jueves, 19 de diciembre de 2024

Rocky Colavito, Toletero Estrella de Cleveland fallece a los 91 años de edad.

Después que fue cambiado en una de las negociaciones más infames de la historia de Cleveland, el equipo se fue a pique y nació “la maldición de Rocky Colavito”.
Richard Goldstein. The New York Times. Diciembre 11, 2024.
Rocky Colavito, quien fuese uno de los toleteros líderes de su época y uno de los grandes favoritos de los aficionados como jardinero de los Indios de Cleveland, y terminara siendo canjeado en 1960 en la negociación más infame de la historia del club, falleció este martes 10 de diciembre en su hogar de Bernville, Pa. Su deceso fue anunciado por los Guardians de Cleveland, como el equipo es conocido ahora. Colavito largó 374 vuelacercas en las grandes ligas, ocho de esas temporadas en dos estadías separadas con Cleveland. Terminó su carrera con un retorno a su lugar de nacimiento, el Bronx, al jugar para los Yankees. Seis veces participante en el Juego de Estrellas, fue solo el tercer pelotero de grandes ligas en batear cuatro jonrones en un juego en turnos consecutivos al bate, y tuvo uno de los brazos más fuertes del juego. Un pelotero espigado, Colavito jugaba al beisbol con entusiasmo, aunque los pies planos limitaban su movilidad, y le agradaba firmar autógrafos. La revista Time lo puso en su portada en el verano de 1959 para un perfil de las jóvenes estrellas del beisbol, entusiasmados con cómo Colavito, guapo con pelo rizado, “hace que las fanáticas adolescentes chillen” “Rocky tenía un carisma tremendo”, Herb Score el zurdo de bola rápida de Cleveland, le dijo a Terry Pluto en “The Curse of Rocky Colavito” (1994), una crónica de los días terribles del equipo luego que Colavito fue cambiado. “Los aficionados lo buscaban no solo porque bateaba jonrones. Rocky se fajaba en las situaciones cruciales. No siempre tenía éxito, pero él quería ser el tipo que llevara esa carga en su espalda”. Cuando se acrecentaron los rumores de que Colavito sería cambiado en 1958 por el recién llegado gerente general Frank Lane quien se había caracterizado por hacer muchas negociaciones en sus empleos previos, los aficionados corearon, “No golpees la roca!”
Colavito bateó 41 jonrones en 1958 y 42 en 1959, empatando con Harmon Killebrew el liderato de la Liga Americana, mientras empujaba más de 90 carreras en cada una de esas temporadas. Lane le dijo a The Saturday Evening Post en julio de 1959 que Colavito “sería fácilmente la gran atracción de taquilla en la Liga Americana” cuando Mickey Mantle y Ted Williams terminase sus carreras. Pero Lane desechó la solicitud de Colavito de un aumento significativo de salario, y, dos días antes de la inauguración de la temporada de 1960, disgustó a la afición de Cleveland al enviar a Colavito a los Tigres de Detroit por el jardinero Harvey Kuenn. Kuenn, el campeón de bateo de la liga en 1959, era tres años mayor que Colavito y tuvo sus únicos nueve jonrones esa temporada. Gabe Paul, el gerente general de los Rojos de Cincinnati en ese momento y futuro gerente general de Cleveland, fue citado diciendo: “Los Indios cambiaron a un tipo lento con poder por un tipo lento sin poder”. Colavito llegó a batear al menos 35 jonrones en tres de sus cuatro temporadas con los Tigres. Kuenn jugó solo una temporada para Cleveland antes de ser cambiado a los Gigantes de San Francisco. “Amaba a Cleveland y a ´los Indios”, le dijo Colavito a The Plain Dealer de Cleveland en 2010- “Nunca quise irme”. E insistió que nunca le había hecho una maldición al equipo. Como lo dijo, “Frank Lane lo hizo”. De cualquier manera, Cleveland todavía no ha ganado una Serie Mundial desde 1948. Rocco Domenico Colavito nació, en el Bronx, hijo de un camionero. Idolatraba a Joe DiMaggio de muchacho y abandonó la Theodore Roosevelt High School a los 16 años de edad para jugar beisbol semi profesional. Luego de observarlo en una práctica en el Bronx, Cleveland lo firmó en un contrato de ligas menores por un bono de 3000 $ en 1951.
Después de cuatro años con Detroit y un año con los Atléticos de Kansas City, Colavito regresó a Cleveland en enero de 1965 en un cambio de tres equipos que involucró a los Atléticos y los Medias Blancas de Chicago. Pero Cleveland falló al traer de vuelta a Colavito, así como lo hizo al enviarlo a otro equipo. Colavito todavía era un bateador productivo, pero para entonces estaba en el ocaso de su carrera. Cleveland le entregó a los Medias Blancas al pitcher Tommy John, quien ganaría 286 juegos en su carrera, así como a Tommie Agee. Quien se convertiría en el novato del año en 1966 con los Medias Blancas y en el jardinero central de los Mets campeones de la Serie Mundial de 1969. Colavito permaneció con Cleveland hasta mediados de 1967, y entonces terminó su carrera con los Medias Blancas, los Dodgers, y los Yankees, quienes lo firmaron en julio de 1968 cuan do fue cesanteado por Los Angeles. En su primer juego como Yankee, despachó un jonrón de tres carreras en su segundo turno al bate contra los Senadores de Washington ante una dispersa multitud de 11.503 aficionados en Yankee Stadium. En agosto, pitcheó 2.2 innings en relevo contra los Tigres en el primer juego de una doble cartelera, entró a lanzar en el cuarto inning con Detroit adelante 5-0. No permitió carreras y aceptó solo un imparable para apuntarse la victoria cuando los Yankees reaccionaron para ganar 6-5. Bateó un jonrón en el segundo juego de una barrida de los Yankees de la doble cartelera. Pero la corta estadía de Colavito con los Yankees por lo demás fue sin pena ni gloria. Descargó cinco jonrones pero bateó solo .220. Cuando los Yankees lo firmaron, él estaba inseguro sobre su futuro y pidió que lo dejaran libre una vez que terminara la temporada. Así lo hicieron, y él decidió retirarse.
Además de sus 374 jonrones, Colavito empujó 1159 carreras __lideró la liga con 108 en 1965 __ y tuvo un promedio de bateo vitalicio de .266. Cuando bateó cuatro jonrones consecutivos contra los Orioles en Baltimore en junio de 1959, igualó un hecho que solo había sido logrado por Bobby Lowe en 1894 y Lou Gehrig en 1932. Los sobrevivientes de Colavito incluyen a su esposa, Carmen; sus hijos Rocky Jr., y Steven, y una hija, Marisa. Luego de sus días de jugador activo, Colavito fue coach para Cleveland y los Reales de Kansas City. Estuvo entre los Reales que fueron expulsados de un juego en Yankee Stadium en 1983 en lo que se conoció como el incidente de alquitrán de pino. Un árbitro anuló un jonrón de George Brett de Kansas City porque el bate de Brett estaba cubierto muy arriba del mango con alquitrán de pino, lo cual puede mejorar el agarre del bateador- Luego de la sentencia, Colavito había tratado de esconder el bate al árbitro. Cleveland, que lo indujo en el Salón de la Fama del equipo, le honró en su cumpleaños 80 en su estadio, Progressive Field, donde Colavito lució su viejo número 6. Ochenta años después, una estatua en su honor fue develada en la Pequeña Italia de la ciudad. “Estoy muy agradecido y contento”, le dijo a la multitud , “de que Dios me escogiese para jugar en Cleveland”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. 17 diciembre 2024.
Nota del traductor: Rocky Colavito jugó en LVBP con Navegantes del Magallanes en la temporada 1955-56. 17 JJ. 68 Vb. 15 H. 2 2H. 1 3H. 1 HR. 5 CA. 4 CE. .221 AVE.

