Se busca plasmar la conexión entre el béisbol y la vida, como cada regla del juego resulta una escuela de reflexión hasta para los seguidores más remotos cuando los sucesos del mundo indican que ciertas veces las normas de justicia son violadas; el transcurso de las sentencias de bolas y strikes reflejan la pertinencia y compromiso de cada pelotero en respetar la presencia del árbitro.Cada jugador deja lo mejor de sí sobre el campo de juego a pesar de lo complicado que pueda ser su vida.
domingo, 24 de agosto de 2025
Diálogo de la película Good Will Hunting donde el personaje de Matt Damon (Will) habla con el de Robin Williams (Sean).
“Will: ¿Te has preguntado que hubiera sido de tu vida si nunca hubieras conocido a tu esposa?
Sean: ¿Qué? ¿Qué si estaría mejor si no hubiera conocido a mi esposa? Está bien. Es una buena pregunta. Porque tendrás tus momentos malos, que te despertarán respecto a las cosas buenas que no les prestabas atención. Y puedes fallar, por más que lo intentes con todas tus fuerzas. Pero no hay nada peor que el lamento.
Will: ¿No te lamentas de haber conocido a tu esposa?
Sean: ¿Por qué? ¿Por el dolor que siento ahora? Tengo lamentos Will, pero no lamento ni un solo día de los que pasé con ella.
Will: ¿Cuándo supiste que ella era la indicada?
Sean: Octubre 21, 1975. Sexto juego de la Serie Mundial. El juego m{as grande en la historia de los Medias Rojas. Mis amigos y yo dormimos toda la noche en la acera para comprar los boletos. Estábamos sentados en un bar esperando el inicio del juego y llega esta muchacha caminando. Que clase de juego fue ese. Llegaron igualados al cierre del décimo inning, Carlton Fisk camina hacia el plato, batea largo hacia la línea del jardín izquierdo. Treinta y cinco mil personas de pies, gritando que la pelota se mantuviese en territorio bueno. Fisk esta avanzando sobre la raya de primera base haciéndole señales a la pelota como loco. La pelota golpea el poste de foul, jonrón. Treinta y cinco mil personas enloquecieron. Y yo no era una de ellas.
Will: ¿Dónde estabas?
Sean: Estaba tomado un trago con mi futura esposa.
Will: ¿Te perdiste el jonrón de Pudge Fisk para tomar un trago con una mujer que no conocías?
Sean: Eso es correcto.
Will: Espera un momento. Los Medias Rojas no han ganado una Serie Mundial desde 1918, dormiste en la calle para comprar los boletos, el juego va a empezar en veinte minutos, llega una muchacha que nunca has visto, y ¿te olvidas de tu boleto?
Sean: Tenías que haber visto a esta muchacha. Iluminó todo el local.
Will:¡ No me importa si Helena de Troya hubiese entrado en ese bar! ¡Era el sexto juego de la Serie Mundial! ¡Y que clase de amigos son esos! ¡Te dejaron ahí así sin más!
Sean: Deslicé mi boleto en la mesa y dije: “Lo siento amigos, tengo que ver a una muchacha”.
Will: “¿Tengo que ver a una muchacha?” ¿Qué dijeron ellos?
Sean: Ellos lo entendieron. De verdad.
Will: Estas bromeando.
Sean: No Will, No bromeo. Si hubiese ido a ver ese juego estaría aquí hablando de una muchacha que vi en un bar hace veinte años. Y como siempre lamentaba no haber ido ahí y hablado con ella. No lamento los 18 años que estuvimos casados. No lamento haber renunciado a ser consejero por seis años cuando ella enfermó. No lamentó haber estado a su lado los últimos dos años cuando todo se complicó mucho. Y de seguro no lamento haberme perdido ese juego.
Will: Sin embargo, habría sido agradable haber visto ese juego.
Sean: Bien, caramba. No sabía que Pudge iba a despachar ese jonrón.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Agosto 24, 2025.
sábado, 23 de agosto de 2025
Situaciones de béisbol. Imparable al jardín derecho con corredor en segunda base.
Baseballdudes.com.
1.- El pitcher debe resguardar el plato al correr hacia un lugar intermedio entre tercera base y el plato.
2.- El cátcher debe proteger el plato. Estar listo para recibir el disparo. Dejar espacio al corredor.
3.- El primera base se debe ubicar entre el montículo y la primera base para ser el primer cortador del disparo de los jardines.
4.- El segunda base debe cubrir primera base y estar listo pare recibir un posible disparo del cortador.
5.- El campocorto debe cubrir segunda base alerta a un posible disparo del cortador.
6.- El antesalista debe cubrir tercera base atento a posible disparo del cortador.
7.- El jardinero izquierdo debe correr a hacer la asistencia detrás de tercera base.
8.- El jardinero central debe correr para cubrir detrás del jardinero derecho.
9.- El jardinero derecho debe hacer un disparo bueno, duro y bajo hacia el plato. El tiro debe ser lo suficientemente bajo para que el cortador pueda manejarlo en caso de ser necesario.
Evidencia de que el béisbol es un deporte de equipo, todos tienen algo que hacer en cada jugada.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Agosto 23, 2025.
viernes, 22 de agosto de 2025
Las huellas de un pionero.
