Se busca plasmar la conexión entre el béisbol y la vida, como cada regla del juego resulta una escuela de reflexión hasta para los seguidores más remotos cuando los sucesos del mundo indican que ciertas veces las normas de justicia son violadas; el transcurso de las sentencias de bolas y strikes reflejan la pertinencia y compromiso de cada pelotero en respetar la presencia del árbitro.Cada jugador deja lo mejor de sí sobre el campo de juego a pesar de lo complicado que pueda ser su vida.
viernes, 5 de septiembre de 2025
La Piscina de Willie Stargell.
Thisdayinbaseball.com
El 16 de julio de 1969, a pesar de que los Expos de Montreal despacharon cuatro jonrones, los Piratas vencieron a los Expos 8-7, al anotar tres veces en la apertura del octavo capítulo y tres más en el noveno. El único vuelacercas de los Piratas ocurrió en el octavo inning con Mateo Alou en segunda base y Dan McGinn como pitcher, Willie Stargell castigó un pitcheo y envió la pelota sobre la barda, un espacio donde estaba la pizarra, una calle que pasaba detrás del estadio y dos espacios de jardines hasta aterrizar en la zona de la piscina municipal del Jarry Park, Montreal y sumergirse en el agua. Joe Gibbon fue el pitcher ganador, Chuck Hartenstein se apunto el salvamento y McGinn cargó con el revés.
Cuando se retiró en 1982, los Expos le entregaron un chaleco salvavidas en tributo a los jonrones que el bateó en la que fue llamada “Willie’s pool” (La Piscina de Willie), para los comentaristas franceses de Montreal, la piscine de Willie.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Septiembre 05, 2025.
jueves, 4 de septiembre de 2025
Vernon Benson: Un manager que llevó a Cardenales de Lara tres veces seguidas a la final de LVBP.
Hace poco me tropecé con una noticia en internet que me lanzó en milisegundos hacia principios de los años ochenta. Vern Benson vino a dirigir a los pájaros rojos en la temporada 1979-80 y los llevó a su segunda final en la Liga Venezolana de Beisbol Profesional. Venció en la semifinal a los Tiburones de La Guaira y en la final perdió ante los Leones del Caracas 4 juegos a uno. Este esquema se repitió en las siguientes dos temporadas 1980-81 y 1981-82. En la 1982-83 volvió a perder ante el Caracas, esta vez en la serie semifinal. Benson era un manager muy competitivo, analítico y disciplinado, con aquellos equipos que contaban con peloteros como Doug Ault, Lloy Moseby, Willie Upshaw, Luis Aponte, Luis Leal, Randy Benson, George Scott, Tito Landrum, Jesse Barfield, Arturo Sanchez, Fred Manrique, Nelson García, Eric Rasmussen, logró sacar lo mejor de ellos y en algún momento pareció que podían ganarle una de las final al Caracas, solo que este equipo era poco menos que invencible en aquella época.
Vernon Benson de Granite Quarry, falleció a los 89 años, el lunes 20 de enero de 20014, en The Laurels of Salisbury. Había nacido el 19 de septiembre de 1924 en Rowan County, era hijo de los difuntos Ruth Foster Benson y William Luther Benson. Se educó en las escuelas de Rowan County, se graduó en la secundaria de Granite Quarry y asistió a Catawba College.
Benson fue beisbolista profesional. Fue firmado por los Atléticos de Filadelfia en 1943, fue reclutado por el famoso Connie Mack, dueño y manager. Su carrera deportiva se vio interrumpida a una edad temprana, hubo de servir en la armada de Estados Unidos en la segunda guerra mundial bajo las ordenes del General Patton. Recibió la medalla EAME Service y una estrella Bronze Service. Cuando regresó del servicio militar jugó con los Cardenales de San Luis y se ganó el puesto de tercera base titular en la temporada de 1951. Tambien fue coach de los Cardenales, Yanquis de Nueva York, Rojos de Cincinnati, Bravos de Atlanta, Gigantes de San Francisco. Tambien fue buscador de talento de Grandes Ligas. Jugó béisbol en la Cuba pre-revolucionaria y dirigió equipos de ligas invernales en Venezuela, Puerto Rico y República Dominicana.
Era miembro de la First United Church of Christ and Granite Quarry American Legion Post 448. Fue inducido al Salón de la Fama de Catawba College en 1978 y al Salón de la Fama de North Carolina American Legion en 1979. Fue manager del año en las Ligas Menores en 1979. Cuando llevó a los Chiefs de Syracuse en la International League AAA al segundo lugar de la ronda regular con marca de 77-63, detrás de los Clippers de Columbus. En el equipo de Syracuse jugaba Danny Ainge, quien luego fue baloncestista profesional con los Celtics de Boston entre otros equipos y ahora es el gerente deportivo de los Celtics. Doug Ault, Garth Iorg, Dave McKay, Willie Upshaw, Ernie Whitt, Gino Petralli, Luis Leal. Todos jugaron para Cardenales en la época de Benson.