martes, 17 de diciembre de 2024

De Ramón Monzant, con vistas a Juan Carlos Pulido, ahora Junior Guerra sube al montículo.

Las transacciones de Luis Blasini son muy dificiles de asimilar a veces, en otras ocasiones se puede presentir el fracaso desde el principio, a veces ese fracaso empieza a transmutarse a medida que avanza la temporada. En el caso de Junior Guerra las expectativas estaban más inclinadas a una especie de limbo de incertidumbre por cuanto a quien habían enviado a Tiburones de La Guaira era Yangervis Solarte, un pelotero que por mucho tiempo manifestó no querer jugar en lvbp, y ahora que deseaba regresar no quería uniformarse con los Navegantes del Magallanes. Eso creó una especie de expectativa doble y hasta triple, por ver como lanzaba Guerra con Magallanes, como vendría luego de la cirugía en su brazo de lanzar, como contrataba eso con la actuación de Solarte con los escualos. A medida que avanzaba la temporada, empezaron a relumbrar imágenes de Ramón Monzant, Sam Nahem, Clem Labine, Gerald Pirtle, Johnny Hetki, George Spencer. Siempre las comparaciones han sido odiosas porque las épocas implican condiciones distintas, desde el clima de planeta hasta la carencia de humildad y respeto. En el beisbol actual es muy difícil que un pitcher llegué al séptimo inning y casi una rareza de museo que complete el juego, para no hablar del tipo de hallazgo arqueológico que implica apreciar un blanqueo de nueve inning del pitcher abridor. Cuando un lanzador tiene el tipo de temporada que experimenta Junior Guerra en la temporada 2024-25, sin importar la época en que viva, hay al menos la sensación, o la esperanza de que pueda revivir al menos en uno de esos juegos algunas de las hazañas de otros tiempos. De hecho alguna vez completó el séptimo inning y hasta sacó algún out en el octavo episodio, eso hace sentir una especia de escalofrío de máquina del tiempo, de vacío demoledor.
La irregularidad de los Navegantes del Magallanes en la temporada 2023-24 hace más significativa y profunda la gesta de Junior Guerra, sería bien complicada la situación del equipo en la semana final de la campaña de no contar con los ocho triunfos de Junior además de algún otro juego donde se fue sin decisión y el equipo ganó. Se convirtió en ese tipo de pitcher que los estadounidenses llama “stopper”, el lanzador que viene a detener las seguidillas de derrotas sin importar que el equipo parezca desfallecer. La presencia, la determinación de atacar la zona de strike desde el principio y colocar los envíos en la zona apropiada para cada bateador sin temor a golpearlo porque sabe que tiene el control necesario para lanzar adentro sin siquiera rozar la humanidad del bateador. En estos cuatro juegos que restan a Junior Guarra le tocará abrir el juego del viernes ante Tigres de Aragua, independientemente de cómo le haya ido al Magallanes en Puerto la Cruz ese juego podría ser crucial en las aspiraciones de los Navegantes. Dependiendo de cómo ocurran los acontecimientos a partir de este martes 17 de diciembre en el estadio Alfonso Chico Carrasquel de Puerto la Cruz. Si Carlos (Charlie Brown) Rodríguez puede regresar al jardín central y el primer turno de la alineación. Si Luis Suisbel es capaz de reaparecer en la antesala y la parte media de la alineación y si J.C. Ramírez, Cristofer Ogando, Bazardo, Vizcaya, Tinoco y Franco tienen la resiliencia suficiente para saldar la deuda pendiente con el equipo. Los Navegantes podrían regresar el viernes al José Bernardo Pérez de Valencia con la misión de asegurar el tercer lugar en la tabla de clasificación o ¿ por qué no?, hasta la segunda posición.
Alfonso L. Tusa C. 17 diciembre 2024. ©

lunes, 16 de diciembre de 2024

Bill Fischer: El Pitcher que Odiaba Conceder Boletos.