Hace unos días (lunes 18 de agosto, 2025) los medios de comunicación reseñaron la Clase 2025 de inmortales del Salón de la Fama y Museo del Béisbol Venezolano conformada por Félix Hernández, Magglio Ordóñez, Alex Ramírez, Humberto Oropeza y José Ettedgui. Los tres primeros peloteros, los otros dos hombres de béisbol 25 horas al día. Hay muchas referencias de la calidad y profesionalismo como traumatólogo del Dr. José Ettedgui, todas positivas, reveladoras de profunda calidad humana. José Alberto Ettedgui nació en Caracas un dos de junio de 1924 y feneció un 19 de septiembre de 2003. Cuando se habla de hombres de béisbol muchos asocian con la imagen de distancia del presidente, director, gerente, siempre abstraido en las transacciones, contratos, acuerdos, con mucho tiempo para los fríos números y muy poco espacio para relaciones humanas. El caso con José Ettedgui implica escapadas a la tribuna central justo al inicio de la práctica general, llevaba una lista de los puntos débiles y fuertes de cada pelotero. En las noches miraba el juego desde el palco de la prensa y complementa su lista.
Había garabatos, jeroglíficos con muchas notas laterales o a pie de página con detalles de cómo Dámaso Blanco bajaba imperceptiblemente desde las cercanías de tercera base hasta escasos tres metros del plato cuando nadie sospechaba que había detectado la sorpresa del toque. De cómo Gustavo Gil se acercaba al montículo para casi silbar o murmurar señales que había captado en los ademanes del corredor de primera base. De cómo Jesús Aristimuño arrancaba con zancadas largas justo en el momento que el bateador conectaba un roletazo dormido y reventaba al corredor justo en el salto. De cómo Hiraldo Chico Ruíz avanzaba cual locomotora descarriada para tomar el toque de pelota casi del lado de la raya de tercera base y soltaba un cañonazo para completar el out en el guante de Gustavo Gil. Todo eso lo anotaba Ettedgui mientras otros compañeros de la oficina le comentaban sobre asuntos financieros o logísticos, a un costado de las notas de sus conversaciones fugaces con Patato Pascual al final de la práctica de bateo. Siempre iba a las páginas finales de la libreta para escribir de los pitchers y los jardineros.
Le llamaba mucho la atención la parsimonia de Orlando Peña, su capacidad de alargar la pausa entre lanzamientos hasta que llegara el cátcher Ray Fosse. Sonreía al ver como Jay Ritchie lanzaba la bolsa de la pezrubia casi hasta el límite de la grama interior con la arcilla cercana a segunda base. Siempre se preguntaba cómo se las ingeniaba Dick Baney para lanzar esas pelotas que parecían bombitas que hacían irse de boca al bateador. Cuando Gustavo Gil despachó aquel triple en la semifinal contra los Tigres, Ettedgui casi corrió alrededor del palco de la prensa hasta que Gregorio Machado anotó la carrera de la ventaja. Cada vez que bateaban un elevado profundo Ettedgui se levantaba, respiraba profundo y estrujaba la página cuando Clarence Gaston atrapaba la pelota luego de tropezar con la cerca. Casi lamentaba cuando una bala fría casi precipitaba, entonces Ettedgui suspiraba profundo y recordaba todas las filigranas de Jim Holt justo cuando tomaba la pelota de cordón de zapato. Siempre se quedaba sentado cuando salía una línea peligrosa hacia el bosque izquierdo, nunca encontraba los jeroglíficos para describir las hazañas de Armando Ortíz.
Aquel año 1969 no había comenzado de la mejor manera para los Navegantes del Magallanes. Los pitchers Bob Belinsky y Salvatore Campisi abandonaron al equipo al inicio de la final todos contra todos, lo cual fue un golpe muy duro para las aspiraciones del equipo. Luego anunciaron la venta de la franquicia a un grupo de empresarios de Valencia, entre quienes destacaban varios nombres que fueron directivos de Valencia Industriales (Alberto Raidi, Braulio Mora, Edgard Rincones, Luis Cancini, Oswaldo Degwitz, Carlos López Loreto, Luis Sandoval, Felix Leonte Olivo, Edmundo González y José Ettedgui al frente). Luego el terrible accidente aéreo del 16 de marzo de 1969 donde falleciera Isaías Látigo Chávez, junto a otros deportistas e innumerables personas pasajeros del avión o residentes del lugar donde precipitó este, (el Látigo había declarado semanas antes que con gusto iría a defender la camiseta magallanera en predios valencianos). El análisis frío de los números indicaba que la base criolla de los peloteros de los Navegantes estaba en desventaja respecto a equipos como Caracas y La Guaira y tal vez un poco por detrás de Cardenales y Tigres, tal vez solo aventajaban por muy poco a las recién llegadas Águilas del Zulia. Los caraquistas se burlaban diciendo que Magallanes solo sería campeón cuando el hombre llegara a la luna y los Mets de Nueva York ganaran la Serie Mundial. Cuando esos sucesos ocurrieron en julio y octubre de 1969, aun persistía la diferencia en el papel entre Magallanes y Leones y Tiburones.