Además de sus padres, su esposa Rachel Lyerly Benson, con quién se casó el 23 de octubre de 1946 lo antecedió al morir el 06 de abril de 2008, también su hermano William Benson; su yerno Benny Callahan; y un nieto Cody Randall Benson.
Los que quedan para honrar su memoria, son sus hijos, Randy Benson y su esposa Dale de Salisbury y sus hijos, Shanna Hinson y su esposo Brian, Shea Overcash y su esposo Micah y Sharla Drury y su esposo Charlie; su hija Bonnie Shaw y su esposo Bill de Salisbury y sus hijos, Chandler Shaw y su esposa Mary Buford y Haley Wishon y su esposo Jarrett, su hija Robin Callahan de Concord y sus hijos, Denver y Caylan Callahan; sus biznietos Elsie, Elinor, Benson, Beckett, Gil, Adair y Chandler, su cuñado especial Thomas Joe Lyerly con quien vivía, su cuñado James E. Lyerly, y muchos sobrinos y sobrinas.
Aun me parece verlo en el televisor saliendo a entregar la alineación en el primer juego de la tercera final (1981-82) ante el Caracas, parecía que con peloteros como Leal, Aponte, Manrique, Landrum, Barfield, Rasmussen y Moseby podría al fin darle el primer campeonato a Cardenales, volvió a perder cuatro juegos ante Alfonso Carrasquel y el equipo que luego ganó la Serie del Caribe de 1982.
Alfonso L. Tusa C. Febrero 03, 2014.
miércoles, 3 de septiembre de 2025
Team work.
Autoestima es un término complicado, a veces se confunde con egoísmo, a veces se entiende como hacer el tonto.
En los momentos más individualistas de un juego de beisbol, el jonronero puede bajar la mirada y en vez de mantener la celebración con sus compañeros por dos o tres minutos en el dugout, puede volver la mirada hacia el pitcher, ese solitario de la montaña, mediante señas le dice, “es mi deber, pero entiendo como te sientes”.
Hermes siempre recuerda y se pregunta como un tipo tan volátil y resentido como él, tuvo el arrojo y la determinación para dejar a un lado aquellos noventa y cinco puntos en Química Orgánica que ni soñó lograr ante aquel profesor de barba rebelde y mirada ligeramente irónica que siempre se burlaba de sus errores más sofisticados en simples operaciones aritméticas cuando había descifrado el alma de la reacción de radicales libres. Quería que el profesor tuviese un momento de reflexión sincera, que fuese capaz de sentarse ahí en la misma acera del dolor de fallar y explicara con empatía donde pensaba él que se estaban equivocando cuando desviaban el enfoque, el razonamiento aplicado para resolver la pregunta. El tipo lo miraba entre sorprendido y molesto, “¿Cómo te atreves a pedir que ajuste mi técnica de explicar Química Orgánica, si me ha ido muy bien con ella por muchos años en la universidad?” Hermes estuvo tentado a decir que no todas las personas son iguales, pero no le salieron las palabras.
A partir de allí el profesor arremetió en la manera como evaluaba sus intervenciones orales, en la consideración que hacía cuando revisaba sus pruebas escritas. Hermes llegò a lamentar haber hecho aquella observación. Sin embargo en el transcurso de los días empezó a ver como otros de sus compañeros empezaron a hacerle preguntas y observaciones al profesor barbudo, hasta que la clase se convirtió en una especie de cadalso, parecía que todos iban a una ejecución apenas empezaba la próxima hora de Química Orgánica. Al principio algunos de sus compañeros le reclamaron a Hermes que por ese atrevimiento suyo ahora el profesor estaba intratable. Luego uno o dos se le acercaron y agradecieron que hubiese tenido las agallas de enfrentarte al profesor, que él tenía que saber que no iba a hacer todo de manera inconsulta, se trataba de un proceso pedagógico y él debía consideración y tenía que encontrar la manera de hacerse entender de la mejor manera. Poco a poco se forjó la unanimidad.
Sin saber como Hermes empezó a notar símbolos de una empatía que jamás había percibido en el grupo. Los miércoles era la única tarde cuando había descanso de la rutina de clases en el Instituto Universitario Tecnológico de Cumaná. Aún así había que investigar reacciones químicas, hurgar puntos de ebullición, desentrañar secretos técnicos que solo aparecían en páginas estrujadas de libros cargados de polvo cósmico. Las jornadas de biblioteca o forcejeo con cuadernos en el anfiteatro o alguna aula vacía, no permitían que aquella tardes pudiesen llamarse de tomar aliento, de recargar algo de oxigeno, de respirar en paz. Apenas si en los torneos deportivos, en el campeonato interno de softbol se hallaba algo de solaz, trazas de tranquilidad, partículas de relajamiento. El equipo de Quimica era muy irregular, Hermes era primera base suplente y cuando faltaba el titular, sus compañeros le miraban recelosos, muchas señales manuales de que no fuera a botar el juego con alguno de sus errores clásicos.
