sábado, 14 de junio de 2025

Larry Jaster, el maestro de los Dodgers.

19-10-2012. Frank Jackson. The Hard Ball Times.
En la historia del beisbol, siempre hay actuaciones que desafían los pronósticos. Cualquier día, un bateador mediocre puede tener un gran juego contra un pitcher élite, o un pitcher mediocre puede dominar a un toletero. Más difícil de explicar es el fenómeno de ciertos lanzadores quienes habitualmente dominan a ciertos equipos. Un pitcher estrella que domina a un equipo débil no sorprende a nadie, pero cuando un pitcher relativamente oscuro domina a un equipo poderoso, entonces hay que prestar atención. No hay discusión con el hecho de que los Yanquis fueron el equipo dominante de la Liga Americana desde 1955 hasta 1961, al ganar el banderín cada año a excepción de 1959. Aún así durante ese período, ellos fueron tratados con rudeza por Frank Lary, un pitcher de los Tigres quien tuvo marca de 27-10 contra ellos durante esas temporadas. El éxito de Lary voló en la cara de los pronósticos, pero durante el período de su dominio sobre los Yanquis, él fue uno de los mejores pitchers de la Liga Americana. Durante ese período 1955-1961, lideró la liga en victorias (117), juegos completos (115), innings lanzados (1799,2) aperturas (242), y bateadores enfrentados (7569). Ganó 21 juegos en 1956 y 23 en 1961. En 1958, su mejor temporada contra los Yanquis, tuvo marca de 7-1 contra ellos. Despues de 1961, Lary estuvo plagado con lesiones en el hombro. Los próximos cuatro años, tuvo marca de 11-23 con los Tigres, Bravos, Mets y Medias Blancas. Se retiró a los 35 años. Así que podemos decir que Lary fue un buen pitcher quien fue grande cuando lanzaba contra los Yanquis. Él sobreactuaba, pero no mucho. La N y la Y intercaladas parecían motivarlo a lanzar mejor. Así ¿cuantas motivaciones necesitaríamos tomar en cuenta para Larry Jaster de los Cardenales, quien lanzó cinco blanqueos contra los Dodgers en 1966? Yo no llegaría tan lejos como para decir que él salió de la nada, pero probablemente pareció de esa forma para los fanáticos de los Dodgers. Jaster hizo su debut en septiembre de 1965, así que todavía era novato en 1966. Su futuro lucía brillante luego de tres victorias en juegos completos en septiembre de 1965 y una efectividad de 1.61. Esto había sido inesperado, porque su registro con los Oilers de Tulsa AA había sido 11-13 con 3.09 de efectividad. En 1966, los Dodgers ganaron el banderín mientras los Cardenales terminaron con 83-79, bueno para el quinto puesto en una liga de diez equipos. Sacando los cinco juegos que lanzó Jaster, los Dodgers tuvieron marca de 10-3 contra los Cardenales. Así que los Dodgers no fueron dominados por Nelson Briles, Al Jackson, Ray Washburn, ni siquiera por Bob Gibson. Los cinco blanqueos de Jaster lo igualaron en el liderato de la liga con Jim Bunning, Jim Maloney, Larry Jackson, Bob Gibson y Sandy Koufax. El último, en particular, estuvo formidable, comandó la liga en juegos completos y triunfos (27), efectividad (1.73) y ponches (317). Fue otra temporada de premio Cy Young para Koufax. Tambien fue su última temporada, aunque nadie lo sabía en ese momento.
Afortunadamente para Jaster, cada vez que el subió al montículo contra los Dodgers, nunca tuvo que enfrentar a Koufax. Eso no significa que los pitchers con quien rivalizó fueron fáciles presas. Estos son los detalles de cada juego: Blanqueo No. 1 – 26 de abril, cinco hits, victoria 2-0 ante Claude Osteen en DodgerStadium. Blanqueo No. 2—3 de julio, 3 hits, victoria 2-0 ante Don Drysdale en DodgerStadium. Blanqueo No. 3 – 29 de julio, cinco hits, victoria 4-0 ante Don Dryadale en Busch Memorial Stadium. Blanqueo No. 4 – 19 de agosto, cinco hits, victoria 4-0 ante Claude Osteen en DodgerStadium. Blanqueo No. 5 – 28 de septiembre, cuatro hits, victoria 2-0 ante Don Sutton en Busch Memorial Stadium. Todos los pitchers que él derrotó fueron oponentes meritorios. Drysdale y Sutton están ambos en el Salón de la Fama. Drysdale tuvo un año bajo (13-16 con efectividad de 3.42) en 1966. Algunos especularon que su famosa huelga dual con Koufax esa primavera lo había afectado. Sutton estaba en su año de novato (12-12 con 2.91 de efectividad), y Claude Osteen estaba a mitad de camino en una carrera de 18 años en la cual tuvo casi 400 decisiones (196-195). En 1966, tuvo marca de 17-14 con 2.85 de efectividad. No tener que haber enfrentado a Koufax fue una ventaja para Jaster, pero pienso que eso no desmerita lo que él logró esa temporada. Cuarenta y cinco innings de blanqueo en una temporada contra cualquier equipo es noticia resaltante aún si el equipo es sotanero. En 2012, por supuesto, cinco blanqueos habrían puesto a Jaster al tope de la lista de MLB. De hecho, sus seis juegos completos lo habrían puesto al frente de esa categoría con Justin Verlander. Contra el resto de la Liga Nacional en 1966, Jaster no estuvo ni de cerca impresionante. Sacando las victorias y los innings lanzados de sus conquistas ante los Dodgers, tuvo marca de 6-5 con 4.64 de efectividad. Jaster apareció cuando el pitcheo era el nombre del juego, y los Dodgers no eran ni de lejos la fuerza ofensiva que habían sido en años pasados. Los Dodgers de 1966 batearon .256, el promedio de la liga, pero luego de eso estuvieron por debajo del promedio. Fueron octavos de la liga en carreras anotadas con 606, superando solo a los Cardenales y los Mets. Ellos empataron a los Cardenales en el octavo lugar en jonrones con 108, superando solo a los Mets con 98. Fueron blanqueados doce veces además de sus careos contra Jaster. Un pitcheo destacado mantuvo a los Dodgers en la pelea y al final les significó el banderín; con solo la producción promedio de carreras, ellos podían ganar el banderín. Aquel banderín de la Liga Nacional de 1966 llegó al último fin de semana de la temporada, cuando los Dodgers se encontraron en Filadelfia, necesitaban solo una victoria para asegurar. El viernes en la noche, Chris Short de los Filis logró su victoria 19, al vencer a Claude Osteen, 5-3. El juego del sábado fue suspendido por lluvia, lo cual ocasionó un doble juego el día siguiente. En el primer juego, Chris Short regresó en relevo para llevarse su vigésimo triunfo luego que los Filis anotaron dos carreras en el cierre del octavo inning para alcanzar una victoria 4-3. En el segundo juego su compañero Jim Bunning estaba fajado por su victoria 20, pero su rival era Sandy Koufax, regresando de un corto descanso, había vencido a los Cardenales 2-1 el jueves previo, un día después del blanqueo final de Jaster. Koufax emergió victorioso con margen de 6-3 y los Dodgers enfilaron hacia casa para enfrentar a los Orioles en la Serie Mundial.
Si Koufax no hubiese ganado ese juego, los Dodgers hubiesen terminado con marca de 93-68. Los Gigantes habrían tenido que jugar un juego de reposición contra los Rojos para ver si podían empatar a los Dodgers, y si lo hubiesen hecho, habría un playoff contra los Dodgers. Así que la victoria de Koufax le ahorró un dolor de cabeza a los Dodgers. Te puedes imaginar la euforia de los Dodgers luego de la disputada victoria final en Filadelfia. No tengo que imaginarla, la vi en persona. Junto con otras 23.214 almas, asistí a aquella doble cartelera final en 1966. La euforia, sin embargo fue efímera. Si no recuerdas la debacle de los Dodgers en la Serie Mundial de 1966, puedes haber oído de ella. Los Orioles de Baltimore habían terminado nueve juegos por delante de los Mellizos para conseguir el primer banderín del equipo, pero aún eran el batacazo. Los abridores de Baltimore despacharon a los Dodgers en cuatro seguidos. Los pitchers de los Dodgers no se derrumbaron, mantuvieron a los Orioles en diez carreras limpias y un promedio de bateo de .200. Pero las dos carreras que los Dodgers marcaron en el tercer inning de su primer juego terminaron su anotación en la Serie. Jim Palmer, Wally Bunker y Dave McNally lanzaron tres blanqueos seguidos en los juegos del segundo al cuarto. Los Dodgers batearon para .142 en la Serie, y sus 33 innings en blanco fue un record de Serie Mundial. ¿Habían los Orioles contratado a Jaster como coach de pitcheo honorario o que? Los Dodgers debieron haber ponderado que su destino hubiera sido diferente si ellos hubiesen sido capaces de manejar a Larry Jaster. Su último blanqueo el 28 de septiembre dolió de verdad. Si ellos hubieran asegurado al banderín antes del último día de la temporada, pudieron haber comenzado la Serie con Koufax, lo cual les aseguraría que él pudiera regresar en el cuarto juego. ¿Hubiese hecho eso una diferencia? El resultado pudo haber sido el mismo pero al menos no hubiesen sido humillados. El éxito de los Orioles fue el primero de una corrida de apariciones en la Serie Mundial desde finales de los años ’60 hasta comienzos de los ’80, pero para Larry Jaster, no hubo segundo acto. Había tenido su pico en su año de novato. En 1967 y 1968 tuvo marcas de 9-7 y 9-13. Los Cardenales no lo protegieron para el draft de expansión realizado después de la temporada de 1968, y Jaster se encontró como miembro de la escuadra inaugural de los Expos de Montreal. Como pitcher abridor de los Expos en el juego inaugural en casa el 14 de abril de 1969, Jaster hizo el primer envío de un juego de beisbol de Grandes Ligas efectuado fuera de Estados Unidos. Los Expos vencieron a los Cardenales 8-7, pero Jaster no estuvo lo suficiente en el juego para apuntarse la victoria. Una curiosa nota a pie de página de su única temporada en Montreal fue su desempeño con el madero: de 19-8, bueno para .421 de promedio. Eso fue suficiente para Jaster y la historia del beisbol. Ganó un juego para los Expos en 1969 y un juego en 1970 y otro en 1972 para los Bravos. Durante ese lapso, sus innings lanzados en Grandes Ligas disminuyeron desde 77 hasta 22.1 hasta 12.1. Pasó cinco temporadas con la organización de los Bravos pero más con su equipo filial de AAA en Richmond que en Grandes Ligas. Lanzó su último juego en las mayores a la edad de 28 años y se retiró como pelotero a los 30. Normalmente, cualquiera con una marca de Grandes Ligas de 35-33 y efectividad de 3.64 no tendría un gran espacio en los anales del beisbol. Aquellos cinco blanqueos contra los Dodgers (tuvo siete en su carrera) hicieron de Larry Jaster la excepción. Los Dodgers no eran un equipo bateador, pero ganaron el banderín en 1966, así que el logro de Jaster merece estar en los libros.
Acerca de Frank Jackson Frank Jackson escribe de beisbol, cine e historia, algunas veces de todo a la vez. Él ha visitado 47 estadios de Grandes Ligas, muchos de los cuales aún existen.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Noviembre 23, 2015.
Nota del traductor: Larry Jaster actuó en la Liga Venezolana de Beisbol Profesional con Tiburones de La Guaira en la temporada 1969-1970: 20 J, 6 G - 6 P, 122.1 IP, 114 HP, 83 K, 32 BB, 2.58 Efect. En el playoff semifinal versus Cardenales de Lara, lanzó un juego completo que ganó, su efectividad fue 2.00. En la serie final lanzó el segundo juego ante Magallanes y perdió 1-0 versus Don Eddy. Reforzó a Navegantes del Magallanes en la Serie del Caribe de 1970 y abrió el juego decisivo ante Puerto Rico (Leones de Ponce) el 10 de febrero de 1970. Lanzó 7.1 innings y permitió 3 carreras (dos limpias), no tuvo decisión, fue relevado por Aurelio Monteagudo quien se apuntó el triunfo.