En 1962, cuando jugaba para los Atléticos de Kansas City, lanzó 84.1 innings seguidos sin dar una base por bolas.
Elliot Harris. The Chicago Sun Times. Baseball Digest. Diciembre 1997.
¿Cual pitcher antiguo tiene la marca de más innings seguidos sin permitir un boleto? No es Greg Maddux. No es Dennis Eckersley. Es Bill Fischer. El antiguo pitcher derecho de los Medias Blancas de Chicago (1956-58) impuso la marca en 1962 con los Atléticos de Kansas City. Sus 84.1 innings rebasaron la marca previa de 68, un patrón impuesto por Christy Mathewson en 1913. La mayor parte del logro de Fischer fue alcanzada en la oscuridad hasta que lanzó seis entradas seguidas sin bases por bolas contra los Medias Blancas el 10 de septiembre en Comiskey Park para alcanzar los 61.1 innings consecutivos. “Después que ellos pusieron eso en los titulares, la gente empezó a hablar algo más del hecho”, dijo Fischer el septiembre pasado desde Richmond, Virginia, donde es el coach de pitcheo del equipo AAA de los Bravos de Atlanta. En realidad The Sporting News había publicado un artículo de dos párrafos con el encabezado: El pitcher Fischer de los Atléticos extiende su seguidilla de innings sin conceder boletos a 53. La semana anterior, The Sporting News publicó el box score de un juego que él pitcheó. Pero el pitcher rival, el zurdo Jack Kralick de los Mellizos de Minnesota, era el hombre del momento por pitchear un juego sin imparables ni carreras ante los Atléticos. “No sé como empezó eso”, dijo Fischer, de 66 años de edad, de la seguidilla. “En ese momento no estaba en el bullpen. Un par de abridores estaban indispuestos, así que el manager Hank Bauer me puso a abrir”. Fischer tuvo marca de 4-12 con 3.95 de efectividad para un equipo que terminó con marca de 72-90, 34 juegos detrás de los ganadores del banderín, Yankees de Nueva York. Los Atléticos de aquellos días estaban lejos de ser los Yankees del ’27, aunque terminaron 11 juegos y medio por delante de los sotaneros Senadores de Washington.
Durante la seguidilla, Fischer perdió 1-0 en tres ocasiones. “La última vez que perdí por blanqueo fue después de Labor Day”, dijo de un juego de gira del 26 de septiembre. “Baltimore llamó a un pitcher de las ligas menores y lanzó contra nosotros. Todavía recuerdo a los muchachos regresar y decir ‘Espero que ellos mantengan a ese tipo aquí en la liga porque no tiene nada en la bola’. Terminó ganándonos 3-0, y su nombre era McNally. Así que lo mantuvieron en la liga. Nadie más pudo batearle en la liga”. Dave McNally completó una carrera de 14 años con marca de 184-119, incluyendo esa victoria en su única aparición de 1962. La seguidilla de Fischer terminó con un boleto de cuatro lanzamientos ante Bubba Morton de los Tigres de Detroit en el último juego de la temporada con un out en el quinto inning, y nunca volvió a estar cerca de tan impresionantes estadísticas. “Nunca caminaba a muchos, pero en mi trayectoria de tiempo, tal vez alrededor de 20 innings”, dijo de sus otras mejores seguidillas. “El año siguiente, me pusieron en el bullpen, así que nunca tuve oportunidad de meterme en una seguidilla”. Fischer está consciente cuando cualquier pitcher anda en una seguidilla. “Eckersley probablemente tenía el mejor control”, decía del relevista de los Cardenales y antiguo abridor de los Indios Medias Rojas y Cachorros, antes de mudarse al bullpen cuando llegó a los Atléticos de Oakland en 1987. “Maddux andaba por más de 50 innings, y le dio un boleto al pitcher haces dos años”. “Empezó a enviarme correos de odio el año pasado cuando yo tenía 30 innings seguidos o algo parecido, una especia de golpe”, dijo Maddux con una sonrisa. “Eso funcionó”. Fischer tuvo que trabajar un conteo de 3-1 contra Robin Roberts la noche que rompió la marca. “Me dije, ‘Dios mío, vas a bolear al pitcher’”, dijo Fischer. Y lancé un strike que él dejó pasar. Ante el siguiente pitcheo el hizo swing y falló. De todas formas hubiera sido strike”.
El hombre que Fischer retiró para establecer la marca fue el futuro inquilino del Salón de la Fama Brooks Robinson. “Él bateó la pelota de vuelta a mí”, dijo Fischer. “Después de eso, el antiguo dueño de los Atléticos, Charlie O. Finley, Dios le de descanso a su alma, me dio un bono de 1000 $ que era un buen dinero en aquellos días. En realidad es bastante en cualquier época. Entonces dijo que por cada inning donde yo no concediera boleto me daría 100 $. Así que fui desde 68 hasta 84.1. Él dijo que cuando terminara la temporada también se terminaría lo de los 100 $. Y yo caminé un bateador el último día de la campaña”. Así que esa sigue siendo una marca. ¿La romperán alguna vez? “Pensé que solo Maddux tendría la única oportunidad”, dijo él. “Y Eckersley pero no lanza suficientes innings. Es difícil pitchear 84.1 innings desde el bullpen. Bob Tewksbury una vez tuvo 40 o 50 innings. Pero se sabrá cuando alguien se acerque porque usualmente lo publican en los periódicos”. “Kansas City solo tenía un periodista de beisbol para esa época. Y en Baltimore pienso que ni siquiera enviaban a alguien a los camerinos. Nadie le prestaba atención a eso. Es una marca imperceptible”. Tan segura como la seguidilla de 56 juegos con imparables de Joe DiMaggio en 1941 parecería. El logro de Fischer parecería aún más seguro. “Dicen que hay que tener más destreza para hacer eso (la seguidilla de DiMaggio), pero no sé”, dijo Fischer. Para que alguien lance 84.1 innings sin conceder boletos, hay que tener mucha fortuna”. Y algo de habilidad. “Tal vez un poco”, dijo él.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. 15 noviembre 2023.