Reconocía que tenías muchas deficiencias para atrapar las pelotas, se le dificultaba ubicarse debajo de los elevados y sufría mil dolores en los dientes cuando el tercera base le lanzaba uno de aquellos piconazos enterrados en la arcilla azoica resguardada por arbustos xerófitos. Cuando Hermes iba a batear se ubicabas como a tres metros del home, de pequeño había recibido varios pelotazos en la cara y no quería que se le volviera a inflamar el ojo izquierdo. Desde el dugout llegaban comentarios de voz en cuello: “Métete más. ¿Cuál es el miedo? El beisbol no es para miedosos”. Seguía petrificado, sentía una mezcla de bicarbonato y aceite quemado de motor de camión en la garganta. Entonces la amargura de los epítetos incrementa. “Por eso es que no me gusta que ese tipo juegue, desarma el equipo, hace que demos mucha ventaja, casi siempre terminamos por perder el juego”. Apenas si podía respirar. Cuando avanzaba medio paso, el pitcher lanzaba pegado y casi salía corriendo.
Siempre que regresaban al dugout luego de esos innings donde Hermes había conseguido hacer la jugada más por ganas que por técnica, los compañeros aún mantenían el sarcasmo, “tremendo lechazo, esa pelota se te metió en el guante…” Llegó un momento cuando los errores escalaron tanto que los compañeros decidieron buscar a otro jugador. Eso dolió, pero reconoció que era por el bien del equipo. Dejó de ir a ver los juegos, prefería encerrarse en la biblioteca con el handbook de physics and chemistry, a buscar datos rebuscados de los que el auxiliar de laboratorio solía preguntar como requisito para acceder a la práctica del día. Si acaso se asomaba al pedazo de patio entre las oficinas del departamento de química y la planta piloto de procesamiento de alimentos. Escuchaba los gritos del árbitro, los reclamos de sus compañeros y regresaba a pasos casi devenidos en zancadas. Una de esas tardes Pedro y Ramón, grandes amigos y también sus críticos más irónicos en el softbol, lo visitaron en la biblioteca.
Entre sonrisas forzadas y ruidos de patas metálicas traseras de las sillas plásticas, Hermes suspiró a punto de decirles que el juego estaba por comenzar. ¿Qué hacían en la biblioteca? Estaban arriesgando perder por forfeit. La voz de Pedro sonó más a bisagras herrumbrosas de edificio abandonado. El silenció de Hermes se mantuvo impenetrable durante la propuesta de Ramón, hasta las observaciones constructivas de Pedro le parecían una de sus tantas bromas respecto a su discapacidad ejecutoria en los deportes. Un postrero intento, una brazada de nadador extenuado le hizo percibir la autenticidad, el desespero de ellos, habían tocado todas las puertas y enfrentaban la posibilidad de perder el juego sin escuchar siquiera la voz de “play ball”. Hermes dijo que iba a tratar lo mejor posible. En el cierre del inning final, con la carrera del empate en tercera y dos outs batearon un flaicito justo sobre las ramas del yaque tras primera base, Hermes persiguió la pelota. Cuando intentó meter el guante se quedó atascado entre las espinas. Sacó la mano del guante y aún con varios raspones colorados en los antebrazos estiró la mano y conseguió atrapar la pelota. Los compañeros se acercaron y cuando Hermes esperaba nuevas bromas del azar jugando a su favor Pedro le dio un apretón de manos y Ramón solo sonreía.
Alfonso L. Tusa C. Mayo 27, 2025 ©
José Alfaro lanza juego sin hits ni carrera.
Packers de Dubuque 5 - Giants de Cedars Rapids 0.
Anónimo. Sábado 16 de agosto de 1975.
Con este juego, José Alfaro entró a un grupo que ya contaba con la membresía de cuatro de sus compañeros de equipo. El roster de Dubuque de 1975, casi sorprendentemente, cuenta con cinco pitchers quienes han lanzado juegos sin hits ni carreras en ligas menores. Los otros cuatro habían lanzado sus no-hitters antes de 1975. Ellos eran Eleno Cuen, quien lanzó su joya en 1972 para el Cocoa de la Florida South League, Robert Dean y Paulo DeLeón, quienes se combinaron para lanzar sin hits ni carreras con el Cedars Rapids cuando este era filial de los Astros en 1973, y Dave Aloi, quien había conseguido el suyo en 1973 también, con el Covington de la Rookie League. No tengo idea de si los cinco pitchers con juegos sin hits ni carreras en un roster representa algun tipo de record o no, pero no puede ser común, y los Packers de 1975 son ciertamente el equipo de más pitchers con no-hitters en la historia del beisbol organizado. Dígame usted que significa cuando digo que ninguno de ellos lanzó siquiera un inning en las mayores.