viernes, 13 de junio de 2025

Águilas y Magallanes intercambian piezas claves.

Los cambios, movimientos de peloteros, ajustes de nómina, son requerimientos o mejor dicho decisiones que como implican riesgos y coordinación. Se puede tener la mejor intención al obtener tal o cual pelotero, sin embargo la palabra final se expresará en el terreno de juego. Esta transacción donde los Navegantes del Magallanes envían a las Águilas del Zulia a Alberth Martínez, Arturo Nieto, Ángelo Castellano, Brayan Palencia, Aeverson Arteaga, Jesús Tillero, y Victor Arias para recibir a Angel Reyes, Sandy León, Rougned Odor, Jefferson Medina y José David Pirela, resulta tan o hasta más crucial o esperanzadora en la estructuración del equipo para la campaña 2025-2026 que las dos anteriores. Nadie discute la importancia e influencia que pudiesen tener José Suarez, Inmer Lobo, Luis Sardiñas, Thairo Estrada o José Bastardo en el desempeño e los Navegantes esta misma venidera temporada. Sin embargo Sandy León, Ángel Reyes y Rougned Odor, podrían significar la espina dorsal de un equipo muy competitivo. Sandy León podría convertirse en ese receptor de gran injerencia tanto en comunicación con sus lanzadores como con el resto del equipo, amén de sus grandes cualidades defensivas detrás del plato (mascoteo, bloqueo, brazo), lo cual hace cierto tiempo no se aprecia en Magallanes. Por supuesto que es necesaria la alternabilidad con Ramón Cabrera y (si están disponibles, esperemos que sí) Eliezer Alfonso Jr. y Pablo Aliendo, lo cual conformaría la profundidad en esa posición y la consiguiente estabilidad estratégica del equipo. La presencia de León, aún desde el dugout, o desde el aparente unilateral puesto de bateador designado, podría significar ese elemento regulador de tensiones, facilitador de soluciones sobre la marcha, observador de puntos casi invisibles en la mecánica del pitcher o en la ubicación del receptor de acuerdo al tipo de bateador y las características del pitcher. Todo un cúmulo invalorable de conocimientos propios de un cátcher como León. Ángel Reyes siempre ha ten ido una defensiva por encima del promedio, su brazo es promedio, se recuerda como estabilizó la defensa de los jardines y también le medio de la alineación en aquella temporada 2021-2022 cuando Magallanes dirigido por Wilfredo Romero terminó alcanzando el campeonato de LVBP. Se espera que en esta ocasión Reyes aporte esa regularidad defensiva que complemente a Carlos Rodríguez en el jardín central y a ¿Miguel Aparicio? O ¿un importado? Que cubra el jardín derecho. De Rougned Odor se espera que también aporte su buen nivel defensivo en segunda base, con buen alcance y posicionamiento a demás de muchos reflejos a la hora de perseguir elevados hacia el jardín derecho corto. Por otro lado el bateo de Odor pudiera convertirse en esa pieza ideal antes o después de Renato Núñez en la alineación.
Tercer cambio en tres meses de gestión de Federico Rojas, parece un ritmo muy intenso, sin embargo las piezas que se han obtenido llaman mucho la atención y hacen imaginar el inicio de la temporada para ver y comprobar lo que se espera que hagan, lo que justifique haber entregado también jugadores valiosos. Restan cerca de cuatro mese para el inicio de la temporada. ¿Habrá más cambios? Es probable. Aunque también es probable que no sean tantos como hasta ahora. También hay que mantener algo del equipo de la temporada anterior, los testigos de lo que se hizo y dejó de hacer, las voces a escuchar para evitar errores pretéritos.
Alfonso L. Tusa C. Junio 13, 2025 ©

jueves, 12 de junio de 2025

Fumero: El Mago del Campo Corto.

José Manuel Rivero. Sport Gráfico.
Domingo Martín Fumero, valioso defensor del campo corto del Universidad Central, fue la figura principal del encuentro que su conjunto le ganara al Urbanos y en el cual su compañero Luis Manuel Hernández conquistó el quinto “nueve ceros” de los “estudiantes” en la campaña. Mientras recibía un sinnúmero de felicitaciones, “SPORT GRÁFICO” entabló con él un simpático diálogo para recordar sus mejores hazañas. __ ¿La atrapada que acabas de realizar ha sido la más notable de tu carrera? __No hermano!, mi mejor atrapada creo haberla ejecutado sobre un batazo de Alfonso Arnal, en juego contra el Vigilantes, en la temporada del 63. __ ¿Cuál es tu mayor ambición dentro del deporte? __ Mi mayor ambición en el beisbol consiste en ver convertido al equipo de la Universidad en el más poderoso de los que actúan en el beisbol venezolano. Creo que estoy muy cerca de verlo cumplido. __Durante mi trayectoria como pelotero he defendido a Venezuela en varias ocasiones, pero recuerdo con mucha satisfacción mi presencia en los Juegos Panamericanos de Chicago. En ellos conecté de 20-7 y me situé como el más destacado infielder de la grama corta. En el partido que ganamos a los Estados Unidos con jonrón bestial del “Negro” Flores y pitcheo de Luis Peñalver, ligué de 3-2 y tuve la suerte de hacer una atrapada, que según todos, fue sensacional. __En varias oportunidades fui seleccionado para series internacionales, pero lamentablemente pude asistir a muy pocas por los estudios. Espero, en cambio, poder concurrir a futuras competencias, ya que gracias a Dios estoy graduado. __ ¿A cuantas competencias internacionales o nacionales has asistido? __ Solamente he podido participar en dos nacionales, pero en el campo internacional estuve presente en los Panamericanos de Chicago del 59; en los Centroamericanos efectuados en el 58 en Caracas y en los Bolivarianos de Colombia en el 61. También he participado en intercambios con Cuba, Curazao, Aruba y Colombia. __ ¿Cuántos campeonatos individuales tienes en tu haber? __ He sido champion infielder en cinco ocasiones. Una vez en los Bolivarianos, con un pecado y en los Panamericanos de Chicago, sin errores. Las otras tres corresponden a campeonatos distritales. “Fumerito” se retira apresuradamente, pues cantidades de fanáticos de la tolda estudiantil se aprestaban a felicitarlo y a echarle bromas. Junto a Luis Manuel Hernández, Domingo ocupa sitio de preferencia en la fanaticada universitaria, siendo ambos queridos, como ídolos auténticos, pues tanto uno como el otro han sabido ganarse las simpatías de todos.
Trascripción: Alfonso L. Tusa C. Junio 03, 2025.

miércoles, 11 de junio de 2025

Adrian Garrett antiguo pelotero de los Cachorros y manager de ligas menores de los Medias Blancas de Chicago, fallece a los 78 años de edad.