En el momento de la firma del contrato de venta El Catire Isturiz se atrevió a plantear su única condición para terminar de formalizar la venta, que se mantuviera el nombre Navegantes del Magallanes. Luego de un breve silencio con intercambio de miradas el Dr. Ettedgui estrechó la mano de Isturiz y le aseguró que aquel equipo seguiría llamándose Navegantes del Magallanes, que si en algún momento le agregaban la coletilla “de Carabobo” eso nada más sería un simple tecnicismo, porque todos sabían y saben que Magallanes aunque ahora tendría su sede en Valencia, seguiría siendo un equipo de origen caraqueño con respaldo nacional.
Alfonso L. Tusa C. Agosto 22, 2025. ©
miércoles, 20 de agosto de 2025
Baudilio Díaz: Aquel catcher “cambao” de Cúa
El atardecer de un viernes siempre tiene expectativas de fin de
semana. Para tí, aquel 23 de noviembre de 1990 representaba el tercer
día de guardia nocturna en el laboratorio físico-químico de
Superoctanos en la zona industrial de Jose. El trasnocho acumulado te
llevó a recostarme en la alfombra de la sala del apartamento. Mientras
sentías las arenas del sueño perdido en los párpados, encendíste el radio.
Notaste que hablaban de Baudilio Díaz. Cuando viste que pasaban los minutos
y seguían hablando de Baudilio, te incorporaste y subiste el volumen: “Un
accidente terrible acaba con la vida del primer receptor venezolano en
llegar a las Grandes Ligas…”
Te levantaste y empezaste a bañarte y vestirte mucho antes de lo que
acostumbrabas. El trasnocho se espantó entre fotografías de revistas de
Sport Gráfico que mostraban a Baudilio como receptor de bull pen con
los Leones del Caracas. A principios de los 70 las pocas oportunidades
de jugar que recibió se debieron a aquellos juegos de “puros criollos”
que se efectuaban como parte de doble juegos. En uno de esos juegos
recibió el no hit no run de Urbano Lugo padre en enero de 1973.
En la temporada 1975-76 los equipos Caracas y La Guaira se fusionaron
en Tibuleones, se pudiera decir que a partir de allí Baudilio empezó a
jugar con regularidad en la LVBP. Entonces participó en 42 juegos,
bateó para .259 en 112 turnos al bate.
Baudilio subió a Grandes Ligas con los Medias Rojas de Boston en
septiembre de 1977. Sólo actuó en 2 partidos. La próxima temporada
(marzo 1978) pasó a los Indios de Cleveland junto a Tex Cox, Mike
Paxton y Rick Wise por Dennis Eckersley y Fred Kendall.
Mientras salías del baño tropezaste con la puerta del cuarto, mientras te
sobabas la nariz fue inevitable aquella transmisión de RCTV. Durante el
quinto juego de la Serie del Caribe de 1979, Abelardo Raidi y Henry
Altuve se deshicieron en expresiones de júbilo cuando Oswaldo Olivares
hizo dos disparos al plato donde Baudilio se plantó cual barrera
infranqueable para detener las carreras de los dominicanos mediante
dos dobleplays de leyenda. Allí ganó su primera Serie del Caribe, con
el Magallanes.
Baudilio representaba la piedra angular donde los Leones del Caracas
armaron todos aquellos equipos campeones de finales de los setenta y
comienzos de los ochenta, incluida la Serie del Caribe de 1982 ganada por el
Caracas y el no hit no run de Urbano Lugo hijo en el juego culminante
de la final de 1987 ante La Guaira.
Estuviste un buen rato en el balcón siguiendo las estrellas del cielo
novembrino. Cuando Len Barker lanzó el juego perfecto en mayo de
1981, Baudilio era el segundo catcher de los Indios, es muy probable
que haya recibido a Barker en el bull pen aquel día. En noviembre de
ese año pasó a los Filis de Filadelfia como parte de un cambio entre
tres equipos que llevó a Lonnie Smith de los Filis a San Luis. A
Silvio Martínez y Larry Sorensen de San Luis a Cleveland. Y a Scott
Munninghoff y un pelotero a ser nombrado después de Filadelfia a
Cleveland.
La de 1982 resultó su mejor temporada en la Gran Carpa: 144 juegos,
525 turnos al bate, 69 carreras, 151 imparables, 29 dobles, 18
jonrones, 85 empujadas, .288 de promedio al bate. Esa temporada le
valió convertirse en apenas en uno de dos receptores de los Filis que
en una temporada batea más de .275, y conecta más de 25 dobles y 15
jonrones; el otro es Mike Lieberthal. En 1983 llegó hasta la Serie
Mundial con los Filis.
Al esperar por el autobús del trabajo, sólo la imagen de Baudilio
casi metiéndose en el dugout de la derecha del Universitario para
indicarle a Luis Mercedes Sanchez que había que esconderle la bola a
Carmelo Martínez, te mantenía despierto. Sánchez vino por el medio y
Martinez se la sacó por todo el centro. Allí se quedaron las
esperanzas de La Guaira de ganar aquella Serie del Caribe de 1983.