El esfuerzo de Alfaro casi fue arruinado antes de empezar cuando Calvin Moore (cf) abriendo el juego por Cedar Rapids, bateó un elevado que amenazaba con hundirse sobre la grama de la derecha. Pero el rightfielder Al Osofsky se deslizó sobre sus rodillas para atrapar la pelota. Ese fue probablemente el momento más dramático que vería la multitud esa gran noche promocional (el primera base Dan Sasser había sido nombrado jugador del año de los Giants antes del juego), aunque tal vez hubo algo de suspenso a preguntarse como el anotador oficial consideraría el error de Kevin Drake, cuando una línea de Germán De Los Santos rebotó de su guante. Más allá de eso, parece como si el no-hitter nunca estuvo en duda, ya que ningún Giant llegó a primera base por imparable, y de acuerdo a la Gazette, “Alfaro pareció lanzar tan duro en el noveno inning como lo hizo en el primero”. Lanzó 9 episodios, 0 imparables, 0 carreras, 3 boletos, 5 ponches.
El jardinero central de los Packers fue Terry Puhl, quien bateó de 3-2 con 2 carreras anotadas. El campocorto de era Arnaldo Alvarado quien bateó de 5-1 con 2 carreras impulsadas.
El sin hits ni carreras fue la décima tercera victoria de Alfaro , y su última de la temporada; perdió sus próximas dos decisiones para terminar con marca de 13-8, la cual fue más que buena para liderar el equipo, aunque fue Aloi quien comandó a los Packers (y la MidWest League) en efectividad. Alfaro fue promovido al Columbus AA en 1976, y respondería con marca de 7-7 y efectividad de 3.97. Lanzaría en tres niveles en 1977, y tuvo balance de .500 en todos ellos. Fue su último año en el sistema de los Astros. En 1978 lanzó en México, y en 1979 fue uno de esos quienes participaron en el experimento de la Liga Interamericana. Cuando su franquicia de Panamá claudicó, él se fue a México, y terminó su carrera con Veracruz. Por todo, José Alfaro tuvo marca de 37-41 en su carrera de siete años.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Junio 22, 2016.
Nota del traductor:
Números de José Alfaro en la Liga Venezolana de Beisbol Profesional: 1974-75 hasta 1986-87: 136 J, 41 I, 2 C, 20 G, 22 P, 3 S, 357 IL, 392 HP, 202 CL, 174 K, 230 BB, 5.09 EFE.
Actuación de Terry Puhl con Cardenales de Lara en la temporada 1977-78: 59 J, 209 VB, 31 CA, 59 H, 7 2H, 2 3H, 2 HR, 21 CE, 8 BR, .282 AVG.
Actuación de Arnaldo Alvarado con Cardenales de Lara 1973-74 hasta 1982-83: 236 J, 412 VB, 58 CA, 84 H, 8 2H, 7 3H, 1 HR, 37 CE, 7 BR, .204 AVG.
martes, 2 de septiembre de 2025
Lyman Bostock Recordado por su Carácter dentro y fuera del Campo. (II).
Bruce Markusen.
Bostock empezó a jugar mejor en junio, al elevar su promedio de bateo hasta los .290s. Luego vinieron los horrendos eventos del sábado en la noche de septiembre 23. Después e participar en un juego ante los Medias Blancas en Comiskey Park, Bostock viajó a la cercana Gary, Ind., para pasar algún tiempo con su tío Tom Turner. Entonces Turner y Bostock dieron un paseo a través de Gary, junto con dos hermanas, Joan Hawkins (una amiga de la infancia de Bostock) y Barbara Smith, ambas había pedido el aventón hasta la casa de una amiga. Mientras Bostock estaba sentado en el asiento trasero a las 10:40 pm esa noche, un hombre llamado; Leonard Smith se acercó al carro manejado por Turner. Smith, el distanciado esposo de Barbara Smith, empezó a discutir con los pasajeros del carro. Turner trató de alejarse en el carro, pero Smith lo siguió, y de nuevo se aproximó al carro en una para de semáforo.
En ese momento, Smith sacó una pistola y apuntó hacia la ventanilla trasera del carro de Turner. Smith, que era conocido por haber acosado a su ex esposa y proferir amenazas contra ella, creía erróneamente que ella tenía un amorío con Bostock. Él disparó hacia el vidrio de la ventanilla trasera. El disparo, que iba destinado a Barbara Smith, impactó a Bostock en el lado derecho de su cabeza.