Jugó para los Cachorros en el período 1970-73 y de nuevo en 1975. Fue manager de ligas menores con los Medias Blancas en 1982.
Associated Press. 23 de abril de 2021.
Adrian Garrett, quien actuara ocho temporadas en las ligas mayores, y luego desarrollara una carrera como técnico de beisbol, ha fallecido. Garrett dejó de existir este jueves 22 de abril, debido a una neumonía, en el Ascension Seton Hays Hospital de Kyle, Texas; dijo el vocero de los Mets de Nueva York Jay Horowitz este viernes 23. El hermano menor de Adrian Garrett, Wayne, fue tercera base de los Mets campeones de la Serie Mundial en 1969. Un cátcher y jardinero, Adrian Garrett nació en Brooksville, Florida, y se graduó en Sarasota High School. Firmó con los Bravos de Milwaukee en 1961 y debutó con los Bravos de Atlanta el 13 de abril de 1966. Bateó de 3-0 en cuatro juegos con los Bravos ese año y no regresó a las grandes ligas hasta 1970 con los Cachorros. Jugó con los oseznos hasta 1973 y otra vez en 1975, también para Oakland (1971-72) y los Angelinos de California (1975-76). Bateó para .185 con 11 jonrones y 37 carreras impulsadas en 163 juegos. Garrett jugó con los Toyo Carp de Hiroshima de la Liga Central de Japón desde 1977 hasta 1979, y ganó un título de la serie japonesa en su temporada final. Fue manager de ligas menores con los Medias Blancas en 1982. Se desempeñó como instructor de bateo y fue coach en las grandes ligas con los Reales de Kansas City durante el lapso 1988-92. Fue coach de ligas menores con los Marlins y coach de bateo con el equipo AAA de los Rojos de Cincinnati en Louisville desde 2003 hasta 2011, seguido de cuatro años como instructor de bateo a medio tiempo con los Rojos. Wayne Garrett jugó con los Mets, Expos de Montreal y Cardenales de San Luis desde 1968 hasta 1978. Un tercer hermano, Charles firmó con los Bravos de Milwaukee y estuvo cinco años en las ligas menores. A Adrian Garrett le sobreviven su esposa Linda; su hijo Jason, su hija Angela y tres nietos.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. 25 de abril de 2021.
Nota del traductor: Adrian Garrett participó en cinco temporadas de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional, debutó en la campaña 1966-67 con Industriales del Valencia, con quienes bateó para .289 en 34 juegos, 33 imparables en 114 turnos al bate. Luego jugó tres temporadas con Tigres de Aragua en el lapso 1973 – 1976, su mejor temporada con los Tigres y en todo su tráfago por LVBP fue la 1973-1974, cuando en 61 juegos bateó para .317, 69 imparables, 10 dobles, 8 cuadrangulares, 39 carreras impulsadas, 42 carreras anotadas, 218 turnos al bate. Aunque en sus otras dos temporadas con los Tigres (1974-75 y 1975-76) su equipo se tituló campeón. En la serie final de la temporada 1974-75 bateó para .435 con 10 imparables en 23 turnos al bate, 3 dobles, 1 triple, 2 jonrones, 12 carreras empujadas, 8 carreras anotadas, en seis juegos. En la temporada 1976-77 vistió el uniforme de los Leones del Caracas y bateó para .313 en 38 juegos, 147 turnos al bate, 46 imparables, 3 dobles, 5 jonrones, 20 carreras empujadas, 18 carreras anotadas. Además implantó una marca para LVBP de más juegos seguidos (28) bateando al menos un imparable, la cual sigue vigente.

martes, 10 de junio de 2025

Ernest Hemingway, su inspiración por el beisbol.