En agosto de 1985 pasó de Filadelfia a los Rojos de Cincinnati junto a
Greg Simpson por un jugador a ser nombrado después, Tom Foley y Alan
Knicely. Fred Toliver resultó ser el jugador a ser nombrado más tarde.
Cuando entraste al pasillo del autobús, varios huecos en la via agitaron
la narración de Delio Amado León aquel enero de 1980: “Allá va un
batazo largo a lo profundo del left field…parece que la bola se va, se
va….joooooooonroooooon de Baudilio Díaz, el número 20. Hay un nuevo
registro para la Liga Venezolana de Béisbol Profesional”. Cuando lograste
sentarte a mitad del autobús todavía se escuchaba la ovación en el
Universitario.
Alfonso L. Tusa C. Noviembre 23, 2010.
martes, 19 de agosto de 2025
La demoledora historia de Mike Reinbach.
Viernes, 28 de noviembre de 2014. Baseballcardbreakdown.blogspot.com
Han sido 7 los graduandos de mi escuela secundaria que han jugado en las ligas mayores (Granite Hills High School in El Cajon, California representing!). He tratado de conseguir al menos un par de barajitas de ellos. Me quito la gorra ante ellos en esta serie de Guys From Granite.
Mike Reinbach arranca nuestra cuenta de Eagles de Granite Hills quienes extendieron sus alas y volaron hacia las Grandes Ligas. Él no solo es el primero en la lista en el orden de menos juegos efectuados, sino que fue el primero en subir a las mayores.
Michael Wayne Reinbach nació en San Diego en 1949. Luego de una sólida actuación en Granite Hills, fue escogido por los Yanquis en las rondas finales del draft de 1967, pero se decidió por ir a la UCLA. En 1970, fue escogido otra vez, esa vez firmó con los Orioles de Baltimore, quienes lo tomaron en la primera ronda (escogencia 17) del drasft amateur de 1970.
Su desarrollo a través de las menores fue marcado por un impresionante 1972, donde bateó .348 con 31 jonrones y 113 carreras empujadas entre AA y AAA mientras era nombrado pelotero más valioso de la Southern League. No pudo mantener ese paso, y tuvo un año duro en 1973. Pero en 1974 se las arregló para hacer el equipo grande de Baltimore en el entrenamiento primaveral. En su debut, temprano en la temporada, fue bateador designado y bateó un elevado de sacrificio para remolcar a Bobby Grich y mover a Don Baylor hasta tercera. Al batear .250 en 12 juegos luego de dos meses, fue enviado de vuelta a Rochester para terminar el año, nunca encontró su swing.
Reinbach rebotó con una sólida temporada con el Rochester AAA, pero no recibió el llamado. El año siguiente, fue a Japón y tuvo una carrera de cinco años en el extranjero. Desde 1976 hasta 1980 con los Tigers de Hanshin, Mike bateó .296 con 94 jonrones, se convirtió en favorito de los fanáticos gracias a su bateo y juego agresivo.
Se retiró del beisbol y pasó la mayor parte de los años ’80 trabajando en una compañía de computación. Tuvo tiempos difíciles más adelante en la década y su vida terminó el 20m de mayo de 1989, cuando el carro que manejaba cayó por un precipicio. Aun permanecen las interrogantes de si fue suicidio, accidente, o qué.
Sin embargo existe una carta de la excuñada de Reinbach: “Consideraba a Mike como otro hermano, aún después que él y mi hermana se separaran. Lo conocí cuando yo tenía 12 años y el había estado cortejando a mi hermana mayor, Mike era hijo único, así que estaba intrigado por las interacciones de mi familia (4 niños) y mi tío quien vivía con nosotros en ese momento. Yo me sentí muy mal por su muerte. Te diré que él no se suicidó. Viajaba para Palm Springs con su novia quien tenía un niño pequeño. Hablé con ella luego de la muerte de Mike, pero he perdido el contacto con ella, ella quedó muy lesionada pero sobrevivió el accidente. Me escribió después que salió del hospital y me explicó que todo fue accidental. Ha sido frustrante ver reportes que aseguran que él cometió suicidio, el tenía mucho por que vivir y era querido, nunca habría dejado a su hijo de esa manera”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Noviembre 16, 2016.
Nota del traductor: Estadísticas de Mike Reinbach con los Navegantes del Magallanes en la temporada 1973-74: 27 JJ, 97 VB, 9 CA, 27 H, 4 2H, 1 3H, 2 HR, 16 CE, 1 BR, .258 AVG.
lunes, 18 de agosto de 2025
Conversación acerca de Tony Conigliaro
Bruce Markusen. The Hard Ball Times. 17-02-2012.
Ha habido pocas tragedias como la de Tony Conigliaro. A la edad de 22 años, él ya había bateado 104 jonrones y parecía en camino de convertirse en uno de los grandes toleteros de todos los tiempos. Pero el 18 de agosto de 1967, no pudo eludir una recta alta y adentro de Jack Hamilton. La pelota golpeó a Conigliaro de lleno en la cara, lesionó seriamente su ojo izquierdo y lo forzó a perder la parte final de la temporada de 1967 y la de 1968.