Turner llevó a Bostock a un hospital cercano, donde los médicos intentaron salvarlo por tres horas. Pero los daños eran muy grandes. A la 1:30 de la mañana, Lyman Bostock fue declarado muerto a la edad de 27 años.
Danny Goodwin, compañero de equipo de Bostock, fue el primer jugador de los Angelinos en saber de la tragedia. La noticia pronto se dispersó, el toletero de los Angelinos Don Baylor y el gerente general del equipo Buzzie Bavasi hicieron llamadas telefónicas para informar a los otros peloteros sobre Bostock. El día siguiente, cuando una gran cantidad de medios se instaló en el clubhouse del visitador en Comiskey Park, un molesto Baylor echó a un fotógrafo, diciéndole que saliera del casillero de Bostock, el cual había sido desocupado.
La noticia del deceso de Bostock hizo llorar a muchos de los peloteros de los Angelinos. Mientras a algunos peloteros se les dificultaba hablar con los medios en los momentos posteriores al suceso, el veterano jardinero y bateador designado de los Angelinos, Ron Fairly elogiaba al pelotero quien tenía su casillero a su lado en Anaheim Stadium. “Lyman era un buen hombre”, le dijo Fairly al periodista que cubría a los Angelinos, Dick Miller. “Me sentía cómodo alrededor de él. Cuando él llegaba al clubhouse, siempre tenía una sonrisa y una palabra agradable. Eso de seguro te llega al corazón”.
Otro veterano de los Angelinos compartió sentimientos similares. “Él era un gran tipo y era divertido compartir con él”, dijo el jardinero Rick Miller. “Él mantenía a los muchachos contentos”.
Con su estilo conversador y abierto, Bostock aportaba humor, energía y vitalidad al clubhouse de los Angelinos.
El jueves siguiente, los peloteros, coaches y el manager de los Angelinos Jim Fregosi se unieron a la viuda de Bostock, Youvene, y a otros miembros de la familia para el servicio funeral de Bostock. Uno de los peloteros que hablaron en el funeral fue el veterano pitcher zurdo, Ken Brett.
“Hemos sido privados de un gran pelotero, gran amigo, un espíritu sin igual se ha marchado del clubhouse de los Angelinos”, dijo Brett.
Para dificultar más las cosas, Leonard Smith, el hombre que asesinó a Bostock, pasaría menos de dos años en prisión. En el juicio, Smith fue absuelto por el jurado, fue hallado no culpable por razones de enfermedad. Smith permaneció en libertad hasta su muerte en 2010 a la edad de 64 años.
El deceso de Bostock fue tan sin sentido como devastador para su familia y la comunidad del beisbol. No hay manera de saber que tipo de carrera habría tenido, si pudo haber experimentado una carrera de Salón de la Fama o simplemente una buena, pero no hay dudas de que tuvo un gran impacto en aquellos que conoció en el beisbol. Él cumplió el clásico sueño del beisbol: Emerger de la pobreza para convertirse en una estrella aclamada, una celebridad del deporte. Lo consiguió trabajando duro y jugando con intensidad y chispa, todo mientras retribuía a su comunidad, especialmente cuando sentía que había desilusionado a su equipo.
Más de 45 año después de su muerte, esas son las cualidades que sustentan el legado de Lyman Bostock.
Bruce Markusen is the manager of digital and outreach learning at the National Baseball Hall of Fame and Museum
Traducción: Alfonso L. Tusa C. Junio 04, 2025.
Nota del traductor: Lyman Bostock jugó en LVBP con Tigres de Aragua en las temporadas 1974-1975 y 1975-1976.
Lyman Bostock Recordado por su Carácter dentro y fuera del Campo. (I)
Bruce Markusen
El nombre de Lyman Bostock es relativamente desconocido por las jóvenes generaciones de aficionados. Hasta para los aficionados que podrían haberlo visto jugar en los 1970s, las memorias de Bostock parecen escasas. Su carrera __y su vida__ fueron simplemente muy cortas.
Bostock merece mejor reconocimiento por lo que logró. Fue parte de una familia beisbolera de dos generaciones, desplegó un talento general y demostró ser un hombre de carácter.
Lyman Wesley Bostock nació en Birmingham, Ala., en 1950, en una familia de tradición beisbolera; su padre, Lyman Bostock, Sr., había emergido como primera base estrella en las Ligas Negras mientras jugaba para el equipo de Birmingham, los Black Barons. Desafortunadamente, el joven Lyman tuvo poco contacto con su padre, quien se separó de su madre, Annie, justo antes de su nacimiento. La madre y la abuela de Lyman, lo criarían mientras sobrevivían las dificultades financieras en Birmingham.