Cada vez que regreso a mi ciudad natal resulta inevitable revisitar la casa de Andrés Eloy Blanco frente a la plaza Bolívar, solo para sentir su obra literaria a través de una frase inolvidable de él acerca de Cumaná: “Mariscala de mi niñez, Marinera de mis sueños”. Sigo avanzando en la calle Sucre por unas siete cuadras hasta llegar a otra casa de grandes ventanas, el lugar de nacimiento de José Antonio Ramos Sucre, la esencia de la poesía hierve por todos lados. Puedo notar una paz misteriosa entre los rincones y el viento silbando en las ventanas me hace imaginar al fantasma del poeta. De vuelta a casa, me detengo en una calle transversal. Hace tiempo, en esa calle había un café literario llamado “El bote de Ernest Hemingway”. Muchos profesores de liceos y la universidad, escritores, estudiantes, solían ir allí para compartir ideas e inspiraciones literarias. Ahora la edificación está abandonada, la puerta de en frente casi derribada, estaba cubierta de telarañas por todas partes. Siempre trato de saltar o empujar las pesadas y polvorientas ventanas con la esperanza de ver la sala principal del lugar, la que hacía que pareciera más un museo que un café. Era un local de siete por siete metros. El piso era de baldosas azul oscuro. Tenían un reflejo especial amarillo que simulaba la arena del fondo del mar. Las paredes laterales estaban pintadas con ese azul claro propio del cielo de Cumaná. La pared del fondo mostraba un marlín gigante flotando sobre el mar con las gradaciones de naranja a tonos rojizos del atardecer cerca del rincón, a su lado la noche asomaba su oscuridad cargada de estrellas. Esa sala tenía una ventana de cierta dimensión en el techo. A través de ella la luz solar o lunar iluminaba la majestuosidad de un bote de cinco metros de eslora por uno y medio de ancho, dentro había dos arpones atados a más de veinte metros de cuerda, un estuche con cinco tipos diferentes de anzuelo, una biblia de bolsillo, un ancla, unos binoculares, una atarraya de nylon, una botella de licor, un balde metálico y un cuaderno de páginas amarillentas y letras descoloridas. Cada día había al menos diez visitantes en esa sala y cada día había al menos una mención de la inspiración de Hemingway en el beisbol para escribir “El Viejo y el mar”. Las discusiones eran tan encendidas que el dueño del local tenía que pedirle a los clientes que bajaran la voz. Sabiendo lo estricto que era Hemingway con su proceso de escritura, el largo tiempo que pasaba de pie frente a sus páginas escritas, borrando y corrigiendo, hasta reconstruyendo pasajes enteros de sus cuentos y novelas, resulta sorprendente como se las arregló para incluir al beisbol con tal naturalidad en algunos de sus trabajos. Es realmente fascinante la manera como Hemingway establece un paralelismo entre Santiago, el viejo pescador en “El Viejo y el mar” y Joe DiMaggio en sus últimos años como pelotero. Tal vez el escritor se inspiró en el hecho de que el padre de DiMaggio también fue pescador, tal vez quería mostrar como el tiempo puede afectar las habilidades físicas de un pescador y un pelotero, o tal vez quería pintar un paisaje de épica y redención al mostrar que el viejo pescador todavía podía arreglárselas para atrapar un gran pez y el viejo pelotero todavía liderar a su equipo para ganar una Serie Mundial. Hubiese sido realmente emocionante haber tenido la oportunidad de espiar la rutina de escritura de Hemingway temprano en las mañanas o tarde en las noches, fajándose con sus manos, lidiando con sus pesadas sandalias para encontrar las ideas y palabras adecuadas que incrustaran sus sueños de beisbol en sus historias.
Él tenía su propio campo de beisbol en su casa cuando vivía en Cuba en la década de 1950. Allí Hemingway le enseñaba lo que sabía a su hijo Greg (GiGi) y los amigos de este. Tal vez quería probarse lo mucho que apreciaba al beisbol y cuanto lamentaba no haber escrito de ese juego cuando trabajó como periodista en The Kansas City Star. Explicaba casi de mal humor que nunca escribió una palabra relacionada con el beisbol para las páginas de The Star, pero reconocía que había desarrollado una técnica de escritura a través de sus lamentos por no ser periodista deportivo. Tomó como modelo la manera como un jardinero anticipaba un batazo hacia sus predios, como corría, volteaba hacia atrás, y finalmente estiraba su guante para atrapar la pelota, de esa manera se inspiraba para poner en papel la estructura, el argumento que sorprendía a los lectores al describir situaciones, delinear dramas de manera inesperada. Hay un pasaje en “El Viejo y el mar”, donde el personaje principal, Santiago, tiene momentos difíciles al forcejear con el marlín una vez que este ha mordido el anzuelo. La criatura marina empieza una intensa batalla para liberarse del anzuelo de Santiago y el pescador tiene que recurrir a todas sus fuerzas pero eso no es suficiente para vencer al marlín. Así que Santiago se mantiene batallando por unos tres días. Allí Hemingway recurre al arte de su escritura y utiliza al beisbol como referencia, como un paisaje donde la historia pueda mantener su intensidad. Así que provee a Santiago con algunas imágenes de lo que había escuchado en la radio o leído en los periódicos acerca de Joe DiMaggio. Sabía que DiMaggio también se acercaba al final de su carrera beisbolera. Cuando recordó como DiMaggio se había recuperado de un espolón en un tobillo para regresar a jugar al tope de sus condiciones con los Yanquis de Nueva York, Santiago sacó fuerzas de la flaqueza y continuó fajándose con el marlín a pesar de los calambres de su mano izquierda. El beisbol sigue flotando en la atmósfera de la historia cuando Santiago permanece batallando con el marlín, tratando de arrastrarlo hasta el bote. La batalla dura tres días. Santiago se molesta mucho porque no puede atrapar al marlín y lo pierde ante los tiburones, lo cuales devoran al pez hasta solo dejar el esqueleto. Apenas puede repeler a los tiburones a punta de golpes de remo. Mientras aconseja a Manolin para que se haga beisbolista, Santiago rememora la imagen de DiMaggio y como este había pasado por