Algunos escépticos pensaron que él nunca volvería a jugar, pero él los confundió con temporadas productivas en 1969 y 1970. Entonces los Medias Rojas lo cambiaron a los Angelinos, donde tuvo dificultades, quizás afectado por un equipo lleno de miseria y discordia. Al ser incapaz de ver por su ojo izquierdo, Conigliaro se retiró.
Cuatro años después, intentó regresar con los Medias Rojas, pero su cuerpo lo traicionó, una vez más lo forzó a renunciar.
En 1980, luego de una entrevista para un trabajo de narrador en TV, Conigliaro sufrió un ataque cardíaco y cayó en coma. Ante la discapacidad de recuperarse y llevar una vida normal, Conigliaro fue puesto al cuidado de su familia. Falleció ocho años después, a la edad de 45.
Las angustias y tragedias de Tony Conigliaro son dramática diestramente contadas en el libro nuevo, The Tony Conigliaro Story, escrito por Bruce Fitzpatrick. Guionista y autor, Fitzpatrick traza la vida de Conigliaro con especial énfasis en su niñez y sus dificultades luego del incidente del pelotazo. A principios de esta semana, hablé con Fitzpatrick acerca de Tony C.
Markusen: Bruce, he disfrutado leyendo su libro. No está escrito como la mayoría de las historias de beisbol, está presentado más como una novela, con muchos diálogos. Usted incluye largas conversaciones como si hubiese estado ahí escuchándolas. ¿Fue capaz de recrear esas conversaciones mediante entrevistas con la familia, o se tomó algunas libertades e hizo cálculos educados de lo que se dijo?
Fitzpatrick: Como lo indican los reconocimientos del libro, realicé largas entrevistas con cada una de las personas nombradas ahí. Todo fue o filmado o grabado en audio. Al hacer eso, obtuve una visión íntima de Tony, su vida personal y familiar, de donde venía, el ambiente donde fue criado, y su vida como beisbolista profesional. No me tomé libertades ni licencia poética. Todo lo que está ahí fue registrado como ocurrió o tan cercano como lo pude conseguir, usando un formato dramático.
Markusen: Luego que Conigliaro rompió con su novia Julie, ella empezó a salir con Hawk Harrelson. ¿Hubo tensión entre Tony y Harrelson debido a esto?
Fitzpatrick: No hubo tensión directa entre Tony y Hawk porque ellos nunca jugaron en el mismo equipo. A Tony le dolió verlo con Julie, quien creo fue el amor de su vida, y él de ella, y quien también había heredado su trabajo con el equipo. Ni Tony ni Julie se casaron, y como amigo cercano de ella puedo decir que aún ahora ella todavía es la novia de Tony. Visitamos juntos las tumbas de Tony y sus padres.
Esa fue una experiencia muy fuerte. Ella todavía tiene mas de 200 cartas que él le escribió, junto como mucha memorabilia personal y profesional de su vida juntos y sus días de beisbolista profesional. Me siento seguro al decir que ellos fueron de verdad compañeros de alma.
Markusen: El pelotazo de Jack Hamilton es quizás la primera cosa que viene a la mente cuando se recuerda la historia de Conigliaro. ¿Piensa usted que el resultado pudo ser otro si Conigliaro hubiese usado un casco con orejera?
Fitzpatrick: Tony usaba un casco la noche cuando fue golpeado. Pero al mirar la repetición desde una cámara superior ubicada en la cabina de transmisión, esta muestra claramente que el casco de Tony estaba en la zona de strike sobre el plato cuando fue golpeado. Parte del juego de Tony como bateador de poder consistía en invadir el plato y forzar a los lanzadores a pitchearle, o caminarlo. Cualquier otro pelotero con un estilo de bateo normal habría dado uno o dos pasos detrás del plato, y no habría sido golpeado por el mismo pitcheo.
Dos semanas antes del incidente, Ted Williams le había advertido acerca de su estilo de bateo, pero Tony escogió mantener su posición normal de bateo. Sin embargo, la adición de una orejera a los cascos de bateo fue un resultado directo de ese pelotazo y de la campaña personal de él para agregar la orejera.
Markusen: ¿Por qué piensa usted que el manager de los Medias Rojas, Dick Williams, decidió no visitar a Conigliaro en el hospital después del pelotazo?
Fitzpatrick: Eso nunca estuvo claro. Ellos tenían una pequeña hostilidad entre sí, en parte como un conflicto de personalidades, y en parte como resultado de un incidente de pelotazos mutuo durante el año de novato de Tony cuando él y Williams intercambiaron pelotazos. Williams falló; Tony no, y tumbó a Williams. Pienso que un elemento de resentimiento pudo haber existido.
Markusen: Dada la seriedad de las lesiones que sufrió Conigliaro debido al pelotazo, ¿Es sorpresivo para usted que él regresara y disfrutara el tipo de temporada que tuvo con los Medias Rojas en 1970?
Fitzpatrick: En realidad, él regresó en 1969 y ganó el premio Regreso del Año. Lo que la mayoría de las personas no sabe es que él regresó con visión dispareja. La visión de su ojo lesionado nunca regresó completamente. Él tenía que mirar levemente a la izquierda del pitcher para ver la pelota luego que fuese lanzada. Todo un logro.