En 1957, debido a las pocas oportunidades de trabajo en Birmingham, Annie Bostock tomó la decisión de mudarse al oeste. Con unos pocos dólares en su cartera, ella y Lyman hicieron el viaje a través del país hacia Los Angeles. Allí fue donde Annie encontró un mejor trabajo como técnico en el hospital de Los Angeles. Ella inscribió a Lyman en Manual Arts High School, allí él se convirtió en primera base estrella, como su padre.
El juego sofisticado de Bostock llamó la atención del entrenador universitario Non Hiegert, quien estaba a cargo del programa de beisbol en Valley State College (el cual fue renombrado luego como Cal State Northbridge). Al jugar en la California College Athletic Association (CCAA), Bostock domino. En 1971, utilizó su estilizado swing zurdo9 para batear .344 y ganarse una selección para el segundo equipo de estrellas de la conferencia. En 1972 jugó todavía mejor, esa vez se ganó un lugar en el primer equipo de la conferencia.
A pesar de su éxito, Bostock generalmente era subestimado por los buscadores e talento profesionales, tal vez debido a su estatus de CCAA de Division II. También había rumores infundados de que Bostock había tenido una mala actitud en Valley State, algo que él siempre negó. Cualquiera que haya sido la razón, Bostock no fue seleccionado hasta la ronda 26 del draft de ligas mayores. Entonces fue cuando los Mellizos de Minnesota, un equipo envejecido que había caído al quinto lugar del oeste de la Liga Americana en 1971, pronunciaron su nombre.
Los Mellizos asignaron a Lyman al Charlotte, su equipo afiliado en la categoría Clase A en la Western Carolinas League y la pasaron desde la primera base hasta los jardines. Bostock no mostró poder, al no despachar un solo jonrón en 57 juegos, pero hacía bien muchas otras cosas. Bateó .296, compiló un porcentaje de embasado de .419 y mostró un buen alcance en los jardines.
Los Mellizos vieron lo suficiente para promocionar a Bostock al Orlando AA en 1973. Las lesiones lo limitaron a 85 juegos, pero bateó para .313, compilando más boletos que ponches y hasta descargó cinco jonrones.
El año siguiente trajo otro ascenso, esta vez al Tacoma AAA, el equipo afiliado de los Mellizos en la Pacific Coast League. De nuevo, el juego de Bostock mejoró al moverse a una liga superior, la señal de su estatus como prospecto legítimo. Levantó su promedio de bateo hasta .333 y largó siete jonrones, con lo cual se ganó ser seleccionado al equipo de estrellas de la PCL.
Debido a su escalada a través de las ligas menores, los Mellizos invitaron a Bostock al entrenamiento primaveral en 1975 con la idea de que compitiese por el puesto de jardinero central titular. Bostock se desempeñó tan bien en la Florida Grapefruit League que se ganó fácilmente el trabajo. De hecho, su bateo y rapidez en las bases generaron comparaciones con un veterano pelotero de los Mellizos quien jugaba segunda base: el gran Rod Carew. Como Carew, Bostock bateaba desde el lado izquierdo del plato, utilizaba todo el campo para dirigir sus conexiones, y optaba el bateo de contacto para despachar líneas trepidantes antes que el poder contundente. Y como su afamado contraparte, Bostock podía correr. No robaba bases tan prolíficamente como Carew pero podía tomar la base extra como lo hacía Carew.
Bostock comenzó en el jardín central de los Mellizos en el día inaugural, pero pronto entró en una mala racha, se lesionó el tobillo y fue enviado a Triple. Bostock complicó la situación con una actitud autosuficiente y sus reiteradas discusiones con los árbitros por los conteos de bolas y strikes. Pasó las próximas semanas en el Tacoma AAA, recuperando su swing y mejorando su enfoque, antes de regresar a Minnesota a finales de junio. Sus fallas ofensivas con los Mellizos continuaron hasta mediados de julio, su promedio de bateo estaba enterrado por debajo de .200.
Entonces empezó el viraje. Ahora jugando en el jardín derecho, Bostock arrancó la escalada. Eso empezó el 18 de julio y continuó por el resto de la temporada. Durante ese período prolongado, él bateó .323 para subir su promedio en la temporada hasta .282. Los números totales de Bostock parecían solo modestos, pero el mejoramiento de la segunda mitad, el cual ocurrió a pesar de una lesión de pulgar, les dio a los Mellizos una visión de su enorme talento.
Bostock también impresionó en los jardines. De vez en cuando, hacía atrapadas de canasta, con el mismo estilo que Willie Mays y Roberto Clemente habían utilizado por muchos años. Para Bostock, la atrapada de canasta tenía poco que ver con Mays y estaba más relacionada con la falta del implemento apropiado.
