrutas? __Me gustan los eventos deportivos, pero ahora no asisto tanto como antes. Me quedo en casa y los veo por televisión. Ahí estoy cómodo, me levanto por una taza de café, cualquier cosa que quiera. Para mí, la televisión a colores ha favorecido más al fútbol americano.
_¿No habría una gran tentación para alguién de tu posición de “ir a Hollywood”? Vives aquí, eres un gran héroe, deberías buscar ser invitado a ser miembro de esa comunidad, pero no lo haces. __Tengo muchos buenos amigos ahí. __¿No hay una gran tentación de hacer lo que ciertos otros peloteros han hecho, perder mucho tiempo entre las luces brillantes? __Si hubiera estado aquí cuando empecé, podría haber existido una mayor tentación. __ Si, pero por aquellos días no eras nada parecido a un héroe. __Estoy de acuerdo contigo. Pero la tentación habría sido máyor para un chico joven. __¿Cuales son tus metas a largo plazo?  __Alguien me preguntó ‘¿Cuál es tu meta?’, le dije que quería ganar tantos juegos como fuese posible. Después de eso, alguien escribió que yo quería ganar más juegos que Spahn. Pero no sé si pueda jugar 20 años como él. Spahn es un hombre muy afortunado de haber jugado por tanto tiempo. __Supon que pasas por un período donde tu efectividad sube alrededor de 3.5 y tienes balance de 12-12, algo por el estilo,  un pitcher ordinario ¿Cómo te sentirías? __ Depende mucho de cuantos años está eso de ahora. Si tengo 33 o 34 años y siento que no puedo hacer el trabajo tan bien como me gustaría, probablemente renunciaría. No quiero ser despedido. Es difícil decir que vas a renunciar cuando has tenido un mal año. Es más fácil decirlo cuando has tenido tu mejor año. Estoy pensando en algunos pitchers que han tenido salarios grandes por dos o tres años después que estaban acabados, solo por su nombre. Eso es lo que hace las cosas difíciles. Te sientas y te dices: “¿Quién me va a pagar esta clase de dinero?”. Nadie te pagará 100 grandes por ser un comentarista radial. O lo que sea que vayas a hacer. Por eso cuando llega el momento de tomar la decisión hay que tomarla. Pero no quiero que me obliguen. No quiero que alguien me diga, “Es todo. ¡Estás acabado!” Prefiero irme cuando sienta que estoy acabado. __Después de 5, 6 o más años de hacer el mismo dinero que estás haciendo, tal vez el dinero no será tan importante para ti como tu record, y estarías en posición de irte después de un buen año. __ Si, pero si eso ocurriera el próximo año, esa sería una decisión muy dura. Primero que todo, si eso ocurriera el próximo año, si pareciera que estoy acabado, no lo voy a creer. Voy a decir, “Fue sólo un mal año. El próximo año será mejor”. De todas formas, cada atleta tiene un año malo alrededor de los 30 años de edad. Pienso que hay que hacer un reajuste, los reflejos bajan un poco y tienes que cambiar. Pero no me siento para preocuparme de cómo terminará todo. No me puedo asustar por eso, porque sé que todo tiene su final. Tarde o temprano estaré acabado. Preferiría que fuese más tarde, pero si es pronto no puedo hacer nada. Estoy feliz de que tuve lo que tuve.. Ciertas cosas son inevitables. Desde que llegué a las mayores a los 19 años, supe que algún día todo terminaría. __Mirando hacia atrás en esos 11 años, ¿Qué ves? __Todo ha sido un poco miserable, un poco maravilloso. Pero tienes una satisfacción cuando oyes a la multitud y sabes que has hecho un buen trabajo. __¿Eres alguien que se toca la visera de la gorra? __No, soy alguien que toca el punto más alto. __Y cuando estás ante el público y algún niño viene a pedirte un autógrafo, ¿eso es una satisfacción? __A veces es una satisfacción y a veces es una intrusión. No es por los niños, pero algunas veces sus padres se hacen exigentes. Los niños preguntan, pero los padres demandan. Si alguien pregunta, no me importa. Pero los que demandan son duros para mí. Ya tengo muchos jefes alrededor y no sé si pueda soportar uno o dos más. __¿Te sientas y te dices, que cosa tan maravillosa es todo esto, tus records, y tus logros, que esto te está ocurriendo, que la gente hablará de ti 50, 100 años después, de la forma como hablan de Cy Young, Walter Jonson y Grover Cleveland Alexander ahora? __ No, nunca pienso de esa forma. No me puedo ver de aquí a 50 años,  y nunca en mi vida me he sentado a pensar en Walter Jonson o en cualquiera de esos grandes pitchers.            __¿O tú como uno de ellos?  __Es así  __¿Y como te sientes cuando la gente dice que podrías ser el pitcher más grande que haya existido? __Nunca pienso en eso. __¿Nunca? __Nunca  
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Septiembre 03, 2010.

Koufax habla de Koufax  (II)

__Sandy, todavía te molesta que la gente pareciera esperar que saques out a todos los bateadores todo el tiempo? __No tanto como antes. Aunque eso me recuerda el primer juego que lancé en la Serie Mundial de este año. Permití una carrera limpia y otra sucia en 6 innings. No sentía que había lanzado bien, pero tampoco sentía que había lanzado mal. He ganado muchos juegos donde he lanzado peor de cómo lo hice ese día.  __Y todos dijeron, “¡Guao, le batearon a Koufax!”  __Sí, eso fue lo que dijeron. Donde la gente comete un error, es cuando no le dan crédito al otro pitcher. Tu equipo no está anotando carreras y ellos dicen que el equipo es incapaz de anotar, que no pueden batear. Pero ¿Por qué nadie dice que el otro pitcher hizo un mejor trabajo? ¿Qué nos derrotó en los dos primeros juegos de la Serie Mundial efectuados en Minnesota? No fue el hecho de que Minnesota me bateara a mí y a Don, sino que Kaat y Grant fueron mejores pitchers que nosotros esos días. __Tampoco lanzaste tan mal. __No, pero Kaat sólo permitió una carrera contra mí. Fue mejor pitcher. __Sandy, todavía llevas un archivo mental de los bateadores. __Si, tienes que tenerlo. No trato de recordar cada bateador detalladamente, lo que pasa es que cuando enfrentas a un bateador, casi automáticamente recuerdas las veces que te ha hecho daño. No recuerdas la vez que lo tenías en una bola y 2 strikes sin nadie en base y una ventaja de 10 carreras y le hiciste un lanzamiento y él bateó un rolling al short stop. Pero recuerdas la veces cuando había corredores en base y el bateó un imparable y te hizo daño o las veces cuando hiciste el pitcheo apropiado y lo sacaste out. No puedes tener un solo patrón de un bateador., porque el se va a dar cuenta. Tienes que tratar de lanzarle un poco diferente cada vez. Tienes que reconocer que los bateadores piensan. Cada cual piensa sobre el pitcher que tiene en frente, sobre las señales y todo lo que hace para tratar de burlar al bateador. Pero nunca se menciona el hecho de que el bateador se para ahí con un bate en la mano, no solo para hacer swing de buenas a primeras, el también piensa. Por eso es que ves a muchos grandes bateadores hacer swing en conteos de 2 strikes sin bolas, o 2 strikes y 1 bola o en tres y dos, porque ellos han sido burlados. Porque estaban esperando otro lanzamiento distinto del que pensaban.  __Si te mantienes lanzando hacia el punto débil de un bateador, el se puede ajustar y castigarte ¿cierto? __Seguro. No puedes estar haciendo el mismo tipo de envíos durante todo el juego. Recuerdo un juego ante los Cardenales. Había dominado toda la noche a Kenny Boyer  con lanzamientos bajos y afuera. En su último turno bateó una línea hacia el right field. Afortunadamente fue atrapada y convertida en dobleplay, pero ese no es el punto. Al lanzar hacia el mismo lugar una y otra vez pude haber botado el juego.  __En otras palabras ¿tuviste suerte?  __Tuve suerte. Tenía que tener suerte.  __¿Piensas que pitchear tiene mucho que ver con la suerte?  __ Definitivamente. Esas líneas que van de frente a los infielders y de pronto hay un dobleplay. Y si hay dos metros más de cada lado del campo pierdes el juego. La suerte juega una gran parte en el béisbol. La buena suerte es mucho mejor que la mala suerte.  __¿Si tuvieras que escoger?  __Escogería la buena suerte
__¿Todavía tienes la tendencia de pararte en el montículo hasta que ves la seña que quieres, sin mover la cabeza?  __No, yo hago el movimiento con la cabeza. Hago ambas cosas. Hay veces cuando prefiero no mover la cabeza. __ ¿Por qué? __ Eso puede indicarle algo al bateador. __Bien, lo que se dice es que el catcher pide rectas la mayor parte del tiempo ¿cierto? __ Si, 60 % del tiempo. __Entonces si el bateador te ve mover la cabeza ¿hay una pequeña suposición de su parte de que te estás negando a lanzar la recta? __Así es. Hay situaciones como digamos,  cuenta de 3 y 2, te dan la seña de recta y asientes. Si yo fuera el bateador, casi pensaba que se está negando a lanzar la recta para lanzar la curva. __Porque ¿la recta es el pitcheo natural para lanzar en tres y dos? __Cierto. Por eso, no muevo la cabeza en ese caso.. Por supuesto, hay otras ocasiones cuando mueves la cabeza por nada, y cuando lo haces en relación a la seña. Consigues la seña que quieres y sigues moviendo la cabeza hasta que regresa a ella. Estás tratando de burlar al bateador, por eso tienes que hacer de actor un poco. Tal vez no vas  a burlar al bateador al hacerlo pensar que estas rechazando hacer un pitcheo para hacer otro. Pero si lo puedes hacer dudar…Especialmente cuando él te tiene  en el hoyo, el podría estar esperando por un pitcheo específico. Si mueves mucho la cabeza tal vez lo puedas hacer decirse, ‘Bien, me lanzará la recta. ¡Pero tal vez no! Tal vez no lo hará’. Tu sabes, esa pequeña duda…Si puedes hacer que los bateadores caigan en esa pequeña duda, es de mucha ayuda. Por eso tienes que actuar. __¿Si no hubieras recurrido a tus cualidades actorales tampoco hubieras alcanzado el nivel de excelencia? __Todo el mundo lo hace. Ves a los catchers. Ellos moverán la cabeza después que te dan la seña. Te están diciendo que muevas la cabeza por un momento. O no te dan seña y te dicen que muevas la cabeza antes de que te  den la seña. __Es como un juego de ajedrez. __Seguro, todo tiene que ver con que tratas de poner out al bateador, pero si  lo puedes engañar antes de lanzar la pelota tienes una mejor oportunidad de vencer. Todo pitcher lo hace. __Sandy, como te sientes cuando te caen a batazos. ¿Es una humillación para ti? __No lo es tanto como el pensamiento de que no trataste de hacer lo apropiado. Ahora estás en el cluhouse escuchando el juego y puedes recordar lo que hiciste. Piensas para ti, tal vez si hubiera tratado esto, tal vez si hubiera usado más mi curva, o tal vez si hubiera mantenido los lanzamientos alejados de tal bateador, o caminado algún bateador a propósito. __¿Le lanzas alejado a muchos bateadores? __ Hay algunos bateadores en la liga de los cuales debo admitir que hay momentos cuando no les quiero lanzar. Si puedes evitar un bateador de .350 por otro de .250…Algunas veces trabajas muy cuidadosamente a un buen bateador y algunas veces hasta haces el wind up para caminarlo. No es exactamente un boleto intencional, pero no le lanzas nada bueno. O algunas veces te pones atrás en la cuenta ante ese tipo de bateador y tratas de regresar, porque esa puede ser la mejor manera de lanzarle, lanzar lo que no se espera que lances, estando en dificultades. Hay veces cuando hay que ser cuidadoso, y otras veces cuando dices “Aquí está, bateala”. Retas al bateador. Dices “Este es mi mejor pitcheo, dale con todo”. Digamos que hay 2 outs en el noveno inning y tienes una ventaja de dos carreras sin gente en base. No puedes dejar que el bateador se embase. No quieres que la carrera del empate llegue al plato. Ahora la cuenta quizás sea 3 y 1 o 3 y 2. No lo puedes caminar. Tienes que hacerlo batear. Él es capaz de batear tan duro como el que más y castigarte pero tal vez tus compañeros agarren la pelota y lo pongan out, habrás tenido suerte. Y esa carrera del empate nunca llega al plato. Ese es un momento para retar al bateador. Y aún cuando él la saque del parque, todavía tengo al próximo bateador con un hombre en base y la carrera del empate en el plato.