sábado, 14 de diciembre de 2024

Noticias de un equipo

Desde febrero hasta septiembre a veces hay períodos cuando parece borrarse el entorno de la liga venezolana de beisbol profesional, sin embargo de pronto ocurren episodios que hacen entender porque las gerencias de los equipos dicen que trabajan los 365 días del año, Está semana del 12 al 18 de mayo semejaba un tren desbocado que más que detenerse en las estaciones lanzaba bultos de información cada una más impactante, más sorpresiva, más escalofriante que la otra. Primero apareció una conversación del manager Eduardo Pérez. Luego la gerencia deportiva desplegó el cambio con Tiburones de La Guaira. Y cuando aún los seguidores de la nave magallaneras intentábamos recuperar algo de normalidad en la respiración, llegó el bombazo más sonoro transacción múltiple con los eternos rivales de Leones del Caracas. Como muchos sucesos seguidos en menos de cinco días, algo quizás atropelladlo luego de más de un mes sin saber de los planes del equipo. Leer que el manager se ocupa personalmente de completar su cuerpo técnico y de hablar con peloteros tan claves como el relevista Vizcaya es indicativo de que se quiere trabajar apropiadamente. Mantener a Clemente Álvarez como uno de sus coaches implica planificación de interminables secuencias de pitcheos de acuerdo al equipo, al bateador, al momento del juego. Aceptar a Ramón Hernández entre sus principales asistentes significa conocimiento de muchos detalles del equipo, particularidades de tal o cual pitcher, características de algunos jardineros, comunicación continua con los abridores y constancia con los relevistas para controlar la ansiedad de los innings postreros. Llamar a Ramón Borrego como coach de tercera base refleja que Eduardo Pérez valora la experiencia próxima, la regularidad y perspicacia que solo da conocer de referencia pasada inmediata, solo así se conoce como enviar hacia el plato a un corredor desde que viene doblando en segunda base. Que el manager se haya tomado el tiempo de conversar con Anthony Vizcaya tan temprano como en mayo indica que definitivamente quiere formar un equipo sólido basado en la armonía, que deje bien atrás ese episodio de los epítetos por asuntos personales.
Entonces viene ese movimiento inesperado del cambio con La Guaira, se sabía que iban a cambiar a Yangervis Solarte, porque quien nunca se ha llevado bien con la gerencia deben dejarlo ir. Difícil entender en principio que fuese Junior Guerra el pelotero a recibir. Primero porque a Guerra no le fue bien con Magallanes en la temporada que lo tomaron de refuerzo (2021-2022). Esperaron por él hasta la Serie del Caribe y quedó en deuda con el equipo. Luego está el punto de la operación en el brazo de lanzar y su recuperación, son asuntos delicados que pueden terminar con una buena recuperación o con muchos intentos fallidos. Finalmente está el tema de la edad, 39 años son suficientes para la mayor parte de los beisbolistas. Sin embargo Guerra ha declarado que está recuperado de la operación y que tiene bastante por dar todavía. Esperemos ver al menos aquel pitcher de algunos seis o siete años atrás que se convertía en uno de los principales bastiones de Tiburones de La Guaira cada vez que iniciaba un juego. Cuando parecía que era suficiente para la sala de mandos por esta semana, aparece el bombazo del cambio con el Caracas; Erick Leal, Victor Bericoto y José Torres por Oswald Peraza, Felipe Rivero y Leonel Sequera. A primera instancia pareciera una transacción pareja, sin embargo tal vez la condición reciente de as de la rotación de pitcheo de Leal incline un poco la balanza a favor de los melenudos. Leal comunicó con determinación a la gerencia caraquista “no se arrepentirán”, y también en otra declaración comunico su tristeza por la salida de la nave magallanera, seguramente quería demostrar que ha recuperado su antigua forma y estaba dispuesto a saldar con creces los defectos de la temporada pasada. Bericoto también se mostró dispuesto a colaborar y Torres es una antigua ficha de leones. Respecto al lado magallanero, hay dudas de si los Yankees dejaran jugar aquí a Peraza, y si es así en cuantos juegos participaría. El pelotero clave para los Navegantes en este cambio, parece ser Rivero, dos años sin tocar una pelota puede ser un período que pese a la hora de recuperar las condiciones que lo llevaron a destacar como cerrador con los Piratas de Pittsburgh. En la medida que Rivero confirme que está de vuelta, esta transacción puede empezar a nivelarse. En cuanto a Sequera, aunque se vislumbra como un buen prospecto, es muy difícil que lo veamos trabajar con Magallanes en la justa 2024-25.
Difícil saber si habrá otras semanas tan movidas para la oficina de los Navegantes desde ahora hasta septiembre, tal vez estos ajustes influyan bastante en la conformación definitiva del barco la coordinación de la zarpada, el acople de los primeros juegos, la celeridad en la búsqueda de las victorias.********************************************************************************************************************************************************************************************************************************************************************************************************************************************************************************************************************************************************** Alfonso L. Tusa C. 20 mayo 2024. ©
Cuando se ha completado la casi totalidad de la temporada regular, la gestión de Robinson Chirinos en la gerencia deportiva y de Eduardo Pérez con su cuerpo técnico arroja resultados en principio favorables (que se espera terminen de concretarse con la clasificación entre los cuatro primeros puestos de la tabla). El cambio de Guerra por Solarte parece bastante parejo, porque si el utility de Tiburones ha tenido una temporada bastante aceptable con visos de positiva, el pitcher de los Navegantes ha desplegado sino lo mejor, lo más acoplado de sus atributos para comandar la lvbp en triunfos, efectividad y anda en el tope de los ponchadores también. En el cambio con los Leones, aunque Peraza no ha jugado, y parece que no lo hará esta temporada, y el joven pitcher Sequera ya no es parte del equipo, el jugador clave del cambio, Felipe Rivero, ha mostrado en las postrimerías de la justa visos cada vez más remarcados de su mejor nivel como relevista de postín, lo cual se equipara al buen desempeño de Victor Bericoto con Leones. Veamos como termina de culminar esta ronda eliminatoria 2024-25.

viernes, 13 de diciembre de 2024

Dave Parker uno de aquellos peloteros que matizaban el beisbol.