“Cuando yo tenía 8 años de edad, mi mamá me compró mi primer guante, pero alguien me lo robó el día siguiente”, le dijo Bostock al escritor que cubría a los Mellizos, Bob Fowler, corresponsal de Sporting News. “Mi mamá no me iba a comprar otro. Pero una amiga de ella en el trabajo le regaló otro guante. Desafortunadamente, era un modelo para zurdos, y yo soy derecho. Como era el único guante que tenía, tuve que usarlo. Era la única forma como podía atrapar la pelota. Se convirtió en hábito”.
En 1976, los Mellizos regresaron a Bostock al jardín central y presenciaron su florecimiento. Al regular su actitud de exceso de confianza, bateó .323, lo cual le valió el cuarto puesto en la Liga Americana, detrás de George Brett, Hal McRae y su compañero Carew. Al embasarse 36 por ciento de las veces, se ponchó solo 37 veces. También jugaba corto en el jardín central, lo cual le permitía atrapar elevados que habría precipitado frente a muchos jardineros. El único inconveniente de la temporada fueron algunas lesiones, producto de arrojado estilo de juego, lo cual lo limitó a 128 juegos.
Bostock jugó tan bien en 1976 que Fowler, al escribir para Minneapolis Star Tribune, hizo la siguiente predicción: “Los Mellizos tendrán un excelente jardinero central toda la próxima década”.
Desafortunadamente, Bostock solo jugaría una temporada más con los Mellizos, y solo dos más en toda su carrera.
En 1977, Bostock llevaría su juego a otro nivel. Agenció topes en su carrera para cada catgoría importante, incluyendo el promedio de bateo; su registro de .336 se ubicó segundo en la Liga Americana. Se embasó a un ritmo de .389 y robó un tope personal de 16 bases. Triplicó su producción jonronera de 1976, al terminar la temporada con 14 vuelacercas. Y con 36 dobles y 12 triples, redondeó un porcentaje de slugging de .508 y un OPS de .897. Sin discusión, Bostock había alcanzado el estrellato de las ligas mayores.
Pero no todo estaba bien en Minnesota. A mediados de temporada, Bostock había expresado frustración con los aficionados de los Mellizos, al llamarlos “aventajados e ignorantes” antes de presentar disculpas. Con el nuevo sistema de agentes libres en el beisbol, y Bostock ejerciendo su opción, estaba próximo a convertirse en agente libre. Los Mellizos habían tratado de firmarlo durante la temporada, al ofrecerle un contrato de seis años por 2 millones $. En la superficie, la oferta era buena, pero en la mente de Bostock había llegado muy tarde, y después de lidiar mucho con el dueño de los Mellizos Calvin Griffith, un hombre poco conocido por su generosidad en la mesa de negociaciones. Como Bostock le dijo una vez a un reportero de los Mellizos: “Si no fuese por el dueño, Minnesota sería un gran lugar para jugar”.
La actitud de Griffith hizo que Bostock se decidiera a convertirse en agente libre y firmar en otro lugar. Dos equipos, los Yankees de Nueva York y los Padres de San Diego, hicieron ofertas agresivas. El ofrecimiento de los Padres incluía la propiedad de una franquicia de McDonald’s, cortesía del dueño del equipo y fundador de McDonald’s, Ray Kroc. Bostock desestimó esas ofertas y firmó con los Angelinos de California, cuyo paquete de cinco años y 2.3 millones $ era en realidad 250.000 dólares menos que la oferta de los Yankees. Dudoso de unirse a un equipo de los Yankees que a menudo atraía la controversia, a Bostock le agradaba la idea de jugar en el sur de California para otro equipo que trataba de ganar a cualquier costo, como se evidenciaba en sus recientes firmas de los agentes libres Don Baylor, Bobby Grich y Joe Rudi.
Los Angelinos parecían el destino perfecto. Pero Bostock, tal vez tratando de emplearse a fondo para cumplir las expectativas que traen los contratos de grandes cantidades de dinero de un agente libre, tuvo un inicio de temporada terrible. Bostock se sentía tan mal por su pobre inicio que ofreció devolver una parte de su salario al dueño de los Angelinos Gene Autry. Cuando Autry rechazó tomar la devolución, Bostock destinó ese dinero a la caridad, incluyendo un grupo que ayudaba a los adolescentes en sus batallas contra las drogas y el abuso del alcohol. La donación fue emblemática de Bostock, quien regularmente regalaba implementos deportivos de niños de escasos recursos y había establecido un fondo para reconstruir la iglesia donde asistía su madre.
Traducción: Alfonso L. Tusa.C. Junio 04, 2025.
lunes, 1 de septiembre de 2025
Lucas Giolito y Martín Pérez dos pitchers sorprendentes.