__¿Cómo te fue contra los bateadores buenos este año? __Es un fenómeno extraño. Un año no puedes hacer out a un bateador. El año siguiente es fácil. Hace dos años tuve muchas dificultades con Roberto Clemente, era increíble. Y lo había retirado con facilidad antes de eso. Ahora, este año lo saqué out con facilidad, pero el año próximo probablemente me batee bien otra vez.  Los buenos bateadores te van a batear. Ellos no son los tipos que tienes que dominar para ganar. Los buenos bateadores lograran sus hits. Tal vez hay dos de ellos en un equipo y ellos lograran dos hits cada uno. ¡Pero esos son sólo 4 hits. Si puedes mantener a raya a los otros bateadores ¿Qué has hecho? Sólo has permitido 4 hits. Si solo permites 3 o 4 hits a los otros bateadores, si puedes dispersarlos, sólo has permitido 7 u 8 hits en el juego y generalmente se gana con ese tipo de trabajo. Por eso no es a los buenos bateadores a quienes debes sacar out. Es a los otros. Ellos son los que te ganan. __¿En cuales juegos tienes menos oportunidades de ganar? __La gran experiencia ocurre cuando permites 1 o 2 o 3 carreras cuando no tienes nada en la bola, cuando ni siquiera tienes derecho a estar en el montículo, no hay razón para estar ahí. Esos juegos son la diferencia entre tener un año de .500 y otro realmente grandioso. Te imaginas que de 30 aperturas, en 15 tienes todos tus lanzamientos al tope, en las otras 15 tus envíos son mediocres. Si puedes  ganar un buen porcentaje de los juegos cuando eres mediocre, vas a tener un buen año.  __¿Cómo hacían aquellos pitchers de antaño para ganar 30 y 40 juegos por año?  __Hoy el juego es completamente diferente. No lo puedes comparar con el juego de hace 30, 40 o 50 años. No hay forma de que alguien vaya a ganar 40 juegos por estos días.  La mayor diferencia en el pitcheo de antes y ahora es esta: en aquellos días la pelota hacía out al bateador, ahora el pitcher lo hace out. Ignoro cuantas pelotas usaban en un juego por aquellos días, pero garantizo que no era más de una docena. Hoy se utilizan 7,8,9 docenas de pelotas. Al ensuciarse una, la sacan del juego. En el pasado los pitchers hacían cortes en la pelota, la lijaban… __Para comenzar las pelotas rebotaban menos que ahora __Rebotaban menos que ahora y el pitcher prácticamente podía hacerle cualquier cosa a la pelota. Solían hacerle cortes con chapas de botellas, o tenían un pedazo de lija en el bolsillo para alisar ciertas partes. Los pitchers no tenían que trabajar tan duro. La pelota hacía una gran parte de la tarea. __También,¿no eran los viajes más relajados en el pasado? No había todo ese ajetreo de ir y venir de costa a costa. __Eso para mí es lo de menos. El béisbol es un trabajo exigente porque se hace todos los días. El béisbol es duro. Hay momentos cuando físicamente estás molido. Pero estar molido no significa una gran agonía. Si has ganado, estar cansado es una gran sensación, sabes que te levantarás adolorido el otro día, pero también sabes que tendrás un sueño reparador. El dolor en el béisbol no es un tipo malo de dolor.. En el invierno a veces lo extraño. Alrededor de la primera semana de febrero me empiezo a poner ansioso por jugar otra vez.
Continuará...

Koufax habla de Koufax  (I)

 El año fue rico en excelencia. Bill Bradley de Princeton paralizó a la nación al liderar a su equipo en la Ivy League hacia las semifinales del torneo de baloncesto de la NCAA. Gary Player ganó el U.S. Open para completar la barrida de todos los títulos principales del golf. Jimmy Clark demostró su control total sobre el carro de carreras. Los corredores de fondo Michael Jazy y Ron Clarke rompieron marca tras marca. Willie Mays bateó jonrones, detuvo reyertas y perdió en la raya la conquista del banderín para San Francisco. Pero más allá de todos se levantaba Sandy Koufax, el Atleta del Año. Se sobrepuso a una dificultad física que se le presentó en el entrenamiento primaveral (tuvo que envolver su codo en hielo después de cada juego, durante toda la temporada) y desarrolló su mejor actuación mientras guiaba a los Dodgers al campeonato de la Serie Mundial. De él, Paul Richards dijo: “Este hombre tiene un sentido de responsabilidad que va más allá de la victoria y la gloria”. Jack Olsen (periodista de Sports Illustrated) le preguntó al normalmente reticente Koufax sobre ese sentido de responsabilidad, el manejo de la excelencia, y logró esta entrevista única de Koufax sobre Koufax.   __Sandy ¿Cuál es la diferencia entre la forma como conduces tu vida y la forma como las demás personas lo hacen con la de ellos? __No hago nada diferente. Hago lo que hace la mayoría de la gente. Hay momentos cuando siento que tengo la obligación de no hacer ciertas cosas porque me estoy preparando para pitchear. Pero más allá de eso mi vida es tan normal como la puedo llevar. __Si. Pero tienes la fama de ser muy duro contigo. __ Tal vez lo soy. Sé que algunas veces la gente dirá: “Bien has hecho todo lo que es posible.¿Que harás la próxima vez? No puedes lanzar mejor que eso”. Me digo “Bien ¿por qué no? ¿Por qué no puedo hacer más? ¿Por qué no puedo hacer un mejor trabajo? No hay nada que me pueda detener, a excepción de los bateadores. Siempre puedes tratar de lanzar un mejor juego, el mejor que te permitan tus posibilidades.  __Sandy, te he visto después de pitchear cuando te sientas en tu locker y pareces un soldado de la segunda guerra mundial. En este punto de tu carrera ¿hay alguna tendencia de tu parte a bajar la intensidad, a no dar tanto?  __No puedo. No puedo. A veces tienes un respaldo de varias carreras y tratas de tomar las cosas con calma y de pronto estás en dificultades.  __Si, pero sales a lanzar como alguien que espera que lo despidan después del juego.  __Hay que dar lo mejor en cada lanzamiento. No sabes lo que el otro pitcher hará. Él también está tratando de dominar a tu equipo. La gente dice, ‘¿no te hace mejor pitcher el hecho de que tu equipo no hace carreras?, ¿no te hace eso sentirte con una carga extra? Bien, los Dodgers anotan más carreras de lo que la gente piensa, pero aún si tu equipo anota muchas carreras pienso que no debes tomar la actitud de que puedes permitir 2 o 3 carreras y aún ganar. Tiene que decirte “No sé cuantas carreras me van a dar, pero si mantengo a los rivales en blanco tengo una mejor oportunidad”. Por eso hay que dar lo mejor en cada pitcheo. __La gente dice que eres tu crítico más severo. __Lo que sea que vaya a tratar de hacer lo hago lo mejor que puedo. En béisbol, donde no existe la perfección, siempre puedes hacerlo mejor. Si he cometido un error, quiero estar conciente de eso. Haces muchos errores en los juegos. Te olvidas de la mitad de ellos. Quizás más, algunas veces. Pero cuando haces un error no puedes ignorarlo ni olvidarlo.