momentos difíciles en sus últimas temporadas con los Yanquis. No fue el mismo pelotero, después de recuperarse del espolón, no podía correr lo suficiente para alcanzar los elevados y linietazos que bateaban hacia el jardín central, tampoco podía batear la pelota con la misma fuerza que lo hizo en sus grandes años. Santiago se siente como DiMaggio en su última temporada, no es capaz de atrapar un solo marlín cuando en sus mejores momentos podía hasta pescar dos o tres peces grandes en un día. La última vez que pasé por “El Bote de Ernest Hemingway”, era casi de noche, pero todavía pude ver el salón donde estuvo el bote por mucho tiempo. La luz de la luna entraba en el salón a través del hueco donde solía estar la ventana del techo, y pude ver todas las señales del bote. Cerca de la proa estaba un bate de beisbol donde se leía Joe DiMaggio Slugger. En algún lugar de la popa había dos libros “El Viejo y el mar” y “Al Romper el alba”. Uno estaba abierto en la primera página, el otro en alguna página intermedia con algunas líneas subrayadas. También había un guante de beisbol a mitad de estribor, en uno de los dedos del guante, se podía leer el nombre Manolín. Sin importar cuanto tiempo había pasado desde la última vez que estuve en ese salón, todavía podía escuchar las voces de los profesores y estudiantes hablando de literatura. Andrés Eloy Blanco, Ramos Sucre y por supuesto Hemingway. Casi siempre permanecían allí hasta muy tarde en la noche.
Esa noche no pude dejar de pensar en “El Bote de Ernest Hemingway”, durante todo el camino de vuelta a casa. Quería recordar en cual página estaba abierto el libro “Al Romper el alba”. Estuve despierto hasta casi las dos de la madrugada pero no pude recordar esa página. Miré con tal profundidad la lámpara de mi habitación que pude caminar otra vez dentro del salón principal de “El Bote de Ernest Hemingway”. Me acerqué al bote y casi me caí al acercarme a la popa. Tomé el libro “Al Romper el Alba”. En la página donde estaba abierto, Hemingway escribió algo acerca del alma humana, que él no sabía nada de ella. Lo más cerca que estuvo de aclarar ese concepto fue a través del beisbol. Recordó que de niño fue a ver un juego de los Medias Blancas de Chicago, tenían un tercera base llamado Harry Lord, quien podía batear roletazos en foul por la línea de tercera base hasta que el pitcher rival se hastiaba o el juego tenía que ser suspendido, debido a que eran los días cuando los estadios no tenían alumbrado eléctrico. Harry seguía bateando roletazos en territorio foul y la gente le gritaba desde la tribuna: “Oye Lord, espero que Dios se apiade de tu alma”. Puse el libro de vuelta en la popa del bote y me recosté en una pared lateral. A medida que la luz de luna aumentaba su intensidad a través de la ventana del techo, oi un sonido en la pared del fondo. Al acercarme al bote, una especie de voz oxidada llegó desde babor. Un viejo de anteojos enfundado en una de esas camisas cubanas llamadas “guayabera” paralizó mi aliento. Casi me derrumbé. El tipo rió y se sentó dentro del bote, al lado de los arpones. “Tranquilo, hijo. Solo soy un fantasma tranquilo y triste. No voy a lastimarte. Solo quiero contarte algo que tal vez ayude a definir mejor lo que entiendo por la palabra alma. Despues de haber escrito el manuscrito de este libro, investigué mucho de beisbol en los periódicos. Así fue como supe de Pete Pistol Reiser y Roberto Clemente. Ambos batearon jonrones dentro del campo para dejar en el campo al rival. Si el triple es considerado el batazo más excitante del juego, para mí es incapaz de transmitir lo que implica un jonrón dentro del campo. Piensa por un momento como un bateador empieza a correr a través de las bases mientras la pelota aterriza en el rincón más remoto del campo, y como se mantiene corriendo sin importar que el tiro de relevo venga en camino hacia la mascota del cátcher con una gran posibilidad de sacarlo out. Eso fue lo que Reiser hizo el 11 de mayo de 1946 en el cierre del noveno inning contra Hugh Mulcahy de los Filis de Filadelfia, y Clemente ejecutó el 25 de julio de 1956 también en el cierre del noveno, sin outs y con las bases llenas y los Piratas perdiendo 8-5 ante los Cachorros de Chicago en Forbes Field. Enfrentaba al relevista Jim Brosnan. Clemente bateó una línea hacia la pared del jardín izquierdo. Había empujado las tres carreras del empate, corría con tal intensidad que ignoró las señas de detenerse del coach de tercera base Bobby Bragan. Clemente se deslizó en el plato y burló el tiro de relevo de Ernie Banks, a pesar de que falló en tocar el plato, inmediatamente estiró la mano hacia atrás y lo tocó ¡Qué jugada tan vertiginosa! Ha sido la única vez que un jugador ha bateado un jonrón dentro del parque con las bases llenas para dejar en el campo al contrario”. Seguí mirando al viejo barbudo de mirada punzante. La luz de luna aumentaba aún más su intensidad a través de la ventana del techo. El viejo había dejado de hablar por un momento para tragar saliva y respirar profundo. “Esos dos jonrones dentro del parque me impactaron. De verdad tienes que tener el alma grande para literalmente volar por las bases desde el plato para lograr el jonrón que le da la victoria a tu equipo…”
Cuando desperté todavía eran las cinco y media de la madrugada. Me levanté, apagué la luz de la habitación y salí al balcón. Había luna llena como la mayoría de las noches que visité ese salón. Me vestí en pocos segundos y corrí por las calles de Cumaná hasta que empujé la puerta cubierta de telaraña. Salté sobre la basura y los arbustos que habían crecido dentro de “El Bote de Ernest Hemingway”. Podía ver las baldosas azul oscuro cubiertas por una capa de polvo y froté mis manos en la pared del fondo para ver la pintura del marlin. Algo de luz matinal entraba por el hueco que alguna vez fue ventana en el techo y fui a donde estaba el lado babor del bote, había una página que decía “Al Romper el alba” en la parte superior, al lado de la numeración. Entre aquellas letras borradas por el polvo y la humedad se podía leer “Harry Lord”.
Alfonso L. Tusa C. 26 de abril de 2018. ©