Cada vez que reflexionabas sobre los grandes peloteros que deberían estar en el Salón de la Fama de Cooperstown, siempre titilaban cuatro nombres ausentes: Luis Tiant, Dwight Evans, Richie (Dick) Allen y Dave Parker. Todavía recuerdas cuando Parker fue anunciado como el relevo de Roberto Clemente a principios de los 1970s. Quizás se quedó corto respecto a muchas estadísticas de Clemente. Pero su tremenda capacidad para dejar el alma en el terreno, su inmensa determinación para motivar a su equipo constantemente, su coraje para ejecutar atrapadas increíbles y disparos desde el rincón del jardín derecho, hicieron de Parker uno de los personajes principales del lienzo de la segunda parte de los 1970s en la gran carpa. Fue uno de los mejores motivadores de aquel clubhouse donde cantaba aquella canción “We Are Family”, junto a Wilie Stargell. Cada jugada en el jardín derecho, cada jonrón o triple encendía la química de ese equipo una vez que él regresaba al dugout. Hasta los managers Danny Murtaugh y Chuck Tanner participaban en aquella atmósfera de armonía. Ahora que el Comité de Veteranos finalmente ha inducido a Dave Parker junto a Richie Allen en el Salón de la Fama, te sientes afortunado por haber escuchado o visto todos aquellos juegos donde Parker participó en la liga venezolana de beisbol profesional durante las temporadas 1974-75 y 1976-77. Tal vez uno de los momentos cuando Parker se acercó más a los logros de Roberto Clemente fue la vez cuando conquistó el título de bateo en las temporadas de 1977 y 1978. Aún cuando los Piratas de Pittsburgh perdieron el título de la división este de la Liga Nacional ante los Filis de Filadelfia, nadie podía negar lo corajudo y esforzado que habían sido los Piratas al batallar por esos campeonatos hasta el último día de la temporada. En 1978 Parker hasta ganó el premio al jugador más valioso (MVP) de la Liga Nacional pero no se sentía completamente feliz porque los Piratas no habían ganado el banderín. Parker era ese tipo de pelotero que dejaba el alma sobre el campo para ver a su equipo triunfar. Una de sus jugas más recordadas y celebradas ocurrió en el Juego de Estrellas de 1979, cuando ejecutó un tiró de cañón desde las profundidades del jardín derecho del Kingdome de Seattle para hacer out al corredor en la mascota de Gary Carter. Esa jugada todavía resuena en los videos, los locutores casi enronquecieron ante la magnificencia de la ejecución.
Parker vino a jugar en lvbp luego que Rubén Mijares, el gerente general de los Navegantes del Magallanes hiciera una negociación con las Águilas Cibaeñas de República de la liga dominicana de beisbol profesional, ellos intercambiaron a Bob Darwin por Dave Parker. Aquí en Venezuela muy pocos sabían algo o nada de Dave Parker y pensaban que aquel había sido un mal movimiento de Mijares. “Le hizo un regalo a los dominicanos, ahora ellos tienen al tipo que largó 19 cuadrangulares hace dos años y Magallanes tiene a un pelotero que no sabemos si podrá batear ante el pitcheo de esta liga”. Tan pronto como Parker empezó a correr para realizar atrapadas fantásticas en el jardín derecho o el central, o batear conexiones decisivas alrededor del octavo, noveno inning o hasta en extra inning, todos esos comentarios negativos desaparecieron y una gran admiración flotaba en cada estadio donde iban a jugar los Navegantes del Magallanes. La mayoría de los estadios estaban repletos para cada juego de aquellos equipos del Magallanes de Parker y Don Baylor en la temporada 1974-75 y Parker más Mitchell Page en la justa 1976-77. Una de las memorias más grandes de Dave Parker en la lvbp viene del segundo juego del playoff semifinal entre Águilas del Zulia y Navegantes del Magallanes en enero de 1977. El equipo zuliano había derrotado al Magallanes en el primer juego de la serie y ahora llegaron al último inning ganado 1-0 con Gilberto Marcano lanzando un tremendo juego. Luego que Jimmy Sexton entregase el primer out, Dave Parker negoció base por bolas y la presión empezó a reflejarse en el rostro de Marcano. Mitchell Page despachó un lineazo bestial para acreditarse un doble contra la pared del jardín izquierdo para empatar el juego pero Parker fue regresado a tercera base por reglas de terreno. En ese escenario Parker empezó a amagar tomando más y más terreno en tercera base hasta que forzó un envío descontrolado de Marcano que se internó en el jardín izquierdo, eso provocó que él y Page anotasen para poner la pizarra 2-1. En la cabina de narración, Felo Ramírez expresaba eufórico; Dave Parker, el predestinado del Magallanes”. Muy pocas veces un juego ha estado tan pletórico de emociones y eventos épicos. El momento cuando Marcano lanzó la pelota fuera del alcance del tercera base sentiste que el sueño se confundía con la realidad.
Parker había conocido las interioridades del beisbol desde sus días como vendedor de cotufas y gaseosas en el viejo Crosley Field de Cincinnati. Ahí el joven Dave Parker llegó a saber de un novato que estaba reventando la pelota con los Filis de Filadelfia, Richie Allen podía hacerlo todo con su bate y además tenía muy buena defensa, su mascotín tomaba cualquier tiro desviado lanzado desde el infield hacia primera base. Parker siempre recibía regaños de su mamá por llegar tarde a casa. Entonces trataba de justificarse al hablar atropelladamente sin parpadear sobre un tipo llamado Frank Robinson que podía despachar cualquier vuelacercas que los Rojos de Cincinnati necesitasen para ganar sin importar si el pitcher rival era Juan Marichal, Jim Bunning o el gran Sandy Koufax. Parker hablaba con tal convicción, con tanta emoción, casi sin aliento, pintaba su futuro jugando en las grandes ligas como Frank Robinson, Vada Pinson o Ted Kluszewski y sus jonrones inmensos hacia las gradas de Crosley Field, que su madre de pronto olvidaba que estaba