_¿Que es lo que te motiva? __ Pienso que la competencia. Actuo de la misma forma en casi todo. Quiero ganar, quiero hacer las cosas bien. Y quiero ser capaz de dar mi mejor esfuerzo. Si saliera a jugar y perdiera y luego me diera cuenta después del juego que perdí por algo que hice el día anterior, para mí, esa sería la peor manera de perder. Ahora, si me derrotan por algo que no pude hacer o no hice en el terreno, por lo menos sé que di lo mejor que podía. Pero si fuera algo que ocurrió fuera del campo… __ ¿Te refieres a no dormir bien o no correr lo suficiente en tu preparación, algo por el estilo? __ Bien, digamos que hace calor y quieres ir a nadar. Nadas por una hora y de pronto tus brazos están exhaustos, te sientes rígido. Si puedo mirar hacia atrás y reflexionar como eso me costó un juego, me sentiría mal conmigo. Me sentiría responsable ante 24 compañeros porque no fui capaz de dar mi mejor esfuerzo. Me sentiría avergonzado de mí. __Pero nadie puede saber lo que hiciste __Yo lo sabría. Cuando me derrotan, quiero que sea sobre el terreno. No quiero vencerme el día anterior. Después que lanzo un juego, me digo, “Bien, este es mi día, mi noche”, y salgo a divertirme. Podría salir la noche siguiente, posiblemente. Pero la tercera noche y la noche anterior al día cuando me toca lanzar, me privo de salir.  __¿De que más te privas durante la temporada? Me olvido del golf. Ignoro si el golf afecta mi mecánica de pitcheo, pero hay que evitar esa posibilidad. Especialmente si sabemos que soy muy malo jugando golf. Hace dos o tres años tuvimos un lunes libre. Había lanzado el domingo. Jugué golf, luego fuimos  a San Francisco. Inicié un juego y no pasé del primer inning. En ese momento no pensé que aquello era consecuencia del golf, pero 3 semanas más tarde jugué un torneo de golf entre los integrantes de los Dodgers. La primera vez que lancé luego de eso me doblé algo en el hombro. Empecé a pensar que tal vez aquello no era simple coincidencia. __¿No podías jugar golf haciendo el swing más fácil? __Cuando eres un mal bateador quieres hacerle swing fuerte a cualquier cosa, cuando jugaba golf trataba de arrancarle la cubierta a la pelota, lo cual era probablemente lo peor que pudiera hacer. Por eso dejé de jugar golf durante la temporada.  __Antes de un juego ¿te preocupa el haber perdido sueño?  __El jueves por la noche no puedo hacer nada en referencia al juego del viernes. Ni siquiera pienso en eso.  __¿Eres capaz de manejar tu temperamento de la misma forma? Solías tener mal genio.  __Todavía tengo mal genio, es algo que trato de controlar. Cada año de los últimos 4 o 5 desde que empecé a ganar, tengo memorias de 5 o 6 juegos que perdí porque me molesté y perdí el control. Pero cada año eso pasa menos y menos. Antes solía pasar que estaba fuera del juego antes que me concentrara en él. Me complicaba en los 2 primeros innings, perdía la cabeza y trataba de lanzar más duro. Después del juego me preguntaba: “¿Por qué no hiciste esto o aquello? ¿Por qué insististe con la recta si ese no era tu mejor envío hoy?” El punto es que te enojas si eres exigido y empiezas a tirar en vez de pitchear, entonces estás fuera del juego. __¿Como trabajas con el problema del temperamento?  __No sé. Principalmente la internalización de lo que es el problema es lo que te ayuda. Empiezas a entender como funciona el temperamento: empiezas a enojarte y enojarte y a lanzar duro y más duro. Mientras más duro lanzas, más enojado estás. Por eso es que no creo en dar el 100% del esfuerzo físico. Tienes que reservar algo para pensar. Tal vez puedas dar el 100% de tu esfuerzo físico en el último lanzamiento de un juego, si tienes un buen repertorio. Pero si estás dando el 100% en todo el juego, no estás pensando.
__Sandy, si dirigieras a otras personas de la forma como te diriges a ti… __No podría hacerlo. Ni siquiera lo intentaría. Nunca podría pedirle a nadie que dirija mi vida, pero la disfruto. __He oído que el juego no te excita mucho. __Me excito como cualquiera. Lo que pasa es que no muestro mis emociones como algunas personas. __Pero ¿tienes emociones? __Seguro que las tengo. Son las emociones las que te motivan, el deseo de ser feliz, de hacer un buen trabajo. Mis emociones me motivan. Pero no me excito al punto de saltar. Nunca podría hacer lo que hace Lou Johnson, aún cuando estimo mucho a Lou. Para mí, su entusiasmo y excitación son parte de lo que hizo que los Dodgers ganaran el banderín. Hago lo que Lou Johnson hace, pero dentro de mí. Soy feliz, me siento de maravillas cuando hago algo para ayudarnos a ganar.  Sandy ¿te gusta jugar béisbol? ¿O es sólo una manera de ganarte la vida?  Me gusta jugar. Amo el juego. El único problema que tengo es algo por lo que pasan todos los pitchers. Cada 3 de 4 días tienes que sentarte en el banco a ver el juego, eso es incómodo. Alguien está en aprietos y quieres ayudar pero tienes que sentarte ahí. Algunos juegos son tediosos y otros interesantes. No te puedes aburrir. Pero si el juego es tedioso y estás ganando no es tan aburrido como cuando es tedioso y estás perdiendo.  __Pero sabes con antelación que tienes que sentarte ahí por 2 o 3 horas sin oportunidad de entrar a jugar.  __Es verdad. Y es una sensación frustrante. La mejor cosa del año de Don Drysdale era que iba al estadio después de su turno en la rotación y pensaba, bien, tal vez tenga la oportunidad de salir como bateador emergente. Entonces él es parte del juego.  __Con tu bateo, eso nunca te ocurrirá.  __Mientras menos se hable de mi bateo mejor.  __Bueno al menos ya no eres un out por regla. Antes era como un acto cómico cuando ibas a batear.  __Si, y este año bateé 20 hits, y gané 3 o 4 juegos con mis imparables. Mi suerte cambió. Cuando lograba 2 imparables en un juego, uno era con la punta del bate y dolía y el otro era con el mango y dolía, o tres infielders chocaban tratando de atrapar una pelota que había bateado débilmente y se convertía en sencillo. Luego anotaba y era la carrera ganadora. Recuerdo un juego contra Houston cuando ellos caminaron al octavo bateador para lanzarme. Teníamos un hombre en segunda con el juego igualado, bateé un hit y se acabó el juego.  __¿Te molestabas cuando salías a batear y lucías ridiculo?  __No tan molesto como frustrado. Pero no desde el punto de vista del bateador. Desde el punto de vista del lanzador. Porque hay muchas veces durante el año cuando un hit del pitcher puede ganar un juego, y eso puede hacer una diferencia de 4 o 5 victorias. Y 4 o 5 victorias pueden ser la diferencia entre un año magnífico y otro más o menos. _¿Estás tocando mejor? __ Este año fui el peor tocador de pelotas que he sido en mi vida. ¿Por qué? No sé. __¡Tal vez tenías miedo que te golpearan la mano de lanzar? __ No, no es eso. Es que se ha llegado al punto donde es muy difícil tocar, aún si logras hacerlo. Para mí, el toque de bola ha desaparecido un poco del béisbol porque casi cada equipo pone a su tercera base y a su primera base a jugar sobre el plato. Este año nos permitieron hacer un poco lo que quisiéramos, podíamos batear largo si estaban jugando muy adentro. Había que hacerlo. Puedes hacer un toque perfecto y ellos están ahí encima de ti.
Continuará.