lunes, 9 de junio de 2025

El cuento de los Marcelino

El túnel de trinitarias aislaba la mitad de la incandescencia meridiana. Cada mediodía huías ante la inminencia del almuerzo. Esos pedazos de vituallas y carne flotando en el caldo caliente parecían monstruos espaciales transportados en platos voladores. Tú mamá debió recurrir al abuelo para intentar sacarte de aquel laberinto de trinitarias. El señor tocó los tallos doblados. Hijo ¿quieres que te cuente el cuento de los Marcelino? No abuelo así me tuviste toda la tarde ayer y nunca me contaste el cuento del gallo pelón. Está vez si hay una historia hijo. ¡Y qué historia! Terminó pasada la medianoche y los protagonistas tenía el mismo nombre, aunque hubo un tercero que también fue importantísimo, si no es por él, todavía estuvieran jugando. De que hablas abuelo. ¿Quiénes son esos tipos? Vas a tener que salir de ahí si quieres saberlo. Asomaste los ojos en los intersticios de tallos y hojas. Había elementos atractivos que dejaban a un lado al gallo pelón. Marcelino Sánchez por los Pericos del Valencia y Marcelino López por los Tiburones de La Guaira. Prendí el radio a eso de las 8 de la noche. Era la temporada 1962-63. La Guaira reemplazaba al Pampero. 02 de diciembre. Sánchez venía de ganar 6 juegos y perder 8 en 110.2 episodios y 2.35 de efectividad con el Valencia en la justa 1961-62. López venía de ganar 3 y perder 7 en 126 episodios y una efectividad de 5.57 con el Buffalo de la Liga Internacional AAA en la temporada de 1962. Y Dámaso Blanco venía de batear .255 con el Springfield de la Eastern League A y el Eugene de la Northwest League B. Sacaste los pulgares ente las flores de trinitaria. ¿Qué tiene que ver ese Dámaso Blanco en este cuento? El abuelo intentó meter la cuchara a través de las hojas. Si te sales de ahí verás que es lo que tiene que ver Dámaso con todo esto.
Sacaste la cara entre un manojo de hojas y el abuelo aguzó su mostacho. Esos Marcelinos se fajaron como los buenos por 15 innings. En ese momento tropezaste la cabeza con los tallos del túnel. López llegó a retirar cinco innings seguidos a paso de conga. Valencia se fue adelante en el segundo inning cuando Marcelino Sánchez negoció boleto con las bases llenas para remolcar a Ken Harrelson. La Guaira empató en el cuarto con sencillo de Dámaso. Abriste los ojos y casi mordiste una hoja. ¿Ese es el Dámaso….? Si ese mismo. Aquiles Gomez lo llevó a segunda base con toque de sacrificio y se embasó por error. Elio Chacón sacó otro boleto y Dave Roberts remolcó a Dámaso con elevado de sacrificio al jardín central. Mirabas hipnotizado los gestos del abuelo. Habías abandonado el túnel de trinitarias y casi le arrancas el plato de sopa de la mano. Ni siquiera veías el triciclo, mucho menos las guayabas en las ramas. En el décimo episodio JC Hartman, soltó un linietazo peligrosísimo hacia el jardín derecho. Luis Rodríguez corrió durísimo y agarró la pelota estirándose hasta casi tocar las trenzas de sus zapatos. Marcelino Sánchez respiró profundo y se montó en la goma de lanzar.
En el cierre del inning 15, Jesús Mora se embasó por infield-hit. Marcelino López recibió pelotazo y la tribuna se llenó de gritos y suspenso. Vino a batear Dámaso y soltó una bala fría al campo derecho que dejó en el campo al Valencia. Aunque Dámaso dice que fue una línea fuerte que bateó con la maceta del bate. Preguntaste si Sánchez se fue triste al dugout. El abuelo asintió. Pero del otro lado la alegría de López y Dámaso inundaba el estadio Universitario.
Alfonso L. Tusa C. Noviembre 05, 2012.