molesta y le preguntaba si le iba a enviar boletos para ir a verlo al estadio. Siempre recuerdas los nombres de Dave Parker y Jim Rice, porque ambos vinieron a jugar en la lvbp con los Navegantes del Magallanes, ambos despacharon muchos vuelacercas para tu equipo favorito y se convirtieron en algunas de las armas que esgrimías ante los acérrimos seguidores de Leones del Caracas. Todavía hablas de Parker y Rice cuando recuerdas aquellos años maravillosos para restregarle en el rostro a los caraquistas que Navegantes del Magallanes es el único equipo de lvbp que tuvo en su alineación a Dave Parker y Jim Rice quienes luego ganaron el premio al jugador más valioso en la temporada de 1978 mientras jugaban para los Piratas de Pittsburgh y Medias Rojas de Boston respectivamente. Un hecho similar al de Tommie Agee y Tommy Helms quienes también jugaron con Magallanes en la temporada 1965-66 y después ambos ganaron el premio Novato del Año con Medias Blancas de Chicago y Rojos de Cincinnati en la temporada de 1966. Siempre soñaste con aquel anuncio de la gerencia del Magallanes acerca de Parker y Rice como parte de la importación de la temporada 1976-77.
La química, la pasión, la voluntad de dar lo mejor sobre el terreno para aquellos equipos de los Piratas de Pîttsburgh de la segunda parte de los 1970s, hervía en los recuerdos de Parker de cómo era la atmósfera de aquel equipo de “We Are Family” que batallaba a sangre y fuego ante los Filis de Filadelfia hasta que finalmente los vencieron en la temporada de 1979. Es sorprendente la elocuencia, la narrativa, la euforia con que Parker relata mientras escribe ese libro de la banda sonora de su vida con Dave Jordan (Cobra; A Life of Baseball and Brotherhood”) (2021). Ahí está toda la camaradería con Willie Stargell. Tiene palabras muy sonoras y sentimentales para el novato segunda base Willie Randolph y su ética de trabajo. Parker disfruta contando los momentos divertidos que tenían en el clubhouse mientras escuchaban los chistes panameños de Manny Sanguillén. En verdad era un ambiente magnífico el que ellos tenían con Mad Dog Madlock hablando de sus logros de bateo y Kent Tekulve buscando mejores ángulos para su bola submarina. Pero Parker se ponía más emocional cuando hablaba de Larry Demery, un pitcher con una complexión física y una recta similares a las de Pedro Martínez, siempre listo a dar lo mejor de sí por el equipo. A través del tiempo, Parker aprendió a enfrentar, a encarar sus dificultades con las drogas y las lesiones y pudo ser capaz de asumir la mejor actitud para tratar de resolver o al menos dejar de hacer lo que él reconoció como error. Tal vez se fue de Pittsburgh con algún resentimiento luego de los ataques de los fanáticos y la turbulencia de aquellos juicios por uso de drogas que él y otros peloteros de MLB tuvieron que vivir. Luego empezó a mostrar su nuevo enfoque hacia la vida, su nuevo papel en el beisbol, y de esa manera empezó a ser el tutor de la nueva generación de de peloteros de los Rojos de Cincinnati, como el campocorto Barry Larkin quien tomó el testigo de David Concepción, Eric Davis quien se convirtió en un magnífico jardinero central y gran bateador, Kal Daniels quien fue clave en muchos juegos al mostrar una conducta estable llena de humildad y diligencia... Parker seguía siendo jugador activo, todavía podía batear con poder, todavía podía hacer atrapadas en los jardines, pero se condujo muy bien en la transición para ser ese tipo de líder veterano desde las sombras, ese compañero de experiencia siempre listo para ayudar, mostrar sus mejores palabras y empatía cuando sus compañeros jóvenes reñían momentos difíciles.
El amor de Dave Parker por el beisbol vence hasta al inclemente y progresivo mal de Parkinson. Fue capaz de recordar a muchos de sus amigos y grandes momentos con los Piratas de Pittsburgh desde 1975 hasta 1980. Hizo lo que fue casi un sueño al escribir un libro de memorias con Dave Jordan, al poner en papel todas aquellas canciones casi olvidadas de los 1960s y 1970s como; “If I Could Build My Whole World Around You,” Marvin Gaye & Tammi Terrell de sus días como vendedor de cotufas y gaseosas en Crosley Field. “It’s Too Late,” Carole King & Billy Paul relacionada con los momentos duros mientras regresaba a Waterbury para jugar beisbol AA después de tener un buen entrenamiento primaveral con los Piratas. There’s No Easy Way,” James Ingram, acerca del final de su época con los Piratas y el comienzo de su estadía con los Rojos de Cincinnati y como empezó su cambio de papel en el beisbol. “China Grove,” The Doobie Brothers, refresca aquellos días fantásticos en el clubhouse de los Piratas con Willie Stargell, Jerry Reuss, Manny Sanguillén, Rennie Stennett, Fank Taveras, Boob Moose. Tal vez la imagen más indeleble que tienes de Dave Parker viene del primer juego de la serie final de la temporada 1974-75, cuando los Navegantes del Magallanes llegaron perdiendo 2-1 ante Tigres de Aragua al noveno inning. Bob Bailor empezó el inning con sencillo ante Roberto Muñoz, luego del toque de sacrificio de Rob Andrews, Ossie Virgil trajo a Mike Pazik a relevar ante Parker. El sonido del bate sobre la pelota todavía resuena en el estadio José Pérez Colmenares. Aquello era electricidad pura, el tiempo se detuvo por pocos segundos y las personas en las tribunas compartían emociones mezcladas, algunos mudos, tristes, otros celebraban y saltaban. Luego, cuando Parker vino a su temporada final con Navegantes del Magallanes recibió una ovación impresionante en el estadio José Bernardo Pérez, las personas de pie reverenciando a su héroe por más de cinco minutos. Después, en enero de 1983, Parker y el manager Don Leppert fueron personalmente a llevar ayuda y esperanza a los damnificados del incendio de Tacoa, La Guaira.
Alfonso L. Tusa C. 12 diciembre 2024. ©