viernes, 26 de diciembre de 2025

Al final de la maldición del Bambino Ruth, una bendición: Los Medias Rojas de 2004, deportistas del Año. (IV)

George Sumner había esperado toda una vida par aver esto, 79 años, para ser exactos, los últimos tres batallando contra el cáncer. Reunió toda la fuerza que le quedaba en el cuerpo y en el susurro más alto que podía pronunciar, dijo, “¡Yipiii!”  Entonces cerró sus ojos y se durmió.  “Ese fue probablemente el último momento consciente que tuvo”, dice Leah.  George abrió sus ojos una vez más el día siguiente. Cuando vio que estaba rodeado por toda su familia, dijo: “Hola”,  y se durmió por última vez.  George Sumner, ávido aficionado de los Medias Rojas, pasó a mejor vida a las 2:30 a.m. del 29 de octubre. Fue enterrado con honores militares el 2 de noviembre. El día que George Sumner moría, Alice y Jaime llevaban a casa a un saludable bebé. Lo llamaron Damon.    Los peloteros no son científicos sociales o historiadores culturales. Todo lo contrario, ellos crean una fortaleza de abstracción en la cual todas la consideraciones que van más allá del juego son temidas como el veneno de lo que es conocido genéricamente como “distracciones”.  Los Medias Rojas no son de Boston; ellos proceden de todos los rincones de Estados Unidos y Latinoamérica, y viajaron a sus hogares reales inmediatamente luego de un gran y catársico desfile el 30 de octubre, durante el cual la vida normal de Nueva Inglaterra fue televisada por tres horas. (“¡Tres millones y medio de personas allí y 33 viendo por televisión!” se maravilló Steinberg).  Existe un desbalance odioso en nuestra relación con los atletas, como si estuviésemos mirando un espejo en una sola dirección. Los conocemos, los idolatramos, vestimos como ellos y de alguna manera creemos que nuestras acciones, aunque triviales, alterarán las de ellos,  todo mientras ellos saben que estamos ahí pero en realidad no pueden vernos.  Howard Frank Mosher de Vermont estaba al norte de Maine en el verano de 2003 en un acto de firma de libros, durante el cual él habló de su próxima novela, Waiting for Teddy Williams, un relato en el cual los Medias Rojas (¿te imaginas?) ganan la Serie Mundial; él escuchó a un pequeño grupo de personas cantando en la parte trasera de la librería. Sonaban como, Johnny Angel, how I love him…  Mientras Mosher se acercaba notó que estaban cantando, Johnny Angel, how I love him… ¿Qué estaba pasando? Se preguntó.  “Estamos interpretando un encantamiento”, dijo uno de los hombres. “Damon ha estado en slump. Pensamos que esto funciona.  Anoche bateó de 5-4”.  Locura. ¿Como podia Damon saber de esto? ¿Cómo podía cualquier pelotero de Boston saber que el reverendo William Bourke, un ávido aficionado de los Medias Rojas quien falleciera en su nativa Rhode Island antes del segundo juego de la Serie Mundial, fue enterrado el día después que Boston lo ganara todo, con una pelota conmemorativa de los Medias Rojas y el periódico de esa mañana adherido a su féretro?  ¿Cómo podía Pedro Martínez saber que en la mañana del segundo juego de la Serie Mundial, Diane Connolly, su hijo de tres años, Patrick, y el resto de la congregación de la parroquia St. Francis of Assisi en Litchfield, N.H., oyeron al coro cantar una oración para los Medias Rojas luego del receso?  “Nuestro Padre, quien trabaja en Fenway”, comenzaron los cantores. “Danos este día a nuestro Pedro perfecto; y perdona aquellos, como Bill Buckner; y llevanos lejos de la depresión…”  ¿Cómo podía saber Curt Schilling  que Laura Deforge, 84, de Winooski, Vt., quién vio cada juego de los Medias Rojas por televisión, muchos de ellos dos veces, volteó la tendencia de la serie de campeonato de la Liga Americana cuando ella encontró un gorra sortaria de los Medias Rojas, que tenía 30 años en su armario, luego del tercer juego? Laura la usó en todas partes por los siguientes 11 días, incluyendo el bingo. (Y todavía la usa).
 “Solo he estado aquí un año”, dice Schilling, “y resulta impresionante ser parte de la relación entre la Red Sox Nation y este equipo. No la puedo entender. No puedo. Todo lo que puedo hacer es darle gracias a Dios por haberme bendecido con las herramientas que pueden tener un impacto en las vidas de las personas de manera positiva”.  Las vidas de estos peloteros han cambiado para siempre como profesionales. El cátcher de reserva Doug Mirabelli, será una celebridad dentro de 30 años si aparece en cualquier parte desde Woonsocket hasta Winooski. Los Medias Rojas de 2004 tienen un brillo que nunca desaparecerá o será superado.  La resonancia real de este campeonato, sin embargo, es lo mucho que cambió a las personas en la otra cara del espejo de una sola vía, poetas y convictos, padres e hijos, madres e hijas, moribundos y recién nacidos.  El amanecer que rompió en Nueva Inglaterra el 28 de octubre, el primero en la vida del pequeño Damon Andrews, fue muy distinto a cualquier otro visto en tres generaciones. Aquí empezó el nacimiento de una nueva Red Sox Nation, los hijos ya no llevaran las cicatrices y el dolor de sus padres y abuelos. Se sentía tan limpio y fresco como un d{ia de Año Nuevo.  El primer amanecer de Damon también fue el último en la plena vida de George Sumner. “Fui a trabajar ese día”, dice Leah Sumner, “y tenía lágrimas en los ojos. La gente decía, ‘¿Él lo vio? ¿Él lo vio? Por favor dime que tu padre lo vio’ Ni tienes idea de cuanta paz le dio eso a mis hermanos y hermanas. Hubiera sido muy triste si él no lo hubiese visto”.  “Fue como una bendición. Una dama me dijo que él vivía y moría de la mano de Dios. No soy religiosa, pero él estaba bendecido. Si estaba sentado aquí, él reconocía que había algo muy fuerte ahí”.  “Fue el mejor año, y fue el peor año. Fue un año increíble. Le contaré a mis hijos y me aseguraré que ellos lo hagan con los suyos”.  La historia que ellos contarán no es solo la historia de George Sumner. No es solo la historia de los Medias Rojas de 2004. Es la historia del vínculo entre una nación de aficionados y su querido equipo.  “Ni siquiera es alivio”, dice Leah. “No, es como si fuésemos parte de esto. Es como si ellos no lo hicieron por ellos mismos o por dinero, sino por nosotros”.  “Es más grande que el dinero. Es más grande que la fama. Es como le digo a las personas. Hay tres cosas que deben saber de mi. Amo a mi familia. Amo la música de blues. Y amó al béisbol”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Diciembre 10, 2014.