Aunque de vez en cuando hay uno o dos pitchers que lanzan seis innings de dos o tres carreras y el nuevo béisbol considera esto una salida de calidad. Es mucho más difícil, raro, expectante que un pitcher abridor avance hasta los parajes de un séptimo inning, el duende del conteo de pitcheos ahora asoma hasta los alrededores de los 80 lanzamientos, y este fenómeno es más impactante cuando además el serpentinero ha pitcheado sin permitir anotaciones. Este martes 26 de agosto de 2025, los seguidores del béisbol que añoran aquel juego de otros tiempos, con abridores de nueve, 10 y hasta doce innings de labor, soñaron con ojos abiertos al contemplar el desempeño de dos pitchers abridores; Lucas Giolito subió al montículo por Medias Rojas versus Orioles de Baltimore y Kyle Bradish en Oriole Park at Camden Yards y Martín Pérez se encaramó en la lomita por Medias Blancas de Chicago ante Reales de Kansas City y Michael Lorenzen en Guaranteed Rate Field.
Tanto Giolito como Pérez vienen de incidentes con sus brazos de lanzar, ambos tienen más que el simple reto de salir a leer las señas de sus receptores en cada apertura. Giolito se sometió a una intervención quirúrgica y Pérez decidió posponer la suya y someterse a tratamiento el cual funcionó. Se trata de mostrar que están de vuelta, al tope de sus facultades físicas y mentales. Ese es un proceso exigente que puede tener altibajos, por eso cuando se logra trascender el quinto inning en esas condiciones, la mirada recobra linealidad y cuando se traspone el séptimo se aprietan los labios y casi se corre hasta el rincón más alejado del dugout. Aún sin lanzar sin imparables, los compañeros se abstienes de compartir con él, aunque en el béisbol moderno han aparecido varios incautos o desconsiderados que se dirigen al pitcher en proceso de alguna joya y le comentan directo, sin anestesia que no le han conectado imparables desde temprano en el juego.
Lucas Giolito retiro los primeros ocho Orioles que enfrentó, cinco ponches y tres outs dentro del cuadro interior. En el tercer inning permitió el primer imparable del bate de A. Jackson. Luego retiró seis Orioles más en fila tres rodados al cuadro, una línea al jardín izquierdo y dos ponches, hasta recibir doble de D. Beavers entre el jardín central y el derecho. En el sexto inning permitió imparables de piernas a A. Jackson y J. Jackson, pero se las ingenió para retirar a J. Holliday con elevado profundo al jardín central, A Gunnar Henderson con ponche cantado y a C. Cowser con roletazo a primera base. Luego retiró otros siete Orioles en fila hasta que J. Holliday le negoció boleto en el cierre del octavo inning, terminó esa entrada con ponche tirándole a J. Jackson. Hasta el sétimo inning Giolito había ejecutado 83 envíos hacia el plato, parecía tener cierta oportunidad de lanzar el blanqueo completo. Pero en el octavo realizó 21 lanzamientos y para el noveno inning salió a relevar J. Wilson. Ocho entradas de labor, cuatro imparables, ocho ponches, un boleto. Realizó 104 envíos al plato, 69 strikes. Ochos de los outs fueron con roletazos, ocho con batazos por el aire y los ocho restantes por ponches.
Martín Pérez retiró a los primeros ocho Reales de Kansas City que enfrentó (tres ponches, dos roletazos a segunda base, dos elevaditos a primera base, un elevado al jardín central) hasta que le propinó pelotazo a T. Tolber, de inmediato dominó a Maikel García con línea al centro. En el cuarto inning permitió imparable a Bobby Witt Jr., al centro pero luego obligó a V.Pasquantino a roletear para dobleplay, campocorto-primera base. Dominó a Salvador Pérez con elevado al centro. Martín Pérez retiró en orden los innings quinto, sexto y séptimo para completar 11 retirados en fila al momento de salir del juego. En total permitió seis roletazos al cuadro interior, tres elevados a primera base, seis elevados a los jardines, 5 ponches. Pérez salió del juego ganando 4-0, pero el bullpen falló y Kansas City perdió 5-4, con lo cual Pérez se fue sin decisión. Realizó 85 lanzamientos, 55 strikes.
En sus siguientes aperturas, el domingo 31 de agosto de 2025. Giolito se apuntó la victoria (10-2) ante Piratas de Pittsburgh 5-2 en Fenway Park. Trabajó seis innings, tres imparables, una carrera limpia, cinco boletos, seis ponches. 95 lanzamientos-53 strikes. Siete rodados-cinco elevados. Pérez volvió a salir sin decisión pero esta vez los Medias Blancas de Chicago vencieron a los Yankees de Nueva York (3-2) en Rate Field. Lanzó seis innings, cinco imparables, dos carreras limpias, dos boletos, 7 ponches. 99 envíos-62 strikes. Cinco roletazos-6 elevados.
Alfonso L. Tusa C. Septiembre 01, 2025. ©
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