martes, 10 de diciembre de 2024

El manager es determinante en el beisbol.

A veces se escuchan comentarios que aseguran que un equipo es tan bueno que puede ganar solo o con el manager que sea. Tal vez eso ocurra en ciertos juegos, pero a lo largo de una temporada, quedará al descubierto la dificultad de ejecución generada por obviar o ignorar las señales que dan el juego y el equipo en determinado momento. Puede ocurrir que el equipo trascienda a la postemporada más por circunstancias que por méritos del cuerpo técnico, allí terminarán de quedar en evidencia las falencias estratégicas, la falta de comunicación con los peloteros, el manejo de los fundamentos del juego, la ausencia de química en el dugout que es muy diferente a gritar y bailar o tocar tambor, la verdadera química trata de analizar, estar pendiente de los detalles, apoyarse en las dificultades, respetarse en todo momento, buscar soluciones sobre la marcha ante sucesos inesperados, sin perder la calma, sin desesperar, de eso trata el verdadero carácter. No es fácil ejecutar todas esas funciones en medio de la dinámica de un juego y una temporada de beisbol, pero de eso trata esa profesión de dirigir un equipo de pelota, de tener la sangre fría, mantener la sindéresis y nunca olvidar los fundamentos del juego. Los grandes managers del beisbol, desde las grandes ligas hasta las ligas menores, conocen hasta el mínimo detalle hasta el último de sus peloteros y en que momento o circunstancia del juego deben usarlo, no titubean a la hora de traer un relevista porque lo usaron el día anterior si saben que el pitcher está en condiciones y eso no le afectará su salud, y eso no significa que rompes tu plan de trabajo, eso indica que te ajustas a las necesidades del momento y a que el juego más importante siempre será el que se está jugando, no el de mañana, mañana puede indicar estar descalificado. Por eso Sparky Anderson podía ganar con una rotación de pitcheo a primera vista en desventaja con la de los rivales, sabía como utilizar sus lanzadores, como sacar lo mejor de ellos, porque conocía el momento exacto cuando debía sacarlos o meterlos en el juego, por eso lo llamaban Captain Hook (Capitán Garfio), a la mínima señal que algo andaba mal con el pitcher, iba al montículo y hacía los ajustes pertinentes.
Una de las grandes premisas del beisbol dice que un pitcher debe ser capaz de lanzar strikes consistentemente, de otra manera su permanencia en el montículo estará muy limitada, y si el margen de error que permite el manager trasciende la línea de la prudencia, la competitividad y la conciencia, es casi seguro que las consecuencias sean desastrosas para el resultado del juego. Esta premisa es más estricta aún para los relevistas puesto que un boleto en un momento crítica del juego puede significar la diferencia entre ganar y perder. Dos boletos seguidos de parte de un lanzador abridor luego del quinto inning con ventaja de dos o menos carreras, debe encender todas las luces de alarma en los mecanismos de control del manager y su cuerpo técnico y casi seguramente una visita al montículo para relevar al abridor con la opción adecuada para ese momento, sin importar si ese relevista lanzó ayer, se trata de enfrentar al bateador con el antídoto más efectivo. Ese era el tipo de decisiones que tomaban managers como Dick Williams con los Atléticos de Oakland en 1972 y 1973, Danny Murtaugh con los Piratas de Pittsburgh en 1971 o Earl Weaver con los Orioles de Baltimore en 1970, o más acá en el tiempo Bruce Bochy con los Gigantes de San Francisco en la segunda década de este siglo 21. Otra premisa del beisbol dice que un corredor no debe permitir entregar el segundo out de un inning en tercera base y mucho menos en el plato, o salir al robo de segunda base cuando se ha indicado el toque de sacrificio. Son fundamentos del juego que un manager no solo trabaja en los entrenamientos previos a una temporada, sino que los recalca en todas las prácticas antes de cada juego del calendario y más aún en postemporada. Ser manager es un trabajo muy exigente y retador, que busca nuevas maneras de comunicación, que implica romper con rutinas viejas para renovar el alcance de la visión del juego de manera contínua y constante a lo largo de una temporada, por eso es un cargo tan complicado e inestable y solo muy pocos pueden sacar la maleta detrás de la puerta y guardarla en el casillero. Estar al frente de veinticinco peloteros, más allá de un equipo de beisbol, representa ejercer la paciencia, la serenidad y la empatía, junto al respeto y la disciplina para junto al ejemplo propio mostrar como la humildad y de perseverancia pueden funcionar juntas para desarrollar, desplegar las alas de trabajar en equipo.
Alfonso L. Tusa C. 21 de enero de 2021.

domingo, 8 de diciembre de 2024

Why the Boston Red Sox Should Retire Tony Conigliaro’s Number 25?