Al final de la maldición del Bambino Ruth, una bendición: Los Medias Rojas de 2004, deportistas del Año. (III)

Si naces al norte de Hartford. no hay otro equipo de beisbol de Grandes Ligas que seguir, como ha sido desde que los Bravos se fueron de Boston para Milwaukee en 1953. Es un derecho de nacimiento del cual se aprende rápidamente la historia oral. El Bambino, Denny Galehouse, Johnny Pesky, Bucky Dent, Bill Buckner y Aaron Boone son los nudos de una cuerda, un antirosario incrustado en la memoria de cada hijo e hija de la nación. "No he conocido nada parecido en mi vida", dice David Nathan, 34, quien como su hermano Marc, 37, aprendieron de la mano de su padre, Leslie, 68, quien aprendió de la mano de su padre Morris, 96. "Es muy dificil de ponerlo en palabras. Yo tenía 16 años en 1986, estaba sentado en la sala cuando la pelota pasó entre las piernas de Buckner. Teníamos la champaña lista, y te vuelves a sentar y miras incrédulo. "Yo estaba en el séptimo juego el año pasado y llevé a mi esposa. Le dije, 'Necesitas experimentarlo' Los Medias Rojas ganaban 5-2, y mi esposa me dijo, 'Tienen el juego en el refrigerador'. Le dije. 'No, que va. Que te lo digo, no han ganado hasta el último out'. "Solía mirar a mi papá y no entendía porque lloraba cuando perdían o lloraba cuando ganaban. Ahora lo entiendo". A las 11:40 de la noche del 27 de octubre, David Nathan sostuvo una botella de champaña con una mano y un teléfono en la otra, su padre estaba al otro extremo de la línea. David gritó tan alto que despertó a su hijo de cuatro años, Jack, la cuarta generación Nathan quién junto a la hija de cuatro años de Marc, Jessica, conocerá un nuevo mundo de seguimiento de los Medias Rojas. La cadena de nudos está rota. La esposa de David grabó el momento con una video cámara. Dos semanas despues David se sentaría y escribiría todo en un largo correo electrónico, expresando su agradecimiento al dueño de los Medias Rojas John Henry.  "Como me dijo mi padre el día siguiente", escribió David, "él sintió como que una carga había sido levantada de sus hombros luego de tantos años".  Le leyó el correo a su padre por teléfono. Terminaba así: "Gracias otra vez y larga vida a la Red Sox Nation". David podía llorar a su padre en el teléfono.  "Es bueno saber que luego de todos estos años", dijo Leslie, "algo mío ha pasado a tí".    Era un minuto después de la medianoche del 20 de octubre, y Jared Dolphin, 30, había asumido su puesto de guardia del turno nocturno en el correccional Corrigan-Radgowski de Montville, Conn.,una prisóin de nivel IV, uno por debajo del máximo. El recluso de la celda más próxima a él había cumplido 10 años de una condena de 180 por matar la familia completa de su novia, incluyendo el perro.  Algunos de los reclusos usaban gorras hechas  a mano de los Medias Rojas, una bandana de comisaría o pañuelo festoneado con un "B" icónica dibujada a mano. Técnicamente eran consideradas contrabando, pero las reglas se podían evitar si se trataba de aupar a los Medias Rojas en octubre. Unos pocos reclusos vieron el séptimo juego de la serie de campeonato de la Liga Americana en un televisor portátil de 12 pulgadas que habían comprado en la prisión por 200 $. Muchos recostaban sus rostros contra la pequeña ventana de la puerta de su celda para ver el juego en la televisión del grupo de celdas. Otros veían solo el reflejo de la televisión en la ventana de otra puerta.
Un aficionado de los Medias Rojas, Dolphin vio como Alan Embree retiró a Rubén Sierra de los Yanquis con un roletazo para completar la remontada más grande de la historia de los deportes. Dolphin empezó a llorar.  “De pronto el retén entró en erupción” escribió Dolphin en un correo electrónico. “Salté de inmediato y por instinto mi mano agarró la linterna. Aquello era un pandemónium, silbidos, gritos, golpes en los fregaderos, puertas cualquier cosa que encontraran los convictos. Esto estaba fuera del libro de reglas del recinto, así que me incorporé listo para hacer cumplir la ley. “Pero mientras estaba parado mirando alrededor, sentí algo más. Sentí esperanza. Aquí estaba, a menos de tres metros de los tipos que nunca saldrían de la prisión en sus vidas. El tipo de la celda a mi izquierda tenía 180 años de condena. No iba  a ninguna parte en lo inmediato. Pero mientras lo veía gritar y golpear la puerta me di cuenta que el y yo teníamos algo en común. La esperanza de esa noche también iluminó su vida. Como  aficionados de los Medias Rojas habíamos visto ocurrir lo imposible, y si ese sueño `podía hacerse realidad porque no otros.  “En vez de rodear el retén tratando de restaurar el orden, bajé la linterna y aplaudí. Mi aplauso se unió al escándalo que hacían y eso no se detuvo por cinco minutos. Aplaudí hasta que me dolieron las manos. Estaba aplaudiendo las posibilidades del futuro”.     El día después de la Navidad de 2003, Gregory Miller, 38, de Foxboro, Mass., un aficionado entusiasta de los deportes, especialmente de los Medias Rojas, cayó fulminado por un aneurisma. Dejó a su esposa, Sharon, dos gemelos de seis años y una hija de 18 meses. Sharon cayó en una tristeza y soledad indescriptibles.  Y entonces vinieron octubre y los Medias Rojas.  Sharon, solo una aficionada casual antes de entonces, se vio atrapada en el recorrido de postemporada del equipo. Ella llamaba a su madre, Carolyn Bailey, en Walpole,, como 15 veces durante el transcurso de un juego para quejarse, expresarse, preocuparse, condolerse y celebrar. Hasta hacía chistes. “Mis ojos necesitaban palillos para mantenerse abiertos”, decía Sharon hacia el final de los juegos. “Más colirio. Necesito más colirio”.  Carolyn reía, y su corazón saltaba de ver a su hija divertirse de nuevo. No la había visto o escuchado así desde la muerte de Gregory.  “Fue la primera vez que empezó a reír de nuevo”, dice Carolyn.   “Los Medias Rojas le dieron algo que buscar cada día. Ellos se convirtieron como en parte de la familia”.   El día después que los Medias Rojas ganaron la Serie Mundial, Carolyn le escribió una carta al equipo. En ella hablaba de su hija. “Los Medias Rojas se convirtieron en su medicina en el camino de regreso de su tragedia. De parte de toda mi familia, les agradecemos desde el fondo de nuestros corazones”.    Leah Storey de Tilton, N.H., redactó su carta de agradecimiento a los Medias Rojas. Su padre había fallecido exactamente un año antes de que los Medias Rojas ganasen la Serie Mundial. Entonces su hermano de 26 años, Ethan, murió de una sobredosis accidental de drogas solo cuatro horas luego de ver con entusiasmo como los Medias Rojas ganaban el quinto juego de la serie de campeonato de la Liga Americana. Cuando los Medias Rojas ganaron la Serie Mundial, los amigos de Ethan y la familia salieron fuera de la casa de los Storey, gritaron de alegría, descorcharon una botella de Dom Perignon y miraron hacia arriba en busca de un eclipse lunar.