domingo, 8 de junio de 2025

Documentos arrojan Luz sobre la Vida y Muerte de Thurman Munson

David Waldstein. The New York Times. 01 de agosto de 2018.
La angustia aun flota en las páginas de la declaración, la cual ahora tiene casi 40 años de edad. En ella, un testigo llamado David Hall duda mientras testifica, y un abogado pregunta si necesita un receso. Hall dice que no y continúa. Para cuando termina, ha suministrado un recuento devastador de los momentos finales de la vida de Thurman Munson, el catcher de los Yanquis quien falleciera a la edad de 32 años cuando la avioneta que pilotaba se estrelló antes de llegar a la pista de aterrizaje del Akron-Canton Airport de Ohio el 2 de agosto de 1979. Hall estaba en la avioneta cuando esta se precipitó al suelo. En la declaración, él describe como inmediatamente después del impacto, Munson yace inmóvil, su cabeza volteó hacia los lados y se golpeó contra el panel de instrumentos. El cuello de Munson está doblado, se ha roto con la intensidad del impacto. Su cuerpo estaba paralizado. Aún así, testifica Hall, Munson le preguntó a él y a Jerry Anderson, el otro pasajero, si se encontraban bien. Y entonces, testificó Hall, las llamas empezaron a envolver el fuselaje de la avioneta Cessna Citation, y Munson murmuró, “Extintor de fuego”. Lo que siguió, dijo Hall, fueron las palabras finales pronunciadas por Munson, el corajudo capitán del equipo. “Ayúdame Dave”, dijo él. Hall y Anderson lo intentaron. Trataron de levantar el cuerpo inmovilizado de Munson desde su asiento, para liberarlo de los hierros retorcidos, pero no pudieron. Y a medida que el humo y las llamas invadieron la cabina, Hall, un instructor de vuelo que previamente había enseñado a Munson a volar aviones de helice, y Anderson, un amigo y socio de negocios de Munson, no tuvieron otra alternativa que escapar del lugar. Se ha escrito mucho a través de los años acerca de la muerte de Munson aquel día de agosto, pero hasta ahora las declaraciones que se hicieron en dos demandas que fueron realizadas después del accidente habían permanecido guardadas, ajenas al conocimiento público. Una de las demandas, efectuada por los Yanquis, fue despreciada antes de ir a juicio. La otra, introducida por la viuda de Munson, Diana, fue a juicio, pero el caso fue rápidamente resuelto luego de algun testimonio inicial. Las declaraciones proveen una especie de historia oral de la vida y muerte de Munson. Fueron conocidas este verano como resultado de los esfuerzos de Allan Blutstein, un abogado quien creció en Long Island como devoto seguidor de Munson y ha hecho carrera profesional de las acciones de Freedom-of-Information, incluyendo los recientes y controversiales documentos que involucran a los empleados de la Environmental Protection Agency.
Blutstein no necesitó hacer un documento de Freedom-of-Information para obtener las declaraciones del caso Munson. Simplemente fue diligente y gastó algún dinero. Despues de adquirir los documentos, los puso a la disposición de The New York Times. Las declaraciones, que incluyen testimonios de Yanquis notables como Reggie Jackson, Billy Martin y Craig Nettles, no contradicen la narrativa básica de la muerte de Munson, que fue un atleta destacado que empezó a efectuar vuelos menos de dos años antes, en parte para ir a su hogar de Ohio para ver a su familia en los días libres, y que murió mientras practicaba despegues y aterrizajes en el aeropuerto. Pero lo que las declaraciones proveen es una faceta reveladora de Munson, quien a veces era un gruñón pero siempre fue la piedra angular de un gran equipo de los Yanquis que había ganado las dos Series Mundiales previas en medio de las distracciones generadas por Jackson y Martin y George Steinbrenner, el impredecible dueño del equipo. Era Munson quien continuamente jugaba a un nivel alto sin crear controversias. Y fue Munson, de acuerdo a las declaraciones, quien era leal y terco, feroz e inocente. “Thurman tenía una rutina”, dijo Gene Monahan, masajista de los Yanquis por mucho tiempo, en su declaración del 29 de mayo de 1981. “Solía llegar al estadio y disfrutar dos galletas y un vaso de leche”. Dos meses antes de la declaración de Monahan, Jackson, la co-estrella y rival de Munson, y entonces, eventualmente su amigo, testificó que Munson se había desconectado del deporte que practicaba y del tiempo que pasaba lejos de su esposa e hijos”. “Estaba más interesado en volar esa avioneta que en jugar beisbol”, testificó Jackson. Martin, en su declaración, dijo que estaba preocupado, como manager del equipo, de que Munson se estuviera desgastando al volar entre juegos. “Siempre le decía, ‘No me gusta verte volar durante la temporada’ “, testificó Martin. En su declaración, a Diana Munson le preguntaron si su esposo tomaba pastillas, cuando jugaba, en referencia a las anfetaminas que tomaban muchos peloteros en las décadas previas a las pruebas de drogas, dada la energía que estas proveían. Ella dijo que él las había tomado, pero agregó que pensaba que él había dejado de hacerlo cuando empezó a volar. “Como piloto, él sabía que no podía ingerir esas cosas”, testificó ella. “Así que después que empezó a volar. Nunca me preocupé de nuevo por las pastillas”. Todos los que declararon, lo hicieron para dos demandas concurrentes, lo cual significaba que solo tenían que testificar una vez. La demanda introducida por los Yanquis buscaba reembolso por el resto del dinero del contrato de Munson. La demanda introducida por Diana Munson buscaba 42 millones de dólares por daños. Ambas demandas apuntaban a Cessna y FlightSafety International, la escuela donde Munson aprendió a volar, y se convirtió de acuerdo a muchos en un piloto muy bueno.
Blutstein no necesitó hacer un documento de Freedom-of-Information para obtener las declaraciones del caso Munson. Simplemente fue diligente y gastó algún dinero. Despues de adquirir los documentos, los puso a la disposición de The New York Times. Las declaraciones, que incluyen testimonios de Yanquis notables como Reggie Jackson, Billy Martin y Craig Nettles, no contradicen la narrativa básica de la muerte de Munson, que fue un atleta destacado que empezó a efectuar vuelos menos de dos años antes, en parte para ir a su hogar de Ohio para ver a su familia en los días libres, y que murió mientras practicaba despegues y aterrizajes en el aeropuerto. Pero lo que las declaraciones proveen es una faceta reveladora de Munson, quien a veces era un gruñón pero siempre fue la piedra angular de un gran equipo de los Yanquis que había ganado las dos Series Mundiales previas en medio de las distracciones generadas por Jackson y Martin y George Steinbrenner, el impredecible dueño del equipo. Era Munson quien continuamente jugaba a un nivel alto sin