“Say what you will, the guy was a fighter…Between the lines there was nobody who played harder…by having Tony Conigliaro in there fighting every day, the game of baseball was the winner.” Dick Williams manager of the Boston Red Sox Impossible Dream Team. “He hit thirty six home runs blind. He couldn’t see the ball. That’s how much guts he had. He couldn’t see and he had the balls to get in there with them throwing ninety miles per hour.” Jerry Maffeo, friend of Tony C.
When the Boston Red Sox finished next to last place in the American League at the end of the 1965 season, in the middle of that difficult year, there was an optimistic point that sparkled, that skinny twenty-year-old kid, who played hard in right field. Tony Conigliaro had hit thirty two dingers to lead the league, while hitting for an average of .269 and plating in 82 runs. He had proved that for him there wasn’t any jinx of the sophomore year. Ha had showed everybody that his rookie season numbers in 1964 (117 hits, 21 doubles, 24 home runs, 52 rbis, 69 runs, .290 batting average in 111 games) weren’t a fluke, he was for real. Since his days in the Florida Instructional League at Bradenton, Tony showed all that intensity, willingness and courage proper of that kind of player any team wants to have in its lineup. In one of those games, they were winning 2-1, the bases were loaded and the next batter hit a line drive to shallow right field, Tony sprinted and dived to make a fantastic catch that saved his team from at least two runs. That was a picture that remained in the mind of every ball player in the field or in the excitement of the followers seated at the stands, it was imprinted in stone with the features of an unforgettable sculpture. In his debut at Yankee Stadium before the American League champions and their pitching ace Whitey Ford, on April 1964, Tony Conigliaro complained to the chief umpire when Ford threw a ball in the dirt, that this guy, who had already won 199 games in MLB was throwing spitballs “Why don’t you make him wipe that stuff off the ball before he throws it?” In the second inning Tom Tresh smashed a line drive to the right center wall and Tony made a great running catch what gave him a huge round of applause and a four photo sequence in the following day New York Times. During the first month of the season Tony C smacked 5 homers and also was hitting for average. “Baseball writers calculated how he might stand up to other teen wonders in baseball history such as Kaline, Mel Ott, Bobby Doerr, Jimmie Foxx, and Freddie Lindstrom, who all ended up in the Hall of Fame. Red Sox coach Billy Herman called him ‘the best nineteen-year-old I’ve ever seen, bar none’” (The Triumph and Tragedy of Tony Conigliaro. Tony C. David Cataneo. 1997)
In the middle of a game before the Angels some teammates were impressed by the fastaball of young righthander Bob Lee. “I hit ten homers off him last year in Welville. Tone scoffed (and exaggerated). “Why don’t you hit one now and show us?” somebody challenged. Tony hit the first delivery Lee pitched him out of the park. He got back to the dugout and faced the bench,. In August 1965 Tony came back to play and raised his final batting average to .269, with eighty two runs batted in and led the American League in home runs with thirty two. He was the youngest player to win a home run title at twenty years and nine months. Even when it wasn’t a real good year. He slumped, he spent some time in the bench. He was publicly branded a liar, he showed up drunk for work. In the 1966 season when the Boston Reed Sox stumbled as a very weak team with an ugly record of 72-90, Tony Conigliaro played in 150 games, hit 28 homers, got 93 rbis and batted for .265. On April 29th, 1967, the Boston Red Sox were losing before the Kansas City A’s in the bottom of the fifteen inning, at that moment Tony led off the frame with a single. George Scott, Tony’s teammate with the Impossible Dream Boston Red Sox recalls: “He wanted to be the man. In the eighth and ninth inning, he wanted to be up there. He was a clutch player. He was the best I’ve ever seen. Tony and Frank Robinson…I’d like to know who was ever more aggressive and more determined than those two”. On April 7th 1969, the Boston Red Sox visited the Baltimore Orioles at Memorial Stadium and in the tenth inning, Tony Conigliaro attempting a comeback with a partially recovered left eye hit a homer against reliever Pete Richert to win the game 4-2.
Then when the Red Sox arrived in Boston for the opener at Fenway Park on April 14th, 1969, Tony Conigliaro came to bat in the fourth inning, with the game tied 3-3 and the bases loaded. Pitcher Mike Adamson threw him a fastball and Tony swung mightily but he only got a grounder to the third base line. “I wasn’t up there looking for a base hit. I wanted a home run”. He still ran as hard as he could. Tony’s cleats hit the bag before Brooks Robinson’s throw whacked into first baseman Boog Powells glove. The red Sox won 5-3, so technically Tony’s dribbler was the game-winning hit. When at the beginning of May Tony started to had troubles to distinguish the ball against the background of the white shirts and other stuff in the bleachers, he experienced prolonged slumps that made him to ask the Red Sox front office for trying at persuading the fan in the bleachers to use dark clothing. Anyway Tony kept having difficulties to see the ball and had very severe headaches. So, one Sunday afternoon after the game had finished, manager Dick Williams, in front of the baseball writers asked tony if he wanted some days off to recover, but Tony said: “No. I sat it out for a year and a half. That was long enough.” On August 18th, 1969, two years after that fatal night, the Minnesota Twins defeated the Red Sox 6-3 in the bottom of the eighth inning. Tony came to bat against right hander Bill Zepp, one out, Carl Yastrzemski and Reggie Smith were on base. Tony smacked a homer to the left field screen to tie the game. Boston won in the bottom of the tenth inning. Tony felt very relieved. On May 9, 1970 at Oakland, the game was tied in the ninth, Yastrzemski was on first, Tony got out from an oh-for-twelve streak with a home run deep into the left field seats. The next night Tony smacked a home run high off the left field foul pole against Athletics reliever Rollie Fingers. On May 12 in Anaheim Tony homered against Angels knuckleballer Eddie Fisher. The next night Tony blasted two homers against the Angels.
On May 16 against the Cleveland Indians at Fenway Park, Tony tied the game with a two-run homer in the sixth inning. In the eighth Carl Yastrzemski smashed a ball against Cleveland right hander Dennis Higgins to the right of the centerfield flagpole. Tony stepped to the plate, shocked by the immensity of Yaz’s blast. “What can I ever do to top that?” Manager Eddie Kasko recalls: “He was very conscious of center stage. He liked to be up there with the bases loaded and the game on the line. And I’ll tell you, there weren’t too many others I’d rather see up there. Him or Yaz.” On May 19 at Fenway Park with the bases loaded and the game tied in the ninth inning, Tony singled against reliever Fred Lasher to beat the Tigers. This kind of moment maybe made many people overlook the solid defensive or cooperative team work attitude Tony performed on the field, like that doubleheader of May 24th against the Baltimore Orioles. The Red Sox arrived at the bottom of the ninth winning 1-0 with a runner on second base, the Orioles first baseman, Boog Powell hit a single to right field where Tony took the ball on one hop and threw a one-hop shot to home plate, where catcher Gerry Moses lunged and tagged-out Terry Crowley to save the victory. In the nightcap Tony walked in the night to start a game-winning rally. On July 4, at Fenway Park, Fred Lasher the sidearming right-hander traded recently from the Detroit Tigers to the Cleveland Indians, came as a reliever pitcher to start the seventh inning. Less than two months earlier Tony had defeated Lasher and the Tigers with a bases-loaded single in the ninth inning. This time Tony led off the inning and Lasher decked him with a pitch, Tony got up and smacked a home run. After the game, Lasher said: “Tell Conigliaro he’d better be a little careful the next time he faces me. The next time he just may get a little jammed”. Billy read the quotes in the newspaper and asked his brother: “What are you going to do if he throws at you?” “I’m going to go out to the mound”, said Tony.
On July 12 the Red Sox visited the Indians for a doubleheader. In the nightcap Lasher started his only major league game in his career. Tony came to bat in the first inning and Lasher’s first pitch plunked him in the left forearm. “The way to get him out was to pitch him in, on the hands”, Lasher recalls. “Wouldn’t you know? I hit him. But it was unintentional. He figured it was intentional.” Tony had been hit seven times since the beaning that nearly killed him and had never charged the pitcher. This time he dashed to the mound, let out a small yell, and karate-kicked Lasher on the left high and hacked him in the face with a left-handed karate chop. Some day of June, 1983 the Boston Red Sox offered a Tony C’s night before one game at Fenway Park. No matter the last time Tony had donned a uniform was eight years ago, most of the people in the park held Tony’s poster and the media guide booklet delivered at the entrance of Fenway, with such a care like if they were holding the most valuable treasure of their baseball vintage memorabilia. That’s the last time I remember the Boston Red Sox organization have planned a tribute for Tony C. I challenge them to have another Tony C’s night at Fenway Park and everybody will watch the whole place packed to the top of light towers. Yes, even now, more than fifty years from his playing days with the Red Sox.
Alfonso L. Tusa C. August 17, 2021.

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