Markusen: A través de los años, hemos oido mucho acerca de la división que había en el clubhouse de los Medias Rojas, con Tony y su hermano Billy de un lado y carl Yastrzemski y Reggie Smith del otro lado. ¿Qué tan profunda era esa grieta, era irreparable?
Fitzpatrick: Hice algo de investigación sobre la muy publicitada fricción entre ellos, y mi conclusión es que eso era más publicidad que realidad. Eso se hizo aparente cuando hice mi entrevista de una hora con Carl Yastrzemski. Él de inmediato reconoció la competitividad de ese equipo, y también reconoció que sin ella, ellos no habrían llegado a la Serie Mundial de 1967 al final del año del Sueño Imposible.
Él también declaró enfáticamente que si Tony hubiera sido capaz de jugar en esa Serie Mundial ellos habrían descorchado las botellas de champaña en el clubhouse de los Medias Rojas y no San Luis. Cuando le pregunté que le diría a Tony si él viniera a la habitación por 60 segundos, él hizo una pausa para ganar control sobre sus emociones, y entonces procedió a dar uno de los grandes testimonios que le haya oído a un competidor. Carl es un tipo con clase, y lamenta con sinceridad lo que le ocurrió a Tony.
Markusen: En 1971, Tony formó parte de una situación de pesadilla con los Angelinos, un equipo que estaba afectado por la situación de Alex Johnson. ¿Cuánto afectó a Conigliaro esa atmósfera envenenada?
Fitzpatrick: En realidad, el ambiente del equipo de los Angelinos tuvo poco que ver con la decisión de Tony. Simplemente, él extrañaba jugar frente a los aficionados de su ciudad en Fenway Park. En esencia, eso apagó el fuego. Lo que pocos saben, sin embargo, es que su pasión por el beisbol, y tal vez una reserva acerca de si estaba acabado o no, quedó demostrada cuando Al Ruddy le pidió que audicionara para un papel de una película que ellos tenían en mente para él.
Él declinó graciosamente, dijo que su corazón aún estaba en el beisbol. Así que Ruddy se fue y consiguió a otro italiano para el trabajo. ¿De quién hablas? Que tal de Al Pacino para el papel de Michael en El Padrino. Historia real. Por su parte, Tony abrió un club nocturno para seguir una carrera como cantante.
Markusen: ¿Por qué piensa usted que Conigliaro trató de regresar con los Medias Rojas en 1975?
Fitzpatrick: Como lo declaró, Tony nunca abandonó su noción de volver a jugar. Cuando los Angelinos le dieron su libertad, los Medias Rojas le dieron su oportunidad. Para entonces, la Liga Americana había adoptado la nueva posición de bateador designado. Tony compitió por ella y ganó el puesto. ¿A quién venció por la posición? Alguien que se acababa de unir al equipo, un novato llamado Jim Rice.
Markusen: Hubo muchos disgustos y dificultades para Conigliaro. ¿Qué tan grande fue el disgusto para él perderse el banderín de la Liga Americana de 1975 y esa histórica Serie Mundial que vino después?
Fitzpatrick: A mediados de la temporada de 1975 el cuerpo de Tony había empezado a tener dificultades con su acostumbrado régimen de entrenamiento. Al sentir que no tenía lo que necesitaba (o quería), dejó el equipo y el beisbol profesional en julio de 1975 ¿Qué pudo haber pasado si hubiera jugado una carrera de 12-14 años? Además de convertirse en miembro del Salón de la Fama, habría sido una amenaza para la marca de jonrones de todos los tiempos. Él alcanzó la marca de los 100 jonrones seis años antes que Babe Ruth, cinco antes que Hank Aaron, y siete antes que Carl Yastrzemski.
Lo que la mayoría de las personas no sabe es que él promediaba 25-30 juegos al año en la banca con lesiones debidas a su agresivo estilo de juego en el campo, chocaba contra las cercas mientras perseguía elevados, etc.
Markusen: La historia de cómo Conigliaro sufrió un ataque cardíaco mientras iba a una entrevista de trabajo es muy trágica. Si él no hubiese sufrido el ataque cardíaco, si hubiese conseguido el trabajo, ¿Cómo piensa usted que él podía haber ejecutado como narrador en Boston?
Fitzpatrick: Pienso que Tony habría hecho un gran trabajo. Además de sus conocimientos como pelotero, él había tenido experiencias de locución en Rhode Island y San Francisco. Añádele a eso la pasión que él tenía por el juego…
En cuanto a su ataque cardíaco, en realidad ocurrió después que él había sido escogido para el trabajo por Joe Dimono, gerente general de la estación WSBK, la estación matriz del circuito de transmisiones de los Medias rojas. El ataque cardíaco de Tony ocurrió camino al aeropuerto cuando él se disponía a salir de la ciudad para completar un viaje de negocios, y cerrar sus asuntos en la costa oeste.
Markusen: ¿Qué tanto es recordado Conigliaro en Boston en la actualidad?