 “Para nosotros, con la memoria de Ethan feliz en nuestras mentes, esos juegos tomaron un nuevo significado”, escribió Leah de la ruta de Boston hasta el campeonato. “Casi como si estos hubiesen sido jugado en su honor. Gracias por no desilusionarlo. No puedo expresar por completo el bienestar que sentíamos al verlos jugar noche tras noche. Eso no borró el dolor, pero lo alivió”.    El 25 de octubre los Medias Rojas estaban a dos victorias de ganar la Serie Mundial cuando los doctores enviaron a George Sumner a morir a su casa de Waltham. No había nada más que pudieran hacer por él. En casa, sin embargo, el estómago de George empezó a llenarse de fluidos, y hubo que llevarlo de vuelta al hospital. Los doctores hicieron lo que pudieron. Dijeron que estaba en tan malas condiciones que dudaban si podría sobrevivir el regreso a casa.  De pronto, con los ojos aún cerrados, George señaló hacia una esquina de la habitación, como si alguien  estuviese allí, y dijo, “No, todavía no”.  Y entonces George regresó a su casa en Waltham. Leah sabía que cada día y cada juego eran preciosos. Ella rezó mucho por una barrida.  La mañana del cuarto juego, lo que resultó ser el momento más importante de la vida de Jaime Andrews, aficionado obseso de los Medias Rojas, llegó a ser “patético”; su esposa Alice, rompió fuente. Aquí estaba: el conflicto que Jaime había temido todo el verano. A las 2:30 p.m. él la llevó al South Shore Hospital, donde fueron recibidos por enfermeras que usaban camisetas de los Medias Rojas sobre sus indumentarias.  A las 8:25 p.m., Alice estaba en la sala de parto. Había un televisor allí. El juego estaba por comenzar en San Luis.  “Pongan el juego”.  Era Alice quien pedía que encendieran el televisor. Damon, el abridor de la alineación, entró a la caja de bateo.  “¡Johnny Damon!”, exclamó Alice. “Él bateará un jonrón”.  Y Damon, con su melena marrón emergiendo de la parte trasera de su casco de batear, la complació.  Los Medias Rojas ganaban 3-0, en la parte baja del quinto inning cuando los Cardenales pusieron hombre en tercera con un out. Jaime no podía resistir la ansiedad. Le dolía la cabeza. Tenía dificultades para respirar.  Le brotaron rosetones alérgicos. Era mucho  para él. Le pidió a Alice que apagara el televisor. Alice insistió en que lo vieran hasta el final del inning. Vieron a Lowe sortear la dificultad. Jaime apagó nerviosamente el televisor.  En casa en Waltham, George Sumner se dormía y despertaba. Sus ojos estaban alerta cuando el juego estaba en curso, pero cuando terminaba un inning el decía entre susurros, “Despiértenme cuando empiece el inning”. Cada vez nadie podía estar seguro si él abriría los ojos otra vez.  Los Medias Rojas mantuvieron la ventaja de 3-0, y el televisor se mantuvo apagado en la sala de parto del South Shore Hospital. A las 11:27 p.m. Alice parió un lindo niño. Jaime notó que el bebé tenía un inusual cabello largo que le llegaba a la nuca. Las enfermeras limpiaron y midieron al niño. Jaime todavía estaba nervioso.  “¿Puedo prender el televisor para ver como quedó el juego?” le preguntó a Alice. “Seguro”, dijo ella.  Eran las 11:40 p.m. Los Medias Rojas saltaban unos sobre otros en el medio del diamante. Eran campeones mundiales.
Continuará...

Al final de la maldición del Bambino Ruth, una bendición: Los Medias Rojas de 2004, deportistas del Año. (II)

 Tan arraigada fue la reminiscencia de los fallecidos que varias personas, incluyendo a Neil Van Zile Jr. de Westmoreland, N.H., le rogaron al equipo para tener una placa oficial de los Medias Rojas en la tumba de sus queridos aficionados fallecidos, similar a los marcadores metálicos que el gobierno federal asigna a los veteranos. (El presidente del equipo Lucchino dice que lo va a  considerar, aunque MLB tendría que licensiarlo).La madre de Van Zile, Helen, una aficionada de los Medias Rojas quien anotaba los juegos y llevó a su hijo al segundo juego de la Serie Mundial de 1967, falleció en 1995 a los 72 años.  "Hay miles de personas quienes lo querrían", dice Van Zile. "Mi mamá no llegó a verlo. No hay nada más que pueda hacer por ella".  Un día del año pasado Van Zile caminaba por un cementerio en Chesterfield, N.H., cuando la inscripción de una tumba lo detuvo. Blouin era el nombre de la familia cincelado en el mármol.Debajo de este decía Napoleon A. 1926-1986. En la parte baja, cerca de la tierra, estaba el lamento de toda una vida.  Condenados Medias Rojas.  Queridos Medias Rojas:  Gracias por la motivación.  Josué Rodas, Marine, 6th Motor Transport Company, Iraq.  Como copos de nieve en una tormenta llegaron los correos electrónicos. Más de 10000 de ellos llegaron al servidor de los Medias Rojas en los primeros diez dias luego que Boston ganó la Serie Mundial. Procedían de Nueva Inglaterra, pero también venían desde Japón, Italia, Pakistan y por lo menos otros 11 países. El edificio gubernamental de Nueva Inglaterra del siglo 21 era electrónico.  Hubo cartas de agradecimientos. Hubo cartas de amor. Las cartas estaban escritas como si fuesen dirigidas a miembros de la familia, y de hecho los Medias Rojas lo eran, a su desordenada e irreverente manera, un querido grupo familiar. ¿Como no podían los feligreses querer a una banda de personajes que se autodenominaban los "idiotas"?  El bateador designado David Ortíz, quién bateara tres jonrones para terminar juegos en la postemporada, era el Big Papi de la alineación y el clubhouse, con su amplia sonrisa tan representativa de este equipo como su bate. El jardinero izquierdo Manny Ramírez bateó como una máquina pero asumió el juego con una sonrisa de caimanera marcada en la cara, aún cuando se caía en los jardines. El melenudo centerfielder Johnny Damon hizo delirar a las mujeres y celebrar a los hombres, con su mirada de Nazareno, franela estampada y calcomanía de parachoques (WWJJDD: ¿Que haría Johnny Damon? y toca corneta si quieres a Johnny).  El primera base Kevin Millar, con su barba de Honesto Abraham Lincoln y su personalidad tonta, tuvo la disciplina para negociar el boleto ante el cerrador de los Yanquis Mariano Rivera que empezó la remontada de Boston en el noveno inning del cuarto juego de la serie de campeonato de la Liga Americana. El derecho Derek Lowe, otro melenudo excéntrico, se convirtió en el primer pitcher en ganar tres juegos decisivos de series de postemporada en octubre, Fouke, el tercera base Bill Mueller, el catcher Jason Varitek y el jardinero derecho Trot Nixon, el pelotero más antíguo en el equipo, conocido por su casco atiborrado de alquitrán de pino, aportaron el lastre de coraje y determinación.  El amor venía en los correos electrónicos que traían palabras de los soldados en Irak quienes usas parches de los Medias Rojas en sus uniformes, o gorras de camuflaje de los Medias Rojas, los símbolos de una nación dentro de una nación. Los cañoneros del 3er. Batallón del 11th Marine Regiment, construyeron un Fenway Park en miniatura en Camp Ramadi. Los soldados se levantaban a las 3 a.m para ver a los Medias Rojas en el televisor de la sala de conferencias de Camp Liberty en Bagdad, los juegos terminaban justo a tiempo para que se formaran las tropas y recibieran sus instrucciones diarias de batalla.