crear controversias. Y fue Munson, de acuerdo a las declaraciones, quien era leal y terco, feroz e inocente. “Thurman tenía una rutina”, dijo Gene Monahan, masajista de los Yanquis por mucho tiempo, en su declaración del 29 de mayo de 1981. “Solía llegar al estadio y disfrutar dos galletas y un vaso de leche”. Dos meses antes de la declaración de Monahan, Jackson, la co-estrella y rival de Munson, y entonces, eventualmente su amigo, testificó que Munson se había desconectado del deporte que practicaba y del tiempo que pasaba lejos de su esposa e hijos”. “Estaba más interesado en volar esa avioneta que en jugar beisbol”, testificó Jackson. Martin, en su declaración, dijo que estaba preocupado, como manager del equipo, de que Munson se estuviera desgastando al volar entre juegos. “Siempre le decía, ‘No me gusta verte volar durante la temporada’ “, testificó Martin. En su declaración, a Diana Munson le preguntaron si su esposo tomaba pastillas, cuando jugaba, en referencia a las anfetaminas que tomaban muchos peloteros en las décadas previas a las pruebas de drogas, dada la energía que estas proveían. Ella dijo que él las había tomado, pero agregó que pensaba que él había dejado de hacerlo cuando empezó a volar. “Como piloto, él sabía que no podía ingerir esas cosas”, testificó ella. “Así que después que empezó a volar. Nunca me preocupé de nuevo por las pastillas”. Todos los que declararon, lo hicieron para dos demandas concurrentes, lo cual significaba que solo tenían que testificar una vez. La demanda introducida por los Yanquis buscaba reembolso por el resto del dinero del contrato de Munson. La demanda introducida por Diana Munson buscaba 42 millones de dólares por daños. Ambas demandas apuntaban a Cessna y FlightSafety International, la escuela donde Munson aprendió a volar, y se convirtió de acuerdo a muchos en un piloto muy bueno.
“Tenía un trato especial con Steinbrenner”, dijo Jackson en su testimonio. “Thurman era el Yanqui más especial cuando estuvo ahí. Podía hacer lo que quisiera”. Jackson y Martin fueron pasajeros en vuelos pilotados por Munson, así como Nettles. Nettles y Jackson volaron con Munson desde Seattle hasta Anaheim, Calif., después de un juego el 12 de julio de 1979. Tres días después, Martin voló con Munson desde Anaheim hasta Kansas City, Mo., por la vía de Albuquerque. Jackson y Nettles refirieron como, en su vuelo, las máscaras de oxígeno se desprendieron después de un ruido profundo. Dijeron que Munson permaneció calmado y aterrizó la avioneta sin incidentes. Martin describió un chispazo de llamas en uno de los motores. Ninguna de esas referencias fue relacionada con la causa del accidente. En vez de eso, la falla fue atribuida a un error del piloto, de acuerdo a la investigación de la National Transportation Safety Board. Fue determinado que Munson estaba fatigado ese día, no hizo apropiadamente la lista de revisión y no ajustó su cinturón de seguridad. Charles Berry, un cirujano de Air Force y oficial médico de la NASA por 14 años, testificó en su declaración que “el error del piloto generado por fatiga y sobretensión” fue la causa y especuló que el dolor en la rodilla podría haber causado que Munson durmiese inapropiadamente la noche anterior. En el movimiento final, Munson nunca bajó los alerones, los cuales permiten a los aviones volar a velocidades menores, y que los motores se estanquen. La avioneta se estrelló a unos 870 pies de la pista de aterrizaje a las 4:02 p.m. y entonces golpeó el tocón de un árbol Hall y Anderson, quien también era piloto, habían volado con Munson ese día aciago solo porque se lo habían encontrado en el aeropuerto. Testificaron ambos en el juicio de 1984 antes que se resolviera el caso. En cuanto a Blutstein, su ruta hacia los documentos empezó en abril camino a buscar a su hija, estudiante de la University of Michigan. Al manejar a través de Ohio desde su hogar en el area de Washington, D.C., impulsivamente se desvió hacia el lugar de la tumba de Munson en Canton y dejó una gorra de los Yanquis sobre la lápida. “Pasé un buen rato allí”, dijo él, “y empecé a pensar en lo que ocurrió. Sabía de la demanda. Pensé que ella podría darme algunas respuestas a las preguntas que me había hecho buena parte de mi vida”. Luego de regresar a casa, Blutstein empezó a buscar información en los casos de las décadas pasadas, y su trabajo de traer otros documentos a la luz se hizo una tarea rutinaria para él, pero una que consumía tiempo y costosa. Dijo que gastó más de 1.000 $ en tarifas y numerosas horas de llenar formatos de aplicación e investigar. De los 21 archivos de Munson que solicitó, cuatro estaban perdidos, incluyendo el de Anderson. Los que fueron unicados, dijo él, habían sido guardados en un almacén de Chicago.
Ha organizado su búsqueda y la publicó en una página de Facebook para aficionados de Munson que todos pueden ver, al imaginar que otros pueden querer la misma información que él buscó. Se impresionó con mucho de lo que encontró, especialmente el testimonio de Monahan, el masajista, quien tenía una cercana amistad con Munson en el estadio. Monahan testificó que al enterarse de la muerte de Munson, fue a un Yankee Stadium vacío y se sentó frente al casillero de Munson por cerca de cinco horas, casi destrozado. Curiosamente, testificó que lanzó a la papelera los informes médicos de Munson. Monahan no respondió a una solicitud de entrevista, tampoco Diana Munson. Hall y Anderson declinaron ser entrevistados. De acuerdo a la declaración de Nettles, la muerte de Munson significó despedirse de cualquier oportunidad en la temporada. Para el momento del accidente, los Yanquis estaban a 14 juegos del primer lugar en el este de la Liga Americana. Era virtualmente el mismo déficit que habían superado el año anterior, un una de las remontadas más notables de la historia del beisbol. Eso no ocurriría de nuevo. “Cuando Thurman falleció, lo perdimos todo, toda la temporada estaba perdida”, declaró Nettles. “Notamos que no podríamos hacerlo, y eso desmoralizó a muchos de nosotros”, De todo lo que leyó, Blutstein dijo que estaba particularmente impactado por el testimonio de Hall al contar el accidente y las últimas palabras de Munson. De muchacho, dijo, a menudo se había preguntado como Hall y Anderson pudieron haber escapado de la avioneta sin salvar a su héroe. Pero después de leer las declaraciones, dijo que contactó a Anderson para disculparse por tener tales sentimientos. Dijo que también llamó a Diana Munson para disculparse por el hecho de que descubrir las declaraciones inevitablemente ocasionaría memorias dolorosas. No obtuvo respuesta de ella.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. 04 de agosto de 2018.

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