Fitzpatrick: Tony es un ícono en Boston, Nueva Inglaterra y puntos del sur y occidente donde las personas lo conocen. Y de esos hay muchos. A excepción de Babe Ruth, él fue, creo, el pelotero más carismático que se puso el uniforme de los Medias Rojas. Él fue, y aún lo es, un héroe de la ciudad. El querido “Tony C” será recordado y mencionado alrededor de Boston por tanto tiempo como haya beisbol en Boston. Y eso, esperamos, será por un largo, largo tiempo…
Acerca de Bruce Markusen
Bruce Markusen es el gerente de Digital and Outreach Learning at the National Baseball Hall of Fame. Ha escrito siete libros de beisbol, incluyendo biografías de Roberto Clemente, Orlando Cepeda y Ted Williams, y A Baseball Dynasty: Charlie Finley’s Swingin’ A`s, el cual fue premiado con la Seymour Medal de SABR.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Febrero 15, 2016.
Una marca casi olvidada de Isaías Látigo Chavez
Midwest League. Clase A. Decatur Commodores. Tal vez hasta muchos de los compañeros del Látigo, si aún viven, les cueste recordar o revivir un hecho que además ha desaparecido del mapa del beisbol moderno, los juegos completos son una rareza cuya existencia solo aparece en leyendas, como los dinosaurios. En aquella temporada de 1965, había unas cuantas expectativas, aunque sus números en la temporada de 1964 con los propios Comodoros y en la campaña de LVBP con Navegantes del Magallanes no mostraban ribetes brillantes, tanto Richie Klaus en Decatur como George (Sparky) Anderson veían gran potencial y les agradaba mucho la actitud del pitcher novato, sus ganas de aprender, sus ansias de mejorar. Había sido capaz de vencer a Leones del Caracas de Tovar, Davalillo, Tartabull en trabajo completo. Había lanzado dos veces en relevo ante el Caracas esa temporada 1964-65, si quería demostrar qu era un pitcher profesional tenía que vencer a los super favoritos Leones del Caracas.
Esa temporada había aprendido a ver el juego con más serenidad, con más determinación escuchando las observaciones de Alfonso Chico Carrasquel en el dugout. Lo escuchaba hasta en medio de los juegos que lanzaba, Isaías lo buscaba, quería tener otra visión para contrastar con lo que pensaba. Empezó a observar no solo las ubicaciones de sus compañeros en el campo, sino que de acuerdo al bateador volteaba y hacía señas hacia los jardineros y a veces también al tercera base y hasta al campocorto. El Chico le hacía observaciones cada vez que regresaba al dugout, le decía que tenía que ser muy breve y conciso en esas señas a sus compañeros y regresar a su comunicación con el cátcher. También le dijo que debía ser más profundo y desmenuzar paso a paso los movimientos del pitcher contrario, solo así podría tener oportunidad de batearle, “dices que te gusta batear ¿no? Eso tiene su precio y no es nada más hacer swing, hay que meterse en todas las señas que el pitcher rival le hace a su cátcher”.
En los primeros cuatro juegos con los Comodoros de Decatur en la Midwest League, en 1965, Isaías tuvo marca de 2-2. El quinto juego fue ante Cedar Rapids y se fajó con ellos para vencerlos 4-2 el 27 de mayo. Luego el 04 de junio enfrentó a Dubuque y los venció 5-0 en juego completo de 7 innings debido a que era el primero de una doble jornada. Isaías limitó a la novena de Dubuque a solo cinco imparables, dos de los cuales salieron del madero del jardinero central Perkins, quien además le conectó el único doble. No concedió boleto y recetó nueve ponches. El coach de pitcheo Carl Hubbell siempre se acercaba al bullpen y hacia algunas observaciones sobre el ángulo del pitcheo, tenía que variarlo de acuerdo a si el bateador era zurdo o derecho, si bateaba alejado o se montaba sobre el plato. Hubbell le dejaba bien claro a Isaías que tenía que reclamar su territorio, tenía que incomodar al bateador.
El 13 de junio Isaías abrió por los Comodoros ante la novena de Waterloo y se mantuvo en el montículo los nueve innings, sin conceder un solo boleto, apenas les permitió tres imparables a los bateadores rivales, mientras abanicaba a cinco. Decatur 6 – Waterloo 0. Segundo blanqueo en menos de dos semanas. El manager Klaus siempre conversaba con Isaías al final de cada juego, luego de las derrotas le recordaba los puntos positivos que había conseguido y le remarcaba que él podía superar los errores , pero había que pasar la página y enfocarse en el próximo juego, la apertura siguientes, y desde ese momento empezaban a planificar, estudiar. Siempre mezclaba las observaciones de Richie Klaus, su manager, que por lo general tenía algún detalle respecto a como estaba cayendo luego de lanzar la curva ante determinado bateador, con las sugerencias y a veces enseñanzas de cómo agarrar la pelota para darle determinado efecto de Carl Hubbell. Por eso tardaba algo en salir del dugout cada inning.