 Una mujer escribió de visitar un templo antíguo en Tokyo, allí encontró este mensaje inscrito en un muro de oración:"Que los Medias Rojas siempre jueguen en Fenway Park, y que ganen la Serie Mundial en mi tiempo de vida".  Además de los correos electrónicos había cajas sobre cajas de cartas, fotografías, tarjetas postales, proyectos escolares y dibujos que siguen ocupando el pequeño espacio disponible en las oficinas de los Medias Rojas. La mayoría de las misivas mostraban profundo agradecimiento.  "Gracias", escribió Maryam Farzeneh, una estudiante graduada de Boston University desde Iran, "por ser otra razón para conectarnos mi novio y yo y amarnos. Él es aficionado de los Medias Rojas y se mudó a Ohio hace dos años. Hubo incontables noches cuando ponía el teléfono al lado del radio para escuchar el juego juntos".  Maryam nunca había visto un juego de beisbol antes de 1998. Ella sabía de la obsesión de sus familiares por los equipos de futbol. "Aunque debo admitir", escribió ella, "que no es comparable a la relación entre los Medias Rojas y los aficionados de Nueva Inglaterra".   Noche cerrada, y la niña descansa sobre su espalda en el asiento trasero de un sedan mientras este desde su hogar hasta Hartford. Ella mira las estrellas titilar entre los postes de madera de las líneas telefónicas que rítmicamente interrumpían su vista del cielo veraniego. Y está la compañía familiar de una voz grave en el radio del carro que narra el juego de beisbol de los Medias Rojas. El gran Ted Williams, el favorito de su madre, está al bate.  Roberta Rogers cierra sus ojos, y ella es esa niña pequeña de nuevo, y el mundo es de nuevo tan perfecto y lleno de posibilidades y maravillas como lo era en aquellas cálidos noches veraniegas mientras crecía en la Nueva Inglaterra de postguerra.  "Me rio cuando pienso en eso", dice ella. "No hay nada malo con las memorias. Nada".  Una vez por verano sus padres la llevaban a ella y su hermano, Nathaniel, a Boston para quedarse en el Hotel Kenmore y ver a los Medias Rojas en Fenway. A Nathaniel le gustaba operar las puertas de seguridad del ascensor del hotel, para a menudo dejar salir y entrar a los peloteros visitantes que se quedaban en el Kenmore.  "Mira", Kathryn Stoddard, su madre, dijo tranquilamenteun día mientras un caballero bien vestido bajaba  del ascensor. "Ese es Joe DiMaggio".  Kathryn, por supuesto, despreciaba tanto a los Yanquis que nunca los llamaba así. Ellos eran siempre los condenadosYanquis, como si fuera una sola palabra.  "No teníamos mucho dinero", dice Roberta. "No teníamos vacaciones, no íbamos a la playa. Eso era todo. Íbamos al Kenmore, y veíamos a los Medias Rojas en Fenway. Todavía tengo las imagenes...las multitudes, el estadio, los sonidos, la sensación del cemento bajo mis pies, pasar los perros calientes hasta el último de la fila, la gran pared verde, el anuncio de Citgo, era verde entonces, apareciendo a la vista cuando llegábamos a Boston en el carro, nos decía que casi estábamos ahí..."  Roberta vive en New Market, Va., ahora, su madre vive cerca en un hogar de retiro. Kathryn tiene 95 años de edad y aún se hace una idea de las personas a través del interés de estas por el beisbol.  "Aceptables si apoyan a los Medias Rojas, sospechosos si no lo hacen, y si es un condenado fanático de los Yanquis, ni una palabra", dice Roberta.
 El 27 de octubre, con dos outs en el cierre del noveno inning, Boston ganaba 3-0,Roberta caminaba en la sala, sus ojos se retiraron del televisor.  "Oh, Bill", le dijo a su esposo, "¡todavía pueden ser los Medias Rojas! ¡Todavía pueden perder este juego!"  No sin razón su madre los había llamado los Medias Nones todos esos años.  "Y entonces oi el rugido", dice Roberta.  Esta vez lo hicieron de verdad. Ganaron de verdad. Ella llamó a sus hijos y llamaron a "todos los que se les ocurrieron". Era muy tarde para llamar a Kathryn, pensó ella. La vista y el oido de Kathryn están fallando, de seguro estaba durmiendo a esa hora.  Roberta fue a ver a Kathryn a primera hora la mañana siguiente.  "Mamá, ¿a que no sabes que pasó?¡Tengo las mejores noticias! "¡Ganaron! ¡Los Medias Rojas ganaron!" El rostro de Kathryn se iluminó con una gran sonrisa, levantó ambos puños en señal de triunfo. Madre e hija rieron y rieron. Como dos niñas pequeñas.  Queridos Medias Rojas:  Quiero sorprender a toda mi escuela y al director  Estudiante de un liceo de Maine, solicitando que el equipo completo visite su escuela.    "¿Es eso lo que pienso que es?"  El conductor del tren Acela de las 11:15 am que salía de Boston hacia Nueva York, Larry Solomon, había reconocido a Charles Steinberg y notó el tamaño de la caja que este llevaba.  "Si", replico el vicepresidente de los Medias Rojas. "¿Te gustaría verlo?"  Steinberg abrió la caja y reveló el trofeo de oro brillante del comisionado, el trofeo del campeonato de los Medias Rojas. Solomon, quién había sobrevivido a la leucemia y a apoyar a los Medias Rojas, contuvo las lágrimas.  Los Medias Rojas llevan el trofeo de gira para sus aficionados. Este día sale para Nueva York con una convocatoria de la Benevolent Loyal Order para los honorables sufridos viejos aficionados de los Medias Rojas, a.k.a. the BLOHARDS.  "Solo he llorado dos veces en mi vida", dijo esa noche Richard Welch de 64 años, y un BLOHARD. "Una cuando terminó la guerra de Vietnam y hace dos semanas cuando los Medias Rojas ganaron la Serie Mundial". A cada lugar que va el trofeo alguien solloza al mirarla. Cada quien quiere tocarlo, como Tomás al comprobar las heridas de Jesús. Tocar es reconocido.  "Sus recipientes emocionales se han llenado todos estos años", dice Steinberg, "y el trofeo flota sobre ellos. Es una experiencia intensa, catársica".  ¿Porqué? ¿Porqué debe ser tan intenso el vínculo entre un equipo de béisbol y las personas? Fenway Park es parte de eso, al ofrecer una continuidad física al vínculo, no solo porque el Big Papi se puede parar en el mismo cajón de bateo que Teddy Ballgame, sino tambien porque un hijo podría sentarse en la misma silla de madera como su padre.  "Tenemos nuestra historia trágica", dice el poeta Donald Hall, un nativo de Vermont quién vive en la casa donde su bisabuela vivi{o una vez.    Los Medias Rojas se especializaban, no como los Cachorros, en la miseria y la tristeza del beisbol sin esperanzas, sino en la agonía y el dolor. De hecho, la esperanza estaba en la cruel capacidad para romper corazones. Desde el equipo del Sueño Imposible de 1967 hasta la temporada pasada, los Medias Rojas han puesto sobre el terreno 31 equipos con record positivo en 37 años, en nueve de ellos llegaron a la postemporada. Era lo suficientemente buenos para crear dolor. "Probablemente son los crueles inviernos que tenemos en Nueva Inglaterra", explica Mike Barnicle. "Cuando los Medias Rojas reaparecen, es la temporada de regreso del sol, retorna la calidez y los asociamos con eso".  "También, mucho tiene que ver con como el area es más estable en términos demográficos que muchos lugares. La gente no se va de Nueva Inglaterra. Se quedan aquí. Y otros vienen a estudiar en la universidad y se contagian de la fiebre de los Medias Rojas. La contraen a los 18 años y la llevan consigo cuando se van al mundo".
Continuará...

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