El 20 de julio de 1965 los Comodoros llegaron a Clinton, El compañero de batería de Isaías fue Ramón Aldecoa. En el primer inning Isaías recetó tres ponches en fila. En el noveno inning recibió dos imparables, pero luego apretó el brazo para troquelar el ponche del out final. Decatur 4 – Clinton 0. Nueve innings de labor, cinco imparables, un boleto, 12 ponches. Se trataba del cuarto blanqueo que propinaba Isaías en la temporada. Cada vez estaban desarrollando mejor los envíos que Carl Hubbell le enseñó a lanzar con los dedos medio y anular. Cuando la pelota se le resbalaba de los dedos, se salía de la caja de lanzar y buscaba la bolsa de la pezrubia. Escuchaba la voz pausada de Hubbell: “Don’t forget the rosing bag, it can help you a lot!”Ahora se sentía mucho mejor, se había dicho que no importaba que tuviese que repetir con los Comodoros, de alguna manera iba a tener una muy buena temporada y lo iba a demostrar en cada juego.
Los Comodoros recibieron la visita de la novena de Quad Cities el 25 de julio. Desde el inicio Isaías contó con todo su arsenal, la recta resonaba en la esquina de adentro, la curva bordaba las letras de los uniformes rivales y el cambio precipitaba cual guayaba en línea recta desde las ramas más altas. Isaías transitó los nueve innings sin casi conceder libertades. Apenas aceptó cuatro imparables. Solo concedió un boleto y ponchó a diez bateadores rivales. A la ofensiva bateó de 5-3 con un doble, anotada y remolque. El marcador quedó 11-0. Lejos de celebrar o hablar de los diez ponches, Isaías insistía en preguntarle a la manager Klaus que detalle defectuoso había notado en su trabajo, si había descuidado algún lanzamiento ante un bateador de peligro. Klaus solo sonrió y le dio dos palmadas en el hombro.
El desafío siguiente fue ante el Waterloo, el 30 de julio de 1965, los Comodoros salieron adelante 3-0 con vuelacercas de tres carreras de DeGold Francis, el cátcher en el cierre del tercer inning. Isaías se llevaba bien con Aldecoa porque siempre hablaba con él antes de los juegos y le hacía observaciones valiosas mientras calentaban en el bullpen justo antes del juego. También se entendía de maravillas con DeGold Francis porque este era un tremendo mascoteador que podía tomar hasta el más desviado lanzamiento hasta el punto de parecer portero de futbol o hockey, además Francis siempre encontraba como distraer al árbitro cuando sentía que Isaías necesitaba un tiempo adicional para tomar aliento. Eso le daba un aliento, un respiro, una fuerza adicional que recuperaba todo el vigor físico y la intensidad mental de Isaías. Los Comodoros ganaron 7-0, tercer blanqueo corrido de Isaías, lanzó los nueve innings, solo permitió dos imparables ambos del novato Brian Edgerly, concedió un boleto y recetó 11 ponches. Ese fue el décimo sexto juego completo de 18 aperturas que había efectuado Isaías, también fue el décimo tercer juego completo seguido que lanzaba esa temporada. Con ese triunfo Isaías detuvo una seguidilla de cuatro derrotas de los Comodoros.
Para el juego del 18 de agosto de 1965 la seguidilla de juegos completos de Isaías se había prolongado hasta 16. Ese día los Comodoros visitaron a Burlington. Frank Ferro el camarero de los Comodoros descargó cuadrangular que encontró embasados al jardinero izquierdo Val Bush y al propio Isaías para remolcar las tres carreras que determinaron el marcador: Decatur 3 – Burlington 0. Se trataba del décimo séptimo juego completo que Isaías lanzaba esa temporada, una nueva marca para la Midwest League. Ahora tenía balance de 12-9 en la temporada. Lanzó nueve innings, permitió seis imparables, apenas concedió un boleto y ponchó 13 bateadores rivales. Le motivaba la marca sabía que eso era un logro que no se consigue a diario, pero se llamaba la atención a no dejarse obsesionar, ni arrastrar por eso. Tenía un compromiso con el equipo, siempre trataba de ignorar lo de la marca, lo suyo era detectar que estaba haciendo de manera defectuosa y tratar de corregirlo.
El 23 de agosto los Comodoros llegaron a Dubuque para enfrentar a los Packers. Isaías y los Comodoros llegaron ganando 4-0 al séptimo inning. Entre el séptimo y el octavo inning los Packers igualaron la pizarra 4-4. Luego Isaías solo permitió que se embasara un corredor en los siguientes cinco innings. Para el episodio décimo cuarto, el manager Richie Klaus relevó a Isaías con Ron Welsh y este concedió dos boletos para abrir el inning y luego recibió doblete de Don January que dejó en el terreno a los Comodoros. Ese fue el final de la seguidilla de 17 juegos completos de Isaías en la Midwest League Class A.
Durante la seguidilla de 17 juegos completos, Isaías dejó marca de 10-7, seis de las victorias fueron blanqueos, tres de esos corridos, (cinco de ellos de nueve innings y uno de siete por ser el primero de una doble cartelera). De todos esos juegos 11 fueron a nueve innings, los restantes seis fueron a siete innings. En 140.2 innings Isaías permitió 115 imparables, concedió 34 boletos, ponchó 125 rivales y dejó efectividad de 1.99
Alfonso L. Tusa C. 08 marzo 2025. ©
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